miércoles, 14 de julio de 2010

"La justicia iraní no ha suspendido la lapidación de Ashtiani"

El ministro de Exteriores iraní, Manucher Mottaki, asegura a EL PAÍS que "la sentencia a muerte se mantiene"

GEORGINA HIGUERAS - Madrid - 13/07/2010


El ministro de Exteriores iraní, Manucher Mottaki, que se encuentra de visita oficial en Madrid, asegura que "la justicia iraní no ha suspendido la lapidación" de Sakineh Mohammadi Ashtiani. Tras amparar la lapidación en tanto que es un "castigo impuesto por la ley islámica", el ministro se manifestó a favor de desatar un "amplio debate" al respecto, pero en cuanto al caso de Ashtiani, de 43 años y madre de dos hijos, indicó que "solo había oído hablar en la prensa occidental" de la conmutación de la condena a esta supuesta adúltera.

* Al paredón por adúltera
* Cultura y política se unen para salvar a Sakineh
* El mundo condena la lapidación en Irán
* ¿Quién tira la primera piedra?

Irán
Irán
A FONDO

Capital:
Teherán.

Gobierno:
República Teocrática.

Población:
65,875,224 (est. 2008)


Mientras, Sajjad Ghaderzadeh, el hijo mayor de Ashtiani, declaró por teléfono: "El Tribunal Supremo ha aceptado revisar el caso de mi madre, según me han comunicado hoy los abogados". Ghaderzadeh explicó que Javid Kiyan, su abogado en Tabriz, la ciudad donde está encarcelada Ashtiani, había presentado una nueva apelación, informa Ángeles Espinosa desde Teherán.

A su vez, la sección española de Amnistía Internacional entregó ayer a la Embajada de Irán en Madrid 100.000 firmas contra la ejecución de Ashtian. "Por el momento, se ha librado de morir a pedradas gracias a la participación y compromiso de miles de personas. No obstante, la sentencia a muerte se mantiene y aún podría ser ejecutada en cualquier momento. El año pasado, al menos tres personas condenadas a muerte por lapidación fueron finalmente ahorcadas", recuerda Amnistía en un comunicado.

Durante un desayuno con un pequeño grupo de periodistas, Mottaki, considerado uno de los moderados del régimen iraní, arremetió contra quienes no aceptaron los resultados de las elecciones presidenciales del 12 de junio de 2009, "desataron la violencia y pisotearon las leyes". El ministro dijo que muchos de los manifestantes detenidos entonces ya han sido puestos en libertad, pero aseguró no saber cuántos permanecen aún encarcelados, aunque destacó que continúan en la cárcel "quienes apoyaron la desestabilización" del país.

El jefe de la diplomacia iraní, que se reunió el lunes con su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos, y anoche viajó a Portugal, señaló que Brasil y Turquía deben formar parte del llamado Grupo de Viena, en el que se incluyen EE UU, Francia, Rusia y el Organismo Internacional para la Energía Atómica. Este grupo pretende retomar en otoño las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, pero Teherán no quiere enfrentarlo solo y busca la complicidad de Brasilia y Ankara, después del acuerdo alcanzado en junio pasado con estos dos países para intercambiar uranio iraní enriquecido al 3,5% por combustible nuclear apto para uso civil.

Para Mottaki las nuevas sanciones decretadas contra Irán por el Consejo de Seguridad de la ONU son un "error estratégico". El ministro insistió en sus criticas a la política de "doble rasero" de este, donde los cinco miembros permanentes son todos potencias nucleares que se permiten sancionar a Irán porque no quiere renunciar a "su derecho" de investigar y fabricar suficiente uranio enriquecido como para atender a sus necesidades civiles. "Estamos en contra del armamento nuclear. La energía es para todos y el armamento nuclear para nadie", subrayó. Y, tras afirmar que no creía que Israel tuviera "valentía" como para atacar directamente a Irán, se mostró convencido de que el futuro de Oriente Próximo pasa por una "solución política y democrática".

domingo, 4 de julio de 2010

ARIEL DORFMAN, la primera parte puede verse en 'Huespédes de paso'

Una jornada para aprender

Por Osvaldo Bayer

Lo único que uno puede decir es que fue un muy buen partido. Vimos fútbol del bueno. Un equipo brillante, Alemania, con jugadores para sacarse el sombrero: Klose, el Poldi, Müller, por sobre todo. Velocidad, táctica, juego de equipo. Y el equipo argentino que sorprendido por ese primer gol del comienzo dio todo lo que podía, no le podemos reprochar nada, puso todo el coraje para por lo menos no caer por tantos goles. Pero no pudo hacer nada contra esa veloz aplanadora. Evidentemente el equipo nuestro no se había preparado contra ese gran obstáculo que es siempre el gol sorpresivo al comenzar. El empezar ya perdiendo. Atacó sí, con jugadas para aplaudir pero no supo defenderse ante la velocidad de los contraataques tedescos.

Nuestros jugadores tienen que ser aplaudidos cuando lleguen de regreso a Buenos Aires. Dieron todo lo que pudieron. Pero esto nos enseña que hay que moralizar las estructuras de nuestra institución del deporte más popular. La culpa no la tiene Maradona. Todo comienza por la cúpula, la estructura superior. Quien tiene que renunciar ahora es el señor Julio Grondona. Un nombre desde tiempos de la dictadura que maneja todo. Ese tufillo que se huele desde hace décadas acerca de las inmoralidades cometidas dentro del fútbol y de la mayoría de nuestros clubes mayores, debe acabar. Los estatutos tendrán que decir que ningún dirigente podrá estar al frente más de un período. Y no eternizarse ni rodearse de los que lo van a seguir durante décadas. A Maradona hágasele un monumento como el mejor jugador de nuestro fútbol, pero basta de aprovecharse de su figura o el aprovecharse él de ese mérito para volverse un dinosaurio de museo. La figura siempre presente. El hombre de los medios. El deporte tiene que ser deporte, ante todo, y no una mezcla de negocios, figuras mediáticas, para elevarlas a los altares.

Buenos jugadores los once nuestros. Dieron todo. Pero les faltó ilación, defensa, táctica. Es decir, todo aquello que se llama organización.

Entonces nada de llorar ni de reprochar a ninguno de los que actuaron ayer. Dieron todo lo que saben hacer, más todo el esfuerzo. Faltó cohesión, faltó conducción de equipo.

Lo que más me gustó de Alemania es el dato de que es el equipo más joven de todos los que participan. Enhorabuena. Si empiezan así, tendrán futuro.

Entonces, que nuestra derrota sirva para sanear las cúpulas burocráticas y limpiar todo lo que se trate del llamado negocio del fútbol, para que vuelva a ser un deporte. Y tienen que ser esas sacrificadas hinchadas que van de un lugar a otro con la camiseta puesta, las que empiecen a exigirlo desde las tribunas. No estarían mal que porten carteles en las tribunas con un “Basta de Grondonas”. Y hacerle a Maradona una fiesta final de homenaje y que luego vaya a escribir sus memorias, y no que todo se siga desarrollando alrededor de su figura. Porque si seguimos así terminará siendo rector de la Facultad de Filosofía, o presidente de la Nación .

Algo muy positivo del partido de ayer fueron esas lecturas previas de los capitanes de los dos equipos de un alegato contra la discriminación racial. Porque esos encuentros tienen que servir también para difundir todo aquello que nos lleve a la paz y el respeto entre todos los pueblos. La hermosa palabra: convivencia. Gracias jugadores argentinos y alemanes por el hermoso espectáculo deportivo de ayer.
El enigma persistente del fútbol norteamericano

Por Ariel Dorfman

Durante toda mi vida, me ha desconcertado la irrelevancia del fútbol en los Estados Unidos, preguntándome una y otra vez, como tantos en este planeta, cómo puede ser que el deporte más popular del mundo sea tan secundario y deslucido en la patria de Lincoln.

En mi caso, hay motivos personales para que me maraville de este insólito fenómeno, ya que mi adicción al fútbol está inextricablemente conectada a la historia norteamericana. En efecto, me enamoré del juego gracias al senador Joseph McCarthy y su caza de brujas anticomunista. Si él no hubiese perseguido a mi padre izquierdista, un funcionario argentino de las Naciones Unidas, forzando a la familia a huir en 1954 desde Nueva York a Chile, es probable que hoy yo siguiera prefiriendo los deportes practicados durante mis diez asiduos años de niñez yanqui: el béisbol, el básquetbol, el belicoso american football. En vez de lo cual el destino quiso que me sedujeran el idioma castellano, la revolución chilena, una mujercita en particular y, por cierto, el esplendor del fútbol. En la medida en que torpemente intenté competir, a la tardía edad de doce años, en las canchas de Santiago contra jugadores que habían estado pateando la pelota desde su infancia, llegué a resentir la ausencia total de ese deporte en mis escuelas en Manhattan. Eso cambiará, me murmuré, eso tiene que cambiar algún día. Los norteamericanos, con su preeminencia en tantas otras actividades atléticas, no pueden en forma eterna darle la espalda a un juego tan precioso y preciso e impredecible, a esta gloriosamente feroz danza del sudoroso cuerpo humano.

De manera que me alentó encontrar una situación menos abismal cuando, víctima de nuevos exilios, me instalé otra vez en los Estados Unidos en los años ochenta. El soccer (como lo llaman los gringos) había comenzado su profesionalización, gracias a la concurrencia de Pelé al Club Cosmos en 1977, y ya millones de jóvenes norteamericanos, hombres y mujeres, practicaban el deporte. Incluso, durante dos años, fui el dilettante entrenador del equipo juvenil de mi hijo menor Joaquín, nada menos que en Durham, Carolina del Norte. Y poco después, en 1991, las mujeres yanquis ganaron el campeonato del mundo y enseguida en 1994 la Copa del Mundo de hombres se disputó en nueve fervientes ciudades de los Estados Unidos y en el 2002 el equipo norteamericano había logrado avanzar a los cuartos de final en Corea del Sur, insinuando la esperanza de que dentro de poco el fútbol sería tan ubicuo acá en USA como lo era por doquier. Esa ilusión –robustecida recientemente por el milagroso gol del descuento de Donovan contra Argelia– se disipó con prontitud. Después de perder contra Ghana en el sobretiempo, los yanquis tuvieron que partir de Sudáfrica dejando tras de sí la misma pregunta acerca de la insuficiencia del fútbol norteamericano que me desoló hace medio siglo.

Son múltiples las razones que tal vez esclarezcan esta precariedad. Los norteamericanos se han visto siempre como perpetuos pioneros, reinventándose incesantemente bajo cielos novedosos, y sus deportes más populares son aquellos que se han apropiado de juegos más tradicionales, modificando sus reglas en forma drástica: el cricket se convirtió en béisbol, el rugby derivó en el american football y hasta el baloncesto puede entenderse como una variación de actividades de los pueblos originarios de América. Pero cómo tomar el fútbol “foráneo” y transformarlo en algo que no sea... bueno, fútbol. La predominancia de estos deportes más “nativos” no le ha permitido al soccer hacerse del espacio necesario a nivel universitario y profesional para desarrollarse y obtener recursos, lo que a su vez imposibilita que éste sea el camino hacia la grandeza soñado masivamente por jóvenes empobrecidos, la manera de que sus piernas superdotadas los saquen de la penuria y el anonimato. Los niños norteamericanos tienen el mismo talento de jóvenes en las favelas de Río o las villas miseria de Nigeria, pero se canaliza desde una temprana edad hacia cauces más claramente lucrativos.

Tampoco pueden los pequeños norteamericanos encandilarse con las maravillas del fútbol por medio de la televisión. Este puede ser un problema casi irresoluble para alcanzar que este deporte de veras avance en los Estados Unidos puesto que se plasma a partir de algo que es estructural y esencial al juego mismo. Todos los otros eventos deportivos primordiales entre los gringos disponen de interludios e interrupciones donde avisos comerciales pueden florecer, pero una de las atracciones inaplazables del fútbol es el ritmo inmisericorde de la competencia una vez que ha comenzado la brega. Como en la vida misma, es imposible detener el reloj. Esta es una norma tan asentada que los organizadores han resistido el clamor casi universal de admitir las revisiones por video, aunque cuando el árbitro haya llevado a cabo un dictamen flagrantemente erróneo que le ha costado a uno de los contrincantes la victoria. El juego sigue, pese a quien le pese. Y si no se detiene para arreglar una injusticia, menos lo hará para conceder espacio para pausas comerciales.

¿Este cúmulo de circunstancias significa que el fútbol en los Estados Unidos está condenado a ser eternamente exiguo? Hay varios antecedentes que incitan a un tímido optimismo. El primero es que los Estados Unidos, a pesar de una creciente ola de chauvinismo antiinmigrante, continúa a importar millones de ciudadanos del resto del mundo y esos nuevos residentes traen consigo, de contrabando, junto a sus cuerpos a menudo ilegales, el cariño imperecedero por el fútbol. Lo segundo es que estamos viviendo un momento histórico en que el famoso excepcionalismo norteamericano está haciendo agua. ¿Si los estadounidenses fueran capaces de abandonar en efecto la idea de que han sido escogidos por Dios para salvar el mundo, si esos ciudadanos estuvieran de veras abiertos a la posibilidad de que son idénticos a todos los otros humanos vivos y no tienen un destino ni manifiesto ni necesariamente superior o virtuoso, acaso no es posible que puedan algún día próximo unirse al resto de la especie y celebrar todos juntos el más bello deporte de nuestros tiempos, acaso es inconcebible que dentro de unas décadas este país pudiera ganar finalmente la Copa del Mundo?

El último libro de Ariel Dorfman es Americanos: Las Pasos de Murieta.

viernes, 2 de julio de 2010

Entrevista con John Pilger, periodista y documentalista
Hay una guerra contra el periodismo

Amy Goodman
Democracy Now!

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


TRANSCRIPCIÓN

AMY GOODMAN: Ha pasado una semana desde que Rolling Stone publicó su artículo sobre el general Stanley McChrystal que acabó llevando a que el presidente Obama le despidiera. En un artículo titulado “El general desbocado”, McChrystal y sus principales asistentes criticaron abiertamente al presidente y se burlaron de varios altos funcionarios. A Joe Biden le apodan “Bite me” [Muérdeme]. Al consejero de Seguridad Nacional, el general James Jones le describen como “payaso” y al embajador Richard Holbrooke le llaman “animal herido”.

Desde que apareció el artículo, Rolling Stone y el periodista que reveló la historia, Michael Hastings, han sido atacados en los medios dominantes por violar las denominadas “reglas básicas” del periodismo. El periodista del New York Times David Brooks, escribió una columna atacando a Hastings por que es “producto de la cultura de la exhibición”. Brooks escribió: “Esencialmente, el periodista tomó quejas comunes y las convirtió en un desafío directo a la autoridad presidencial”. Continúa escribiendo: “El espíritu de exhibición, su implacable énfasis en la destrucción de la privacidad y en la exposición de trapos sucios han apartado a gente buena de la vida pública, han debilitado la fe del público en instituciones y han elevado lo trivial por encima de lo importante”, dijo.

En Fox News, Geraldo Rivera atacó al periodista de Rolling Stone Michael Hastings por publicar citas de lo que McChrystal y sus asistentes dijeron en un bar:

- GERALDO RIVERA: Esta situación hay que ponerla en el contexto de la guerra, los guerreros, el honor y la confidencialidad que se supone cuando algo no es específicamente oficial. Cuando se pasa el rato en un bar esperando un avión, un tren o un automóvil y se está en grupo durante horas y horas, bebiendo en un bar o en un salón del aeropuerto, no es el contexto de una entrevista. Estos sujetos, particularmente los miembros del personal que hicieron las declaraciones más críticas sobre los civiles a cargo, incluido el vicepresidente de EE.UU., esos sujetos no tenían la menor idea de que ese individuo los estaba entrevistando.

BILL O’REILLY: No estoy seguro de eso, Geraldo.

GERALDO RIVERA: Ese periodista. Espera, un momento, Bill.

BILL O’REILLY: No estoy seguro de eso.

GERALDO RIVERA: Ese periodista de Rolling Stone, era una rata en un nido de águilas.

AMY GOODMAN: Bueno, eso fue Fox News. Pero otros medios dominantes también han atacado a Michael Hastings por escribir el artículo. Ahora tenemos a Lara Logan, la corresponsal jefe de asuntos exteriores de CBS News, entrevistada por Howard Kurtz de CNN.

HOWARD KURTZ: Si usted hubiera estado de viaje con el general McChrystal y hubiese oído esos comentarios sobre Barack Obama, Joe Biden, Jim Jones, Richard Holbrooke, ¿habría informado al respecto?

LARA LOGAN: Bueno, realmente depende de las circunstancias. Es difícil saberlo en este caso. Si creemos a Michael Hastings, dice que no hubo reglas básicas. Y eso en realidad no tiene mucho sentido, porque si se tiene en cuenta a la gente alrededor del general McChrystal, si consideramos su historia, fue comandante de Operaciones Especiales Conjuntas. Tiene una trayectoria de no interactuar con los medios en absoluto. Y su jefe de inteligencia, Mike Flynn, lo mismo. Quiero decir, yo conozco a esa gente. Nunca bajan la guardia de esa manera. Para mí, en esto hay algo que no encaja. Simplemente, no lo creo.

HOWARD KURTZ: Washington Post citó a un alto oficial militar anónimo diciendo que Michael Hastings rompió las reglas básicas de declaraciones no destinadas a la publicación. Pero la persona que lo dijo estaba en segundo plano y no permitió que se citara su nombre. ¿Es justo algo semejante?

LARA LOGAN: Bueno, ahora mismo es “kriptonita”. Quiero decir, ¿Lo culpa usted? El general responsable en Afganistán acaba de perder su puesto. ¿Quién más va a perder su puesto? Créame, todos los altos dirigentes en Afganistán esperan que haya despidos. He estado hablando con algunos. No saben quién se queda ni quién se va. Quiero decir, la única pregunta es realmente, ¿qué estaban haciendo tan atroz McChrystal y sus asistentes para merecer que se terminara una carrera como la de McChrystal? Quiero decir que Michael Hastings nunca ha servido a su país como lo ha hecho McChrystal.

AMY GOODMAN: Era Lara Logan, corresponsal jefe de asuntos exteriores de CBS News, entrevistada por CNN. Mientras tanto, el Washington Post y ABC han publicado artículos citando fuentes militares anónimas atacando el artículo de Hastings en Rolling Stone.

Para saber más sobre el asunto, hablamos ahora con John Pilger, periodista de investigación y documentalista galardonado. Comenzó su carrera en el periodismo hace casi medio siglo, ha escrito cerca de una docena de libros y ha realizado más de cincuenta documentales. Vive en Londres, pero está en EE.UU. trabajando en un futuro documental sobre lo que llama “la guerra contra los medios”. Se llama The War You Don’t See [La guerra que no se ve]

Damos la bienvenida en Democracy Now! a John Pilger. Bienvenido John. Háblenos de “la guerra que no se ve”.

JOHN PILGER: Bueno, la guerra que no se ve es expresada elocuentemente por el New York Times, esa gama de extraordinarios apólogos de los medios que acabamos de ver. El motivo por el que no vemos la guerra contra los civiles, la guerra que ha causado la más extraordinaria devastación, humana, cultural y estructural en Iraq y Afganistán, se debe a lo que se llam, de manera casi ridícula “los medios dominantes”. La única vindicación, no esas apologías que hemos visto esta mañana de Fox a CBS, pasando por todo el espectro, al New York Times de esta mañana, la vindicación real que contó fue la del New York Times cuando pidió disculpas a sus lectores por no mostrarnos la guerra o los motivos que llevaron a la invasión de Iraq que produjo esa guerra horrible. Quiero decir, esa gente está tan atraillada al establishment y a la autoridad, que son lo que Brecht llamó “portavoces de los portavoces”. No son periodistas.

Brooks escribe sobre una “cultura de la exhibición”. Perdóneme, ¿no es eso el periodismo? ¿Estamos tan distantes de lo que debería ser el periodismo, no simplemente una cámara de ecos para las autoridades, que alguien en el New York Times puede atacar a un periodista que ha hecho su trabajo? Pilló a McChrystal como debía hacerlo. Es su tarea. En un país donde los medios son constitucionalmente más libres, nominalmente, que en cualquier otro país del mundo, la desgracia de la reciente carnicería en Oriente Próximo y Afganistán se debe en gran parte al hecho de que los medios no nos alertaron. No informaron al respecto. No cuestionaron. Simplemente amplificaron y se hicieron eco de las autoridades. Hastings ha demostrado –Dios lo bendiga– que los periodistas todavía existen.

AMY GOODMAN: Sabe, es interesante leer el primer párrafo del artículo de Hastings. Habla de ese grupo en un bar francés –y, a propósito, Rolling Stone dijo: “deberíais ver lo que no publicamos, porque en realidad hubo cosas que dijeron que no estaban destinadas al público. Pero decir que Hastings violó la regla de las declaraciones extraoficiales, como dijeron, no fue el caso. Hubo muchas cosas que no publicamos. Pero inmediatamente después de que hablaron de los franceses –habló del bar francés, McChrystal y sus altos oficiales en el bar, sus asistentes, sabe, bailando y cantando las palabras “Afganistán, Afganistán”, escribe Hastings, “Las oposiciones a la guerra ya han acabado con el Gobierno danés, han forzado la dimisión del presidente alemán y han originado que tanto Canadá como Holanda anunciaran la retirada de sus 4.500 soldados. McChrystal está en París para evitar que a los franceses, que han perdido más de 40 soldados en Afganistán, les tiemblen las piernas y comiencen a dudar”. Pero es algo que la mayoría de la gente de este país no sabe, que EE.UU., a pesar de que la coalición está dirigida por EE.UU., los soldados de la OTAN están haciendo casi todo solos.

JOHN PILGER: Sí, lo están haciendo por su cuenta, tal como lo ve el pueblo estadounidense. Y lo que hace el periodismo, como Hastings, representa al pueblo estadounidense. Una mayoría del pueblo estadounidense ahora se opone a esta debacle colonial en Afganistán. Quiero decir, yo estaba muy interesado en leer lo que dijo el presidente Obama sobre Afganistán, si lo puedo encontrar. Sí, aquí está. El 10 de febrero de 2007: “Es hora de admitir que ninguna cantidad de vidas estadounidenses puede resolver el desacuerdo político [que está] en el centro de la guerra civil de otros”, fin de la cita. Es lo que dijo el presidente Obama antes de llegar a ser presidente. Y a menos que el pueblo de EE.UU., como el pueblo de Europa, como la mayoría de los pueblos del mundo, comprendan que ésta es una guerra civil prolongada, que requiere una cierta compasión, si se quiere, hacia el pueblo de Afganistán, pero ciertamente no necesita esta brutal imposición de una fuerza colonial en ese país.

Ahora parece que es una verdad que expresan personas como Michael Hastings y otros. Pero también es una verdad prohibida. Y desde el momento en que se llega a vislumbrar esa verdad en EE.UU. viene la descarga –desde el grotesco tipo de descarga caricaturesca de Fox, hasta la descarga más bien socarrona del New York Times, la CBS, etc.-, la andanada contra los que dicen la verdad. Amy, ahora dependemos de los pocos Hastings, pero también de los denunciantes. La denuncia más importante fue la de Wikileaks del ataque de los helicópteros Apache contra esos periodistas y niños en Iraq. Y ahora procesan al denunciante, cuando en realidad deberían procesar a los responsables. Pero eso ahora está verboten [prohibido]

AMY GOODMAN: Sólo quiero alentar a la gente a abrir nuestro sitio en Internet de democracynow.org. Entrevistamos a Julian Assange, quien ahora está en fuga, temeroso de que lo encuentren, de que lo detengan. Es el fundador de Wikileaks, y mostramos el vídeo de 2007 que alguien de las fuerzas armadas entregó a Wikileaks, a Assange, para mostrar la matanza de civiles en Iraq. Asombroso.

Quería volver a ese comentario de la corresponsal de CBS, Lara Logan, quien dijo, "Michael Hastings nunca ha servido a su país como lo ha hecho McChrystal”. Se dice que los medios no están cubriendo la guerra; están promoviendo la guerra.

JOHN PILGER: Michael Hastings está sirviendo a su país. EE.UU. habla a todo el mundo de sus gloriosos comienzos, de su gloriosa Constitución, de sus gloriosas libertades. Y en el centro de esas libertades están la libertad de expresión y la libertad del periodismo. Eso es servir al país. Es servir a la humanidad. La idea de que sólo se sirve al país formando parte de una rapaz fuerza colonial –y, sabe, no hablo retóricamente-. Es lo que pasa en Afganistán. Y obtenemos una idea de eso gracias a cosas como el artículo de Hastings. Realmente llamo a los periodistas, a jóvenes periodistas, a inspirarse, si se quiere, en el artículo de Rolling Stone, que no los desalientes los apólogos, que no los desalientes los que sirven a su país atraillados en la Zona Verde en Bagdad, sino que vean el periodismo como algo que tiene que ver con decir la verdad, que representa a la gente y que sirve al país.

AMY GOODMAN: Es interesante que usted lo diga, ya que en Toronto –recién volvimos ayer de Toronto– cientos de personas y una cantidad de periodistas fueron golpeados y arrestados…

JOHN PILGER: Así es.

AMY GOODMAN: …mientras trataban de cubrir lo que sucedía en las calles, las protestas en relación con las reuniones G8 y G20, en las que hablan de proteger a los bancos y de promover la guerra…

JOHN PILGER: Así es.

AMY GOODMAN: …en las cumbres.

JOHN PILGER: Así es. Ahora bien, hay una guerra contra el periodismo. Hace tiempo que hay una guerra contra el periodismo. El periodismo siempre ha sido; quiero decir, si se lee el manual de contrainsurgencia del general Petraeus, al que colocó su nombre en 2006, lo deja bien en claro. Dijo que libramos guerras de percepción –y lo parafraseo– en las cuales los medios noticiosos son un componente importante. De manera que, a menos que los medios noticiosos formen parte de esas guerras de percepción –es decir, nuestro objetivo no es tanto el enemigo, es la gente en casa–entonces, sabe, están afuera. Forman parte de –fácilmente se pueden convertir en parte del enemigo. Y como hemos visto en la cantidad de periodistas que han sido asesinados en Iraq –en Iraq han sido asesinados más periodistas, sobre todo iraquíes, que en ninguna otra guerra en la era moderna– existe una guerra de este tipo contra la publicación de la verdad. Y esto lo vemos –otra forma de este ataque- contra la publicación de la verdad por gente como Fox y CBS y el New York Times de esta mañana. Les avergüenza. Lo que ha hecho Hastings los avergüenza profundamente, a estos apólogos.

AMY GOODMAN: Bueno, es interesante que el propio Hastings haya expuesto a los medios dominantes. Para sólo citar a Glenn Greenwald de Salon.com, como Barrett Brown señala en Vanity Fair, "Hastings hizo a los medios del establishment en 2008 lo que hizo al general McChrystal –denunció lo que hacen y cómo piensan, escribiendo la verdad– después de irse de Newsweek (era su corresponsal en Bagdad) y escribió una denuncia irrecusable sobre cómo los medios distorsionan la cobertura de la guerra. Como dijo Brown: ‘Hastings ha logrado que nunca más los medios del establishment confíen en él’”

JOHN PILGER: ¡Qué maravilloso panegírico! ¡Dios mío! Es un tremendo honor para él.

AMY GOODMAN: Antes de terminar quiero preguntarle sobre la cobertura de la flotilla de ayuda a Gaza que fue atacada por los comandos israelíes. Usted ha llegado de Gran Bretaña a EE.UU….

JOHN PILGER: Sí.

AMY GOODMAN: …para hacer esta documentación sobre los medios.

JOHN PILGER: Sí.

AMY GOODMAN: ¿Su evaluación de la cobertura en los medios?

JOHN PILGER: Bueno, es muy diferente. Quiero decir que pienso que la percepción de Israel y Palestina ha cambiado de modo bastante significativo en Europa, y que hubo horror ante el asesinato de esa gente en el barco turco. Y hubo un entendimiento rápido, sentí, de cómo los israelíes manipularon las secuencias para sugerir que las víctimas estaban en realidad atacando a los que atacaron la flotilla.

La cobertura aquí ha estado impregnada de los usuales eufemismos sobre Israel. Siempre lo presentan en voz pasiva. Israel realmente –en realidad los comandos israelíes nunca mataron a nadie; fue un evento trágico en el que murió gente, etc., etc.

Dicho esto debo decir, Amy, que desde que he estado en EE.UU. veo un cambio en la visión política, pero ciertamente en los medios. Desde el Líbano, desde el ataque de Israel contra el Líbano en 2006, desde el ataque contra Gaza en la Navidad de 2008 y comienzos de 2009, y ahora este asalto contra la flotilla, es imposible encubrir a Israel. Ya no se le puede disculpar tan fácilmente. E incluso en el New York Times, que siempre ha sido partidario incondicional del apoyo al régimen israelí, el lenguaje está cambiando. Y pienso que de nuevo esto refleja un entendimiento popular y un desencanto popular con Oriente Próximo y el papel de EE.UU. en Oriente Próximo, las excusas por una atrocidad tras la otra, la falta de justicia para el pueblo en Palestina. De modo que, no sé si soy demasiado optimista o no, pero hay un cambio. Y a dónde va a llevar ese cambio, no lo sé.

AMY GOODMAN: ¿Hay algunas otras historias cruciales que piensa que los medios estén ocultando o distorsionando?

JOHN PILGER: Bueno, quiero decir, una de las historias clave es la devastación, la devastación económica, en las vidas de la gente, algo que me parece extraordinario. Y esto vale en Gran Bretaña, como en EE.UU., donde la gente de a pie ha sufrido desde el colapso en septiembre de 2008 de importantes partes de Wall Street, desde que reventó la burbuja. La idea de que un presidente haya sido elegido como un hombre del pueblo –por lo menos es como se presentó– siga siendo, pienso, promovida por los medios, mientras Obama ha dejado claro que ha reforzado considerablemente a Wall Street, ha ayudado a reconstruir Wall Street, todo su equipo es de Wall Street. Ha buscado en Goldman Sachs su gente más importante. Pienso que la indignación que he sentido en EE.UU. durante los últimos años, esa indignación en el ámbito popular, no es todavía expresada por los llamados medios dominantes. Recuerdo que en el último año de George W. Bush, alguien dijo que 26.000 correos electrónicos bombardearon la Casa Blanca en un solo día, y casi todos eran hostiles. Eso me sugiere una indignación popular en este país que es frecuentemente desviada hacia calles sin salida, como el movimiento Tea Party. Pero la raíz de esa indignación, y eso es una injusticia social en las vidas de la gente, en la desposesión de casas, la pérdida de puestos de trabajo, una reforma bastante débil, si es una reforma, de los escandalosos sistemas de atención sanitaria, ninguna de estas cosas; este desencanto popular, el desafecto, no se expresan en los medios.

AMY GOODMAN: John Pilger, quiero agradecerle profundamente que haya estado con nosotros. Muchas gracias.

Fuente: http://www.democracynow.org/2010/6/29/john_pilger_there_is_a_war