(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

lunes, 31 de marzo de 2008

Estamos todos locos

Estamos todos locos


Por Ernesto Tenembaum

El conflicto entre el sector rural y el Gobierno puede ser analizado desde distintos puntos de vista. Como siempre, las perspectivas ideologizadas, maniqueas y moralistas suelen ser más estruendosas y vendedoras que las posiciones moderadas. También, suelen ser las que más daño le hacen al país. A mi entender –que, naturalmente, es discutible– hay dos posiciones extremas que evitan abordar lo que realmente es el tema de discusión. Para una de ellas –expresada por el Gobierno y por sus simpatizantes– se trata de un conflicto entre el campo popular y la oligarquía. Según esta concepción, el Gobierno, en defensa de los intereses de todos los argentinos, impone retenciones al campo, y la oligarquía reacciona con un lockout patronal con tufillo golpista. Algunos de los defensores de esta posición la atenúan, al destacar que el poder político debería atender los reclamos de los pequeños y medianos productores, pero que el eje del problema no es ése, sino el intento desestabilizador que pusieron en marcha los sectores del privilegio para evitar la distribución del ingreso. La posición opuesta sostiene que la voracidad fiscal del Estado oprime al campo, que mantiene al país y es víctima de una actitud autoritaria y rapaz. Por lo tanto, la única alternativa que les queda, para ser escuchados, consiste en desabastecer de alimentos al resto de la sociedad.

Es un clásico argentino. Demasiada gente grita, utiliza conceptos ideológicos, recurre a medidas extremas, patotea, alza las banderas para que pase la farolera, y muy pocos discuten realmente los hechos. Siempre fue así. Hubo bandos desde que comenzó la historia del país. Y palabras grandilocuentes, estruendosas que justificaban las peores locuras y ubicaban en el lugar del traidor a cualquiera que dudara: a izquierda y a derecha, siempre fue así. En este caso, quizás haya una lectura intermedia que permita percibir otros elementos. A mi entender, lo que ha ocurrido en la Argentina en los últimos quince días refleja la existencia de un serio problema de relaciones sociales que afecta a todas las partes y que las referencias ideológicas sólo contribuyen a disfrazar.

El Gobierno anuncia hace quince días la imposición de nuevas retenciones al sector rural, que se suman a las que ya existían. Esa medida, ahora se sabe, no representa demasiado –al menos en sí misma– ni para distribuir el ingreso, ni para nada. Es una medida de efecto marginal. Con toda la furia, permitiría recaudar aproximadamente 1500 millones de dólares. Para el Estado, eso es poco. Tan poco que representa apenas la tercera parte del tren bala, o la mitad de los fondos extras destinados para esa extravagancia, ya que esta misma semana el Gobierno anunció que deberá invertir 4000 millones y no los 1200 anunciados originalmente. Es decir que el Gobierno tenía margen para tomar la medida o para no tomarla.

No era de vida o muerte.

Podía darse un tiempo para agotar los esfuerzos para que tuviera consenso al menos en los sectores más débiles.

No hizo ni una cosa ni la otra: no contempló a los más vulnerables ni tampoco apeló a la política para tener una mínima red de consenso. Y no había incendio que justificara la urgencia.

Tanto es así que la argumentación oficial posterior al conflicto confirma esos elementos. Sostener que al campo le ha ido bien en estos años es una obviedad. Agregar que las retenciones son una medida justa, en fin, hasta Mario Blejer lo defiende. Insistir en que es necesario distribuir el ingreso es correcto. Recordar que la oligarquía rural siempre conspiró contra los gobiernos populares ya lo enseña Felipe Pigna en sus libros. Recitar que en el campo usan cuatro por cuatro es una pavada. Pero son todos artilugios, picardías, chicanas, para evitar el fondo de la cuestión.

Las preguntas clave sobre la manera en que se aplicaron las retenciones móviles son otras: ¿sabe el Gobierno cuál es el ingreso promedio de los productores de cincuenta o cien hectáreas, diferenciados por tipo de cultivo y región del país? ¿Sabe cuántos son? ¿Realmente ellos “la levantan en pala” o, en cambio, aunque les va mejor que hace unos años, están al límite, ganan menos, por ejemplo, que un jefe de Gabinete o un ministro o un periodista o un camionero? ¿Sabe cómo serían afectados por la ampliación de las retenciones? Esas preguntas no fueron respondidas en ningún discurso presidencial, por ningún reportaje de los concedidos por ministros, en ningún paper de los distribuidos por Economía. Esto es: o no lo saben –lo que era un requisito previo para tomar las medidas– o lo ocultan porque es un dato que no conviene difundir. Y es muy importante por varias razones: este paro no tendría ninguna legitimidad sin el aporte de los pequeños productores, ellos son los más duros en el conflicto; y, además, si se aplica un impuesto a un sector débil se lo pone ante la disyuntiva de entregar su propiedad a sectores más concentrados. Eso ha pasado muchas veces cuando la ideología va despegada de cierta solvencia técnica: se la justifica por izquierda pero suele tener efectos por derecha.

Hasta aquí, por lo menos en mi opinión, el Gobierno no ha conseguido explicar cuál era la urgencia de la medida, por qué no se intentó consensuarla, ni cuáles eran sus efectos sobre los sectores más débiles de la economía rural. Revistió el conflicto de recursos ideológicos muy eficientes en la sociedad argentina, que siempre tiene gente tan dispuesta a alzar las banderas, para que pase la farolera, mantatirulirulá.

Pero no explicó lo central.

La ampliación de las retenciones desató un nivel de irracionalidad sin precedentes. La decisión de los piquetes rurales de desabastecer el país, como primera medida de fuerza, tiene una magnitud difícil de encontrar en la historia democrática argentina. Es extraño que entre los ruralistas no haya aparecido al menos una voz sensata que advirtiera sobre la obscenidad de dejar pudrir alimentos en las rutas. Por donde se lo mire, es una canallada. Es mentira que la culpa de semejante barbaridad sea del Gobierno. Cualquier dirigente sabe que entre todo y nada hay un camino intermedio para recorrer. La decisión de cortar los caminos durante quince días parece más bien un intento revolucionario que una resistencia a una medida impositiva sectorial. Faltaban Pancho Villa o los coroneles franquistas y estábamos todos. La simpatía que semejante disparate generó en sectores diversos de la sociedad –los medios conservadores, sectores urbanos profesionales, entre otros– refleja, en todo caso, que la desmesura, el autoritarismo, el doble discurso, no afectan sólo al Gobierno.

Es decir: a partir de una medida difícil de justificar –por sus maneras y por la extensión de los afectados y por la ignorancia oficial sobre sus consecuencias en los eslabones más débiles–, se produce una respuesta de dimensiones aún más escandalosas que la medida en sí, con un agravante: la reacción podría haber causado muertes. El corte de los caminos por parte de los productores rurales debería marcar un ejemplo sobre lo que no debe hacerse en un país democrático. Podrá ser cierto que los pequeños y medianos productores no están en una situación holgada, pero tampoco son los más desesperados de la sociedad argentina. Y ellos, los que peor la pasan, jamás han respondido de manera extrema ante su sufrimiento.

Para colmo, del lado del Gobierno, ante la contundencia de la protesta, les enviaron a los camioneros de Pablo Moyano para amenazarlos, mientras los funcionarios respondían al “campo” –así, en términos generales, sin diferenciación– con insultos y provocaciones. Sobre llovido, mojado: a la medida original discutible, le siguió el intento de desabastecer al país y después el envío de patotas para desarticularlo. Luego, el discurso presidencial que abroqueló a todos los sectores rurales involucrados en contra y la reacción de cacerolas y manifestantes en todo el país para repudiar al Gobierno, pintadas a favor de Videla incluidas. Por si fuera poco, los Kirchner envían a Luis D’Elía a pegarles a los manifestantes disidentes. Todo esto, mientras en las rutas había situaciones delicadísimas: un enfermo cardíaco murió en Córdoba por los piquetes.

Es decir que durante quince días, a partir de una medida muy discutible tomada por el Gobierno –y, además, de no demasiada magnitud cuantitativa–, los argentinos estuvimos a punto –realmente, a punto– de agarrarnos a tiros.

Ese es el elemento central de esta semana.

A mi entender, el Gobierno tiene más responsabilidad que los ruralistas en todo lo sucedido, simplemente, porque un Gobierno es más responsable que los demás respecto del clima que crea en un país. Los funcionarios deberían medir la reacción que podría provocar una medida o un discurso. Pero, al mismo tiempo, es indignante percibir la magnitud de la respuesta y la condescendencia de los medios conservadores respecto de los piquetes más salvajes que tuvo la historia argentina reciente. Los Kirchner tienen una extraña vocación por la violencia callejera cuerpo a cuerpo. El envío de D’Elía a golpear disidentes –y su jerarquización en el palco oficial de Parque Norte– recuerda los cadenazos que recibieron otros caceroleros por parte de una patota oficial en Río Gallegos en diciembre del 2001, o el increíble aval oficial que recibió Daniel Varizat luego de arrollar con su cuatro por cuatro (no sólo las tienen los productores rurales) a una docente, o las patoteadas en el Hospital Francés. La derecha tiene una notable vocación por la violencia cuando justifica, defiende y promociona los piquetes que desabastecen a un país. Hay pocos inocentes en esta historia que, vale la insistencia, en cualquier momento, por un motivo u otro, provocará muertes que nunca son las de familiares de los dirigentes, de un lado u otro del espectro.

Con todo respeto, sin ánimo de ofender, es una historia demasiado triste y, por momentos, parece que están todos locos. La Argentina tiene una oportunidad única en estos tiempos: no hay amenaza militar, no hay amenaza de crisis económica. No ocurrió eso en un siglo. Hay plata y tiempo para reformar la educación, la salud, la ciencia, la infraestructura del país y cambiar la historia. Estaría bueno que, en el medio, no nos agarráramos a tiros por una medida fiscal de relativa importancia. Y que no revistamos de ideología, dignidad o lucha de clases lo que, simplemente, parece el reino de la estupidez, la ambición (de dinero, de poder), la exageración y la paranoia. Por momentos parece que el gran enemigo para el crecimiento de este país es la locura, que a ambos lados del espectro político se disfraza con conceptos ideológicos poco apropiados para lo módico que fue el disparador del conflicto.

Por supuesto, es más sencillo ubicarse de un lado o del otro. Calificar de traidor a todo el que duda o marca las incoherencias en ambas partes y alzar la bandera para que pase la farolera. En este país siempre hemos sido muy coherentes, siempre hemos tenido razón, siempre justificamos nuestra actitud en las barbaridades de los otros.

Y nos ha ido realmente muy bien.

¿O no fue así?

Las cirugías mentales

Las cirugías mentales

Por Sandra Russo

En lo que llevamos de democracia hubo, creo, tres momentos como éste. La Semana Santa de las Felices Pascuas, la renuncia de Chacho Alvarez y el 2001. Momentos que históricamente son como un caldito de ésos que uno le pone a lo que cocina para darle sabor. Sustancia altamente concentrada. Momentos que fueron puntualmente el lugar en el que los caminos se bifurcan.

En los tres casos anteriores, si uno los roe un poco, se deja ver el hilo en común con éste que hoy nos agita y que los supera a todos. Allá por las Felices Pascuas todavía las Fuerzas Armadas se resistían a perder el poder, y terminaban entregándolo, presionadas por una enorme movilización colectiva, a cambio de impunidad. Los tratos de la negociación fueron secretos.

Cuando renunció Chacho Alvarez después de denunciar las coimas en el Senado, y de decir que la luz verde para la compra-venta de leyes bajaba desde la Presidencia, las cosas hubieran podido ser distintas. Había dos caminos y esta sociedad eligió el que dirigía la rabia, la desilusión, el resentimiento hacia Chacho Alvarez. El progresismo también y especialmente anidó en ese nicho mental. Afuera del nicho quedaba un Senado corrupto y la ley que permitió liquidar la mayoría de las conquistas gremiales peronistas.

El 2001 está fresco. Sobre todo por la liturgia del espontaneísmo que inauguró. También fue el momento en el que se intentaron las asambleas. Las asambleas terminaron deshojadas y lo del espontaneísmo, como valor en sí mismo, quedó. Como si las reacciones espontáneas de la gente o la gente “suelta”, sin vínculos con ninguna organización social, fueran más valiosas o más justas. En TN, esta semana, se pudo escuchar a los cronistas de las marchas “del campo” en Plaza de Mayo describir “lo espontáneo” de esa protesta, contraponiéndola a la respuesta “organizada” de D’Elía. Había muchas maneras posibles de presentar el escenario confuso que se vivía esas noches, pero los cronistas eligieron una, probablemente llevados por una inercia mental que a esta altura es “operación”. Del lenguaje, pero una operación. Describir una marcha como “espontánea”, dejó que sobre esa palabra cayera toda una cadena semántica (espontáneo, libre, legítimo, verdadero, natural, educado, independiente, creíble, etc.), mientras que no sólo D’Elía, sino también la multitud de Parque Norte fue descripta como “organizada”, lo cual reforzó la “operación” con la cadena semántica de lo “políticamente organizado” (clientelismo, pago, ignorancia, segundos intereses, insincero, patotero, etc.).

En un magnífico ensayo titulado La política y el idioma inglés, George Orwell decía que “es claro que la decadencia del lenguaje ha de tener, en última instancia, causas políticas y económicas. Pero un efecto se puede convertir en una causa, reforzar la causa original, y producir el mismo efecto de manera más intensa, y así sucesivamente”. Cuando los medios masivos dejan decaer su propio lenguaje “por impericia o dejadez”, están abandonando clandestinamente la objetividad que proclaman.

Lo espontáneo y lo organizado son apenas un par de nociones opuestas que se usan en los medios masivos, ajustadas a un contexto ya pasado, que las cargó con un sentido que hoy favorece a la reacción. Poner las cosas en esos términos es seguir sobrevalorando lo espontáneo, cuando en sí el espontaneísmo no sólo puede hablar de sinceridad, sino también de ignorancia; no sólo puede connotar independencia, sino también resistencia a la asociación y a la cooperación con los demás. A estas dos últimas virtudes sociales se puede acceder más fácilmente a través de la organización. Pero la palabra organización sigue siendo usada de modo peyorativo en los medios masivos. Termino con Orwell, que lo dice mejor que nadie: “Esta mezcla de vaguedad y clara incompetencia es la característica más notoria de la prosa inglesa moderna, especialmente de toda clase de escritos políticos. Tan pronto se tocan ciertos temas, lo concreto se disuelve en lo abstracto y nadie parece capaz de emplear giros del idioma que no sean trillados; la prosa emplea menos y menos palabras elegidas a causa de significado, y más y más expresiones unidas como las secciones de un gallinero prefabricado”.

sábado, 29 de marzo de 2008

La revolución cibercultural

La revolución cibercultural

Hace quince años los argentinos comenzaban a familiarizarse con una nueva forma de la técnica que produjo modificaciones decisivas en la vida cotidiana. Hábitos diarios de consumo y de relaciones humanas se fueron desplazando paulatinamente de la realidad al espacio virtual de la computadora. Hoy, las notas dominantes de ese proceso de cambio introducido por la informática son el reinado indiscutido de Internet en la tecnología de las comunicaciones, la globalización y la crisis de las instituciones, fenómenos que están vinculados entre sí de un modo profundo e irreversible
Sábado 29 de marzo de 2008 |


La revolución realmente revolucionaria deberá
lograrse, no en el mundo externo, sino en las
almas y la carne de los seres humanos.

Aldous Huxley, Un mundo feliz

Hace quince años, los argentinos colmaban las bibliotecas públicas para conseguir información, estudiar o investigar, iban de los shoppings a los locales para comparar precios de diferentes productos, ponían anuncios en carteleras urbanas para publicitar la compra o venta de sus bienes o utilizaban masivamente los libros de quejas para calificar un servicio en forma negativa, entre otras prácticas. Hoy, esas mismas costumbres perduran, pero también -y cada vez más- tienen lugar en la pantalla de la computadora, sin la riqueza insustituible del contacto personal. La llamada "cibercultura" llegó para quedarse, y ha producido un cambio de paradigma del que no parece haber vuelta atrás.

Los riesgos de hacer futurología se acrecientan, pero, como señala Alejandro Piscitelli en La generación Nasdaq (2001), es "fácil e inútil hacer prospección respecto de Internet. Todos los días aparecen mil promesas de cambio radical de la tecnología y de la vida cotidiana. Sin embargo, estos anuncios rara vez sobrepasan el nivel de una publicidad ingenua y descarriada. Es imposible entender el futuro de Internet sin hacer un poco (o mucho) de historia de los medios y, sobre todo, sin calibrar los modelos de negocios en relación con la evolución tecnológica y los cambios psicológicos y culturales de productores y consumidores".

Por ahora, en la cibercultura reina Internet. Algunas de sus características habían surgido primero en el ámbito de la ciencia ficción, por ejemplo en Neuromante (1984), de William Gibson, novela en la que el autor describe un universo lúdico y experiencias militares de comunicación a través de la mente. Poco antes, en su cuento "Quemando Cromo" (1981), Gibson llamaba "trocha" a la superautopista de la información y hablaba de unos "vaqueros de consola".

En este marco, para muchas personas, las prácticas on-line son parte de la vida diaria. En la Argentina, 14 millones de usuarios distribuyen su tiempo on-line entre la lectura del e-mail , el hallazgo de información y otros contenidos en los motores de búsqueda; el comentario vertido en un blog , la reserva de un pasaje aéreo o el pago de una cuenta a través de la banca electrónica son algunos eslabones de una cadena. Pero dado que la vida cibernética no es tanto una actividad individual como una experiencia compartida, también se tiene la posibilidad de construir comunidades de usuarios en torno a intereses comunes, con un único inconveniente todavía irresoluble: la ausencia del contacto cara a cara.

Cómo analizar la Web

La revolución de Internet no se limita exclusivamente al ciberespacio. En la "sociedad en Red" (una definición del sociólogo español Manuel Castells) convergen la Web (el gran generador de un cambio de paradigma que permite, al menos en los papeles, vencer las barreras espacio-temporales de las personas que habitan el planeta), la globalización y la crisis de las instituciones.

En Postales electrónicas , recopilación de ensayos sobre medios, cultura y sociedad publicada en 1996, el escritor, periodista e investigador Jorge Rivera decía: "Un panorama histórico de los medios puede optar por el enfilamiento cronológico o en proponer una perspectiva de análisis histórico-cultural, una presentación abierta de problemas, genealogías, reciclamientos, cruces y zonas de contacto y fuga entre los componentes de un sistema".

Esta última es la elección. Hay una evidencia: la tecnología no tiene impacto por sí misma sino en determinados contextos históricos, sociales, económicos y culturales. Entonces, el camino elegido es describir algunas tendencias, señalar cambios en los hábitos de producción, consumo y distribución de información, observar cómo la Web se despliega con su doble personalidad de plataforma de servicios y generadora de monopolios de conocimiento, y compartir una visión crítica sobre algunas zonas oscuras en el establecimiento de esta nueva tecnología de la información y la comunicación.

Estamos inmersos en la "sociedad de la información", una categoría promovida por las esferas gubernamentales de Estados Unidos y Europa en los años 90, que señala una era en la que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se convierten en motores del desarrollo. "La irrupción de Internet como red de acceso público impulsó esta expresión, que estaba basada en que la circulación sin obstáculos de la información emergía como garante de una nueva sociedad transparente y descentralizada", explica Armand Mattelart, uno de los analistas contemporáneos más preocupados por el debilitamiento de la reflexión crítica sobre los procesos de comunicación y su vinculación con los intereses industriales. Para el sociólogo belga, las lógicas de exclusión social, la concentración de los medios de comunicación y el peso del mercado conspiran contra el advenimiento de la Sociedad de la Información.

¿Cuáles son los hábitos vinculados al consumo cultural que modificó Internet? ¿La red incentiva la diversidad cultural o genera un monopolio de conocimiento?

Estos problemas se vuelven interrogantes porque mientras que algunas voces, como la de Nicholas Negroponte en Ser digital (1995), aseguran que estamos en presencia de un hito único en la historia de la comunicación, solo comparable a la imprenta como medio de transmisión, otras, más escépticas, sostienen que la Red es un simple y veloz vaso comunicante entre personas, tal como otras innovaciones que en su momento no eliminaron a sus antecesoras, sino que las obligaron a reacomodarse en un nuevo escenario, a reciclarse.

"El problema en Internet no es que el conocimiento sea monopolizado por unos pocos sitios porque, a diferencia de lo que ocurre en otros medios de comunicación, la barrera de entrada para publicar en la Red es muy baja; lo que genera inquietudes es que la clasificación y recuperación de todo el conocimiento almacenado on-line está a cargo de pocos sitios", dice Laura Siri, escritora, docente y periodista especializada en tecnologías de la información. Y añade: "Buscar en Internet ya es sinónimo de googlear . Si algo no aparece indexado en Google, es como si no existiera en la Red. Es tan difícil de hallar como un libro guardado en un estante que no le corresponde. Y si algo aparece en el buscador, pero en la página 300 de un listado de resultados, también es como si no existiera. Sería deseable, por ejemplo, que si uno busca información sobre Mali, aparecieran en primer término fuentes propias de ese país africano, y no lo que dice el FactBook de la CIA sobre él. Cuesta creer que ese país no tenga nada que decir sobre sí mismo".

En el mismo sentido, sería deseable que si se googlea a una persona para buscar información sobre qué piensa, a qué se dedica y qué tiene para aportarle a este planeta, no aparecieran como primeras opciones comentarios difamatorios vertidos por otros ciberusuarios amparados en el anonimato que permite la dinámica digital.

El ejercicio de señalamiento de algunas tendencias nos desafía a no caer en la futurología. En materia de Internet, todo lo que se diga puede ser usado en nuestra contra en pocos meses. En algún momento se predijo que el pay per view digital se impondría como modelo de negocio, pero hasta las prestigiosas cabeceras digitales de El País y The New York Times decidieron abrir su contenido a las audiencias. En otro momento, la burbuja de Internet prometía barrer con todos los negocios off-line , pero su pinchazo destruyó proyectos (y billeteras) y generó una fuerte incredulidad en el potencial del nuevo medio, que se arrastra hasta nuestros días.

Lo que antiguamente impulsaba la tecnología digital era la capacidad de procesar y distribuir información. Sin embargo, en la actualidad el proceso de digitalización se define por la capacidad para comunicarse con otras personas. En este sentido, Castells afirma que "estamos pasando de la sociedad de la información a la sociedad de redes" donde cada uno de los usuarios es un nodo de diferentes entramados que se cruzan (laborales, familiares, amistosos). Esto explica el pasaje de la Web estática del siglo pasado a la Web participativa de esta era, en la que el concepto de web 2.0 ilustra un movimiento incesante y multidireccional basado en blogs (según Technorati.com, ya se crearon más de 100 millones de bitácoras), redes sociales, wikis y la actividad de la comunidad de usuarios en el centro de la escena.

La revolución multimedia tiene numerosas ramificaciones en la que Internet ocupa un lugar central, pero donde coexisten otras redes digitales. En términos de Giovanni Sartori, se trata de la convivencia y lento desplazamiento del homo sapiens , producto de la cultura escrita, al homo videns, que rinde culto a la imagen.

Sin embargo, ¿cómo se explica que los libros todavía convivan con otros soportes de lectura, como ya ocurre en los mercados de los países más desarrollados? Se trata de soportes alternativos al papel, porque muchos jóvenes y adultos no tienen, aunque cueste creerlo, la experiencia directa con ese objeto encantador llamado libro. El libro no va a desaparecer como soporte, pero es probable que en los próximos años presente extensiones digitales. Por ejemplo, los blooks -contenido de blogs llevados a libros-, los audiobooks (libros narrados por ilustres y desconocidos en formato CD) y las versiones multimedia de las obras mencionadas en algún espacio del soporte papel. Estas formas alternativas no matarán el libro, lo complementarán. Basta pensar en una cadena que enlaza la creación del autor con los diferentes soportes, el espacio on-line como generador del feedback motivado por el consumo de esa obra, las calificaciones (positivas o negativas) de los lectores, la búsqueda on-line de mayor contenido vinculado al autor y los espacios de publicación digitales generados a partir de la lectura de la obra original, entre otras opciones.

Para llegar a este momento de "ilusión" de la conexión total con el resto del mundo, el sociólogo francés Dominique Wolton enumera cuatro fases de instalación de una tecnología de la información y la comunicación, como puede ser el caso de Internet: conocimiento (es decir, la etapa de la fascinación o el descubrimiento), la aplicación (donde se produce la batalla industrial), el servicio (una fase de reglamentaciones) y la recepción (o el uso efectivo de esa tecnología). Y destaca que es importante diferenciar información de comunicación. "Hoy la gran ruptura es que informar no es suficiente para comunicar, porque hay demasiados mensajes y receptores. Hoy circula mucha información, pero estamos incomunicados. El mundo es muy visible, pero incomprensible, porque para compartir información hay que tener una cultura común", afirmó Wolton en una entrevista publicada en LA NACION.

A mediados de la década del 90, cuando los primeros proveedores de Internet eran los mismos vendedores de PC y las conexiones eran tan lentas como tediosa la experiencia de navegación, la cultura impresa no suponía que vería amenazada algunas prácticas que parecían clausuradas en el contacto con ese soporte. Más de una década después, estamos sumergidos en un proceso de transición hacia un cambio cultural profundo que modifica gradualmente la forma de producir conocimiento y de compartirlo con otros seres humanos.

La agresiva introducción de las nuevas tecnologías genera una brecha entre la sociedad on-line (más de 1300 millones de personas en todo el mundo) y la off-line , pero también entre unos pocos sitios que monopolizan la audiencia y los negocios y otras esferas digitales más humildes.

¿Qué pasará cuando los nativos digitales, es decir, los jóvenes menores de 30 años que no conciben su existencia sin artefactos que les permiten estudiar, relacionarse, comprar e informarse, constituyan el grueso de la población mundial, todavía dominada por los inmigrantes digitales (fronterizos en la cultura papel y tecno) y los análogos (casi los tecnoluditas de este tiempo)? Para los nativos digitales, Internet, el teléfono celular, el correo electrónico y las consolas de videojuegos son tan necesarios como el auto u otros bienes y servicios para las generaciones anteriores.

Por empezar, una gran problemática de la actualidad es cómo hacer el esfuerzo de entender a las audiencias actuales y potenciales sin conocer sus consumos y necesidades. ¿Es posible reinventarse sin tomar contacto con ese nuevo paradigma a través de la experimentación? "No digo que el esquema de eficiencia del mercado esté mal, digo que el esquema digital contribuye a la diversidad en un tema central como la cultura. Antes esto era difícil de percibir por la uniformidad de los mercados. Tampoco digo que se terminó una época y llega otra. Simplemente creo que los hits , los discos que vendían más de dos millones de copias y las megaproducciones de Hollywood no van a subsistir como en el siglo pasado, porque en el espacio digital hay una natural distribución de las posiciones de mercado, en perjuicio de los grandes vendedores y en beneficio de la diversidad", aseguró hace unos meses en la revista Rolling Stone Chris Anderson, editor de la revista Wired y autor del best seller The Long Tail (2004), uno de los libros más taquilleros sobre la nueva cibereconomía.

Para Anderson, las revistas y los libros tienen una gran ventaja en este escenario digital porque esa experiencia de consumo no puede reemplazarse digitalmente. Según Laura Siri, si bien las encuestas reflejan que muchas prácticas de consumo cultural (mirar la televisión, escuchar la radio o leer los diarios y los libros) se realizan a través de Internet, esto no implica la desaparición de algunos medios. "Se trata de formas culturales muy arraigadas en los esquemas perceptuales de las audiencias, y no es fácil ni mucho menos inexorable que pierdan del todo la confianza del público. Sí es cierto que todos esos medios deben cambiar para sobrevivir en el nuevo ecosistema mediático", afirma.

En el marco de las industrias culturales y, como apunta Diego de Charras en Redes, burbujas y promesas (2007), Internet -como antes lo hicieron la televisión por cable, la televisión por satélite, el pay per view y el video on demand - generó una ruptura con las características más o menos generales de los medios de comunicación de masas: segmentación y exclusión. "A pesar del exponencial crecimiento de la oferta, provocado por la enorme facilidad técnica y económica que implicaba poner en funcionamiento un site en la Web, la demanda se caracterizó desde sus inicios por ser altamente diversificada y con un fuerte componente de fragmentación", afirma De Charras. La evidencia está en la conformación de las llamadas "comunidades de usuarios" globales que se conectan y comunican entre sí alrededor de intereses comunes gracias a la Red. Por ejemplo, muchas de las comunidades on-line más exitosas de la actualidad apuntan a nichos específicos de usuarios como videofans (YouTube) y segmentos de diferentes edades que quieren compartir experiencias con otros usuarios en torno a temas de interés común (redes sociales del tipo Hi5, Facebook u Orkut).

Pero el hecho de que Internet se pretenda masiva y la maquinaria publicitaria haga su trabajo de manera eficiente, no significa que lo sea. En todo caso, como señala De Charras, se trata de una masividad segmentada: "Uno de los mayores limitantes de la masificación de Internet es su naturaleza excluyente. Se requiere de un capital económico que garantice una infraestructura básica para poder acceder y un capital cultural que permita manejar una PC [u otro dispositivo] y ordenar, procesar y seleccionar la información disponible".

Para Pablo Boczkowski, investigador de medios on-line en la Northwestern University, Internet presenta una doble personalidad de espacio que promueve la diversidad cultural, pero donde la mayoría de la audiencia está en unos pocos sitios. Estos grandes jugadores adquieren una posición dominante en el mercado de bienes digitales de tipo cultural -explica Boczkowski- y a pesar de la aparición de competidores de nicho por los bajos costos operativos que tiene un proyecto digital (en comparación con otros negocios), "estamos en presencia de un espacio donde unos pocos tienen mucho, y muchos tienen poco".

Internet es tan poderoso en su mensaje a la audiencia (por su características autorreferenciales y desterritorializantes), que en los últimos tiempos la dicotomía real-virtual parece haberse corrido a un costado. Como en la vida misma, donde la diversidad social genera conflictos de intereses y puntos de vista, en la Web esa misma diversidad y la oportunidad de generar múltiples identidades allana el campo para que grupos sin voz o contrarios al sistema imperante descarguen su artillería verbal y logística. Aunque, como señala Wolton, si bien el terrorismo se beneficia por algunas características de la sociedad de la información, esa revolución tecnológica es un modo de arrogancia contra muchas sociedades antisistema, que consideran Internet y otras tecnologías como una forma de violencia de los más ricos y poderosos. "No hay que confundir desarrollo tecnológico con cultura y, mucho menos, jerarquizar la cultura usando como parámetro el desarrollo técnico. Un campesino iraquí es culturalmente mucho más rico, con sus cinco mil años de historia, que un campesino norteamericano subido a su tractor climatizado", dice el sociólogo francés.

En esta línea, una de las grandes descripciones sobre esta nueva era tecnologizada la realiza el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, quien en Amor líquido (2005) habla sobre una sociedad que se mueve a gran velocidad a través de individuos "líquidos", es decir, personas sin vínculos que tienen la necesidad de desarrollarlos y establecen modos de contacto efímeros basados en la conexión. Internet, desde la óptica de Bauman, implica un ejercicio de conexión y desconexión continua, en un entramado de relaciones virtuales que tienen facilidad de acceso y salida. Cualquier semejanza con la Matrix cinematográfica no es mera coincidencia.

En el pasaje del mundo sólido a la fase líquida de la modernidad plasmada por Bauman hay una lucha entre el poder globalizador de Internet basado en la conexión y las problemáticas locales de cada individuo o comunidad. Es evidente que Internet es un medio global, pero la mayoría de los investigadores destaca que sus prácticas adquieren significado en el marco local. Los sitios de mayor tráfico en la Argentina son buscadores (Google, Yahoo! y Windows Live) que son la puerta de acceso a la navegación de intereses individuales y colectivos, grandes compartimentos de contenido multiformato (Fotolog y YouTube), usinas de información locales (diarios digitales argentinos) y espacios para comprar y vender productos (DeRemate y Mercado Libre) cuya utilidad solo adquiere significación en el intercambio de productos y servicios de alcance local. Muchos hablan del reino de la glocalidad , es decir, sitios globales por su alcance pero con foco local para capturar la atención de una audiencia específica.

En este cuadro de revolución digital, filósofos como el francés Alain Finkielkraut advierten sobre la presencia de un nuevo instrumento de las sociedades disciplinarias tan bien descriptas por su compatriota Gilles Deleuze. Esas eran sociedades de encierro, de la familia a la escuela, de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica, y estaban dotadas de máquinas energéticas. "Equipada, de ahora en adelante, con máquinas informáticas, la sociedad ya no funciona por encierro sino al aire libre, por control continuo y comunicación instantánea", sostiene. Aunque esta práctica de ultracomunicación encierra también algunos aspectos negativos como la pérdida del contacto cara a cara (la dimensión antropológica fundamental de la comunicación) y un deterioro creciente del lenguaje por las limitaciones tecnológicas de los dispositivos.

Un nuevo poder comenzó a instaurarse con Internet, el poder de las audiencias, la interactividad que empieza a desplazar al monólogo unidireccional, un lector que no va en busca del contenido sino un contenido que se cuela entre sus poros, el reino de la apertura a la opinión y la producción desindustrializada y la libertad ejercida por los usuarios.

Pero, como señala Finkielkraut, tal vez se trate de una "libertad fatal" semejante a la de algunas películas de Federico Fellini. Así como existen espectadores comprometidos con la obra, capaces de reconstruirla pieza a pieza para prolongar su vigencia en un esfuerzo intertextual en el tiempo y el espacio, Internet dio nacimiento a un espectador tirano, "un déspota absoluto que hace lo que quiere y que día a día está más convencido de que el cineasta es él, o al menos el que muestra las imágenes que está viendo".

Este tirano de la pantalla de rayos luminosos es el mismo que está dispuesto a romper el esquema originario de la comunicación: emisor activo-receptor pasivo. El ciberusuario no necesita ir a la caza del contenido porque este va en su búsqueda a través de diferentes plataformas. Además, en la interacción on-line el ciberusuario enriquece con sus puntos de vista la producción original, comparte sus experiencias con otros usuarios y es capaz de producir, almacenar y distribuir su propio contenido. Los objetivos quedan a la vista: construir su propia audiencia, eliminar intermediarios y ejercer su libertad de expresión, independientemente de la tecnología.

Por Gastón Roitberg
De la Redacción de LA NACION

lunes, 24 de marzo de 2008

Perros de Pavlov

Perros de Pavlov

El rabino Bergman lanzó la versión. El carapintada Breide y la matrona castrense Cecilia Pando oraron en desagravio. Y el abogado Manfroni recurrió a la Justicia. El quién es quien de un mito urbano. Rock’nd roll y subversión.

El abogado católico Carlos A. Manfroni denunció a Hebe de Bonafini.

Por Horacio Verbitsky

Primero fue el rabino Sergio Bergman. Desde una columna del diario La Nación, el nuevo niño mimado de la derecha argentina, quien reescribió la letra del himno nacional para que el pueblo en vez de libertad clamara por seguridad, seguridad, seguridad, informó que Hebe Pastor de Bonafini había profanado la Catedral, mientras aguardaba que el gobierno de la Ciudad respondiera a un planteo sobre los fondos presupuestados para su empresa constructora de viviendas populares. Después el golpista indultado Gustavo Breide Obeid y la matrona castrense Cecilia Pando organizaron un acto de oración y perorata en desagravio al templo profanado. Por último, el abogado católico Carlos A. Manfroni denunció a Bonafini y a su asociado Sergio Shocklender por extorsión. La leyenda urbana que todos ellos propagan sostiene que el altar de la catedral fue improvisado como baño. No les importó que el Arzobispado de Buenos Aires aclarara que el propio cardenal Jorge Bergoglio había habilitado baños privados para Bonafini y sus acompañantes porque los públicos estaban cerrados. Bonafini, Bergman, Bergoglio, Breide y Pando son personalidades más o menos conocidas. Pero ¿quién es el doctor Manfroni?

Dirige una Fundación de Etica Pública y un curso en la Universidad Católica auspiciado por la embajada de Estados Unidos sobre reglas contra la corrupción, es columnista del diario La Nación, reclama mano dura por la “hiperinflación de inseguridad”, objeta el criterio de la Corte Suprema sobre los crímenes de lesa humanidad, participa en las actividades del servicio de información de la embajada de los Estados Unidos, USIS, e integró el grupo de expertos que participó en la redacción de la Convención Interamericana contra la Corrupción. Durante la dictadura militar la firma de Carlos A. Manfroni fue habitual en el mensuario surrealista Cabildo. Por la Nación contra el caos. Estas son algunas de las opiniones, publicadas a lo largo de 1983 en dos series de artículos sobre “Iglesia y Progresismo” y “Rock y Subversión”, titulados “La Soberana Soberbia”, “La Injusticia del Igualitarismo”, “Amor e Ideología del Amor”, “El poder de la música”, “Verdad y Libertad”, “El progresismo es judaico”, “El mimetismo del Rock”, “Entre la Violencia y la Castración”, “Música Antinacional Contemporánea”, “La soledad de los Materialistas”, “El Anticristianismo y el Rock”:

- La democracia y la libertad son productos de la hedionda Revolución Francesa, que para peor también fabricó el amor a la Humanidad, puro onanismo intelectual.

- Es una herejía pensar que la autoridad suba de abajo hacia arriba, mientras que, en la organización de la Iglesia, el poder desciende de arriba hacia abajo.

- El progresismo es un infeccioso mal.

- El materialista pueblo judío instruye a los hijos de Sión para consquistar el poder. El progresismo lleva el estigma del temporalismo judaico y masónico.

- La música rock es el movimiento “artístico” más subversivo, anticristiano, antimetafísico y contracultural de todos los tiempos. Convierte a los jóvenes, como perros de Pavlov, en una jauría descontrolada.

- El ritmo destemplado exacerba las pasiones contra el espíritu y crea un estado hipnótico en este lavado cerebral.

- El adolescente adolece de una falta de control de los impulsos instintivos.

- Toda deformación de la cultura debe ser considerada subversiva y, como tal, erradicada.

- La “filosofía” del rock conduce al deseo desesperado de la muerte e induce al suicidio, como lo demuestran las letras de las canciones de Charly García, Spinetta y Moris. Ofrece la posibilidad de convertirse en un animal o un marica.

- El juez que rechazó el pedido de una fiscal de perseguir como apología de las drogas el tema de Eric Clapton “Cocaine” censuró los derechos que tiene el Orden contra la subversión y no tuvo en cuenta el pecado original.

- El rock es anticristiano y transmite mensajes satánicos, que pueden escucharse cuando se pasan al revés ciertas canciones, como “Congratulations” de Pink Floyd. El mensaje secreto del diablo dice “comunícate con el viejo”.

- Uno de los máximos exponentes de satanismo es el grupo Kiss, cuyos integrantes se maquillan de una manera diabólica. “Todos ellos, como tantos otros, son homosexuales y drogadictos (en este ambiente, la excepción es la contraria).”

- Los artistas son parásitos sociales, voluntariamente inservibles en el papel de hombres de bien, chicos caprichosos que expresan su rebeldía con gestos como teñirse el bigote a dos colores, hasta justificar la guerrilla marxista, pero condenan la guerra por las Malvinas. “Perros de Pavlov o dulces mariposas, lo real es que en ninguno de ambos casos son lo que necesita nuestra querida Patria, hoy tan sedienta de hombres.”

sábado, 22 de marzo de 2008

La novela de Hawking


La novela de Hawking

ALICIA RIVERA 22/03/2008



Stephen Hawking, de 66 años, sólo mueve los ojos. Vive atrapado en una silla de ruedas pero sigue tremendamente activo. En La clave secreta del universo, su primer relato de ficción, escrito con su hija Lucy, propone un fantástico viaje por el sistema solar.

Cuando una va a entrar en el despacho de Stephen Hawking por primera vez no puede evitar sentir cierta ansiedad. ¿Cómo es el gran científico? ¿Cómo encarar el encuentro con alguien que padece una durísima enfermedad? ¿Cómo saludarle para facilitar su respuesta, si es que puede responder de alguna manera? ¿Detrás de esa puerta hay un despacho de un cosmólogo, de un físico teórico, o una sala hospitalaria con todos los equipos imprescindibles para mantenerle con vida? ¿Por qué tarda tanto la secretaria en abrir esta puerta?


Los agujeros negros no son tan negros
La alegría de vivir


"Descubrir algo nuevo que nadie sabía hasta ese momento. No hay nada más emocionante que eso"

"Cuando George viaja por el sistema solar, se da cuenta de que el planeta Tierra es único, precioso, ¡y tan frágil!", dice Lucy

"Tengo la esperanza de que la ciencia tenga en la sociedad más importancia que los prejuicios "
Por fin, la jovial secretaria te invita a pasar, cuando Hawking (Oxford, Reino Unido, 1942) ha sido atendido y dispuesto para recibir a una visita. Dos ventanales, pizarras en las paredes, muchas fotos, un sofá, una mesa con un ordenador... Es un despacho normal, de tamaño medio, en una esquina del Centro de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Cambridge, a las afueras de la ciudad. Hawking, sentado en una aparatosa silla de ruedas que sujeta todo su cuerpo maltrecho, incluso la cabeza ladeada en su postura ya característica, te mira. Sus ojos, prácticamente lo único que puede mover a voluntad, son una mezcla de dolor y de inmensa curiosidad, como los ojos de un crío muy enfermo que no por ello deja de sentir atracción insaciable por cualquier novedad que detecte a su alrededor.

Su hija, Lucy Hawking, le atusa el flequillo y le da un beso. La secretaria recoge y ordena papeles. Un humidificador, encima de la mesa, produce a borbotones el vapor que inunda la habitación, imprescindible para que Stephen pueda respirar.

Casi inmediatamente, tal vez porque es inquieto, tal vez porque tiene mucho trabajo que hacer y poco tiempo que perder, Hawking pone sus ojos a funcionar y se oye el bip bip bip del ordenador acoplado a la silla de ruedas, cuando él va eligiendo palabras en una pantalla con la mirada y compone la frase. Poco después se oye su voz artificial: "Hola, ¿cómo está?".

Sentada a su lado, casi se agota una presenciando el enorme esfuerzo que hace para comunicarse. Bip bip bip durante un rato que se hace interminable y se oye otra vez su voz: "He podido contestar sus cinco primeras preguntas, no he tenido tiempo para más". Es perfectamente comprensible: ha tardado algo más de cuatro minutos en componer la frase. ¿Cómo puede desarrollar tanta actividad un hombre así, con una enfermedad degenerativa que en 45 años le ha ido devorando toda capacidad de movimiento del cuerpo hasta dejarle sólo el parpadeo? Hawking está inmerso diariamente en sus investigaciones cosmológicas, se ocupa de sus alumnos, da conferencias, viaja y escribe libros. Su última obra es, por primera vez, una novela infantil, La clave secreta del universo (Montena), que ha escrito en colaboración con su hija Lucy.

Es una aventura trepidante de un niño y una niña que viajan por el sistema solar subidos en un cometa, que ven desde el espacio la Tierra, tan bonita y tan frágil, que disfrutan de un ordenador prodigioso, que van al colegio, que desobedecen a sus padres, que vencen a los malos. Y a la vez, el último libro de Hawking es un espléndido libro lleno de explicaciones sencillísimas sobre el Big Bang, sobre los agujeros negros, sobre el universo, sobre la física que lo rige y que Hawking ha ayudado a desvelar. Además, es un canto a favor de la alianza entre la ciencia y la ecología para salvar este planeta. El libro salió el año pasado en el Reino Unido y se publica ahora en España.

Todas las sociedades han tenido su cosmología, su visión e interpretación del mundo. ¿Es la teoría del Big Bang la cosmología de nuestra sociedad contemporánea? ¿Y si lo es, está al alcance de la comprensión de la gente o es demasiado difícil?

"La especie humana siempre ha intentado comprender el universo en que se encuentra", responde Hawking. "En el pasado construimos teorías basadas en pocas pruebas, pero nuestra imagen moderna está bien fundamentada por las observaciones, y la idea de un universo en expansión que empezó con una gran explosión es fácil de comprender".

Pidió las preguntas por adelantado y ha preparado las respuestas, contestado cinco de ellas, como ha dicho, con una economía de palabras más que justificada.

¿La aventura de George y Annie en La clave secreta del universo pretende comunicar esa visión científica del cosmos a las nuevas generaciones o es una manera de llegar a todos explotando al niño que llevamos dentro? "Tenemos ese doble objetivo, es un libro apto para todas las edades".

Lo más asombroso de Hawking, lo que admira y conmueve, es su pasión por vivir superando todos sus impedimentos, su terrible enfermedad, casi como intentando hacer que no le pasa nada. Y la ciencia debe ser uno de sus motores secretos. ¿Qué le produce más satisfacción en la ciencia, qué es lo que más le divierte? "El descubrir algo nuevo que nadie sabía hasta ese momento. No hay nada más emocionante que eso", contesta.

¿Debería tener más peso el conocimiento científico en nuestra cultura contemporánea? "Por supuesto, tengo la esperanza de que la ciencia tenga en la sociedad más importancia que los prejuicios y las supersticiones, de lo contrario la perspectiva que tiene el mundo es muy pobre", dice.

Hawking es un pozo de sorpresas. Cuando todo el mundo le hace flotando con el pensamiento en algún lejano recoveco del cosmos, resulta que también está pendiente, y mucho, de los problemas medioambientales. En su nuevo libro la preocupación por el entorno es casi tan protagonista argumental como la ciencia. ¿Es su mensaje para los niños y no tan niños? Su respuesta es contundente: "Estoy realmente preocupado por la forma temeraria en que estamos tratando nuestro planeta. A menos que cambiemos de orientación ya mismo, tendremos el azote del desastre en los próximos cien años. No podemos esperar a que las cosas empeoren más aún antes de actuar, porque entonces será demasiado tarde".

Delgadísimo, vestido impecable -"le gusta ir elegante", comentará luego Lucy-, con un traje marrón de pana fina, camisa marrón y zapatos de ante del mismo color que tiene colocados inertes en los soportes de la silla, el físico británico sigue afanándose por escribir con su mirada y el bip bip bip es constante. Un sensor colocado delante de sus gafas capta la dirección de sus ojos sobre una lista de palabras distribuidas en columnas en la pantalla que está acoplada a la silla de ruedas. Así, con los ojos, mueve filas y columnas de vocablos, elige cada palabra y va componiendo la frase, que al final un sintetizador de voz artificial pronuncia por un altavoz. Y no por el esfuerzo que tiene que hacer parece que quiera ahorrarse ni un comentario que se le ocurra.

Encima de la mesa tiene una pequeña fotografía en la que aparece él, muy joven, junto con dos personas más. En uno de ellos reconozco a Kip Thorne, un físico estadounidense, gran amigo y colega suyo, con el que ha hecho varias apuestas de lo más peculiares sobre resultados difíciles de la física que comparten. "Aquí está usted con Thorne", le digo. Suena el bip bip bip durante un minuto, me mira, y sale la voz: "Y con Roger Penrose". Efectivamente, el tercero es Penrose, con el que hizo algunos de sus descubrimientos científicos más importantes. ¿Y sigue haciendo apuestas con Thorne? "Sí, claro".

En la repisa de un ventanal del despacho hay varios marcos con más fotos. Una es de Richard Feynman, un grandísimo físico estadounidense ya fallecido. Se lo comento y ni siquiera esta vez ahorra la respuesta, aunque obvia: bip bip... "Sí".

Ha llegado el momento de las fotos. La secretaria y Lucy mueven la aparatosa silla hasta la posición idónea y la hija le vuelve a arreglar el flequillo a su padre. Mientras tanto Hawking no deja de charlar: (bip bip bip) "¿Ha visto mi busto? ¿Le gusta?". Ante una pared hay un busto de bronce de la cabeza inclinada y la expresión contraída de Stephen Hawking. La hija aclara que es del escultor Ian Walters, que también hizo el de Nelson Mandela.

En la pantalla del ordenador que está sobre la mesa, el salvapantallas muestra unas fotografías del científico vestido con un mono de color azulón, los brazos sujetos por delante del cuerpo y todo él flotando, inclinado hacia un lado, sin sujeción alguna. Tiene una expresión feliz. Junto a la puerta de su despacho hay colgadas más imágenes de la misma serie. Son el recuerdo de una experiencia que para cualquier ser humano ha de ser impresionante, pero más para él, condenado desde hace tanto a la silla de ruedas. Hace un año, Hawking fue invitado a participar en un vuelo parabólico, uno de esos ejercicios que se hacen en un avión que sube y baja en picado logrando imitar en su interior las condiciones de microgravedad durante unos pocos minutos en que no se siente el peso del cuerpo y uno flota como si estuviera en el vacío.

Y el despacho de Hawking tiene más y más rastros de su pasión por la vida. Hay, por ejemplo, varios objetos chinos: "Estuvo hace algo más de un año en Pekín y le gustó mucho, trajo muchos recuerdos", dice Lucy. "La verdad es que no para. Con su actitud es toda una inspiración para otras personas discapacitadas".

Lucy no recuerda a su padre sin su silla de ruedas. Tenía 21 años, era un joven físico entusiasmado con la cosmología y la relatividad general, cuando se le diagnosticó una enfermedad que más bien era una condena fatal: esclerosis lateral amiotrófica, o enfermedad de Lou Gehrig, una dolencia neuromotora incurable que le iría inutilizando su cuerpo progresivamente hasta una muerte presumiblemente temprana. Pero Stephen Hawking reaccionó justo al contrario de como muchos lo habrían hecho en su caso y decidió vivir a tope el tiempo que le quedase. Se casó con Jane Wilde, obtuvo su doctorado en 1966 y se dedicó intensamente a su ciencia, con éxito más que notable. La enfermedad no le mató en unos meses, como le habían pronosticado. Tuvo tres hijos y una vida familiar normal, aunque su salud siguió deteriorándose inexorablemente. Empezó ayudándose con bastones, luego tuvo que ser la silla de ruedas. Hasta 1974, cuenta él mismo, podía alimentarse por sí solo, levantarse de la cama sin ayuda e incluso coger en brazos a sus niños, pero el curso de la enfermedad avanzaba.

En 1985 sufrió una neumonía que en un momento dado le impedía respirar y hubo que practicarle de urgencia una traqueotomía. Investigación, conferencias, viajes, congresos... Hawking continuó imparable. Unos años después se divorció de Jane, se volvió a casar y luego se ha divorciado de nuevo. Cuando ya no pudo hablar recurrió a un sistema informático que le permitía escribir con la mano que aún le respondía y un sintetizador de voz leía sus mensajes. Luego la parálisis siguió ganando terreno y ahora prácticamente no tiene movimiento alguno en el cuerpo, excepto los ojos, con los que maneja el sistema avanzado con el que se comunica.

Pero los ojos le dan también esa mirada intensa y expresiva. Es la hora de hablar con Lucy sobre el libro, sobre la colaboración literaria con su padre, sobre su padre. Pero mejor no molestarle en el despacho. Hawking dice un adiós visual difícil de olvidar. Además de pensar en física, en ciencia -"todos los días, constantemente", dice Lucy-, en el mundo que rodea y que él se empeña en vivir, ¿en qué más piensa Stephen Hawking?

El Centro de Ciencias Matemáticas está en un edificio moderno del King College a las afueras de Cambridge. "A mi padre no le gusta mucho, prefería su antiguo despacho en el centro, donde además tenía cerca los restaurantes, los pubs, las tiendas, pero ya era demasiado pequeño aquello y se ha tenido que mudar", explica Lucy. ¿Le gusta salir a comer o de tiendas? "Sí, muchísimo, le encanta la comida india, muy picante, y la tailandesa. Y disfruta cuando sale de compras, tiene muy buen gusto y es un excelente asesor para comprar ropa. También es muy generoso y siempre está haciendo regalos a los demás".

El viejo despacho está en la planta baja de las históricas dependencias del Trinity College, el Gonville and Caius Porter's Lodge, en el centro de Cambridge, y todavía está la placa con su nombre en la puerta, que da a un patio ajardinado con un césped impecable y los bellos edificios de piedra alrededor. Dentro quedan papeles del gran científico y sus libros.

La clave secreta del universo es el tercer libro de Lucy Hawking, periodista, 37 años. Pero éste es el primero que escribe a medias con su padre -más la colaboración de Christophe Galfard- y el primero de ficción. Escribir un libro es una tarea muy dura, y casi más cuando se hace en colaboración. ¿De verdad está hecho a cuatro manos o lo ha escrito usted incorporando ideas de su padre? "Él ha trabajado realmente en el libro, es un trabajo a medias. Toda la parte científica es suya, como, por ejemplo, cuando Eric, el padre de Annie, explica lo que es un agujero negro, la ha escrito él enteramente. Tal vez la idea inicial de este libro fuera mía, pero lo hemos escrito los dos y muchas cosas son un reflejo de su carrera, de su trabajo".

En la novela -"para niños a partir de los ocho años y de ahí en adelante, porque no ponemos límite de edad del lector", dice Lucy- se nota la mano del científico. Por ejemplo, el ordenador, Cosmos, es capaz de facilitar viajes maravillosos por el universo saliendo por la ventana de casa. Pero la máquina no hace los descubrimientos, los hace el ser humano, Eric. "Sí, el ordenador, por muy inteligente que sea, no lo es tanto como el cerebro humano, el descubrimiento lo tiene que hacer la persona", dice la hija del científico.

¿Es difícil colaborar con su padre? Los científicos, a veces, exigen unas precisiones que alejan sus escritos de quienes no son expertos. "No, ha sido muy fácil, mi padre tiene una mente muy clara y tantos conocimientos que es una auténtica felicidad trabajar con él. Las cosas que pasan en el libro, las cosas que contamos, son cosas que él no tiene que buscar, las sabe porque se trata de su trabajo. Además, sabe cómo contarlas con el lenguaje claro y directo. También tiene una gran imaginación, así que ha sido un gran placer escribir con él". ¿Recuerda que su padre les explicara cómo es el universo o los planetas cuando usted y sus hermanos eran niños, como hace Eric, el científico de La clave secreta del universo con su hija Annie y el niño de los vecinos, George?

"Sí, claro que me acuerdo de mi padre explicándonos cosas. Tengo dos hermanos mayores, uno es ingeniero de tecnologías de la comunicación y George se parece mucho a él, así que su relación con mi padre era similar a la del protagonista del libro con Eric". ¿Y usted se parece más a Annie, que está interesada en la ciencia como algo habitual aunque sus pasiones sean otras? "Sí, soy más parecida a Annie, interesada por la música, la danza, el teatro... De nuevo aquí hay un paralelismo con nuestras vidas familiares".

Lucy tiene un hijo de 10 años (Hawking tiene otro nieto, de año y medio, de su hijo mayor). "Hemos utilizado algunas de las explicaciones de mi padre a mi hijo sobre cosas de ciencia, porque él siempre tiene una tendencia hacia los argumentos sencillos, es un divulgador brillante".

La clave secreta del universo, que en España se publica sin las ilustraciones de la versión en inglés, cuenta la historia de un niño que vive en Cambridge con unos padres ecologistas bastante radicales que no le dejan tener ordenador y que le obligan a comer alimentos "naturales" exclusivamente, rechazando las tecnologías de la vida moderna. Pero un día conoce a la niña de la casa de al lado, Annie, hija de un científico, Eric, con su prodigioso ordenador Cosmos. A partir de ahí empieza la aventura de la vida y la ciencia, con malos, acoso escolar, intenciones perversas para utilizar el envidiable ordenador, trampas morales, trajes espaciales para niños y viajes por los planetas y los agujeros negros.

En toda la primera parte, los ecologistas padres de George aparecen casi ridículos, exagerados y aburridos, aunque luego congenian con los vecinos científicos. "Mi padre y yo compartimos la preocupación por las cuestiones medioambientales y la necesidad de defender un planeta que es único, porque los demás son inhóspitos, muy fríos o muy calientes. Cuando George viaja con sus vecinos por el sistema solar, montados en un cometa, se da cuenta de que el planeta Tierra es único, un sitio precioso, ¡y tan frágil!", explica Lucy. "Sus padres también quieren defenderlo pero con su rechazo inicial de la ciencia y la tecnología no se dan cuenta de que están perdiendo la posibilidad de utilizarlas, pese a que son tan útiles para proteger la Tierra. La idea final es que todos tienen que trabajar juntos para ayudar al planeta, o será muy difícil lograrlo. Esa excursión por el espacio que hace George con Annie y Eric es lo que le abre a la ciencia".

¿Hay algo de Harry Potter y sus personajes en George y los suyos? A Lucy no le gusta mucho la pregunta. "Creo que la mayoría de los libros de ficción para niños, la literatura infantil clásica, incluido Harry Potter, tiene en común muchas cosas: las aventuras, los protagonistas infantiles con los que los pequeños lectores pueden identificarse...". Lucy y su padre están trabajando en la segunda entrega de George, Annie, Cosmos y los demás. "Serán los mismos personajes, pero con aventuras muy diferentes", adelanta.

Y mientras tanto, Stephen Hawking sigue con su actividad frenética. Incluso saca tiempo para hacer algo tan laborioso como seleccionar y editar una colección de escritos de Albert Einstein, lejos en este caso de la divulgación apta para todos los públicos. Y lo ha hecho en el volumen La gran ilusión. Las grandes obras de Albert Einstein. Una mesa junto a una chimenea y unas sillas casi explican por sí solas por qué a Hawking le gusta más el despacho del antiguo edificio en el centro de Cambridge que el que ahora ocupa, pero estas viejas dependencias deben ser muy incómodas para un hombre que necesita la atención constante de un equipo de enfermeras que le ayudan a vivir cada día un día más.

¿Cómo está de salud? "Estacionario", contesta Lucy. "Trabaja mucho, escribe, da conferencias... La verdad es que está tremendamente ocupado todo el día y hace un enorme esfuerzo para intentar hacer muchísimo más de lo que haría una persona que no tuviera sus problemas. Sí, su enfermedad está estacionaria, pero está haciéndose mayor, ha cumplido 66 años y, lógicamente, esto también influye. Pero esta bien", dice con una sonrisa cariñosa. Y no pasa por alto las aficiones de su famoso padre: "Escuchar música, le gusta mucho la ópera, Wagner, va al cine, sale a cenar...". Así que no debe ser nada raro, en algún restaurante indio o tailandés de Cambridge, oír un bip bip bip entre las conversaciones de los comensales. Será el profesor Stephen Hawking, titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas, charlando con unos amigos.


La clave secreta del universo sale a la venta el próximo viernes, 28 de marzo. Stephen y Lucy Hawking. Traducción de Laura Martín de Dios. Montena. Barcelona, 2008. 224 páginas. 18,95 euros. La clau secreta de l'univers. Traducción de Anna Jolis Olivé. Montena. La gran ilusión: las grandes obras de Albert Einstein. Stephen Hawking. Varios traductores. Crítica. Barcelona, 2007. 696 páginas. 29,90 euros.

jueves, 20 de marzo de 2008

Dificultades y perspectivas para promover un pensamiento critico en educacion

Dificultades y perspectivas para promover un pensamiento critico en educacion

“¡Y que no mastique chicle en clase!”

Los autores examinan las difíciles posibilidades de promover, mediante el sistema educativo, “la actitud más avanzada en el orden del pensar: la crítica”. Destacan aspectos como “estimular la autonomía antes que el éxito”, “promover la cooperación en detrimento de la competitividad” y “descentralizar la posesión del conocimiento”.


Por Claudio Jonas y Carlos R. Martínez *

La noción de enseñar a pensar corresponde a consideraciones pedagógicas de última generación, ligadas a la expectativa de transferir a las nuevas generaciones destrezas intelectuales que agilicen la realización eficaz de resultados prácticos. Enseñar a pensar críticamente es el desafío más alto. El pensamiento crítico es la actitud más avanzada en el orden del pensar: es lo que puede permitir a cada persona entender y, por ende, decidir, la forma más adecuada de accionar, o de abstenerse de accionar, en cada momento y en todos los aspectos de su vida.
Ya el lactante que escupe aquello que le desagrada o mantiene su llanto a pesar de lo que le ofrecen expresa una necesidad desconocida y por lo tanto insatisfecha. También sucede esto con los chicos y adolescentes que, aun sin saber por qué, se oponen a las consignas del adulto; y en el descubrimiento científico, en el plan alternativo, en todas las acciones innovadoras que expresen una gestión personal, grupal o comunitaria. También una emoción discordante, un pensamiento no expresado por timidez o una manifestación que parece indescifrable pueden ser incipientes expresiones de una reflexión crítica. También el error, por flagrante que sea, puede albergar un razonamiento más elaborado complejo o incluso más inteligente que el que se requería para no cometerlo (por eso es necesario investigar la inteligencia de cada error. Aprender de los errores no supone dejarlos pasar, como llegó a malentenderse). La propuesta de aprender a pensar críticamente debiera integrar la falsa antinomia “contenidos vs. enseñar a pensar” convirtiendo esta tensión en una instancia superadora.
Durante siglos, la educación tradicional hizo malabarismos por cabalgar sobre dos ejes: el conceptual, programático o curricular, y el asistemático, tradicional, costumbrista o normativo. El primero es el contenido, el segundo, el continente dentro del cual deberían desplegarse los objetivos educacionales. La relación entre ambos ejes debiera ser de complementariedad, pero suele ser de oposición. La importancia que se otorga a cada uno varía: hay quienes ponen el acento en el rendimiento y usan como vara el puntaje alcanzado, mientras que otros jerarquizan los hábitos y pautas ético-morales adquiridos, y tratan de deducirlos en base al “comportamiento”. Cualquiera a quien se interrogue al respecto tratará de encolumnarse en alguna de las corrientes pedagógicas –más progresistas o más conservadoras– pero al mismo tiempo, como mandato implícito o explícito, espera del docente una fuerte participación como formador normativo. Y pocos docentes eludirán este mandato.
En otras palabras, un niño, un joven, un adolescente es enviado a la escuela para que el docente le imponga o le transmita –a pocos les importa el cómo– conocimientos que lo capaciten para su mejor inserción laboral pero, además y con mayor carga afectiva, se espera que las instituciones educativas logren que el alumno reúna todas o, por lo menos, algunas de las siguientes condiciones: que preste atención a las consignas, las acepte y ponga en práctica sin críticas y si es posible con agrado; que lo haga en el menor tiempo posible y correctamente; que cumpla con los horarios, no falte más de lo imprescindible y no eluda obligaciones; que sea cortés y obediente, limpio, ordenado y prolijo; que hable sobre lo que se le pide en el lenguaje apropiado; que mueva y exhiba su cuerpo de manera decorosa; que atienda a sus necesidades fisiológicas en tiempos reglamentarios; que la vestimenta sea “correcta” y/o uniforme; que las manifestaciones sexuales, agresivas y los sentimientos de tristeza, miedo, asco, vergüenza, celos, envidias, amor, etc., no interfieran con la tarea; que el tiempo libre se aproveche con el menor despliegue corporal posible; que conserve útiles y muebles escolares; que respete y jure defender los símbolos patrios (aun antes de que su estructura cognitiva le permita entender conceptos totalmente abstractos); que honre a sus próceres, padres y maestros; y, por sobre todo, que no mastique chicle en clase (comentario irónico escuchado de alumnos en diferentes escuelas).
Sin embargo, cualquier observador desprejuiciado admitirá que la escuela reúne tantos logros como fracasos: los primeros son fruto de desproporcionados y casi inhumanos esfuerzos de los docentes, desvalorizados por los alumnos; los segundos se han naturalizado resignadamente como parte del quehacer educativo.
Prueba sorpresa
En talleres que los autores hemos realizado en distintos puntos del país, tanto con docentes como con alumnos, pudimos advertir: un creciente malestar docente que se manifiesta como falta de expectativas vocacionales, descreimiento en la importancia de la capacitación, desvalorización de la tarea educativa, trastornos psicopatológicos; bajos rendimientos del alumnado; escaso o nulo reconocimiento por los alumnos de que ellos son los destinatarios y principales beneficiarios de la tarea docente; reclamos, por parte de los alumnos, de participar en las formas y contenidos de lo que reciben; deserción creciente de alumnos y docentes; falta de espacios para la reflexión y capacitación docente que recojan inquietudes reales de cada escuela; reproches mutuos entre las escuelas, las familias y las instancias directivas; desplazamiento del eje enseñanza-aprendizaje al de sanción-transgresión como único recurso supuesto contra la creciente violencia.
Para que el pensamiento crítico se vaya convirtiendo en un instrumento multifuncional en cada instancia escolar, la institución debería poner en duda los propios puntos de vista, valores, ideas y prejuicios es condición de cualquier proceso de aprendizaje. Si los docentes no pueden albergar en ellos la diversidad, no hay muchas posibilidades de que puedan contener la diversidad que emerge del aula y de la comunidad. En esta dirección, es menester estimular la participación democrática en la gestión institucional y en la dinámica del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es ingenuo suponer que tanto los docentes como los alumnos creerán en las ventajas de la democracia, en la vigencia de sus derechos fundamentales y en las infinitas posibilidades de la inteligencia, mientras su vida cotidiana se desarrolla en un contexto en el cual “se bajan instructivos”, se califica o descalifica a discreción, se sanciona sin derecho a la defensa y se toman decisiones o se impiden acciones según el lugar jerárquico que se detente.
En el aula, ha de lograrse autoridad y respeto: lo contrario del temor y la subordinación. No debería suponerse que, si uno no impone su voluntad, está condenado a aceptar la de otros. Y no es acertado entender que el respeto es un gesto de alineación u obediencia: es un sentimiento y está más próximo a la admiración que al sometimiento. Se lo puede estimular, pero no se lo puede imponer.
Es importante descentralizar la posesión del conocimiento. La obtención y asimilación de los conocimientos son resultado de una experiencia que se multiplica en el intercambio grupal y se enriquece desde distintas fuentes, formales o informales. El docente debería ser participante y beneficiario de una dinámica que, cuanto menos, dependa de su exclusiva participación y presencia, más cerca estará de su objetivo. Que un chico imagine que los adultos lo saben todo es esperable. Que los adultos vivencien complacidos esta admiración infantil es comprensible. Pero el vínculo que así se genera merece ser aprovechado para estimular la posibilidad del pensamiento crítico de las nuevas generaciones. Estimular la crítica a la autoridad es el mejor y más corto camino para ganarse el respeto. También conviene articular los contenidos a los intereses y necesidades concretas y actuales de los destinatarios, ya que el interés del receptor decae o desaparece cuando advierte que está recibiendo herramientas supuestamente útiles pero cuyo beneficio será lejano o fortuito. Y es pertinente redimensionar la importancia exagerada que se otorgó a la memoria reproductiva: si bien toda actividad intelectual se apoya en los conocimientos adquiridos, que son materia prima para comprender lo nuevo y desconocido, esta condición necesaria no es suficiente. Aquello que se incorpora sin metabolización personal tiende a quedar como un acervo erudito sin más utilidad que su exhibición.
Estimular la autonomía antes que el éxito; promover la cooperación en detrimento de la competitividad; respetar y estimular las diferencias; rescatar sin juicios maniqueos “bueno-malo” la existencia de diferentes tiempos, habilidades, intereses, momentos, características físicas, culturales, sexuales, familiares; estas actitudes favorecen el aprendizaje y su ejercicio se convierte en un aprendizaje en sí mismo.
La escuela tradicional se asienta en una premisa generalmente no explicitada: pulsiones y afectos –amorosos, agresivos, de poder, de saber, apatía, rebeldías, miedos y tristezas– deben quedar excluidos. Casi nadie negará su existencia, pero su hábitat natural debe ser –se dice– extraescolar:
Hace falta recordar que la vida es mucho más que la lectoescritura, las funciones matemáticas y la capacitación laboral. A partir de restituir la importancia de esta parte de la vida será más fácil pensar –y alentar–, con instrumentos provistos por la educación, distintas y mejores formas de vivir.
Y es necesario reconocer la ineficacia y las desventajas del castigo como instrumento pedagógico familiar y escolar. Aunque los castigos y las penitencias se han ido atenuando, todavía se apela a ellos como recurso didáctico. La mala nota, la tarea como castigo, la firma o la amonestación, la “prueba sorpresa”, echar al alumno del aula, dejar a los alumnos sin recreo, la repetición del curso, la burla, el reproche, incluso notificaciones a los padres, siguen demostrando que en la intimidad persiste la creencia en el castigo como recurso más adecuado.
En esta línea, el derecho a la educación y la obligatoriedad de la enseñanza debe plantearse en su justo punto. La obligatoriedad de la enseñanza es un imperativo para el Estado y un instrumento para que los padres no interfieran en el derecho de los hijos a la educación. Pero, entendiendo erróneamente la obligatoriedad, suele buscarse el motor del aprendizaje en la coacción que padres y docentes ejerzan sobre el alumno. Suponer que se puede enseñar a pesar o en contra del interesado descoloca el verdadero sentido de la enseñanza-aprendizaje.

* Extractado del trabajo La aventura de aprender a pensar, que obtuvo elsegundo premio en el concurso ABA 2007. Una escuela que enseña a pensar.


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Varios detenidos en las manifestaciones contra la guerra

Varios detenidos en las manifestaciones contra la guerra

Unos 200 manifestantes en contra de la guerra en Irak fueron arrestados anoche en la ciudad estadounidense de San Francisco y otros 12 en Washington en el marco de una jornada de protesta en el quinto aniversario de la invasión de Estados Unidos a Irak.

Activistas de "Acción contra la tortura".


En la ciudad californiana, dos docenas de manifestantes simularon estar muertos al recostarse en una las principales calles de la ciudad bloqueando el tránsito.

Fueron rodeados y reprimidos por unos 80 policías con equipamiento antimotines, pero entonces más manifestantes se sumaron y tomaron su lugar, según reportó la agencia DPA.

Entre los arrestados están 20 activistas de "Acción contra la tortura", ataviados con trajes naranjas y capuchas negras sobre sus cabezas.

También fue detenido Daniel Ellsberg, un ex analista militar que se convirtió en un ícono de la izquierda cuando difundió unas actas denominadas "Papeles del Pentágono", en las que se desacreditó la actuación del gobierno estadounidense durante la guerra en Vietnam.

En Washington, doce manifestantes fueron detenidos cuando lograron traspasar los vallados que la policía había dispuesto delante del edificio de la oficina de recaudación de impuestos, lugar elegido para la protesta para simbolizar el rechazo a la utilización de los tributos para financiar la guerra.

Otro grupo de manifestantes se reunió frente al American Petroleum Institute, en el centro de Washington, donde criticaron con cánticos lo que consideraron una "guerra por petróleo".

"No más sangre por petróleo", rezaban las pancartas que portaban los manifestantes, según informó la agencia ANSA.

Pese al descontento general que produce la ocupación en Irak, el presidente estadounidense, George Bush, aseguró en un discurso que gracias a "la guerra contra el terrorismo" el mundo es un "lugar mejor" y que Estados Unidos está más seguro que antes de la invasión.

Nota relacionada: Bush no se rinde ni se arrepiente

jueves, 13 de marzo de 2008

La guerra de la que no se habla en la campaña electoral de EEUU

La guerra de la que no se habla en la campaña electoral de EEUU


Noam Chomsky
IAR Noticias/The New York Times Syndicate



No hace mucho tiempo se daba por descontado que la guerra de Irak sería el tema central en la campaña presidencial, como lo fue en las elecciones de mitad de período de 2006. Pero prácticamente ha desaparecido, lo que ha generado cierta perplejidad.

No debiera haberla. "The Wall Street Journal" estuvo cerca de acertar en un artículo de primera plana sobre el supermartes, aquel día de múltiples primarias: "Los temas pasan a segundo plano en la campaña 2008 a medida que los electores se enfocan en la personalidad".

Para ponerlo en forma más precisa, los temas dejan de figurar en primer plano, mientras los candidatos y sus agencias de relaciones públicas se centran en la personalidad. Como de costumbre, los temas pueden ser peligrosos. La teoría demócrata progresista sostiene que la población ("marginales ignorantes y entrometidos") debiera ser "espectadora" y no "partícipe" de la acción, como escribió Walter Lippmann.

Los partícipes están conscientes de que ambos partidos políticos están bien a la derecha de la población y que la opinión pública es consistente a través del tiempo, asunto analizado en el útil estudio "La desconexión de la política exterior", de Benjamin Page y Marshall Bouton. Es importante entonces que la atención sea desviada hacia otra parte.

El trabajo concreto del mundo es dominio de un liderazgo iluminado. Y ello se revela más en la práctica que en las palabras. El Presidente Wilson, por ejemplo, sostuvo que se debía empoderar a una elite de caballeros de "altos ideales" para preservar la "estabilidad y la corrección", esencialmente en la perspectiva de los Padres Fundadores (de Estados Unidos). En años más recientes, esos caballeros se han transmutado en la "elite tecnocrática", "intelectuales de acción", los neocons "straussianos" de Bush II y otras configuraciones. Para esta vanguardia, las razones para que Irak sea sacado de la pantalla de radar no debieran ser oscuras.

Fueron convincentemente explicadas por el distinguido historiador Arthur M. Schlensinger, articulando la posición de los "palomas" hace 40 años, cuando la invasión de Estados Unidos a Vietnam estaba en su cuarto año y Washington se preparaba para sumar otros 100 mil efectivos militares a los 175 mil que ya estaban haciendo añicos Vietnam del Sur. Por entonces, la invasión suponía arduos costos, por lo que Schlesinger y otros liberales de la línea Kennedy eran reacios a pasar de halcones a palomas.

En 1966, Schlesinger escribió que "todos oramos" porque los halcones tengan la razón al pensar que el incremento militar del momento podrá "eliminar la resistencia" y, si lo hace, "todos podríamos estar saludando la sabiduría y la capacidad estadista del Gobierno" al obtener la victoria, dejando al mismo tiempo al "trágico país hecho polvo y devastado por los bombardeos, arrasado por el napalm, convertido en una tierra baldía por la defoliación química, una tierra en ruinas", con su "tejido político e institucional" pulverizado. Pero la escalada probablemente no tendrá éxito y resultará demasiado costosa para nosotros, por lo que tal vez habría que repensar la estrategia. A medida que los costos para comenzaron a elevarse severamente, pronto ocurrió que todos habían sido "fuertes opositores a la guerra".

El razonamiento de la elite y las actitudes que lo acompañan conllevan hoy pocos cambios. Y a pesar de que las críticas a la guerra de Irak son mucho mayores y extendidas que en el caso de Vietnam en cualquier etapa comparable, los principios que articuló Schlesinger siguen vigentes. Y él mismo ha tomado una posición muy diferente ante la invasión de Irak. Cuando las bombas comenzaron a caer sobre Bagdad escribió que las políticas de Bush son "alarmantemente similares a la política que aplicó el Japón imperial en Pearl Harbor, en un fecha que, como dijo un anterior Presidente estadounidense, perdurará en la infamia.

Franklin D. Roosevelt tenía razón, pero hoy somos nosotros los que vivimos en la infamia". Que Irak es "una tierra en ruinas" no está en cuestión. Recientemente la agencia británica Oxford Research Business actualizó su estimación de muertes adicionales causadas por la guerra en 1,03 millones, excluyendo a Karbala y Anbar, dos de las peores regiones. Sea correcta esa estimación, o exagerada, según algunos, no hay duda de que el balance es horrendo. Varios millones de personas se encuentran internamente desplazadas.

Gracias a la generosidad de Jordania y Siria, los millones de refugiados que huyen del colapso de Irak, incluyendo a la mayoría profesional, no han sido simplemente exterminados. Pero esa acogida se debilita porque Jordania y Siria no reciben ningún apoyo significativo por parte de los autores de los crímenes en Washington y Londres; la idea de que ellos puedan admitir esas víctimas, más allá de casos puntuales, es demasiado estrafalaria para ser considerada. La guerra sectaria ha devastado a Irak. Bagdad y otras áreas han sido sometidas a una limpieza étnica brutal y dejadas en manos de señores de la guerra y milicias, la primera carta de la actual estrategia de contrainsurgencia desarrollada por el general Petraeus.

Uno de los más informados periodistas que se han adentrado en la chocante tragedia, Nir Rosen, publicó recientemente un epitafio, "La muerte de Irak", en "Current History". Escribe Rosen: "Irak ha sido asesinado, para nunca más levantarse. La ocupación estadounidense ha sido más desastrosa que la de los mongoles, que saquearon Bagdad en el siglo XIII", percepción común de los iraquíes. "Sólo los tontos hablan ahora de ‘soluciones’. No hay solución. La única esperanza es que tal vez el daño pueda limitarse".

Independiente a la catástrofe, Irak sigue siendo un tema marginal en la campaña presidencial. Eso es natural, dado el espectro halcón-paloma de la opinión elitista. Las palomas liberales adhieren a su razonamiento y actitudes tradicionales, rezando por que los halcones tengan la razón, EEUU obtenga una victoria e imponga "estabilidad", palabra código para la subordinación a la voluntad de Washington.

Los halcones son alentados y las palomas silenciadas con entusiastas informes sobre menores bajas tras el incremento de tropas. En diciembre, el Pentágono difundió "buenas noticias" sobre Irak: un estudio mostraba que los iraquíes tienen "opiniones mezcladas", por lo que la reconciliación debería ser posible. Las opiniones eran dos. Primero, que la invasión de EEUU es la causa de la violencia sectaria que ha hecho trizas a Irak. Segundo, que los invasores debieran retirarse.

Unas pocas semanas después del informe del Pentágono, el experto militar en Irak de "The New York Times", Michael R. Gordon, escribió un análisis razonado sobre las opciones respecto a Irak que enfrentan los candidatos presidenciales. Hay una voz que falta en el debate: la de los iraquíes. Más bien, no es digna de mencionar.

Y parece que a nadie le importa. Eso tiene sentido en la habitual presunción tácita de casi todos los discursos sobre política internacional: somos dueños del mundo, ¿qué importa entonces lo que otros piensen? Son "no-personas", por tomar prestado el término usado por el historiador británico Mark Curtis en su trabajo sobre los crímenes imperiales de Gran Bretaña. Por rutina, los estadounidenses se unen a los iraquíes en ser no-personas. Tampoco sus preferencias brindan opciones.

Jorge Guinzburg

jorge guinzburg, una figura irrepetible del medio argentino

jorge guinzburg, una figura irrepetible del medio argentino

Mucho más que un bigote célebre

El 12 de marzo de 2008 quedará en la memoria colectiva como una de esas fechas que nadie olvida, en la que todos recuerdan qué estaban haciendo al enterarse de su muerte: otra demostración de la marca registrada que dejó Guinzburg.


Su carrera comenzó en la publicidad y el humorismo gráfico y se desarrolló en la pantalla chica y frente al micrófono.
Imagen: Guadalupe Lombardo
Subnotas

Gracias, Jorge
Otras voces
“Yo pasé por todos los públicos”

[

Por Emanuel Respighi

Tal vez sea ese poco más de metro y medio de altura que la naturaleza le ofreció como coraza para enfrentar las vicisitudes de la vida lo que lo llevó a convertirse en un experto en el arte de la palabra. Lejos de que su pequeña contextura física se convirtiera en una limitación, Jorge Guinzburg supo desde adolescente que la única manera de hacerse grande era sacando afuera todo el exquisito, sensible y sobre todo gracioso mundo interior que conservaba dentro de aquel frasco chico que parecía inmovilizarlo. Y vaya si lo logró: a fuerza de una fina mirada sobre la realidad y una enorme capacidad para el humor repentino, Guinzburg fue una de esas pocas personas con la facultad de hacer reír a la señora de alta sociedad, el jubilado de barrio, la adolescente moderna y hasta el niño más ingenuo. Un pequeño gigante de la radio, la televisión y la gráfica que murió ayer a los 59 años, a raíz de una infección pulmonar de larga data que había recrudecido en los últimos días.

El 12 de marzo de 2008 quedará en la memoria colectiva como la fecha de una de esas muertes en la que todo el mundo recuerda qué era lo que estaba haciendo al momento de conocer la noticia, aun con el paso del tiempo y la pérdida de la memoria que traen los años. Es que Guinzburg –como Alberto Olmedo, Juan Carlos Altavista o Roberto Fontanarrosa, otros grandes humoristas que se fueron más pronto que tarde– alcanzó a ocupar un lugar importante en la cultura popular argentina de las últimas décadas. Su fino poder de observación sobre la realidad y su enorme talento para hacer reír –como guionista, actor o conductor– lo llevaron a conformar un estilo único, reconocido y admirado por propios y extraños.

Arropado con un gran sentido del humor, que salvo excepciones vencía la dureza de su carácter a la hora de trabajar, Guinzburg manejaba a la perfección el don de la ironía para abordar la realidad y satirizarla, sin llegar a frivolizarla. Porque si bien hizo del humor una forma de vida (o un mecanismo para enfrentarla), no dejaba nunca que su facilidad para el chiste repentino lo hiciera pasarse de la raya. Aunque no lo pareciera por el clima que se vivía en sus programas (desde En ayunas, El ventilador o Vitamina G en radio, hasta La noticia rebelde, La Biblia y el calefón o Mañanas informales), Guinzburg sabía perfectamente cuál era el límite para el humor. Esa virtud, conjugada con la credibilidad y la independencia de opinión que construyó a lo largo de su trayectoria, le hizo ganar el respeto de todos. No sólo fue el interés de la audiencia lo que hizo que ayer todos los canales de aire y las señales informativas nacionales de cable transmitieran con pesar la noticia a lo largo de todo el día.


El preguntón

Antes de convertirse en un gran entrevistador, talentoso como pocos para pasar de la faceta más frívola de quien tuviera enfrente a hacerle confesar aspectos desconocidos de su intimidad, Guinzburg intentó –en vano– convertirse en abogado en la Facultad de Derecho. Pero su sueño duró poco y dejó abogacía ante el aburrimiento que les provocaba a él y a su amigo y compañero Carlos Abrevaya la carrera que equívocamente habían elegido. Luego de cursar el Profesorado de Arte Dramático, mientras ejercitaba el oficio de parlar a bordo de un taxi con el que se ganaba la vida, el petiso hizo su ingreso a los medios en 1971, cuando se enteró de que Juan Carlos Mareco andaba buscando un libretista para Pinocheando por Rivadavia, el ciclo radial que conducía. Esa carta de presentación, con Abrevaya como coequiper, fue el primer paso para que la dupla llegara como guionistas de humor a Fontana show, el programa más escuchado de la radiofonía por aquellos años.

Su oficio para el humor lo llevó a ser convocado para trabajar en Satiricón, en donde terminó de instalarse en el medio periodístico con reportajes que combinaban desparpajo y profundidad. La apertura democrática lo encontró al frente de varios programas de radio, entre ellos En ayunas, Despabilándose con Jorge Guinzburg, El día menos pensado y El ventilador, probablemente el ciclo más recordado en el éter, acompañado por Carlos Ulanovsky y Adolfo Castelo, entre otros. Su última incursión radial fue hace un par de años, cuando encabezó en Radio Mitre Vitamina G.

Pero el lugar en el que el petiso iba a terminar de mostrar todo su talento e inteligencia para cruzar el humor y el periodismo iba a ser el televisivo, el medio que más tarde lo adoptó y en el que más huella dejó a lo largo de su prolífica carrera. Su debut en la pantalla chica no iba a pasar inadvertido para la historia del medio: junto a Abrevaya, Adolfo Castelo y Raúl Becerra, Guinzburg instaló definitivamente el humor político en la televisión con el recordado La noticia rebelde, en 1986. El ciclo de ATC, que perfeccionaba el abordaje de la realidad esbozado en 1982 por Semanario insólito, se convertiría en un fenómeno de la época con filosas entrevistas a políticos y secciones como “Pasando revista”, donde analizaban con humor las contradicciones de la prensa escrita. La noticia rebelde marcó un antes y un después en la TV local, a la vez que fue el primer antecedente del ingreso definitivo a la arena mediática de los políticos, quienes se exponían con gusto a La pregunta para romper el cubito, aun cuando la mayoría no salía bien parado de ella.

En 1988, tras el alejamiento de La noticia..., Guinzburg insistió con el periodismo televisivo signado por el humor con Sin red (El show de los enanos malditos), acompañado por un equipo en el que estaban Los Vergara, Pipo Cipollatti, Daniel Dátola y Becerra, entre otros. El ciclo, que paradójicamente le ganaba en su franja horaria a un remozado La noticia..., sin embargo iba a levantarse del 13 a los pocos meses, no sin sospechas de censura. Como una forma de seguir trabajando, ese mismo año Guinzburg y Becerra encabezaron La casita del placer Hitachi, una suerte de game show que duró poco y nada en ATC.


Risas en el living

Alejándose del periodismo, pero no de la sátira, en 1990 Guinzburg volvió a renovar la TV con Peor es nada, el programa de humor en el que escribía los guiones y componía toda clase de personajes. Marcando el debut televisivo del músico Horacio Fontova, con las participaciones de Ana Acosta y Claudia Fontán, Peor es nada se transformó en un éxito durante cinco temporadas, con una galería de sketches que parodiaban programas y personajes del momento. Aún hoy se recuerdan creaciones como El club dos con cincuenta, La bola está de fiesta, Póntelo, Pónselo, Los garfios mágicos y Detorpes en acción, todos creados por Guinzburg. Además, el petiso se daba el gusto de darle cierto lugar a su faceta como periodista, entrevistando a diferentes personalidades de la cultura, el espectáculo y la política nacional. “¿Cómo fue tu primera vez?”, una pregunta que hoy parece tan ingenua pero que para entonces era transgresora, se convirtió en parte de la agenda nacional del día después de la emisión de Peor es nada.

Tras el éxito y la exposición de Peor es nada, que incluso recibió una querella del Ejército por el sketch Kuwait, primer pelotón argentino, Guinzburg decide desandar otros caminos y bajar el perfil. Así, el conductor ingresó a TN con un ciclo de reportajes (Ilustres y desconocidos) y años más tarde escribió los libros de No todo es noticia, una telecomedia “distinta” en la que Luisina Brando interpretaba a una conductora de un noticiero de TV agobiada por su trabajo. Recién en 1995 Guinzburg retornó a las grandes ligas televisivas con el fallido Buenos muchachos, una especie de magazine en Canal 9 con Castelo, Fontova, Elizabeth Vernaci y el debut de Matías Martin.

Tras hacer sin gran repercusión Tres tristes tigres en el 13 con los ex Midachi Dady Brieva y Chino Volpato, Guinzburg volvió a dar en la tecla televisiva cuando en 1998 crea La Biblia y el calefón, a la vez que abre su propia productora. El ciclo, que comenzó en América TV y tuvo una segunda etapa en el 13, no era muy diferente a otros programas en los que se entrevista a famosos. Sin embargo, el talento para la repentización de Guinzburg y el clima que armaba en el piso, hizo de esa fórmula tan transitada en la TV un espacio único en el que confesaron sus cosas más íntimas buena parte de los artistas nacionales. Aun sabiendo que los iba a poner incómodos, todos se sometían a los reportajes de Guinzburg, quien podía preguntar lo que quería porque no tenía otras intenciones más allá de su propia inquietud. La Biblia... tuvo una última temporada este verano y, paradójicamente, probablemente haya sido la mejor.

La misma idea de “tratar de hacer algo nuevo” que signó su trayectoria lo llevó, en 2005, a recuperar las mañanas televisivas con Mañanas informales, un magazine en el que vovió a aplicar su fórmula televisiva: armar un equipo de profesionales que tuvieran química en cámara para divertir a la gente, pero que poseyeran pensamientos heterogéneos para enriquecer los debates. Así, con su última criatura televisiva, que el lunes retorna al 13, Guinzburg volvió a demostrar que el humor y la reflexión pueden ir de la mano. Sin perder la rigurosidad periodística ni el oportuno humor que el petiso mantuvo hasta sus últimas apariciones en la pantalla.

No fue casual: ayer, una enorme cantidad de personajes del mundo del espectáculo quiso decir algo, hacer catarsis. Y todos coincidían en el mismo concepto: lo vamos a extrañar, no habrá otro igual. Imposible terminar estas líneas de otra manera.

miércoles, 12 de marzo de 2008

La depresión podría diagnosticarse a través de un simple análisis de sangre

La depresión podría diagnosticarse a través de un simple análisis de sangre

05:30Especialistas estadounidenses de Chicago identificaron una proteína en el cerebro que podría servir como indicio biológico de ese trastorno. Creen que permitiría predecir la eficacia de tratamientos con antidepresivos. El trastorno de la depresión podría diagnosticarse mediante una simple muestra de sangre, según un estudio publicado por especialistas estadounidenses de la Universidad de Illinois, Chicago.

Los investigadores identificaron una proteína en el cerebro que podría servir de marcador biológico de la enfermedad, explica el estudio publicado en la revista especializada Journal of Neuroscience.

"Este análisis podría permitir predecir rápidamente la eficacia de la terapia con antidepresivos, en un período de cuatro a cinco días, evitando una larga espera de un mes o más para determinar el tratamiento adecuado", aseguró el autor principal del estudio, Mark Rasenick de la Universidad de Illinois.

Los investigadores estudiaron los cerebros de 16 pacientes depresivos y suicidas y los compararon con cerebros de personas fallecidas sin historia médica psiquiátrica. El estudio determinó que en los pacientes depresivos la proteína Gs alfa es mayor en las células del cerebro llamadas "plataformas lipídicas".

"Estas 'plataformas' son espesas, viscosas, casi pegajosas, y facilitan o impiden la comunicación entre las moléculas de la membrana", explicó Rasenick.

Cuando esta proteína se queda atrapada en las "plataformas lipídicas", su capacidad de activar los neurotransmisores se reduce. "Los antidepresivos ayudan a desplazar la Gs alfa al exterior de las plataformas y facilitar la acción de algunos neurotransmisores", precisó.

Mientras que los antidepresivos requieren un mes para ser efectivos, los investigadores han establecido que un cambio podía observarse en las células sanguíneas en sólo cuatro o cinco días.



Tam

domingo, 9 de marzo de 2008

De levante con el fotolog

De levante con el fotolog

Miles de adolescentes tienen su propio lugar en Internet, en el que publican sus fotos y reciben comentarios. Ahora, muchos de ellos los utilizan también para encontrar pareja. Aquí, los fotologueros explican los “beneficios” de ese método.

Subnotas

“Los adultos son tecnófobos”
“Es una mediación más”



La cantidad de piel mostrada por los adolescentes en sus fotologs es directamente proporcional al número de posts que recibirán. Los sitios personales gratuitos donde pueden subirse fotos y recibir mensajes de otros usuarios de la red se volvieron masivos entre los adolescentes hace ya un tiempo. Ahora, la novedad es un fenómeno aún incipiente: la utilización del contacto en los fotologs para conseguir sexo. Es un grupo entre los miles de usuarios, pero son cada vez más los que se acoplan a esta tendencia mediante comentarios osados y fotos al borde de lo permitido por el “código de convivencia” del sitio. El camino se torna cada vez más común y tiene tres etapas: un post, un chat y a la cama.

Fotolog.com nació como una red de 200 amigos universitarios que compartían fotos de sus vacaciones y celebraciones a sus conocidos. En 2002 la abrieron y a partir de entonces, los ajenos a aquel grupo primigenio comenzaron a participar. Nacieron los fotologueros o floggers, que comenzaron su uso de Fotolog.com haciendo gala de esa idea de “compartir fotos con familiares y amigos” y luego se volcaron cada vez más hacia la exposición sensual. La tendencia no es adjudicable a todo flogger que ande suelto, pero lo cierto es que los nuevos fotologs están cada vez más cerca de esta radicalización que de aquella red de fotos “apta para todo público” del dúo Heiferman-Seifer, creador del sitio.

La tendencia ocurre a la vista de todos, y en ese sentido, el coqueteo vía comentarios es una práctica con una exposición mayor a su predecesor y coetáneo “chamuyo por MSN”. El mensaje que uno deja en un fotolog ajeno puede ser leído hasta por 15 millones de usuarios, de los cuales 450 mil son argentinos, la segunda nacionalidad más común en América latina detrás de los chilenos. En realidad, puede ser visto por cualquiera con acceso a Internet.

Se calcula que existen dos fotologueras por cada fotologuero, pero esa superpoblación de escotes por sobre los abdominales –los dos objetivos fotográficos más comunes que se suben a los fotologs– se suple porque ellas están más lanzadas. Mariela explica a Página/12 cómo funciona el levante vía flog: “Si alguien me cabe, le dejo un post provocativo. Tipo ‘hola, esa foto me excita. ¡Ay esa boca, agregá mi MSN!’. Siguiente paso, el chat por MSN. Me calienta crear fantasías con esa persona y si con palabras y fotos logra excitarme, el encuentro es factible”, revela. Según precisa esta adolescente de 16 años de Avellaneda, tuvo relaciones con 17 chicos floggers. Con diez de ellos tuvo relaciones en su primera cita.

Florencia, que tiene 17 y es de Ramos Mejía, justifica la práctica al decir que “lo bueno de los fotologueros es que son más directos con lo que quieren, mucho menos tímidos, más rápidos para decir las cosas, y que hay una posibilidad de conocer gente muy rápido”. Aún prefiere el levante cara a cara, pero no se privó de “curtir con tres chicos y dos chicas bi” que conoció por esta vía. En cambio, para Clara, también de Ramos Mejía pero de 23, el “gustito” de conocer fotologueros le viene por el lado de la simplicidad: “Limita el margen de error de toparse con alguien que no sirve, un miedo muy común en nosotras, porque concurrir a su fotolog es como conocerlo de antemano”, sostiene convencida esta joven, que tuvo a cinco fotologueros en su cama y mantuvo noviazgos “serios” con otros dos.

–¿Se puede conocer a una persona visitando su sitio?

–Aprendés a leer a una persona a través de sus gustos, sus fotos y por los textos que sube. Pero apoyás eso con charlas por MSN, mensajes de texto y fotos compartidas. Chateo un mes antes de decidir estar con un flogger.

Para la sexóloga Virginia Martínez Verdier, “estos chicos no precisan salir a bailar; simplemente hacen una preselección y averiguan lo que les interesa del que les gusta. Es un tipo de mediación tan válido como lo es que un amigo te presente a alguien o la mediación del cuerpo y la ciudad en el levante callejero”. Lo alarmante, aclara, ocurre cuando “se desvirtúa el encuentro y el cuerpo se convierte en mero objeto sexual”. No obstante, resalta que “sigue siendo una herramienta alternativa y muy interesante para chicos con problemas para relacionarse con otros”.

Enseguida aparece otro problema: que los pormenores de un encuentro terminen diseminados en la red. Haber tenido “malas experiencias” en ese sentido es la razón que frenó a Julieta tras dos encuentros: “Me da miedo y vergüenza de que publiquen algo, porque yo soy muy reservada”, confiesa esta veinteañera de Ramos Mejía, una de las zonas más propicias a sumarse al fotolog. Algo similar le pasó a Fernanda, que tiene 19 años y es de Berazategui. Uno de los cinco floggers con los que se relacionó iba al mismo secundario que ella, pero nunca habían cruzado palabra. Hasta que intercambiaron posts y, a las dos semanas, se cruzaron en la cama. “Se acabó porque me enteré de que él le contaba a sus compañeros de curso todo lo que hacíamos”, revela.

Sergio Balandrini, sociólogo especializado en juventud y tecnología, observa que “los chicos tienen una concepción muy diferente de lo que puede ser lo privado o lo íntimo a la de los adultos. Ellos cuentan lo que quieren y el planeta puede ver lo que han escrito. No lo considero algo malo, pero los chicos no tienen en claro la extensión en tiempo y espacio que puede tener lo que dicen”, explica.


El separatismo

La necesidad de conocer previamente al otro mediante el fotolog llega en algunos casos al extremo de negarse a una relación con alguien que no es de la tribu. Ocurre sobre todo con las chicas. Ellas pertenecerían, de existir, a la República Separatista de Fotolog. Para muchas, “el que no tiene flog no existe”. “No importa si es el más lindo”, dice Antonella, que tiene 18.

Martínez Verdier lo analiza así: “Funcionan como un clan, donde aquel que comparte el código es deseable y valioso. Pero en realidad, no es un enriquecimiento en el sentido de llegar a otro con el que se tiene algo en común, sino el empobrecimiento de cerrarse a lo distinto”. Ellos parecen ser más flexibles. “Todos los goles valen uno”, ilustra Pedro, que tiene 27, vive en Caballito y ya anotó doce tantos por esta vía. Los fotologueros varones consultados coinciden en que no están buscando “sobresalir en este medio como ellas, las chicas”. Sólo expanden su campo de acción. “Le doy a la más linda, venga de donde venga”, reconoce Billordo, un músico de Palermo que tiene 31 años y un “extenso prontuario” en el ramo.

Sebastián y Martín tienen 21 y están en una fiesta habitualmente concurridas por floggers. Trago en mano, miran a un grupo de fotologueras adolescentes que bailan al compás del reggaetón. Ellos no usan fotolog. Por eso saben que sus chances vienen reducidas. “¿Ves los flashes y a las minas posando? Son todas del fotolog y no te dan bola si vos no tenés”, explican. De todos modos, se lanzan al ataque. Minutos después, están de nuevo en la barra, solos.

–¿Qué pasó?

–Nada, qué va a pasar. Me acerqué, le empecé a hablar y me cortó el mambo preguntándome si tenía fotolog. Dije que no y no me habló más. Como siga esta sequía nos vamos a tener que abrir uno.


El fotogold

Fernando y sus compañeros de banda son fotologueros. De hecho, el tecladista está de novio con una chica que conoció por fotolog. No obstante, Fernando critica que se entienda la música y el fotolog como instrumentos de levante: “Muchas bandas usamos fotologs para publicitar nuestras fechas y canciones, y otras para levantar minas. Me parece tan triste como el que escribe o actúa para ponerla, pero depende del nivel de caretaje que uno tenga”.

Otro que aparece entre los más codiciados es el goldmember: chicos que pagan –en realidad, sus padres– para subir más fotos y tener más posts. El abono permite derechos extra, tan exclusivos como que su sitio se sindique con una cámara digital dorada, que distingue al flogger ABC1 del raso. Balardini advierte que “en el submundo de los fotologs, que no es más que una reproducción de lo que sucede en el mundo cotidiano, juega mucho lo popular y lo que hay es una segmentación marcada por ciertas condiciones económicas. Pero además tiene que ver con la construcción de la identidad en base a la visibilidad pública”.


Fotolog, chat,
¿y después?

Los fotologueros consultados reconocieron que se trata de encuentros “fugaces” con “escasa posibilidad” de sostenerse en el tiempo. “No volví a tener contacto íntimo con ninguno con los que estuve, aunque seguimos hablando y dos son hoy mis amigos”, admite Florencia. Julieta se acopla y dice que “se cuentan muchas cosas íntimas al principio para tener tema de conversación, pero después da vergüenza haberlo dicho y hecho”.

Todos reconocen la dificultad de la fidelidad en una red con “demasiada tentación visual”, como señala Julieta. Muchas veces, la tentación no excede un comentario subido de tono o una alabanza al físico de otro, pero ese tipo de “roces con otras fotologueras” fue lo que llevó a Mariela a cortar dos relaciones que había empezado con chicos que conoció por fotolog. Pedro aprovecha para contar que un día una chica se puso “tan pesada” por las cosas que él les posteaba a otras que le hizo una escena “tremenda” y Pedro la terminó echando “a sifonazos” de su casa.

“Durar mucho o poco es una cuestión muy relativa, aunque tenga o no fotolog, aunque la conozcas o no por fotolog, las relaciones durarán lo que tengan que durar. Al final de cuentas, somos seres humanos”, concluye Fernando.

* A pedido de los floggers que brindaron su testimonio, sus nombres fueron cambiados. Las fotos que ilustran estas páginas fueron cedidas para su publicación en este diario por fotologueros que no participaron en esta nota.

Informe: Luis Paz.