lunes, 7 de marzo de 2011

La conexión El Cairo / Wisconsin



El 20 de febrero, Kamal Abbas, líder sindical egipcio y figura prominente del Movimiento 25 de Enero, envió un mensaje a los “trabajadores de Wisconsin”: “Estamos con ustedes, así como ustedes estuvieron con nosotros”.
Los trabajadores egipcios han luchado mucho tiempo por los derechos fundamentales que les denegaba el régimen de Hosni Mubarak respaldado por EEUU. Kamal tiene razón en invocar la solidaridad, que ha sido durante mucho tiempo la fuerza orientadora del movimiento de los trabajadores en el mundo, y en equiparar sus luchas por los derechos laborales y por la democracia.
Las dos están estrechamente interrelacionadas. Los movimientos de trabajadores han estado en la vanguardia de la protección de la democracia y los derechos humanos y en la expansión de sus dominios, razón elemental que explica por qué son venenosos para los sistemas de poder, sean públicos o privados.
Las trayectorias de los movimientos en Egipto y EEUU están tomando direcciones opuestas: hacia la conquista de derechos, en Egipto, y hacia la defensa de derechos existentes, pero sometidos a duros ataques, en EEUU.
Los dos casos merecen una mirada más cercana.
La sublevación del 25 de enero fue encendida por los jóvenes usuarios de Facebook del Movimiento 6 de Abril, que se levantaron en Egipto en la primavera de 2008 en “solidaridad con los trabajadores textiles en huelga en Mahalla”, según señala el analista laboral Nada Matta. El Estado reventó la huelga y las acciones de solidaridad, pero Mahalla quedó como “un símbolo de revuelta y desafío al régimen”, añade Matta. La huelga se volvió particularmente amenazante para la dictadura cuando las demandas de los trabajadores se extendieron más allá de sus preocupaciones locales y reclamaron un salario mínimo para todos los egipcios.
Las observaciones de Matta son confirmadas por Joel Beinin, una autoridad estadounidense en materia laboral egipcia. Durante muchos años de lucha, informa Beinin, los trabajadores han establecido nexos y se pueden movilizar con presteza.
Cuando los trabajadores se sumaron al Movimiento 25 de Enero, el impacto fue decisivo y el comando militar se deshizo de Mubarak. Fue una gran victoria para el movimiento por la democracia egipcia, aunque permanecen muchas barreras, internas y externas. Las barreras internas son claras. EEUU y sus aliados no pueden tolerar fácilmente democracias que funcionen en el mundo árabe.

Las encuestas de opinión pública en Egipto y a lo largo y ancho de Oriente Próximo son elocuentes: por aplastantes mayorías, la gente considera a EEUU e Israel, y no a Irán, las mayores amenazas. Más aún, la mayoría piensa que la región estaría mejor si Irán tuviese armas nucleares.
Podemos anticipar que Washington mantendrá su política tradicional, bien confirmada por los expertos: la democracia es tolerable sólo si se ajusta a objetivos estratégico-económicos. La fábula del “anhelo por la democracia” de EEUU está reservada para ideólogos y propaganda.
La democracia en EEUU ha tomado una dirección diferente. Después de la II Guerra Mundial, el país disfrutó de un crecimiento sin precedentes, ampliamente igualitario y acompañado de una legislación que beneficiaba a la mayoría de la gente. La tendencia continuó durante los años de Richard Nixon, hasta que llegó la era liberal.
La reacción contra el impacto democratizador del activismo de los sesenta y la traición de clase de Nixon no tardó en llegar mediante un gran incremento en las prácticas lobistas para diseñar las leyes, el establecimiento de think-tanks de derechas para capturar el espectro ideológico, y otros muchos medios.
La economía también cambió de curso hacia la financiarización y la exportación de la producción. La desigualdad se disparó, primordialmente por la creciente riqueza del 1% de la población, o incluso una fracción menor, limitada fundamentalmente a presidentes de corporaciones, gestores de fondos de alto riesgo, etc.
Para la mayoría, los ingresos reales se estancaron. Volvieron los horarios laborales más amplios, la deuda, la inflación. Vino entonces la burbuja inmobiliaria de ocho billones de dólares, que la Reserva Federal y casi todos los economistas, embebidos en los dogmas de los mercados eficientes, no lograron prever. Cuando la burbuja estalló, la economía se colapsó a niveles cercanos a los de la Depresión para los trabajadores de la industria y muchos otros.
La concentración del ingreso confiere poder político, que a su vez deriva en leyes que refuerzan más aún el privilegio de los superricos: políticas tributarias, normas de gobernanza corporativa y mucho más. Junto a este círculo vicioso, los costes de campañas electorales han aumentado drásticamente, llevando a los dos partidos mayoritarios a nutrirse en el sector de las corporaciones: los republicanos de manera natural y los demócratas (ahora muy equivalentes a los republicanos moderados de años anteriores) siguiéndoles no muy atrás.
En 1978, mientras este proceso se desarrollaba, el entonces presidente de los Trabajadores Autónomos Unidos, Doug Fraser, condenó a los líderes empresariales por haber “elegido sumarse a una guerra unilateral de clases en este país: una guerra contra el pueblo trabajador, los pobres, las minorías, los muy jóvenes y muy viejos, e incluso muchos de la clase media de nuestra sociedad”, y haber “roto y deshecho el frágil pacto no escrito que existió previamente durante un periodo de crecimiento y progreso”.
Cuando los trabajadores ganaron derechos básicos en los años treinta, dirigentes empresariales advirtieron sobre “el peligro que afrontaban los industriales por el creciente poder político de las masas”, y reclamaron medidas urgentes para conjurar la amenaza, de acuerdo con el académico Alex Carey en Taking the risk out of democracy. Esos hombres de negocios entendían, al igual que lo hizo Mubarak, que los sindicatos constituyen una fuerza directriz en el avance de los derechos y la democracia. En EEUU, los sindicatos son el contrapoder primario a la tiranía corporativa.
De momento, los sindicatos del sector privado de EEUU han sido severamente debilitados. Los sindicatos del sector público se encuentran últimamente sometidos a un ataque implacable desde la oposición de derechas, que explota cínicamente la crisis económica causada básicamente por la industria financiera y sus aliados en el Gobierno.
La ira popular debe ser desviada de los agentes de la crisis financiera, que se están beneficiando de ella; por ejemplo, Goldman Sachs, que está “en vías de pagar 17.500 millones de dólares en compensación por el ejercicio pasado”, según informa la prensa económica. El presidente de la compañía, Lloyd Blankfein, recibirá un bonus de 12,6 millones de dólares mientras su sueldo se triplica hasta los dos millones.
En su lugar, la propaganda debe demonizar a los profesores y otros empleados públicos por sus grandes salarios y exorbitantes pensiones, todo ello un montaje que sigue un modelo que ya resulta demasiado familiar. Para el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, para la mayoría de los republicanos y muchos demócratas, el eslogan es que la austeridad debe ser compartida (con algunas excepciones notables).
La propaganda ha sido bastante eficaz. Walker puede contar con al menos una amplia minoría para apoyar su enorme esfuerzo para destruir los sindicatos. La invocación del déficit como excusa es pura farsa.
En sentidos diferentes, el destino de la democracia está en juego en Madison, Wisconsin, no menos de lo que está en la plaza Tahrir.
Fuente: http://blogs.publico.es/noam-chomsky/58/la-conexion-el-cairo-wisconsin/

domingo, 6 de marzo de 2011

Entrevista a Eduardo Galeano

Entrevista a Eduardo Galeano

“A Vargas Llosa no hay que hacerle el favor de atacarlo ni de tirarle huevos podridos”


El escritor uruguayo opina sobre la polémica que surgió con el Premio Nobel de Literatura, analiza el surgimiento del kirchnerismo en la Argentina y critica la decisión de “Pepe” Mujica de seguir instalando pasteras en Uruguay.
  A partir de las primeras décadas del siglo XIX, Occidente comenzó a engendrar uno de los parásitos indisolubles del capitalismo contemporáneo: la burocracia. La literatura rusa de esa centuria, con Nikolái Gógol y Fiódor Dostoievski como referentes esenciales, puso en el centro de la escena a ese hombre aparentemente anónimo, apático y gris que era el empleado administrativo. Pero fue, posteriormente, en la obra de Franz Kafka, cuando lo burocrático apareció como un elemento omnipresente, capaz de atravesar todas las esferas de la vida social. A los tres escritores, la historia del siglo XX les daría la razón con creces. Los tres, sin dejar de estar condicionados por las complejidades de las distintas épocas que transitaron, fueron capaces de desentrañar uno de los rasgos más trágicos e inevitables de la era moderna.
Sin que sus reflexiones apuntaran directamente a un horizonte político, vislumbraron el sombrío desenlace que le esperaba a la humanidad a lo largo del siglo XX. El poder burocrático, el saber técnico-racional que le otorgó razón de ser no sólo se puso al servicio de dos guerras mundiales, sino que desfiguró a revoluciones que emergieron llenas de potencialidad creadora.
Pasada una década del siglo XXI, un escritor nacido en orillas alejadas y sureñas, de importancia ineludible para los pueblos que luchan y no se resignan, resiste a esa forma de vida desapasionada y gélida. Lejos de sentir indiferencia por el orden desigual que impone el sistema, en su faceta neoliberal actual, alguna vez Eduardo Galeano expresó que “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
Caminante incansable a través de diversos géneros literarios, constructor de frases que se arraigaron en el imaginario militante, geólogo de la memoria olvidada de un continente debajo de capas cimentadas durante 500 años de opresión, Galeano mantiene una frescura y una sensibilidad extraordinarias. Llano y fraterno, simple y hondo, a la vez, de hablar pausado como buen oriental, el autor de El libro de los abrazos se entregó a una entrevista a fondo con Tiempo Argentino. Sin perder de vista el rumbo, se embarcó en un viaje con varias escalas: su relación con la escritura, la infancia, el exilio, la vida en Montevideo, la polémica que disparó la presencia del premio Nobel en la inauguración de la Feria del Libro, la actualidad política que vive Latinoamérica, los sucesos que conmueven a Medio Oriente y al Magreb e, incluso, motivado por su amor a la redonda, habló sobre el fútbol uruguayo, jugó para el lado de los que defienden la técnica y la fantasía, y les tiró un caño a los que sólo piensan en ganar a cualquier precio.
 
–En varias ocasiones afirmaste tener siempre el mismo pánico a la hoja en blanco, que escribir te cuesta tanto como la primera vez, ¿ese rasgo explica la vitalidad que mantiene tu escritura?
–Así parece. Siento el mismo pánico de la primera vez. Es la prueba de que no me jubilé ni me burocraticé. En el momento de ponerme a escribir me tiemblan las rodillas, transpiro y se me seca la boca como la primera vez. Es como no perder las ganas de hacer el amor e, incluso, sentir como sí fuera la primera vez. Al margen del paso del tiempo, de los muchos libros que escribí, cada página en blanco siempre va a ser la primera página, la primera vez, y así logro que mi escritura le escape a la rutina.
–¿Cuál es el recuerdo del botija que fuiste?
–Tuve una infancia muy mística. Tenía metida la certeza de una especie de deber espiritual. Estaba muy influenciado por la educación católica que recibí. Pero ya de adolescente tomé nota de que lo mío era el pecado (risas). También, como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol pero era un patadura sin redención. Y ahí me quedé navegando sin agua, hasta que empecé a tratar de dibujar y escribir. Lo primero que publiqué fueron caricaturas políticas, a los 14 años, en el semanario socialista El Sol. Pero por ese lado no prosperaba mucho la cosa y empecé a escribir y a sentir ese pánico a la hoja en blanco que me persigue hasta hoy en día…
–¿Qué es lo que perduró de aquel niño y de aquella formación inicial en tu relación adulta con la escritura?
–Supongo que uno es la suma de todas esas búsquedas, que uno anda en la vida dando palos de ciego, hasta que encuentra algo que lo envuelve y lo apasiona. Lo que más me ha marcado son las ganas que tuve y sigo teniendo de pintar y dibujar. Eso lo pude resolver porque pinto escribiendo. Así sea narrar un hecho que ocurrió, una sensación o una idea, tengo que cerrar los ojos y verla como imagen. Si no consigo convertirla en imagen, no logro escribir sobre ella.
–¿Cuáles son los ejes y elementos más esenciales de tu obra?
–Ante todo, la libertad. Nunca me obligué a escribir nada, escribía y sigo escribiendo lo que voy sintiendo. Las pocas veces que cometí el imperdonable pecado de obligar a la mano a escribir lo que la conciencia dicta, nunca me sentí bien. El resultado no era espontáneo ni verdadero. Con los años fui adquiriendo ese derecho a escribir lo que siento de veras, y también la posibilidad material de hacerlo, porque tengo la suerte, el privilegio en este mundo, de que mi vocación coincide con mi trabajo. Vivo de lo que escribo. La mayoría de la gente vive a contracorazón, en actividades que no tienen nada que ver con lo que quisieran hacer.
–¿Cómo vas desarrollando el proceso de la escritura?
–Cada texto minúsculo, chiquito, de esos que me  gustan escribir a mí, es el resultado de muchas tentativas. Escribo tachando. Eso me lo enseñó Juan Rulfo. El escritor admirado y el amigo fraterno. Nos conocimos hace muchos años, entre largas caminatas, charlas y silencios. Rulfo me mostraba los lápices que tienen la goma de borrar atrás y el grafo del otro lado, y señalando el culo del lápiz me decía: “Se escribe con este lado, y señalaba la goma, más que con este, y señalaba el grafo.” Luego, fui descubriendo un estilo propio. Construyo mosaicos en baldositas pequeñas, de diversos colores, que van armando una historia grande cuando se juntan entre ellas. 
–¿Estás preparando un nuevo libro?
–Sí, escribo sin cesar porque es lo único que sé hacer. Pero soy muy lento, como las vacas uruguayas que son de parición lenta. Cada libro me lleva cuatro años, cinco, a veces más. Y no me gusta hablar de lo que escribo, porque después pierdo las ganas de escribir y de contar historias sí las cuento demasiadas veces.
–¿Qué significó el exilio en tu vida?
–El exilio nació como una penitencia y terminó como una etapa de creación muy importante. “Gracias” a la dictadura militar de mi país pude escribir la trilogía Memoria del fuego. Los milicos fueron casi los coautores, porque me obligaron a desprenderme de mis ocupaciones diarias. Ocurre que cuando uno está tan enganchado en las urgencias de la tarea cotidiana y, en aquel entonces yo estaba muy ocupado por el oficio periodístico y por tareas militantes, cuesta encontrar los huecos para la escritura más libre. Y el exilio me permitió armar ese rompecabezas de la historia americana que es Memoria…
–¿Por qué volviste a elegir a Montevideo como tu lugar en el mundo?
–Me gusta vivir en Montevideo. Es la ciudad donde nací, aunque no es por eso porque nadie te pregunta donde querés nacer. Pero, en verdad, elegiría una y otra vez a mi ciudad porque se puede respirar y caminar, dos derechos que no existen en otras ciudades importantes. 
–Grandes escritores, de diversas ideologías, lograron que sus prejuicios, su mirada individual del mundo e, incluso, su posición política se vieran superados por la profundidad y amplitud de su obra. En el caso de la llamada literatura comprometida, ¿cómo lograr que la palabra no quede aprisionada por la realidad inmediata?
–Yo hago literatura comprometida, es lo mío. Me siento muy comprometido con el oficio literario que, para mí, es un oficio solidario. El peligro está siempre en el discurso de cotillón, en convertir lo que uno escribe en una pancarta y eso es completamente inútil, porque uno terminaría escribiendo mensajes para los convencidos. Y nada más que eso. La literatura que llega realmente es la que transmite misterio, electricidad de vida, y las ideas están adentro pero no se tienen que notar de un modo implícito. Por eso siempre digo que trato de plasmar una literatura senti-pensante. Mi lenguaje quiere ser capaz de unir a la razón y el corazón porque la literatura, cuando es nada más que pensante, corre el riesgo de ser frígida, y cuando es sólo sentimental, corre el riesgo de volverse cursi.
–En los últimos días se desató una polémica, en el ámbito intelectual y cultural nacional, acerca de la presencia de Mario Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires, ¿cuál es tu mirada al respecto?
–Creo que, en todos los planos de la vida, las prohibiciones prestigian lo que prohíben. A este señor no hay que hacerle el favor de atacarlo ni de tirarle huevos podridos porque, probablemente, es lo que más le conviene. La mejor publicidad que puede tener algo o alguien, un producto o una persona, lo que sea, es la prohibición. Los ejemplos históricos abundan. La ley seca fue el origen de la fortuna de Al Capone. Recuerdo, en mi caso, lo que paso con Las venas abiertas de América Latina. Apenas se publicó, nadie le hizo caso, ni mi familia lo leyó (risas). Hasta que las dictaduras militares lo prohibieron y, a partir de ese momento, súbitamente el libro empezó a ser interesante, y eso ocurrió como un año y pico luego de salir la primera edición.
–En esta última década, en esta parte del mundo surgieron varias experiencias políticas novedosas y transformadoras. ¿Cómo creés que se insertó, en esta época, la Argentina gobernada por el kirchnerismo?
–Es parte de una ola existente que me parece muy positiva. Por suerte, esto está ocurriendo en muchos lugares de la región. Hay una energía de cambio que está dando resultado, con las formas y realidades propias de cada país.
–¿Y por dónde pasan las posibilidades de cambio estructural para Latinoamérica?
–Hay que recordar que el país más independiente, del siglo XIX, fue el Paraguay de los López, aniquilado por no estar atado a la banca británica, sin depender de esos préstamos que estrangulaban la libertad. Fue el primer país que tuvo un desarrollo hacia dentro, no orientado al mercado mundial dominado por el imperio de turno. Este es un momento muy importante, porque después de aquellos años, se está recuperando progresivamente esa tradición de dignidad. Hay numerosos signos de que este es el camino para seguir avanzando. Hay que decir, también, que el patriotismo parece un privilegio de los países ricos, que predican el librecambismo para afuera pero son ultraproteccionistas puertas adentro. Cada vez que empezamos a preocuparnos por nosotros mismos, a defendernos, nos acusan de populistas, demagogos, porque buscan desgastar estos procesos políticos. 
–¿Cuál es tu balance de lo que viene siendo la presidencia de Pepe Mujica en Uruguay?
–El balance es positivo, sin duda. Pero Uruguay está teniendo la contradicción que más me preocupa y que se encuentra en todos estos gobiernos con ganas de cambiar la Historia. Es la contradicción entre búsqueda de más justicia social y la causa ecológica. Les cuesta reconocer que los derechos de la naturaleza y los Derechos Humanos son dos nombres de la misma dignidad. Entonces, uno se encuentra con gobiernos que están aliviando la pobreza pero, por otro lado, siguen incurriendo en el tradicional pecado latinoamericano de entregar sus recursos a cambio de nada. En Uruguay,  el gobierno de izquierda sigue recibiendo, como si emanaran del cielo, a las plantas de celulosa que arrasan la tierra, que envenenan el aire y te secan el agua. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Es algo que debe cambiarse en toda la región. Por suerte, ahora, países como Bolivia y Ecuador establecieron constitucionalmente que la naturaleza tiene derechos.
–¿Cómo analizás lo que está ocurriendo en Medio Oriente y en el norte de África actualmente? ¿Cuál es la responsabilidad de Occidente en esos acontecimientos?
–Es una sorpresa muy estimulante. Me parece estupendo ese reguero de fuego tan contagioso, que no hay quien lo pare. Nació de la paliza que recibió un vendedor ambulante de frutas y verduras en las calles de Túnez y se convirtió en un fuego popular que está quemando las estructuras de poder de un mundo muy despótico, enemigo de la libertad. Es un incendio emancipador que lleva adelante la gente que se hartó de ser nadie. Es una manera de decir que tienen derechos, que existen y que quieren terminar con esos regímenes absolutistas, absurdos. Dictaduras mimadas por los Estados Unidos y Europa por su riqueza petrolera.
–¿Cuáles son los mayores desafíos que atraviesa la izquierda contemporánea?
–La izquierda debe revitalizarse en la diversidad. Dejar atrás definitivamente los dogmas, la verdad única, los fundamentalismos y abrirse a la diversidad de la realidad. En eso me parece que se avanzó mucho. Se diluyeron ideas ridículas como aquella que sostenía que las mujeres se iban a liberar automáticamente cuando la clase obrera tomara el poder. Es una idea que ya no defiende nadie porque está claro que las mujeres se defienden por su cuenta. Otro dogma insostenible era el que profesaba que la única respuesta ante la omnipotencia del mercado era la omnipotencia del Estado. Esto derivó en la burocratización total de esos países. Por suerte, la Historia no dice adiós, dice hasta luego, y las experiencias resucitan y se transfiguran.<

sábado, 5 de marzo de 2011

SOBRE FACEBOOK

La verdad de "Facebook"


Es altamente probable que muchos de sus afiliados peguen el grito al cielo cuando se enteren del tenebroso propósito tras el sitio web más popular entre los gringos de 17 a 25 años. Empresa virtual que ha logrado penetración total del mercado universitario en los Estados Unidos de América, donde se encuentran registrados ocho de cada diez estudiantes.

Vale preguntar, ¿cómo el crecimiento de Facebook se ha cuadruplicado durante el último año y recibe un promedio de 250,000 nuevos miembros todos los días, a pesar que los servicios que ofrece son gratuitos? ¿De donde -se debe preguntar con buena dosis de suspicacia- obtiene Facebook los recursos para atender 58,000,000 de miembros activos que publican en promedio la bobadita de 14,000,000 de fotografías al día y que a la fecha han colgado unas 2,700,000,000 de imágenes?Difícil siquiera imaginar el monumental tamaño de su computadora y lo costosa la tecnología -ni que decir de la enorme nómina- que se requiere para alojar y administrar esa colosal cifra de usuarios. Que -entre otras- representa más que la mitad de los habitantes de México.Cuando uno digiere las astronómicas cifras que rodean a Facebook, tampoco cabe especular que una empresa a la cual el gigante Microsoft valora en 15,000,000,000 de dólares se financie exclusivamente de publicidad.

Los entendidos en la materia suponen que por motivos de impuestos el gobierno gringo vigila sus grandes empresas con ojo de águila, lo cual descartaría de plano un posible lavado de dinero, u otro tipo de bandidaje.¿Entonces cómo diablos hacen? La respuesta la revela Ari Melber -miembro de la campaña presidencial 2004 de John Kerry-Facebook está vendiendo la información de sus usuarios al mejor postor.

Cito textualmente: 'Lo que muchos usuarios no saben es que de acuerdo a las condiciones del contrato que virtualmente asumen al hacer clic en el cuadro 'acepto', los usuarios le otorgan a Facebook la propiedad exclusiva y perpetua de toda la información e imágenes que publican.

'De hecho, resalta el experto, los afiliados 'automáticamente autorizan a Facebook el uso perpetuo y transferible, junto con los derechos de distribución o despliegue público de todo lo que cuelgan en su página web.'

Los términos de uso le reserva a Facebook el derecho a conceder y sub-licenciar todo 'el contenido del usuario' a otros negocios. Sin su consentimiento, a muchos usuarios les convirtieron sus fotografías en publicidad, transformando un comercio privado en endosos públicos. De repente todo lo que sus afiliados publicaron, incluyendo sus fotografías personales, su inclinación política, el estado de sus relaciones afectivas, intereses individuales y hasta la dirección de la casa, se envió sin su autorización expresa a millares de usuarios.

Y para colmo de males, el asunto no termina si el usuario se decide retirar. Aun cuando los usuarios cancelan la membresía, sus fotos e información permanecen abordo, según Facebook, por si deciden reactivar su cuenta. Es más, el usuario no es retirado inclusive cuando fallece.

De acuerdo a las 'condiciones de uso,' los dolientes no pueden obligar que Facebook descuelgue los datos e imágenes de sus deudos, ya que cuando el finado aceptó el contrato virtual le otorgó a Facebook el derecho de 'mantenerlo activo bajo un status especial de conmemoración por un período de tiempo determinado por nosotros para permitir que otros usuarios puedan publicar y observar comentarios sobre el difunto.

'Sepan los usuarios de Facebook que son partícipes indefensos de un escenario que los académicos califican como el caso de espionaje más grande en la historia de la humanidad. De paso se convierten de manera inconsciente en los precursores del fenómeno de 'Big Brother' te está observando. Alusión directa a la intromisión abusiva del estado en los asuntos privados del ciudadano común para controlar su comportamiento social, tema de una novela profundamente premonitoria escrita en 1932 por el británico Aldous Huxley: 'Un Mundo Feliz.'

Asi que mi recomendacion es que si ya tienes una cuenta en facebook, no coloques nada que te ponga en riesgo ni arriesgue a tus amigos, nada de telefonos, direcciones fisicas, fotos, etc. Coloca solamente correo electronico. EE.UU. estudia emitir anexo al Acto Patriota cerrando el uso de esta herramienta "inocente".


Autores: Pascual Serrano/German Leyens
Enlace noticia: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=78027

 

ÚLTIMAS NOTICIAS SOBRE LA DIVISIÓN AZUL

¿Qué buscaban cerca de 50.000 españoles en el frente ruso?

JORGE MARTÍNEZ REVERTE
  
Cerca de 50.000 españoles lucharon con los alemanes en el frente ruso. Cinco mil perdieron la vida. La División Azul. Rusia, 1941-1944 (RBA) ofrece otra mirada sobre esa tragedia. Es un libro de historia y de historias, de experiencias individuales. Su autor cuenta en este texto exclusivo para Babelia aquella trágica guerra
Todos los años, desde hace muchas décadas, un grupo cada vez menos numeroso de ancianos canta en el cementerio madrileño de la Almudena canciones de origen alemán como Yo tenía un camarada. Además, los nonagenarios entonan el himno falangista, el Cara al sol, acompañados por unos pocos jóvenes de gesto desafiante y estética nazi.
Pese a todo, algunos se preguntan ¿en qué se han metido? En una guerra criminal. En eso se han metido
Cuando han salido de España han recibido, por boca de Ramón Serrano Suñer, la consigna de barrer a Rusia del mapa
Conmemoran una derrota y una matanza. La derrota en la batalla de Krasni-Bor, a las afueras de Leningrado, el 10 de febrero de 1943, cuando más de mil doscientos soldados españoles que vestían el uniforme alemán murieron y otros tantos quedaron seriamente heridos en menos de veinticuatro horas en una ofensiva del ejército soviético.
¿Qué hacían allí esos hombres? Si se lee la prensa de la época, la que acompañaba su marcha, estaban luchando contra el judaísmo, el bolchevismo y la masonería. En ese empeño se dejaron el pellejo, entre 1941 y 1944, unos cinco mil jóvenes de los casi cincuenta mil que se presentaron voluntarios para ir a Rusia a luchar como soldados alemanes. Unos soldados que juraron lealtad al Führer, a Adolf Hitler.
La historia de esa unidad es la de un viaje, que empieza el 22 de junio de 1941 en torno a una mesa del hotel Ritz de Madrid, el más lujoso de una capital que se muere de hambre y de tifus. Allí, tres importantes jerarcas del régimen franquista deciden que, cuando Hitler desate su previsible ofensiva contra la Unión Soviética, España tendrá que estar presente en la guerra para tener una parte en el botín. Son Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores, Dionisio Ridruejo y Manuel Mora Figueroa, dos altos cargos falangistas. El botín será cuantioso: Gibraltar, el Marruecos francés y el Oranesado. Un imperio.
Cuando se cumple su deseo de que la guerra empiece, Serrano Suñer lanza una consigna desde el balcón de la Secretaría General del Movimiento en la calle Alcalá: "Rusia es culpable". Y con ese eslogan en los labios, miles de falangistas madrileños apedrean primero la embajada inglesa y se apuntan después a la guerra, que sueñan que podrán hacer subidos a las torretas de poderosos tanques alemanes. Hay que darse prisa, no sea que lleguen a Moscú sin ellos.
A esos falangistas de primera hora les van a mandar oficiales también voluntarios del ejército victorioso en la guerra civil. Unos oficiales a los que los falangistas no quieren obedecer pero a los que van a tener que soportar, porque sin ellos estaría garantizado el desastre. Poco a poco, a lo largo de los tres años que dure la aventura, los falangistas revolucionarios, pro-nazis, de Madrid, irán escaseando, mientras los oficiales nacional-católicos aumentarán su presencia en la división de voluntarios. En todo caso, ambos grupos coinciden en odiar al judaísmo y el bolchevismo. Y eso se va a notar.
El general Agustín Muñoz Grandes, que es tan falangista como militar, es el hombre al que se escoge para mandarlos. Franco descarta a un importante falangista, José Antonio Girón de Velasco, un antiguo pistolero de la vieja guardia. No es sensato que alguien sin conocimientos serios de la técnica de la guerra mande a los dieciocho mil hombres que van a Rusia en la primera hornada.
El viaje continúa por el campo de entrenamiento de Grafenwöhr, al norte de Múnich, donde los voluntarios aprenden a usar las armas alemanas y juran solemnemente fidelidad a Hitler, hasta la muerte.
Y después, camino de Moscú, atraviesan Lituania y se internan en Bielorrusia. No van sobre tanques, sino andando, tirando de viejos caballos a los que se comen cuando mueren de agotamiento o por algún accidente.Por ese camino hacia Moscú, se cruzan con enormes columnas de prisioneros soviéticos conducidos por soldados alemanes, que de cuando en cuando pegan un tiro en la cabeza a los que caen exhaustos. Y ven a grupos de judíos a los que está prohibido dar comida o ayudar, porque son seres inferiores. Los voluntarios españoles intuyen que el destino de esos judíos es trágico. Algunos desobedecen las órdenes y les dan de comer. A algunos les provoca lástima su miseria; a otros, les parece que es lo que se merecen.
Y algunos se hacen preguntas, como cuando ven, al llegar a Vítebsk, un cuerpo que pende de una soga, el de un hombre vestido de paisano. A pesar de que el último gesto de agonía se le ha quedado grabado en el rostro, se puede ver bien que se trata de un joven. El cartel que le han prendido en el pecho está escrito en alemán y en ruso y en él se explica que se trata de Vladímir Baldseski, que era judío y tenía veinticuatro años. También está narrado de forma sucinta el crimen por el que fue sentenciado a la horca: apuñaló a un soldado alemán.
La información tiene un carácter desigual. La gravedad del delito pretende explicar la severidad del castigo. ¿Pero añade algo la condición de judío del ejecutado? Los soldados voluntarios españoles van aprendiendo que sí. Según transcurre el tiempo que gastan en acercarse al momento triunfal de la entrada en Moscú, los ejemplos se van acumulando. La cuestión de los judíos es muy relevante para los alemanes a los que han venido a ayudar.
Baldseski no es un caso único. Los expedicionarios españoles que han llegado a Vítebsk después de una nueva jornada de ocho horas de marcha a pie que comenzó a las 6,45 horas de la mañana, han visto, y van a ver muchos más, otros cuerpos desmadejados que los verdugos dejan durante tres días a la intemperie para que su visión sirva de escarmiento a quienes puedan sentir la tentación de unirse a las fuerzas partisanas que, según la propaganda nazi, se reúnen en los bosques para hostigar a las tropas del Heer, el ejército de Tierra alemán.
En esta ocasión, como en casi todas, se ha escogido la plaza de la ciudad, para que la exhibición tenga mayor eficacia propagandística. Baldseski, lo que queda de él, se balancea con los miembros extendidos en reposo, y una postura del cuello casi inverosímil, con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. La boca y los ojos están abiertos, y sus pantalones manchados, porque la muerte afloja los esfínteres.
Los expedicionarios han visto durante la jornada de marcha los restos de una gran batalla. Muchos esqueletos de carros de combate, rodeados de trincheras individuales destinadas a proteger a quienes eran los encargados de abastecerlos. Chatarra bélica por todas partes. Y los bosques mutilados por la metralla.
La ciudad les ha recibido mostrando las huellas de una devastación hasta ahora desconocida para sus ojos, que ya estaban entrenados en el oficio de ver ruinas por su experiencia de la guerra de España. Puede ser que los edificios destruidos lleguen al 95%. En la estación de ferrocarril hay varios trenes también destruidos. Todo en Vítebsk son amasijos de hierro y escombro. Por las calles, deambulan personajes fantasmales que se dirigen a algún destino seguramente tan incierto como el punto de partida. Es la estampa humana que se repite desde que han llegado a Rusia. Hombres con gorrillas de corta visera y mujeres con un pañuelo a la cabeza. Colores desvaídos de la ropa, movimientos trabajosos, ojos humillados.
Los judíos, algunos de ellos, salen de su encierro en guetos para trabajar en brigadas forzosas, y a cambio reciben una ración de 300 gramos de pan. Los demás no reciben nada, no comen.
De cuando en cuanto, algunos de los que se hacinan entre los escombros del recinto, un barrio de las afueras muy cerca de la estación de ferrocarril, intentan escaparse. Por la ciudad se escuchan disparos cada poco, que ya no sobresaltan a nadie. Fuera del gueto, los soldados alemanes pueden matar a todos los judíos que les venga en gana. Cada soldado alemán puede hacerlo.
No hablan apenas de ellos los voluntarios españoles que van a desfilar por las calles de Moscú y cantan para animar su larga y penosa marcha una cancioncilla de letra intencionadamente jocosa:
"Voluntario alegre, que a Rusia te vas, con rancho de hierro para caminar...".
Pero algunos, pese a todo, se preguntan ¿en qué se han metido?
En una guerra criminal. En eso se han metido.
Los falangistas y los militares que se han apuntado, los que desean con todas sus fuerzas entrar en fuego de una vez, lo están haciendo en una guerra criminal.
¿Es más noble su propósito que el de los soldados alemanes?
¿Qué les distingue de ellos?
Los hombres que van a entrar en combate han jurado en el mes de julio fidelidad al Führer. Y forman parte de una división alemana, perteneciente a la Wehrmacht, la número 250.
Cuando han salido de España han recibido, por boca de Ramón Serrano Suñer, la consigna de acabar con el bolchevismo y barrer a Rusia del mapa. Los periódicos que han leído han explicado en titulares qué significa eso: acabar con el enemigo judeobolchevique.
La mentalidad de esos hombres está moldeada en torno a prejuicios muy parecidos a los que han trabajado los nazis en los soldados alemanes: el judío es el bolchevique, y hay que liquidarlo.
Los hombres que han pasado por Bielorrusia y por Lituania y Rusia han visto desfilar a los prisioneros que no reciben alimentos, han visto desfilar a los judíos camino del matadero. Han intuido cuál era el destino de esas comitivas, pero no han querido preguntarse más por ello.
Y han participado en algunas ocasiones en ahorcamientos o fusilamientos de presuntos partisanos. En esa "lucha contra los partisanos pero sin partisanos" que provoca una desproporcionada cifra de muertos entre los dos bandos: mueren cien partisanos por cada soldado alemán. En Bielorrusia, los responsables del grupo de ejércitos del Centro los contarán con precisión: los alemanes sufrirán mil noventa y cuatro bajas frente a ochenta mil presuntos partisanos liquidados, entre junio de 1941 y mayo de 1942.
Las crónicas de los divisionarios que escriben esporádicas narraciones para cuando vuelvan a España, las de los que toman apuntes para futuras memorias personales, identifican a los partisanos con judíos.
La Wehrmacht -de la que forma parte la división 250- tiene una instrucción que está emitida el 13 de mayo, por la que puede proceder a ejecuciones masivas en la retaguardia, no sólo de partisanos según la definición de los acuerdos de La Haya, sino también de "elementos sospechosos" y "hostigadores", tales como los que reparten octavillas o desobedecen órdenes militares.
Los españoles forman parte de la Wehrmacht, y tienen que ser fieles a su juramento y a las órdenes que establecen la fórmula de colaboración entre las SS y el ejército en la Unión Soviética. Son matanzas de las que no tienen nada que ver con las cámaras de gas. Se hacen a la vista de todo el mundo, para que sirvan de escarmiento y como parte del plan de limpieza. En Vilna, los médicos, las enfermeras y los heridos que están en el hospital español, verán matanzas de cientos de judíos. Y no hablarán de ello.
¿Podían haberse negado a seguir? ¿Se podrán negar en adelante?
Hay un precedente como el de los italianos, que se niegan a obedecer las perentorias órdenes alemanas para que les entreguen judíos o para que los asesinen ellos mismos. Hay críticas de los oficiales del ejército alemán hacia "el escaso antisemitismo de los italianos". Y se han producido incidentes graves en varias ocasiones.
Pero hay una importante diferencia de base: los italianos luchan en el Este como un aliado de Alemania. Sus divisiones han jurado lealtad a algo tan repulsivo como el fascismo, pero no al Führer, que exige la eliminación de los eslavos o de los judíos y gitanos.
Los españoles venían preparados para ello. Venían a Rusia para acabar con el judeobolchevismo. Su Hoja de Campaña, que se edita en Riga, se lo va a recordar todas las semanas: judíos y bolcheviques son los enemigos.
De la masonería es más difícil encontrar rastros en las estepas rusas.
Los divisionarios se encuentran en una guerra de gran ferocidad. Luchan casi siempre con gran valor contra un enemigo que defiende el territorio de su patria. Lo hacen en condiciones extremas. A cuarenta grados bajo cero. A las orillas del lago Ilmen.
Pero lo más importante de su acción llega en el otoño de 1942. Los voluntarios participan directamente en el asedio de Leningrado, la antigua San Petersburgo. Cercan la ciudad y tienen un papel protagonista en la muerte por hambre, por frío, o por la metralla de los cañones, de más de un millón y cuarto de personas, de civiles, de ancianos, jóvenes o niños, de hombres o de mujeres.
Por lo que eso significa casi ninguno se pregunta.
Sólo se preguntan por sus caídos. Por los miles de camaradas que se quedan para siempre bajo la tierra de Rusia. Los que mueren, por ejemplo, en Krasni-Bor.
La actitud piadosa de muchos divisionarios españoles crea conflictos con el ejército alemán. Pero no hay protestas de los oficiales ni de los jefes. Ni de Muñoz Grandes, ni de su sucesor, el general Emilio Esteban-Infantes, surge ninguna oposición a los actos que pueden observar y que van de manera flagrante contra la Convención de La Haya.
Cuando la guerra acabe, y se celebre el proceso de Nüremberg para esclarecer y castigar los crímenes de guerra cometidos por los responsables alemanes, se abrirá un proceso contra el OKW, el centro de mando del ejército alemán. De los catorce encausados, tres habrán sido jefes directos de los españoles de la división 250: el mariscal Wilhelm von Leeb, jefe del grupo de ejércitos del norte; el general Georg von Kügler, jefe del 18 ejército, y el general Karl von Roques. Un buen plantel de hombres que serán declarados culpables de crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad. De manera más explícita, por haber elaborado y puesto en práctica órdenes criminales como la del exterminio de comisarios, por haber perpetrado crímenes contra prisioneros de guerra, por haber deportado a civiles de los países ocupados condenándoles a realizar trabajos forzosos, y por haber tomado parte en el asesinato de judíos en el frente oriental. Todos los mandos que serán condenados pertenecen a la Wehrmacht, no a las SS, sino al ejército profesional alemán, que ejecuta con aplicación las órdenes recibidas, siguiendo las instrucciones del mando supremo.
Les guste o no, los voluntarios católicos y falangistas forman parte de una guerra. Han jurado obedecer. Detienen a supuestos partisanos, ejecutan cuando procede a sospechosos de serlo, entregan a los alemanes a los prisioneros para que les interroguen de formas más severas que las que ellos practican. Y contemplan con pasividad cómo sus camaradas alemanes disparan a los prisioneros rezagados cuando caen exhaustos en las cunetas. Callan lo que saben sobre los asesinatos de judíos. Y observan con fascinación los bombardeos de los aviones stuka sobre Leningrado y su población civil.
Su viaje acaba en 1944, cuando los últimos, los irreductibles pronazis, son obligados a volver. Su coronel, Antonio García Navarro les había ofrecido un fin más heroico:
"¿Sabéis lo que os pide la Legión? Os pide morir".
Los que fueron despedidos como héroes en 1941 vuelven a España a hurtadillas, para no molestar a los aliados que van a ganar la guerra. Muchos militares ascienden. A algunos soldados les dan empleíllos, una portería o un estanco.
Setenta años después, son muy pocos los que quedan para ir al cementerio de la Almudena a cantar Yo tenía un camarada.

viernes, 4 de marzo de 2011

Libia y la izquierda
Principios e incertidumbres



  1. Las teorías de la conspiración son convincentes porque siempre tienen un asidero en la realidad: las conspiraciones existen. La CIA, la OTAN, el Pentágono, la UE están conspirando ininterrumpidamente para asegurar sus intereses en todas las regiones del planeta. También conspira Rusia y China y Turquía y Paquistán y la India. También Cuba y Venezuela. Todo el mundo conspira porque la conspiración es uno de los instrumentos indisociables de la relación entre los Estados-Nación en un marco de luchas imperialistas, antimperialistas e interimperialistas.
  2. Nadie puede poner en duda, pues, que el imperialismo está conspirando en estos mismos momentos contra todos los movimientos populares y contra los que los representan. Las conspiraciones imperialistas conspiran también con el propósito de volver paranoicos a los revolucionarios; es decir, para que acaben completamente absorbidos en la idea no revolucionaria de la omnipotencia del enemigo. La diferencia entre una teoría de la conspiración y una teoría de la revolución es que ésta considera justamente que si el imperialismo conspira es porque no controla todas las fuerzas y que eso que llamamos “pueblo” mantiene siempre su potencia “residual” respecto de todas las conspiraciones. Ese “residuo”, incluso como conciencia deformada o imprecisa, tiene que ver con la realidad misma: la pobreza, el dolor, la frustración, la represión. Mohamed Bouazizi no se quemó en Sidi Bouzid el 17 de diciembre de 2010 manipulado por la CIA sino humillado por un aliado suyo. Las teorías de la conspiración son hegelianas: el curso del imperialismo coincide con el de la realidad. Las revolucionarias son más bien leibnizianas: el imperialismo tiene que poner constantemente en hora el reloj del mundo. Al paranoico se le podría decir: “tienes toda la razón; el imperialismo lo manipula y controla todo; la prueba eres tú”.
  3. Los EEUU, la UE, la OTAN hubieran preferido que no hubiese ocurrido nada de cuanto ha ocurrido en el mundo árabe. Así lo demuestran las primeras declaraciones de sostén a los dictadores amigos y sus maniobras para aplazar su caída. También en Libia hubiesen preferido mantener el estatus quo, aunque sólo fuese por no comprometer a Italia como potencia ex-colonial: al contrario de lo que pretenden algunos analistas de memoria corta, basta consultar las hemerotecas para confirmar que primero hubo silencio, luego declaraciones ambiguas, después condenas tibias y por fin escándalo moral. Las potencias neocoloniales conspiraron para que no cambiaran las cosas y, cuando no han podido evitar los derrocamientos, conspiran para tratar de utilizar los cambios en su favor. Les hubiera resultado más difícil, también en Libia, si desde el principio todas las fuerzas de izquierda hubieran hecho una declaración conjunta a favor de las revoluciones y los pueblos árabes y de su anhelo anticolonial de democracia y libertad. Los que no lo hacen así no sólo se distancian sideralmente del pulso de la calle en esta zona del mundo sino que permiten que los mismos que disparan contra la multitud en Iraq, bombardean Pakistán y Afganistán y colaboran en la aniquilación de Palestina, se presenten de nuevo -la hipocresía funciona siempre cuando se tienen medios de comunicación y de destrucción suficientes- como paladines de los DDHH y la democracia.
  4. Por supuesto la OTAN quiere meter su zarpa en Libia ahora que la revuelta está en marcha y deriva hacia la guerra civil. Gadafi, al contrario que los otros canallas derrocados, no es fiable; es caprichoso, inestable, no se deja manejar y, ya seriamente amenazado y en cualquier caso descartado como interlocutor, habrá que aprovechar la ocasión para meter una cuña militar entre Túnez y Egipto, dos países de alto riesgo, y controlar directamente los recursos petrolíferos. La opinión general entre la izquierda y la población del mundo árabe es la de que no habrá invasión: estamos hablando de una de las zonas más anti-imperialistas del mundo en la que Palestina e Iraq están siempre presentes como prueba de la hipocresía criminal de las potencias occidentales. Si EEUU quiere “democratizar” el Medio Oriente y el Magreb a su manera, sería una gran estupidez correr ese riesgo. La retórica y las sanciones, junto a la división en el campo anti-imperialista, introducen ya un efecto suficientemente favorable a sus intereses. Sin descartar ninguna posibilidad, no parece, sin embargo, que de momento les convenga aspirar a más..
  5. Lo que prueban las amenazas de la OTAN y EEUU, en todo caso, no es que occidente no controle a Gadafi sino que no controla a la oposición. EEUU no invadió Iraq porque Sadam Hussein fuese fuerte sino porque era débil; era débil militar y políticamente; en ese momento se estaban produciendo fuertes presiones dentro del régimen -y negociaciones con la oposición de izquierdas en el exilio- para una reforma interna que llevase a una verdadera democratización: eso no podía permitirlo EEUU. EEUU teme a los pueblos. Y el propósito de EEUU es siempre el de impedir que sean los pueblos los que acaben con sus dictadores y tomen las riendas de su destino. Lo estamos viendo: cuanto más cerca está de caer Gadafi más aumentan las amenazas; cuanto más existe el riesgo de que el pueblo acabe con Gadafi más probable es la intervención de la OTAN.
  6. Las amenazas de invasión son una apuesta segura para el imperialismo. La OTAN invade países, o amenaza con invadirlos, siempre con dos propósitos: uno impedir las luchas de los pueblos. El otro obligar a los anti-imperialistas a contraerse y apoyar dictadores que no se ajustan ni a nuestros intereses ni a nuestros principios. Aquí la manipulación de los medios coopera con éxito: cuando más malo sea Gadafi más se desprestigian los que lo apoyan. Pero nosotros no debemos caer en la trampa del simplismo binario imperialista y de sus fórmulas primitivas: si atacan a Gadafi entonces es que Gadafi es bueno; si los medios ahora manipulan abyectamente es que nada ha ocurrido en Libia y todo es un montaje de la CIA. Nos gustaría que las cosas fuesen así de sencillas y los medios hegemónicos nos sirvieran de infalible brújula invertida, pero la obligación de la izquierda, junto a la de denunciar y combatir cualquier intervención, es la de abordar la situación en toda su complejidad. La imaginación, decía Pascal, es tanto más mentirosa cuanto que no miente siempre; el imperialismo es tanto más peligroso cuanto más incoherente. Lo que no nos parece aceptable  como ética revolucionaria y se nos antoja contraproducente desde el punto de vista propagandístico es esta decisión: entre un dictador que no nos acaba de gustar del todo y un pueblo que no nos acaba de convencer del todo, acabamos eligiendo, imitando en esto a los imperialistas, al amigo dictador. La trampa es perfecta y una vez hemos caído en ella: para ser antimperialistas, se nos quiere obligar a no ser comunistas.
  7. Por todos los motivos ya señalados, nadie mínimamente de izquierdas puede apoyar, justificar o permanecer callado ante una intervención de EEUU. Esto hay que decirlo alto y claro. Pero no menos alto y claro hay que decir que la situación nueva del mundo árabe entraña riesgos y que habrá que escoger uno de ellos. Los riesgos son tres: una intervención de la OTAN, una victoria de Gadafi y una victoria del pueblo en armas contra él. La intervención de la OTAN  entraña el riesgo mayor, pero no porque pueda derrocar a “nuestro amigo” Gadafi sino porque, aparte la catástrofe humana, impugnaría el derecho inalienable del pueblo libio a derrocarlo él mismo, amenazando al mismo tiempo a todos los pueblos hermanos de la zona. En orden descendente, el segundo mayor riesgo sería una victoria de Gadafi; a la terrible represión de su pueblo habría que añadir el efecto que eso tendría sobre la región, especialmente sobre Túnez y Egipto, países vecinos cuyos procesos de cambio se podrían ver paralizados e incluso invertidos (sin descartar, como ya ha ocurrido de hecho, una intervención más o menos directa de “nuestro amigo” dictador en ellos). El tercer riesgo es grande, muy grande, pero es el menor. Es el verdadero “mal menor”: dejar a un pueblo del que sabemos muy poco que arregle cuentas con sus gobernantes en un espacio muy abierto, muy nuevo, muy inestable, en el que, en cualquier caso, también nosotros podremos conspirar. Apoyemos a ese pueblo y conspiremos con él. El temor a los pueblos es reaccionario y de derechas y, procedente de la América Latina revolucionaria, hace llegar el mensaje de una inquietante vulnerabilidad que también podría intentar aprovechar el imperialismo. Al defenderse defendiendo a un dictador, los gobiernos emancipatorios latinoamericanos se señalan absurdamente a sí mismos y llaman la atención sobre una afinidad inexistente. Sólo podemos sentir melancolía al comprobar que el imperialismo, que teme a los pueblos, acaba invocando su nombre contra los que realmente quieren defenderlo, los cuales, por eso mismo, debilitan su posición en el mundo y en los países donde gobiernan. Los levantamientos en el mundo árabe han hecho fluctuar todas las pocas referencias que nos quedaban tras el final de la guerra fría y nos ponen en dificultades a todos. Los imperialistas están reaccionando mejor. Quizás son mas fuertes, pero también son más listos. Si fuesen además justos, serían ellos los verdaderos socialistas. Por el momento, la victoria propagandística es suya: han demostrado que los socialistas no somos ni fuertes ni listos ni justos.
  8. Ojalá el pueblo libio acabe con el régimen de Gadafi antes de que la intervención de los EEUU nos obligue a defender al criminal para defender a ese pueblo que se ha alzado contra él y que no aceptará ninguna intervención extranjera que le prive de su derecho a derrocarlo.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 2 de marzo de 2011

CULTURA › FRENTE AL CUESTIONAMIENTO DE QUE MARIO VARGAS LLOSA INAUGURE LA FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

Las cartas de un debate que recién empieza

El director de la Biblioteca Nacional disparó la polémica. La presidenta Cristina Fernández le pidió preservar “la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro”. Y un grupo de escritores argentinos le agregó ingredientes a la discusión.

Por Silvina Friera


Un debate complejo en torno de los compromisos literarios y políticos con final abierto desató el director de la Biblioteca Nacional (BN), Horacio González, al cuestionar que Mario Vargas Llosa sea el escritor elegido para la apertura de la 37ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En una primera carta que le envió al presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), Carlos de Santos, el sociólogo califica como “sumamente inoportuno” el lugar central concedido al Premio Nobel de Literatura 2010 para inaugurar una Feria que “nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. La presidenta de la Nación, Cristina Fernández, llamó a González para pedirle que retirara esa carta. El director de la BN explica que ha percibido que la discusión “corre el riesgo de ser presentada como una vía para limitar la palabra de un escritor, que siempre leímos como el buen novelista que es, y cuestionamos como especial promotor de interpretaciones sobre la política y la sociedad argentina”. La Presidenta le planteó que esta discusión “no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”. En otra carta que escribió González (ver aparte), revela que Fernández le ha expresado que “no es concebible la vida literaria y el compromiso con la ensayística social sin un absoluto respeto por la palabra de los escritores –o de cualquier ciudadano–, cualquiera sea su significación o intención”.
¿Mario Vargas Llosa inaugurará la 37º edición de la Feria del Libro? La respuesta –por ahora– es que lo hará. Pero el malestar entre muchos escritores y editores crece. Ya hay varias cartas y solicitadas circulando, como el texto que escribió Aurelio Narvaja, de Ediciones Colihue, en el que afirma que es “un grave error” que hable el “extraordinario escritor y muy merecido Nobel”, porque desde hace años es “un propagandista, ostensible y florido, de las ideas y las políticas de la derecha liberal”. En otra carta, José Pablo Feinmann, Ricardo Forster, Diana Bellessi, Mario Goloboff, Vicente Battista, Mauricio Kartun y Juano Villafañe, entre otros, manifiestan un “profundo desagrado y malestar” por la designación del autor de El sueño del Celta para abrir la Feria. “Convertido desde hace años en vocero de los grupos multinacionales editoriales y mediáticos, de un supuesto ‘liberalismo’ de sometimiento y depredación, y de la oposición a lo que ellos denominan ‘gobiernos populistas’ en América latina, Mario Vargas Llosa se ha ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad, en declaraciones vastamente difundidas por esos mismos medios.”
“Vargas Llosa no puede inaugurar la Feria porque desde su posición de liberal de derecha ha insultado al gobierno democrático y al país entero al calificarlo de ‘payasesco’ y ‘aquelarre corrupto’ –responde Juan Martini–. Un hombre que agrede de una manera tan salvaje a un país que tanto contribuyó a su consagración no sólo es innoble: es un político torpe, ciego y autoritario. Y que no nos venga ahora con que una cosa son sus ideas fascistas y otra la literatura”. Patriarca de la edición argentina, Daniel Divinsky admite una pequeña discrepancia. “Creo que no hace gran diferencia, si se admite la presencia ‘estelar’ del Nobel en la Feria, que la inaugure o no, siempre que haya un compromiso tácito para que evite incursionar en la política nacional, sobre la que tanto se equivoca. Salvadas las distancias, si hubiera sido posible, sería como oponerse, por las mismas razones, a que Borges inaugurara la Feria. Por el contrario, la presencia del peruano dará mayor relevancia internacional a una Feria que había venido destiñendo un poco cada año en ese plano”, precisa Divinsky.
Osvaldo Bayer sugiere que la Feria la inaugure “un intelectual argentino para que nos hable de nuestra sociedad y sus escritores, sus sueños y el deber de éstos ante la sociedad”. “Ponerlo a Vargas Llosa en ese lugar es burlarse de aquellos intelectuales que cayeron por defender esos principios. ¿Qué nos va a decir a los argentinos? ¿Que hay que agachar el lomo ante las dictaduras con tal de que ellas defiendan la llamada economía liberal? Vayamos a la profundidad del drama latinoamericano y para qué deben servir sus intelectuales”, propone Bayer. Luisa Valenzuela señala que darle la palabra inaugural en un acto de trascendencia nacional “significaría, más allá del obvio cholulismo literario, avalar su posición política”. Elsa Drucaroff coincide. Elegir quién inaugura el encuentro tiene significados claros. “Si un escritor que hace los planteos políticos de Vargas Llosa inaugura la Feria, algo se está diciendo y eso que se está diciendo nos excluye a mí y a un sector del campo literario nacional demasiado amplio. Por supuesto creo que un escritor del tamaño de Vargas Llosa tiene que participar, y que la Feria tiene que tener lugar para muchas voces y discusiones, pero inaugurar es teñir todo el acontecimiento con su voz y su discurso.”
Juan José Becerra subraya que la Feria del Libro es un mercado de abasto. “No pertenece al mundo de las ideas sino al del comercio; por lo tanto es lo más lógico que Vargas Llosa sea convocado para representar a ese mundo. Sus pensamientos enmohecidos, su literatura sobrevalorada y la adquisición del Premio Nobel son buenos elementos para una polémica. Igualmente, habría que tratarlo con educación; o con indiferencia, que es casi lo mismo”, desliza. Liliana Heker recuerda que la Feria siempre la inauguró un escritor argentino. “No veo ninguna razón para que se altere ese hábito. En cuanto al caso particular de que se altere, justamente, invitando como primer escritor no argentino a Vargas Llosa, cuyas opiniones sobre Argentina han sido desubicadas, inexactas y tendenciosas, me parece un hecho por lo menos irritativo –admite la escritora–. Sé que como novelista no le faltan méritos para inaugurar una Feria acá o en cualquier otro país. Pero, ya que una Feria del Libro es no sólo un acontecimiento literario sino también un hecho social y político, preferiría que la inaugurara un intelectual menos reaccionario y con un vínculo real con Argentina.”
Eduardo Sacheri destaca que respeta “profundamente” la posición del director de la BN y sus argumentos. “Entiendo sus reparos con respecto a una utilización ideológica que la derecha pueda hacer de la presencia de Vargas Llosa en el acto inaugural. Sin embargo, no concuerdo con González en cuanto a sentirme ofendido por la invitación. Prefiero pensar que los argentinos somos capaces de ejercer y perfeccionar nuestro espíritu tolerante y pacífico, más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con Vargas Llosa”, pondera Sacheri. Oliverio Coelho plantea analizar el tema con “cuidado”. La Feria del libro no depende de un ente gubernamental y puede tener “una política distinta a la del Estado o a la de un grupo de intelectuales al momento de elegir quién inaugura un evento masivo”. “Así es la democracia que conseguimos, y que Vargas Llosa pueda inaugurar la Feria en Argentina vendría a descalificar la falta de libertad de expresión y el totalitarismo que el mismo Vargas Llosa atribuye a algunas democracias de América latina. Contra lo que supone González, en esta instancia, formulados la invitación y el anuncio, bajar de la inauguración a Vargas Llosa sería un paso en falso, no haría más que fortalecerlo en su postura. Es lo que torpemente Berlusconi haría con Darío Fo; algo que el actual gobierno, más astuto, debería evitar, porque en admitir la disidencia, las protestas, las calumnias, sin censurar ni reprimir, está gran parte de su rédito político.”

Faltan políticas sociales para las desplazadas por violencia familiar

Según el Consejo Nacional de la Mujer, una de cada tres mujeres es víctima de violencia familiar.
Muchas recurren a la policía y a la Justicia, y en los últimos años mejoró la respuesta del Estado ante emergencias:
- En la Ciudad de Buenos Aires, los juzgados que trabajan los casos enviados por la oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, abierta las 24 hs. los 365 días del año, pueden resolver la exclusión del hogar en menos de un día ante riesgo grave, aunque por pocos meses. (Emergencias: 137)
-En la Provincia de Buenos Aires, las mujeres y lesbianas contamos con una policía propia: no sólo ya más de la mitad de la fuerza está integrada por mujeres y lesbianas, sino que existen 37 comisarías de la mujer, con más de 300 oficiales especializadas. (Emergencias: 911 o 101)
-El artículo 34 del Código Penal garantiza el derecho de defensa propia, tanto durante un ataque, para evitar que se repita, después de una amenaza o si el agresor intenta ingresar al hogar por la fuerza.
Más de cinco millones de mujeres y lesbianas vemos coartado nuestro acceso a la educación, salud, y todas las libertades mediante ataques recurrentes y cada vez más graves, perpetrados por agresores con quienes permanecemos vinculadas por años, sostenidos en nuestra familia, amigos, compañeros, organizaciones.
Desplazadas por la violencia familiar de nuestros hogares, trabajos, vínculos, necesitamos políticas permanentes de vivienda, trabajo, subsidios, becas, pensiones, etc., cuyo objetivo sea la reparación de las consecuencias de la violencia familiar, más allá de lo que corresponde a cada agresor individual.
Estas políticas sociales faltan y su ausencia se hace sentir especialmente después de llamar al 137, ir a la oficina de violencia de la Corte, la comisaría de la mujer o salir del closet.

Pacho O’Donnell: “Las murgas molestan porque reclaman”

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“Durante años, el carnaval fue oscurecido.” (TELAM)

Otras notas

  • El reconocido dramaturgo y director escribió en febrero de 1975 una de las reseñas más importantes acerca de la historia y los orígenes de la murga de la Ciudad de Buenos Aires.
    A más de 30 años de la célebre investigación Del candombe a la murga: dos siglos de carnaval porteño publicada en la revista Crisis, el escritor estima que es necesario que se la considere como Patrimonio Cultural de la Nación.
    –¿Qué importancia tiene la murga en nuestro país?
  • No se trata sólo de corsos, murgas, desfiles de entrada, recitados, canciones de presentación, crítica y/o homenaje, bombos, platillos y baile. Los carnavales constituyen una oportunidad única para que circule un caudal de cultura popular amasado durante décadas y, ante todo, un espacio de reencuentro social. Del sábado al martes próximos más de cien murgas harán de las suyas en el circuito oficial de la Ciudad de Buenos Aires y muchas otras se sumarán en ámbitos más informales. Se trata de un Carnaval muy especial.
  • El carnaval ha sido, históricamente, una expresión de la cultura popular cargada de sentidos profundos para sus practicantes. Allá por la Edad Media, como bien nos ha enseñado el gran literato ruso Bajtín, estas fiestas populares duraban varios meses y se permitía la participación de campesinos y artesanos a la par de nobles y clérigos, como parte de una cultura común en la que todos tenían el derecho al goce y a la diversión. Las jerarquías sociales se suspendían y la fiesta, el desenfreno y la parodia ganaban la plaza pública.
  • Los Amantes de La Boca fue una de las primeras murgas que, con el regreso de la democracia en 1983, continuó enarbolando la bandera para que nuestro país recuperase los feriados del Carnaval. Por las calles y al son del ritmo de Hasta Siempre, la canción más conocida que se le dedicó al Che Guevara, la comparsa advertía en aquellos años: Existía el feriado/ los milicos aún no estaban/ Y esas murgas no sabían/ que se nos venía la biaba.
  • La murga uruguaya Falta y Resto ya está arriba del escenario y comenzó a transformar La Trastienda en una esquina de barrio porteña y montevideana. A fuerza de bombos, de una actitud escénica callejera, con la gracia del habla popular y con letras que expresan la esencia barrial, el teatro parece cada vez más la intersección de dos calles en Pocitos, Almagro, Boedo o La Unión.
  • Cómo no decir alegría cuando se nos restituye una fiesta popular que siempre fue nuestra. Y los motivos son muchos, colectivos y particulares, por la memoria histórica, que nunca olvidó el Carnaval. Fiesta de todos. Recuperamos una fiesta que fue y es tribuna del pueblo y espacio de denuncia social. Sobre los escenarios, medio trágico y medio cómicamente, los murgueros cantan y dicen, y cuentan y gritan, por las penas, por lo que nos falta aún, por lo que hemos conseguido. Por lo que seguiremos luchando, por la alegría de lo ya recuperado. Para que oigan los que quieran y puedan.
–Cuál es la importancia que tienen las murgas y su significado como expresión popular?
–El carnaval, que está en distintos lugares y culturas, constituye un lapso de tiempo de permisividad y descontrol. En algunos sitios se produce una especie de uniformidad, en la que las clases sociales y las situaciones de poder económico no se distinguen. Incluso, en algunos lugares es costumbre el nombramiento de un preso como gobernador. Los carnavales parecerían derivar de las bacanales, unas celebraciones de vino, sexo y descontrol que se hacían en honor a los dioses del vino: Dionisio, en Grecia, y Bacco, en Roma.
–¿Y particularmente en la Argentina?
–En nuestro país es una fiesta que, lamentablemente, ha sido golpeada en su esencia popular. Esto se ve muy claramente en el poco estímulo al maravilloso carnaval del noroeste, el más auténtico del país. Es celebrado con más fuerza el de las provincias del Litoral, que no es más que una réplica del brasileño. El del noroeste, en cambio, es extraordinario en su música, que es propia, y en sus rituales definidos, pero no casualmente ha quedado oscurecido.
–Buenos Aires es otro caso diferente.
–En Buenos Aires se manifiesta en los corsos. Sarmiento, que importaba de todo, vio un desfile en Italia. Allí, corso significa avenida, y es ahí en donde se hacían los desfiles. Fue él quien promovió el primer corso: era un festejo a la italiana. La murga es una expresión popular que estuvo apagada durante muchos gobiernos, tanto dictatoriales como democráticos, y no tuvieron el lugar que hoy se les da para manifestarse. La murga tiene su especificidad en la coreografía, la música, las letras. Los personajes tradicionales del carnaval son respetados: Momo, Pierrot, Colombina. Y, en general, la característica de los carnavales es la manifestación de los reclamos de la gente hacia la autoridad.
–Por eso han sido callados en distintos momentos de la historia...
–Algunas veces este reclamo se hace directamente, y muchas otras a través de la sátira y la ironía, características típicas. Por eso son molestos. Porque además de tener una parte vinculada al descontrol, siempre deben ser manifestaciones de protestas y reclamos de los sectores populares.
–En el contexto actual, ¿cómo analiza que el carnaval vuelva a ser feriado nacional?
–Que ahora recupere el reconocimiento que se le había negado tiene que ver con que este es un Gobierno con un fuerte sesgo nacional y popular. Por eso es natural que se reivindiquen manifestaciones de sectores marginales y de trabajo. Es lógico que suceda en este contexto.
–¿De qué manera cree que esta medida influirá en el desarrollo de las murgas?
–Por la misma represión que han sufrido, las celebraciones de corsos y murgas en Buenos Aires están atravesando una etapa de recomposición. Han salido de muchos años de oscuridad y ahora se les ofrece una posibilidad de crecimiento y desarrollo. Como pasó con el carnaval uruguayo, que creció en sus expresiones musicales y poéticas.

martes, 1 de marzo de 2011

Decisión polémica

“La invitación a Vargas Llosa es una ofensa a la cultura argentina”


El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, consideró “desafortunado” que se haya invitado al Nobel de Literatura peruano a inaugurar la próxima Feria del Libro de Buenos Aires. “Lo aqueja un mesianismo autoritario”, aseguró.
  Cuando todavía falta un par de meses para que la nueva edición (la número 37, para ser precisos) de la tradicional Feria del Libro de Buenos Aires se ponga en marcha, ya comenzaron a agitarse las aguas de la polémica. Bastaron apenas unos pocos días tras el anuncio de que el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, último ganador del Premio Nobel de Literatura, encabezará este año el acto inaugural de la Feria, para que las primeras voces críticas de peso se hicieran oír. Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, acaba de dirigir una carta pública al presidente de la Cámara del Libro, Carlos de Santos, en la que aporta los primeros argumentos en contra de otorgarle al eximio narrador semejante honor. “Aprecio la literatura de Vargas Llosa”, aclara González, “pero sucede que existe una doble posibilidad de que sea interpretado: es decir, como un gran novelista, autor de obras realistas y críticas de las realidades latinoamericanas, o como el hombre de una agresividad creciente hacia los procesos populares”.
Los motivos que Horacio González expone en su carta obedecen a la conocida posición crítica del autor de La ciudad y los perros respecto de los procesos políticos que hoy prosperan en países importantes de América Latina como el nuestro, Venezuela y Bolivia, entre otros. Sin ir más lejos, el ganador del Nobel ha opinado duramente en reiteradas oportunidades acerca del actual gobierno argentino: “El de los Kirchner es un gobierno corroído por la corrupción”, o “No es posible que Argentina, con lo que ha sido, lo que representa desde el punto de vista cultural, elija un presidente de esos niveles de incultura y de pobreza intelectual.”
Respecto de esto, González declaró a Tiempo Argentino que Vargas Llosa “como liberal es un gran novelista, porque no alcanza a percibir las realidades de procesos populares como el de la Argentina”. Y agregó que le “extraña aun más esa agresividad en él, cuando en su obra existe una hondura humana y política –en términos amplios– muy profunda”.
Sin embargo, la intención del director de la Biblioteca Nacional no es la de silenciar a uno de los más importantes escritores latinoamericanos de los últimos 50 años. “Yo quiero escuchar a Vargas Llosa, es necesario un debate con Vargas Llosa. El tema es que la inauguración tendría una connotación inconveniente en estos momentos”.
González aseguró además que “no soy yo solo el que piensa que no conviene que sea él quien inaugure la Feria del Libro: seguramente saldrá alguna solicitada firmada por escritores e intelectuales que tampoco apoyarán esa propuesta”. <

sábado, 26 de febrero de 2011

La ONU acelera sus gestiones para aislar a Gadafi

El Consejo de Seguridad de la ONU está reunido estudiando un paquete de medidas de castigo al régimen libio

ANTONIO CAÑO | Washington
Movidas por un nuevo sentido de urgencia, las principales potencias aceleran sus gestiones para conseguir la aprobación inmediata en el Consejo de Seguridad de la ONU de un paquete de medidas de castigo que pongan en evidencia el aislamiento de Muamar Gadafi y su riesgo de enfrentarse en un futuro a la justicia internacional. Esta iniciativa, aún siendo muy valiosa en el plano moral, poco puede hacer para detener instantáneamente la brutal represión desatada contra la población que se ha levantado contra el régimen.
Después de diez días de discusiones improductivas desde que empezara esa represión, los líderes internacionales habían sido acusados de cierta indiferencia hacia los sucesos en Libia. El presidente Barack Obama ha sido criticado aquí por su pasividad ante una crisis a la que se ha referido en público solo en una ocasión. Un editorial de The Washington Post advierte de que "aunque la Casa Blanca parece haber decidido que Francia y otros lleven la iniciativa, lo cierto es que mientras el presidente de Estados Unidos se mantenga pasivo la ayuda que los libios están reclamando no llegará".
Bajo esa presión, la Casa Blanca anunció el viernes algunas sanciones unilaterales contra el entorno de Gadafi y prometió incrementar sus esfuerzos para aprobar una resolución en la ONU. Horas mas tarde, Obama firmó una orden presidencial que prohíbe la retirada o transferencia desde bancos norteamericanos de dinero perteneciente a Gadafi, su familia o miembros de su gobierno.
En el texto que acompaña a esa orden, Obama acusa a Gadafi de estar utilizando "medidas extremas contra el pueblo de Libia, incluido armas de guerra, mercenarios y violencia indiscriminada contra civiles desarmados". "El Gobierno de Gadafi tiene que responder por esos actos", añadía el comunicado.
Casi simultáneamente a la publicación de esa orden, Francia y el Reino Unido introducían en el Consejo de Seguridad una propuesta de resolución que definía la represión ejercida por Gadafi como "crímenes contra la humanidad" que "merecen ser juzgados por el Tribunal Internacional de La Haya". El borrador incluye también sanciones, como la prohibición de viajes a los colaboradores del dictador libio, el bloqueo de sus cuentas en el extranjero y un embargo de armas.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se dirigió personalmente el viernes por la noche a los miembros del Consejo para describirles la tragedia que se vive en Trípoli y pedirles que aceleraran sus gestiones. Los 15 integrantes del máximo órgano ejecutivo decidieron reanudar sus sesiones a puerta cerrada hoy y tenían previsto celebrar una sesión formal con votación en algún momento del día.
El borrador a discusión, que ha sido pactado entre Francia, el Reino Unido y Estados Unidos en conversaciones telefónicas entre sus máximos gobernantes, parece abrirse paso entre algunas dificultades. Los otros dos miembros con derecho de veto, China y Rusia, siempre tan reacios cuando se trata de aprobar la implicación internacional en los asuntos internos de un país, parecían empezar a ceder en sus objeciones. Líbano y Turquía, que también plantearon dudas sobre la forma de actuar en Libia, podrían aceptar finalmente respaldar la resolución. Estos dos países no tienen capacidad de impedir su aprobación, pero sería una serio inconveniente sacarla adelante con la oposición del único país árabe y los dos musulmanes representados en el Consejo.
Una resolución significaría un fuerte respaldo moral para las miles de personas que se juegan la vida en estos momentos en las calles de Libia pero poco puede servir para protegerles eficazmente. Libia ha sido ya varias veces objeto de sanciones económicas de parte de Estados Unidos y de otros países occidentales sin que el régimen de Gadafi se debilitara lo más mínimo.
En esta ocasión, además, la aprobación de sanciones representa para Gadafi la prueba de que está solo y de que su destino es el de una prisión en La Haya, lo que podría empujarlo hacia una posición aún más extrema y combatir hasta la muerte.
Con todas sus limitaciones, esta resolución es todo lo que la comunidad internacional pude hacer en estos momentos. Los siguientes pasos exigirían acciones militares, algo a lo que no parecen dispuestos los miembros de la OTAN ni están reclamando los insurgentes libios por el temor a deslegitimar su movimiento, hasta ahora cívico y nacional.

jueves, 24 de febrero de 2011

Khadafi pierde el control de varias ciudades

Parte de las fuerzas del ejército abandonaron su obediencia al régimen y se plegaron a los reclamos de la gente en las calles desde el 15 de febrero. Los militares leales combatían por retener el oeste del país.
Los reclamos del pueblo libio corren como ríos por las calles del país. En el noveno día de protestas, la fuerza de las manifestaciones en algunas ciudades fue tal, que arrasó con todo vestigio del legendario régimen de Muammar Khadafi. Los manifestantes que reclaman el fin del gobierno tomaron el control de Tobruk, la principal ciudad de la frontera con Egipto, al este libio. Con ese territorio, el gobierno perdió el control de por lo menos cuatro localidades del este –incluyendo Benghazi– en las que un denominador común tomó protagonismo: el Ejército en funciones abandonó su obediencia al “líder y hermano guía de la revolución libia”, como se autodenomina Khadafi, y se declaró a favor de las revueltas. Ayer, además, otros dos funcionarios abandonaron sus puestos. Uno de los principales asistentes del hijo menor de Khadafi y el ministro de Justicia renunciaron “como condena a la violencia con la que el gobierno respondió al pueblo”. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condenó el accionar del oficialismo libio y advirtió sobre la aplicación de posibles sanciones (ver recuadro).
El régimen de Khadafi, en el poder desde hace 42 años, se enfrenta a un movimiento de contestación sin precedentes desde el 15 de febrero. Su respuesta a los reclamos del pueblo, una represión extremadamente violenta que contó con ataques de patotas paramilitares y bombardeos aéreos, dejó un tendal de 300 muertos, según las propias autoridades. Para la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), las víctimas ascienden a 640, luego de contabilizar que al menos 275 personas perdieron la vida en la capital, Trípoli, y 230 en Ben-ghazi. El recuento no incluye posibles víctimas en Tobruk, donde también hubo protestas. La cadena árabe de noticias Al Jazeera se animó con la cifra de mil muertos. Sin embargo, las cifras son difíciles de confirmar debido a las interrupciones de las conexiones telefónicas y de Internet y a la limitación a los periodistas internacionales para entrar en el país.
Según reportaron medios de comunicación extranjeros, en Benghazi, la segunda ciudad del país, miles de personas festejaban en las calles la toma del poder en la ciudad. Corresponsales árabes aseguraron que en Tobruk no hay presencia de fuerzas de seguridad pública. “Estamos del lado del pueblo. En el pasado apoyamos a Khadafi, pero la situación cambió. El es un tirano”, remarcó a la cadena de noticias el comandante de las fuerzas armadas en esa ciudad, general Suleimán Mahmoud. En tanto, cronistas de la agencia de noticias británica Reuters aseguraron que Musaid, otra ciudad importante del este libio, también está bajo control de los manifestantes. Pero también la ciudad Misurata, el oeste del país, estaría en manos opositoras, según informó Al Jazeera.
Un día después de que llamara a sus seguidores a combatir a los manifestantes y amenazara con el uso letal de la fuerza contra sus críticos, el primer ministro libio continúa perdiendo apoyo de funcionarios de su gobierno y miembros de las fuerzas armadas. A los soldados y generales que se plegaron a las protestas en Benghazi y Tobruk se sumaron las unidades militares de otras ciudades, como Al Jabal al Akhdar y Derna, que prometieron proteger al pueblo.
“Expreso mi más profundo desprecio a la violencia de Khadafi”, anunció en su comunicado de renuncia Youssef Sawanhi, uno de los principales asesores del hijo menor de Khadafi, Saif al Islam. También dimitió el ahora ex ministro de Justicia Mustapha Abdeljalil, “en protesta al excesivo uso de la violencia contra los manifestantes”. Según fuentes anónimas, el primer ministro se habría atrincherado junto con cuatro brigadas de las fuerzas de seguridad en la base militar Bab al Asisiya, en Trípoli, cuyas calles estaban desiertas. Cabe recordar que la ciudad capital es el último bastión pro Khadafi que pudo observarse hasta la tarde de ayer en el país.
En tanto, en una entrevista concedida al periódico inglés Financial Times, el hijo mayor de Khadafi aseguró: “Mi padre seguirá jugando un rol esencial en Libia, aunque es cierto que es necesaria sangre nueva”. Además, aseguró que su hermano está trabajando en una nueva Constitución. “Pronto habrá novedades”, añadió.
Mientras aumentan las condenas internacionales a la represión violenta de las protestas, también lo hacen las cifras de libios y libias que huyen de su país en busca de refugio. El ministro del Exterior italiano, Franco Frattini, advirtió que hasta 300 mil libios podrían estar a punto de huir a Europa. Asimismo, miles de libios huyeron hacia las fronteras de los países vecinos de Egipto y Túnez, ante la situación convulsa que vive el país árabe. Según los datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), cerca de cinco mil personas huyeron a la frontera tunecina y 15 mil a la egipcia. Por su parte, la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) indicó que recibió “señales positivas” de ambos países de que mantendrán las fronteras abiertas para recibir a las personas que abandonan Libia.

sábado, 19 de febrero de 2011

Imágenes de una masacre en el reino de Bahrein

The Independent on Sunday


“Masacre, es una masacre”, gritaban los médicos. Tres muertos. Cuatro muertos. Un hombre pasó frente a mí en una camilla en la sala de emergencias, la sangre chorreando en el piso de una herida de bala en el muslo. A pocos metros, seis enfermeros estaban luchando por la vida de un hombre pálido, barbudo, con sangre que le manaba del pecho. “Tengo que llevarlo al quirófano ahora”, gritaba un médico. “¡No hay tiempo, se está muriendo!” Otros estaban todavía más cerca de la muerte. Un pobre joven –18, 19 años quizá– tenía una terrible herida en la cabeza, un agujero de bala en la pierna y sangre en el pecho. El médico a su lado se volvió hacia mí, las lágrimas cayendo sobre la bata manchada de sangre. “Tiene una bala fragmentada en su cerebro y no puedo sacarle los pedazos, los huesos de la izquierda de su cráneo están totalmente destrozados. Sus arterias están todas rotas. No lo puedo ayudar.” La sangre caía como cascada al suelo. Era penoso, vergonzoso e indignante. Estos no eran hombres armados sino los que acompañaban al cortejo y que volvían del funeral. Musulmanes chiítas, por supuesto, muertos por su propio ejército bahreiní en la tarde de ayer.
Un camillero estaba regresando con miles de otros hombres y mujeres del funeral en Daih de uno de los manifestantes muertos en la Plaza Pearl en las primeras horas del jueves. “Decidimos caminar al hospital porque sabíamos que había una manifestación. Algunos de nosotros llevábamos ramas como prendas de paz que les queríamos dar a los soldados cerca de la plaza, y estábamos gritando ‘paz, paz’. No fue una provocación –nada contra el gobierno–. Luego, de pronto, los soldados comenzaron a disparar. Uno estaba disparando una ametralladora desde un vehículo blindado. Había policías, pero se fueron cuando los soldados comenzaron a dispararnos. Pero, sabe, la gente en Bahrein cambió. No querían salir corriendo. Se enfrentaban a las balas con sus cuerpos.”
La manifestación en el hospital ya había atraído a miles de manifestantes chiítas –incluyendo a cientos de médicos y enfermeras de toda Manama, todavía con sus guardapolvos blancos– que exigían la renuncia del ministro de Salud bahreiní, Faisal Mohamed al Homor, por no permitir que las ambulancias buscaran a los muertos y heridos del ataque de la policía el jueves a la mañana sobre los manifestantes de la Plaza Pearl.
Pero su furia se volvió casi histeria ayer, cuando trajeron a los primeros heridos. Hasta cien médicos se aglomeraban en las salas de emergencias, gritando y maldiciendo al rey y al gobierno mientras los paramédicos luchaban por empujar las camillas cargadas con las últimas víctimas a través de la multitud que gritaba. Un hombre tenía un grueso paquete de vendas en el pecho, pero la sangre ya estaba manchando su torso, goteando de la camilla. “Tiene balas de plomo en su pecho y ahora hay aire y sangre en sus pulmones”, me dijo la enfermera a su lado. “Creo que lo perdemos.” Así llegó al centro médico de Sulmaniya la ira del ejército de Bahrein y, me imagino, la ira de la familia Al Khalifa, incluido el rey.
El personal sentía que ellos también eran víctimas. Y tenía razón. Cinco ambulancias enviadas a la calle –las víctimas de ayer recibieron los disparos frente a una estación de bomberos cerca de la Plaza Pearl– fueron detenidas por el ejército. Momentos más tarde, el hospital descubrió que todos sus celulares estaban sin red. Dentro del hospital había un médico, Sadeq al Aberi, malherido por la policía cuando fue a ayudar a los heridos en la mañana del jueves.
Los rumores corrían como reguero de pólvora en Bahrein y el personal médico insistía en que hasta 60 cadáveres habían sido sacados de la Plaza Pearl el jueves a la mañana y que la multitud vio a la policía cargar cuerpos en tres camiones refrigerados. Un hombre me mostró una foto en su celular en la que se podían ver claramente los tres camiones estacionados detrás de varios vehículos blindados del ejército. Según otros manifestantes, los vehículos, que tenían patentes de Arabia Saudita, fueron vistos más tarde en la carretera a Arabia Saudita. Es fácil descartar esas historias macabras, pero encontré a un hombre –otro enfermero en el hospital que trabaja para las Naciones Unidas– que me dijo que un colega estadounidense, que dijo llamarse “Jarrod”, había filmado los cuerpos cuando los cargaban en los camiones, pero luego fue arrestado por la policía y no se lo ha visto desde entonces.
¿Por que la familia real de Bahrein permitió que sus soldados abrieran fuego contra manifestantes pacíficos? Atacar a civiles con armas de fuego a menos de 24 horas de las muertes anteriores parece un acto de locura. Pero la pesada mano de Arabia Saudita puede no estar muy lejos. Los sauditas temen que las manifestaciones en Manama y en las ciudades de Bahrein enciendan fuegos igualmente provocadores en el este de su reino, donde una sustancial minoría chiíta vive alrededor de Dhahran y otras ciudades cerca de la frontera kuwaití. Su deseo de ver a los chiítas de Bahrein aplastados tan rápidamente como sea posible quedó en claro este jueves, en la cumbre del Golfo con todos los sheiks y príncipes de acuerdo en que no debería haber una revolución estilo egipcio en un reino que tiene una mayoría chiíta de quizás un 70 por ciento y una pequeña minoría sunnita que incluye a la familia real.
Sin embargo, la revolución de Egipto está en boca de todos en Bahrein. Fuera del hospital, estaban gritando: “El pueblo quiere derrocar al ministro”, una ligera variación del cántico de los egipcios que se liberaron de Mubarak, “El pueblo quiere derrocar al gobierno”. Y muchos entre la multitud dijeron –como dijeron los egipcios– que habían perdido el temor a las autoridades, a la policía y al ejército.
La policía y los soldados por quienes ahora expresan tal disgusto eran ayer demasiado evidentes en las calles de Manama, mirando con resentimiento desde los vehículos blindados azul noche o subidos a tanques hechos en Estados Unidos. Parecía no haber armas británicas a la vista –aunque éstos son los primeros días y había blindados hechos en Rusia al lado de los tanques M-60–. En el pasado, las pequeñas revueltas chiítas eran cruelmente aplastadas en Bahrein con la ayuda de un torturador jordano y un alto factótum de inteligencia, un ex oficial de la División Especial Británica.
Es mucho lo que está en juego aquí. Esta es la primera insurrección seria en los ricos estados del Golfo, más peligrosa para los sauditas que los islamistas que tomaron el centro de La Meca hace más de 30 años, y la familia de Al Khalifa se da cuenta ahora de qué peligrosos serán los próximos días para ellos. Una fuente que siempre resultó ser confiable durante muchos años me dijo que el miércoles por la noche un miembro de la familia Al Khalifa –que se decía que era el príncipe heredero– mantuvo una serie de conversaciones telefónicas con un prominente clérigo chiíta, el líder del partido Wifaq, Ali Salman, que estaba acampando en la Plaza Pearl. El príncipe aparentemente ofreció una serie de reformas y cambios en el gobierno que él pensó que el clérigo había aprobado. Pero los manifestantes se quedaron en la plaza. Exigían la disolución del Parlamento. Luego vino la policía.
En las primeras horas de la tarde, alrededor de 3000 personas se concentraron en apoyo de los Al Khalifa, y hubo muchas banderas nacionales ondeando desde las ventanillas de los automóviles. Esto puede ser la tapa de la prensa bahreiní hoy, pero no terminará con el levantamiento chiíta. Y el caos de anoche en el hospital más grande de Manama –la sangre cayendo de los heridos, los gritos pidiendo ayuda de aquellos en las camillas, los médicos que nunca había visto tantas heridas de bala, uno de ellos simplemente sacudió su cabeza incrédulamente cuando una mujer tuvo un ataque al lado de un hombre que estaba empapado en sangre– solamente amargó más a los chiítas de esta nación.
Un médico que dijo llamarse Hussein me detuvo cuando salía de la sala de emergencia porque me quería explicar su enojo. “Los israelíes les hacen este tipo de cosas a los palestinos, pero aquí son árabes disparándoles a árabes”, aulló por encima del griterío. “Esto es el gobierno bahreiní haciéndole esto a su propio pueblo. Estuve en Egipto hace dos semanas, trabajando en el hospital Qasr el Aini, pero las cosas aquí están mucho más jodidas.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.