martes, 21 de julio de 2020

La hora de la verdad

Coronavirus: Vivir con otra enfermedad en tiempos de pandemia ...Resultado de imagen para imagenes de la pandemia barrios hospitales

Son muchos los términos que se utilizan para analizar qué sucederá en la post-pandemia. Pero eso significa saltear algunos puntos. Por un lado la presión que se viene ejerciendo desde los poderes concentrados y los medios que trabajan para ellos. No solo es una batalla desigual en lo cultural de imágen en la TV, la prensa escrita y las redes, sino que termina siendo una cuestión semiótica: definiciones de significados. 
Lo que para algunos es proteger, cuidar, poner a miles, millones de personas al resguardo, para otros- directamente así lo dicen- es coartar su ‘libertad’. y esa libertad( propia de un liberalismo del siglo XIX, en la concepción económica) no tiene en cuenta a ‘los otros’. Posiblemente el gobierno tenga responsabilidad en este punto, por la manera que comunica. Las palabras, decíamos, son una lucha de la apropiación de los significados. Allí vuelven a aparecer las nuevas víctimas del periodismo, que durante cuatro años fueron implacables en perseguir, acusar, difamar a un sector de la clase política, y que ahora impunemente, dicen que los quieren censurar. Esa clase de comunicadores, porque no son periodistas, no tienen noticias, fomentan el veneno del odio, y siguen tranquilos en una nueva impunidad. Lo pueden hacer por el gran aparato protector que tienen en los holdings que controlan canales de cable, radio, diarios, y la información que llega por los celulares. Lo nuevo es que la gente ya no les cree, de ahí la baja de los raitings de los noticieros de la noche, y de la saturación de información que trabajo la cuarentena.
El gobierno debería tener un equipo de comunicadores y periodistas, y un vocero oficial en materia de lo que está actuando. La gente siente esta gran fragmentación porque por una lado apoya (dicen las encuestas) las medidas preventivas que se han tomado en contra de la pandemia, pero por otro lado va apareciendo- y no es solo ‘el cansancio del encierro’, como se escucha por algunos medios- la incertidumbre de qué va a continuar. Ya la gente comprendió que no hay una cura, ni una vacuna. Algunos saben a quienes afecta este virus más directamente (en rango etario, edad), pero lo angustiante- y en esto las clase poderosas de este país lo han hecho sentir por sus empleados de la información- recayó en los trabajos medios (comerciantes, profesionales independientes, cuenta propistas). Un estudio de la cantidad de trabajadores que funcionan en este sector hubiera equilibrado parte de esa economía interna del día a día. Así como un ministro reconoció que tenía estudios equivocados de sectores de pobreza: y calculaban 8 millones cuando eran diez, y después fueron más, los cálculos para comprar alimentos y abastecer los comederos y merenderos no iban a alcanzar.


Lo técnico tiene un límite cuando lo político tiene que decidir. Esto lo había demostrado bien el gobierno anterior. Desde desarrollo social se pactaba con las organizaciones sociales. Las que no ‘negociaban políticamente’ quedaban afuera. Qué terminábamos viendo en la TV ?: movileros llevando la queja de los que andaban por la 9 de julio, interrumpiendo el paso. Hoy el sanitarismo argentino como técnicos de un sistema, también tienen su límite. Por eso en un momento se enfrentaban con los economistas de TV, viejos payasos de circo con su cantinela de la ‘libertad de mercado’. Ya existen estudios realizados, tanto en lo epidemiológico, que tiene en cuenta las camas, los respiradores, que habrá para la provincia (del primero al tercer cordón) y CABA, que conocemos ahora como AMBA. El 90 % por ciento del Covid 19 está en esta región. Eso también muestran los estudios de los sanitaristas del Ministerio de Salud. Lo que parecen no medir es ese impacto (esa gran colisión) como se articula (en otros tiempos decíamos interdisciplinariamente, intersectorialmente) con todo el trabajo que están llevando a cabo desde Desarrollo social, Ministerio de Trabajo y principalmente desde el área de Seguridad. Allí debería estar una gran mesa de emergencia, midiendo todas las variables humanas, para no dejarlas a la triste ecuación de costo- beneficio.

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