(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

sábado, 28 de febrero de 2009

MARCHA MUNDIAL POR LA PAZ

www.marchamundial.org

La Marcha Mundial comenzará en Nueva Zelanda el 2 de octubre de 2009, día aniversario del nacimiento de Gandhi y declarado por la Naciones Unidas día Internacional de la No-Violencia.

Finalizará en la cordillera de Los Andes, en Punta de Vacas al pie del Monte Aconcagua el 2 de enero de 2010. Durante estos 90 días, pasará por más de 90 países y 100 ciudades, en los cinco continentes.

Cubrirá una distancia de 160.000 km por tierra. Algunos tramos se recorrerán por mar y por aire. Pasará por todos los climas y estaciones, desde el verano tórrido de zonas tropicales y el desierto, hasta el invierno siberiano. Las etapas más largas serán la americana y la asiática, ambas de casi un mes. Un equipo base permanente de cien personas de distintas nacionalidades hará el recorrido completo.


Por qué
Porque el hambre en el mundo puede resolverse con el 10% de lo que se gasta en armamento. ¿Podemos imaginar cómo sería si se destinara el 30 o el 50% para mejorar la vida de la gente, en vez de aplicarlo en destrucción?

Porque eliminar las guerras y la violencia representa salir definitivamente de la prehistoria humana y dar un paso de gigante en el camino evolutivo de nuestra especie.

Porque en esta aspiración nos acompaña la fuerza de las voces de cientos de generaciones anteriores, que sufrieron las consecuencias de las guerras, y cuyo eco sigue escuchándose hoy en todos los lugares donde siguen dejando su siniestra estela de muertos, desaparecidos, inválidos, refugiados y desplazados.

Porque un "mundo sin guerras" es una propuesta que abre el futuro y aspira a concretarse en cada rincón del planeta en el que el diálogo vaya sustituyendo a la violencia.

¡Ha llegado el momento de hacer oír la voz de los sin-voz! Millones de seres humanos piden por necesidad que se acaben las guerras y la violencia.

Podemos conseguirlo uniendo todas las fuerzas del pacifismo y de la no-violencia activa del mundo.

Cuándo
Comenzará en Nueva Zelanda el 2 de octubre de 2009, aniversario del nacimiento de Gandhi y declarado por las Naciones Unidas “Día Internacional de la No-Violencia”. Finalizará en la cordillera de Los Andes (Punta de Vacas, Aconcagua, Argentina) el 2 de enero de 2010.

Durará 90 días, tres largos meses de viaje. Pasará por todos los climas y estaciones, desde el verano tórrido de zonas tropicales y desiertos hasta el invierno siberiano.

Quién participa
La marcha es una iniciativa de “Mundo sin guerras, organización internacional que trabaja desde hace 15 años en el campo del pacifismo y la no-violencia.

Sin embargo, la Marcha Mundial se construirá entre todos. Está abierta a la participación de toda persona, organización, colectivo, grupo, partido político, empresa, etc., que comparta la sensibilidad de este proyecto. Así pues, no se trata de algo cerrado, sino de un recorrido que se irá enriqueciendo gracias a las actividades que se pongan en marcha según las distintas iniciativas.

Por eso invitamos a la participación activa, a que cada cual aporte su creatividad al paso de la MM por cada lugar, en una convergencia de múltiples actividades con cabida de todo aquello que la imaginación sea capaz de concebir.

Los canales de participación son múltiples, destacando la participación virtual en la MM a través de Internet.

Es una marcha de la gente y para la gente, que pretende llegar a la mayoría de la población mundial. Por esto se convoca a todos los medios de comunicación para que difundan esta vuelta al mundo por la Paz y la No-violencia.

Qué se va a hacer
A su paso por las ciudades se realizarán todo tipo de foros, encuentros, festivales, conferencias y eventos (deportivos, culturales, sociales, musicales, artísticos, educativos, etc.), que se irán organizando según surjan iniciativas en cada lugar.

En estos momentos se cuenta ya con cientos de proyectos que personas y organizaciones han puesto en marcha.

Para qué
Para denunciar la peligrosa situación mundial que nos está llevando hacia las guerras con armamento nuclear, un callejón sin salida y la mayor catástrofe humana de la historia.

Para dar voz a la mayoría de los ciudadanos del mundo que no están a favor de las guerras ni de la carrera de armamento. Todos sufrimos las consecuencias de la manipulación de unos pocos porque no damos una señal unida. Es hora de que cada uno muestre su postura, su rechazo.

¡Une tu señal a la de muchos otros y tu voz tendrá que ser escuchada!

Para lograr: la desaparición de las armas nucleares; la reducción progresiva proporcional de armamento; la firma de tratados de no agresión entre países; la renuncia de los gobiernos a utilizar la guerras como medio para resolver conflictos.

Para poner en evidencia otras múltiples formas de violencia (económica, racial, sexual, religiosa…) escondidas o disfrazadas por los que las provocan, y para proporcionar a quienes las sufren un cauce para hacerse escuchar.

Para, de la misma manera que ha sucedido con la ecología, crear conciencia global de la necesidad de una verdadera Paz y de repudio hacia todo tipo de violencia.

¿El que mata tiene que morir?

¿El que mata tiene que morir?


Por Sandra Russo

Con anteojos negros, visiblemente afectada por la muerte de su colaborador, sacada por el dolor, o más bien escudada en el dolor por el crimen brutal del que fue víctima Gustavo Daniel Lanzavecchia, de 32 años, en Lomas del Mirador, Susana Giménez habló. Un aviso clasificado para vender un VW Bora, que desapareció del lugar, habría sido el detonante de un asalto que terminó en asesinato. Un policía, Alejandro Alvarez Auer, aparentemente un casual interesado en el auto, fue acuchillado por tres hombres que llegaron y mataron a Lanzavecchia, cuyo cadáver apareció en la pileta de la casa. Las dos víctimas estaban amordazadas.

Susana Giménez, recién llegada de Miami, convocó a la prensa en la puerta de su casa de Barrio Parque. Sin embargo, lo que tenía para decir iba más allá de ese dolor. “El que mata tiene que morir, y basta de los derechos humanos y esas estupideces”, dijo. Y repitió tres veces: “El que mata tiene que morir”. Y también dijo: “Y basta con que son menores”. Y: “Yo soy pueblo”. Y: “Como pueblo tenemos que hacer algo. Y si no lo hace el gobierno, lo tenemos que hacer nosotros, el pueblo”, dijo. ¿Hacer qué?

El dolor de los familiares de las víctimas de los delitos comunes que tienen lugar todos los días o día por medio es entendible. Una madre, un padre, un hermano, los hemos visto y escuchado. Del falso ingeniero Blumberg en adelante o para el costado, han salido en los últimos años muchos pedidores de mano dura, pero nunca de mano tan pero tan dura como la que reclama esta platinada conductora de televisión que hace veinte años conocía a Gustavo Daniel Lanzavecchia, pero recién el año pasado se enteró de su nombre. Lo había nombrado Gustavo Damián, como dijo ella misma, ya perdida en su halo suprahumano de diva televisiva. En esa esfera olímpica, donde viven los dioses y las diosas mediáticos, a los colaboradores se los renombra y se los reinventa. Y se los evoca: “Era un ser maravilloso. Me gustaban unas pastillas de menta y él decía dejá, te las traigo de Uruguay. Era pura bondad”.

A Susana Giménez anoche le temblaba la voz, y era creíble su indignación, su desconsuelo. Pero ni la indignación ni el desconsuelo de una estrella televisiva pueden tapar el peso político de esa conferencia de prensa convocada y del núcleo de su contenido, que evidentemente no fue producto del dolor ni de la sorpresa, sino más bien de una convicción. Porque “el que mata tiene que morir” es una frase terrible, atroz, que no puede ser pasada en limpio como el desahogo de una mujer que vive entre rosas amarillas.

Susana Giménez no es tonta ni nada que se le parezca. Sencillamente es una mujer que sólo se sensibiliza ante dramas que la tocan a ella. Porque si “el que mata tuviera que morir”, en este país hubieran pasado cosas abismalmente horribles, que otros seres tan doloridos, mucho más doloridos que ella, se cuidaron de decir, de pensar, de llevar al acto. “Diabólico”, “repugnante”, fueron los adjetivos que usó Giménez para referirse al crimen, que por cierto tuvo esos ribetes. Lanzavecchia no habría podido impedir el robo del auto. Lo mataron con ese sadismo inexplicable que no puede explicarse, que supera los límites del entendimiento.

Sin embargo, algo hacía falsa escuadra en las declaraciones de Giménez, que repetía ante el nudo de micrófonos: “Durante veinte años vivió para mí”. En este país ha muerto mucha gente que no vivió para Susana Giménez ni mucho menos, y ese pedido afónico de la pena de muerte no pudo sustraerse a un narcisismo incomprensible que va mucho más allá de una conductora de televisión dolorida. Ni la fama ni el éxito ni el rating ni la popularidad son herramientas habilitadoras para decir las cosas brutales que dijo ayer Giménez, una mujer acostumbrada a que tampoco a ella se la llame por su nombre. Es común reemplazar su nombre y apellido por “la diva”. Una diva televisiva no es más que alguien que hace un programa de televisión que mira mucha gente. Eso es todo. El dolor que un crimen le despierte, el dolor por la pérdida de alguien tan querido, el dolor y la impotencia por la muerte de alguien que “vivía para ella” no son excusa para poner en escena la aberrante figura de la pena de muerte. Y muchísimo menos, la habilita a hablar de los derechos humanos como “estupideces”.

“¿De qué tienen miedo? ¿De ser impopulares?”, preguntó la conductora televisiva que construyó su imperio fingiendo no saber que los dinosaurios son fósiles. Esa es su vara. Ni se le ocurre que hay mucha gente que no quiere la pena de muerte por racionalidad y convicción.

viernes, 27 de febrero de 2009

"El futuro de la cultura dependerá de que Internet sea libre y eficiente"

"El futuro de la cultura dependerá de que Internet sea libre y eficiente"

El filósofo analiza la esencia, desarrollo y porvenir de la cultura humana en un nuevo ensayo
EP - Madrid - 27/02/2009

Jesús Mosterín, filósofo y profesor de Filosofía en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desgrana en su último libro, La cultura humana (Espasa), la esencia, el desarrollo, las variedades y tendencias "de esta forma especial de información transmitida por el aprendizaje social que caracteriza a los animales". Para Mosterín, "el ser humano no es el único animal que tiene cultura ya que la tienen todos los animales, salvo los vegetales, y de manera semejante al hombre, los chimpancés y los macacos".

La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
La diferencia entre la cultura de los humanos o "humanes", como los denomina el filósofo, y la del mono estriba en nuestras escasas diferencias como especie, que son que los hombres somos bípedos; que tenemos una pinza de precisión, que nos permite juntar los dedos de la mano para coger, escribir, pintar o teclear; que nuestro cerebro es más grande; y que poseemos un lenguaje recursivo, capaz de realizar un número ilimitado de mensajes".

Además, puntualizó, "a medida que el cerebro humano ha ido evolucionando a lo largo de la historia, la cultura ha dejado de ser estática, y para ser más rica y dinámica". "Nuestro cerebro ha desarrollado un gran número de nuevos circuitos neuronales y ya no sólo poseemos una cultura real en nuestro cerebro sino que poseemos una virtual o cultura dormida, que almacenamos en lugares externos como libros o CD, que despierta cuando entra en contacto con nuestro cerebro".

"La cultura es terrorismo, fumar o comer"

"La cultura no tiene por qué ir asociada a valores positivos", defendió Mosterín quien consideró que "cosas tan poco finas como el terrorismo suicida o la minería de carbón son tan cultura como lo puede ser fumar o comer o dejar de hacerlo o vestirse de una manera determinada". Y añade: "La cultura no son sólo las actividades que se citan en los suplementos culturales, subvencionadas por consejerías de cultura , como recitales y exposiciones, sino es todo aquello que necesitamos aprender porque no queda inscrito en nuestro genes", explicó.

Por eso, según el autor, un antisemita no lo es por naturaleza, ha tenido que adquirir esos rasgos culturales o memes, según los llama en su libro. De ahí, la importancia de la educación, una fuente fundamental de transmisión de la cultura. Pero, para Mosterín, "los sistemas educativos actuales tienen mucho de lavado de cerebro" ya que distintas fuerzas, como los Estados, las comunidades autónomas, los sindicatos, o las diferentes iglesias tratan de hacerse con su control y dominarlo.

Internet libre y eficiente

"Internet es la salvación a este intento de control de la cultura, por ser un espacio libre de presiones e intereses de cualquier tipo", sentenció el autor quien llegó a afirmar que "el desarrollo cultural e intelectual y el futuro de la cultura dependerán, en gran medida, de que Internet funcione de modo libre y eficiente". Otra de las máximas que Mosterín defiende es que "la globalización cultural es un hecho inevitable". "El ser humano ha ido teniendo cada vez más libertad y facilidad de transporte y eso le permite absorber rasgos culturales muy diversos", comentó.

La cultura humana se dirige, sobre todo, a un lector culto, curioso y despierto que se hace preguntas sobre la cultura, pero también a los estudiantes de filosofía, antropología, psicología, primatología. "Aunque tampoco estaría de más que lo leyesen gestores de instituciones culturales, en el sentido estrecho del apelativo, así como los periodistas, por si pudiese arrojarles alguna luz en su quehacer", concluyó.

jueves, 26 de febrero de 2009

Robert Fisk sobre Gaza y los medios de información

Robert Fisk sobre Gaza y los medios de información

Stefan Christoff
Rabble/ICH

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

La información independiente desde las primeras líneas de fuego de la guerra es un grado de compromiso cada vez más raro de periodistas que trabajan para importantes medios noticiosos internacionales. De Iraq a Afganistán, los periodistas están cada vez más empotrados con las fuerzas militares occidentales, y operan sin independencia.

Cuando las fuerzas armadas israelíes lanzaron una invasión a la Franja de Gaza, prohibieron el ingreso de periodistas internacionales al territorio durante la mayor parte del conflicto, a pesar de un dictamen de la Corte Suprema israelí que llamaba al gobierno a permitir reporteros internacionales en el territorio. Los principales medios noticiosos internacionales, incluidos CNN y la BBC, terminaron por informar desde las cumbres de colinas en territorio controlado por Israel, a kilómetros del verdadero conflicto.

El periodista británico Robert Fisk ha presentado informes intensamente independientes sobre los conflictos en todo Oriente Próximo durante décadas. Estacionado en Beirut en el Líbano, Fisk informa para el periódico Independent basado en el Reino Unido y es ampliamente leído en todo el mundo. Fisk habló con el activista y periodista comunitario, Stefan Christoff, sobre la reacción de los medios en la reciente guerra contra Gaza.

Stefan Christoff: A menudo no se incluye el contexto histórico en los informes diarios sobre Oriente Próximo. ¿Podría darnos algunas perspectivas históricas para la reciente guerra en Gaza?

Robert Fisk: En 1948, cuando los palestinos huyeron o fueron expulsados de sus casas – 750.000 es la cifra ampliamente aceptada – aquellos en el norte del área de Galilea de lo que se convirtió en Israel huyeron hacia el Líbano, los del área de Jerusalén huyeron hacia el este a lo que ahora llamamos Cisjordania y los del sur huyeron a lo que ahora llamamos Franja de Gaza.

Por ejemplo, en 2000, después que los israelíes terminaron su retirada final después de 22 años de ocupación y cruzaron la frontera de vuelta hacia Israel, muchos palestinos en el Líbano fueron a la frontera y miraron al otro lado, no porque estuvieran mirando hacia el norte de Israel sino porque estaban mirando a la parte norte de Palestina como la habían conocido – algunos pudieron efectivamente ver las aldeas de las que habían venido sus padres o abuelos en 1948.

De modo que existe toda esta Diáspora alrededor del Estado de Israel que no puede volver a casa porque su casa se encuentra al otro lado de la frontera. Esta realidad tiene que ver con todo el tema de la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU sobre el derecho al retorno, [que estipula que] esos refugiados palestinos tienen derecho al retorno a sus hogares.

Bastante más de la mitad de la gente que vive en Gaza pertenece a familias, sobrevivientes o descendientes de palestinos que vivían a sólo 16 o 19 kilómetros dentro de lo que ahora es Israel. De modo que cuando se oye a los israelíes diciendo que los terroristas disparan cohetes hacia Israel, los palestinos en Gaza pueden decir en muchos casos: ‘Bueno, mi nieto dispara un cohete hacia mi ciudad, porque antes de 1948 esas áreas eran de propiedad palestina.’

SC: ¿Puede hablarnos de sus percepciones de la cobertura en los medios sobre la última guerra en Gaza?

RF: Ocurrieron dos cosas. Primero, la prensa internacional dejó un margen para su propia humillación: Israel dijo a la prensa que no podía ir a Gaza y los medios realmente no trataron de hacerlo, así que la prensa se quedó fuera de Gaza y pontificó desde tres kilómetros de distancia. Israel quería mantener a la prensa internacional fuera de Gaza y la mantuvo, y eso es todo.

Es instructivo señalar que ningún medio occidental importante tenía un periodista basado dentro de Gaza al comenzar el ataque. Evidentemente, después del secuestro de un reportero de la BBC, que estaba basado en Gaza, no es sorprendente que las agencias noticiosas internacionales hayan dudado antes de enviar periodistas al lugar. Sin embargo, también es instructivo señalar que fue el gobierno de Hamás el que hizo que liberaran al periodista de la BCC, lo que ahora no mencionan a menudo.

SC: ¿Así que qué efecto más amplio tuvieron los periodistas que quedaban en Gaza sobre los medios occidentales?

RF: Ante el hecho de que los únicos periodistas que quedaban dentro de Gaza eran periodistas palestinos, las principales redes se vieron obligadas a poner sus reportajes en manos de árabes palestinos, que en muchos casos eran refugiados dentro de Gaza. Eso significa que había reporteros palestinos en el terreno que hablaban sobre su propia gente, sin trabas de periodistas occidentales que los interrogaran o que trataran de colocar un 50% de la historia de una parte y un 50% de la historia de la otra.

Al Jazeera emergió como héroes del periodismo porque tuvieron su servicio internacional, su servicio inglés y también su servicio árabe operacionales en todos los aspectos desde oficinas dentro de Gaza. Palestinos individuales que trabajan para organizaciones noticiosas occidentales mostraron que podían ser periodistas competentes, y la imagen de los periodistas occidentales clavados fuera de Gaza fue tan patética como lo que es crecientemente su información sobre Oriente Próximo.

Los periodistas palestinos contaban sus propias historias, en el caso del reportero palestino [del Independent] dentro de Gaza, su padre fue muerto en un ataque aéreo, su padre, partidario de la Autoridad Palestina, anglófono, un juez muy educado, fue muerto en su huerto. De modo que el Independent tuvo en su primera plana esa terrible y trágica historia de ese hombre inocente, atomizado en trozos de carne por un ataque aéreo israelí en su huerto, una historia sobre la que informó su propio hijo en nuestro periódico.

Ese fue el tipo de periodismo desde Palestina que no habíamos visto en los principales periódicos [occidentales], de modo que hubo un aspecto positivo en el hecho de que la prensa [internacional] fuera excluida de Gaza. Sin embargo, el trabajo de los periodistas internacionales fue verdaderamente patético.

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Stefan Christoff es organizador y periodista comunitario basado en Montreal.

http://informationclearinghouse.info/article22094.htm

www.rebelion.org

martes, 24 de febrero de 2009

La Corte declaró inconstitucional la "Ley espía"

La Corte declaró inconstitucional la "Ley espía"

La Corte Suprema dictó la inconstitucionalidad de la llamada "Ley espía", que autorizaba la intervención de las comunicaciones telefónicas y por internet, con la obligación de las empresas de preservar durante 10 años la información sobre las comunicaciones de los usuarios.

Sancionada en 2003, el ex presidente Néstor Kirchner decidió suspenderla -aunque no derogarla- en 2005, pero el Estado Nacional siguió apelando en todas las instancias los fallos de la justicia contrarios a la norma.

El Máximo Tribunal creó a partir de este fallo las "acciones colectivas", lo que supone que cuando un derecho extrapatrimonial (honor, privacidad, libertad) esté afectado, el fallo final incluya a todos los involucrados, quienes evitarán así iniciar un juicio individual.

lunes, 23 de febrero de 2009

La religión como manipulación política

La religión como manipulación política


Raúl Cazal
Le Monde Diplomatique

Escritores e intelectuales europeos preocupados por la indolencia de la opinión pública internacional ante la masacre perpetrada en Gaza por el ejército israelí publicaron una carta abierta. “No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza”.

Entre los firmantes se encontraba José Saramago, escritor y premio Nobel que cada vez que emite una palabra para criticar a la revolución cubana, inmediatamente tiene una repercusión mundial a través de los medios. Pero esta vez no fue así. Los grandes consorcios de la comunicación ocultaron su contenido y continuaron siendo cómplices del crimen al llamar “conflicto” o “guerra” donde el saldo de muerte mostraba una desproporción comparable a un genocidio.

“El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo”, devela la carta de los intelectuales europeos.

El Estado israelí en 22 días consecutivos asesinó a 1.314 palestinos, de los cuales 416 eran niños y 106 mujeres, mientras que de sus filas tan solo cayeron 13 (10 militares y tres civiles)[1]. Sus fuerzas militares tenían como objetivo las escuelas, hospitales y almacenes de alimentos. Utilizaron bombas de fósforo blanco contraviniendo a la Convención de Ginebra que estableció en 1980 que no puede usarse como arma de guerra en contra de poblaciones civiles.

Los gobiernos de Bolivia y Venezuela rompieron relaciones diplomáticas con el Estado de Israel y los medios de comunicación venezolanos, aliados a la oposición política, inmediatamente reprobaron la medida y empezaron a preparar a la opinión pública para generar la matriz de que el gobierno bolivariano es “antisemita” y su prueba final fue el asalto a la Sinagoga en Caracas, sin heridos ni testigos y a unas pocas semanas del referendo popular sobre la enmienda constitucional. Sin esperar investigaciones se apuntó desde los medios de comunicación a sectores del gobierno, por no decir al gobierno mismo, de realizar un acto censurable desde cualquier punto de vista. Censurable y plagado de puntos oscuros.

Como la estrategia de utilizar la violencia con los “jóvenes manos blancas” no estaba dando resultados, una vez conocidas las encuestas que favorecían a la opción del Sí en el próximo referéndum que se realizará para aprobar o rechazar la enmienda, viraron hacia el tema religioso y los medios renovaron la imagen de víctima de la comunidad judía e inmediatamente aprovecharon la situación y comenzaron a promover manifestaciones para empañar los actos que en febrero se iban a realizar en Venezuela: la celebración de 10 años de revolución bolivariana, el 2 de febrero, y el referendo constitucional, el 15 de este mismo mes.

Es lamentable cómo parte de esta comunidad ha sido manipulada y ha actuado en consecuencia para que los medios de comunicación magnifiquen algo que Venezuela dista mucho de ser: antisemita. Sin embargo, cuando son mencionados para perpetrar un magnicidio, no emiten ninguna declaración, como fue el caso de la incitación de Orlando Urdaneta en entrevista con María Elvira Salazar por un canal televisivo de Miami, en octubre de 2004, dos meses después de que Chávez salió victorioso en el Referendo Revocatorio.

Urdaneta mandó a empresarios que “tienen dinero suficiente para traer a un comando… (israelí, dice Salazar) israelí (confirma Urdaneta), como Dios manda.”[2]

Sobre estas declaraciones para perpetrar un magnicidio y la matanza que se realiza contra el pueblo palestino, la comunidad judía en Caracas se hizo silencio y los medios de comunicación lo acompañaron.

Con esta venda que tiene algunos sectores de la comunidad judía venezolana, muy difícilmente se enterará de que el Estado sionista no representa sus verdaderos intereses y que al final, utiliza los mismos métodos criminales que fueron utilizados contra ellos en diferentes épocas de la historia.


1 Declaración pública del subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, John Holmes, en una rueda de prensa en las Naciones Unidas sobre las cifras de lo sucedido en Gaza. En: Telesur http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/40788-NN/onu-mas-de-mil...
2 “Urdaneta llama a magnicidio desde Miami”, en: RNV http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=2&t=9999

domingo, 22 de febrero de 2009

La expulsión de Williamson "le saca un peso de encima" a la Iglesia

La expulsión de Williamson "le saca un peso de encima" a la Iglesia

La expulsión del obispo británico Richard Williamson, quien tuvo expresiones antisemitas condenadas desde varios sectores, le sacó "un peso de encima" a la Iglesia Católica argentina, expresó el presbítero Guillermo Marcó.


Marcó, responsable para la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires, aseveró que "la opinión de la Iglesia no es la de un cura o la de un obispo suelto" sino que está expresada "a través de sus documentos".

El religioso declaró a Radio 10 que la expulsión del obispo lefevrista "nos saca un problema de encima" y recordó que Williamson "vino a la Argentina sin que nadie lo hubiera invitado" y "lo expulsaron del seminario" de la localidad de La Reja, en el que participaba.

Sobre los dichos de Williamson, quien negó el Holocausto de judíos en la Segunda Guerra, indicó que "en el mundo eclesiástico hay bastante desconocimiento de lo que implica una declaración a los medios" y que "no sé si él pensó cuando hizo estas declaraciones" pero "por cierto revela su pensamiento".

"Es como decir que San Martín no cruzó Los Andes, discutir esto es absolutamente ridículo", sentenció.

Asimismo, consideró que "son varios los puntos sobre los cuales el lefevrismo debería expresarse claramente, porque el resto de los católicos estamos esperando" dichos pronunciamientos.

También aclaró que Williamson "estaba recién reincorporado a la Iglesia" pero que eso no suponía "ningún aval a sus expresiones".

Además, señaló que "el Papa (Benedicto XVI) ha ratificado varias veces cuál es su opinión" sobre el Holocausto, por lo que "debería quedarle más que claro al mundo judío, y no producir hechos desafortunados, que terminan tensando algo que costó mucho, que es la fraternidad" entre ambas religiones.

"Hay que ser muy cuidadoso en estas relaciones", advirtió el presbítero, al referirse a las reacciones en Israel contra el culto católico, como respuesta a las expresiones de Williamson.

Incluso sostuvo que "la comunidad judía tiene que aceptar que, cuando se expresan correctamente, sin agravios ni nada por el estilo, opiniones diferentes sobre cómo se está manejando Israel en la guerra, eso no es ser antisemita".

"El desempeño de Israel, frente a lo que le pasa a los palestinos, para mucha gente reviste características complicadas, y de hecho hay una condena internacional sobre el tema", recordó, sobre el ataque de ese estado sobre la Franja de Gaza.

Al respecto, apuntó que "las bajas en la guerra han sido bastante disímiles: muy pocos muertos de un lado y miles de muertos del otro; y no hay que ignorar que fue justo antes que asumiera (Barack) Obama" la presidencia de los Estados Unidos.

Marcó afirmó que "la comunidad judía en Argentina en definitiva es argentina, (por lo que) las expresiones políticas sobre el pueblo de Israel debería expresarlas la embajada (de ese país), no la comunidad argentina"

sábado, 21 de febrero de 2009

Encarcelar a los niños por dinero

Encarcelar a los niños por dinero
Escuche

Por Amy Goodman

Casi 5.000 niños en Pensilvania fueron hallados culpables, y 2.000 de ellos fueron encarcelados por dos jueces corruptos que recibieron sobornos de empresas constructoras y propietarias de cárceles privadas que se beneficiaron de los encarcelamientos. Ambos jueces se declararon culpables, en un sorprendente caso de avaricia y corrupción que apenas comienza a revelarse. Los jueces Mark A. Ciavarella Jr. y Michael T. Conahan recibieron 2,6 millones de dólares en sobornos por enviar a prisión a niños que, en la mayoría de los casos, no tenían acceso a un abogado. El caso ofrece una mirada extraordinaria a la vergonzosa industria de las cárceles privadas que está floreciendo en Estados Unidos.

Vean por ejemplo la historia de Jamie Quinn. Cuando tenía 14 años de edad, estuvo presa durante casi un año. Jamie, que ahora tiene 18, describió el incidente que causó su encarcelamiento:

“Me puse a discutir con una de mis amigas. Y todo lo que sucedió fue una simple pelea. Ella me dio una bofetada y yo se la devolví. No hubo marcas, ni testigos, nada. Fue solo su palabra contra la mía.”

Jamie fue llevada a una de las dos cárceles polémicas, PA Child Care y luego la pasearon por otros centros carcelarios. Estar en prisión durante 11 meses tuvo un impacto devastador en ella. Me dijo: “La gente me miraba diferente cuando salí, pensaban que era una mala persona, porque había estado en prisión por tanto tiempo. Mi familia comenzó a separarse … porque estaba fuera de casa y me encerraron, y estaba, pensé, ya sabes, que estaba siendo castigada por lo que había hecho, y creo que no debería haber sido así. Aún tengo dificultades en el colegio, porque el sistema escolar en este tipo de centros de detención es espantoso”.

Comenzó a hacerse cortes, y dijo que era resultado de la medicación que le obligaban a tomar: “Nunca estuve deprimida, nunca antes me habían dado medicación. Fui allí, y comenzaron a darme medicación y ni siquiera sabía lo que era. Dijeron que si no la tomaba, no estaba siguiendo mi programa”. Fue hospitalizada tres veces.

Jamie Quinn es tan solo una de miles de niños y niñas que fueron encerrados por los dos jueces corruptos. El Centro de Derecho de Menores (Juvenile Law Center) con sede en Filadelfia, se involucró en el caso cuando Hillary Transue fue enviada a prisión por tres meses por crear un sitio web que parodiaba al subdirector de su escuela. Hillary claramente indicó que la página era una broma. Aparentemente, el subdirector no lo halló divertido y Hillary tuvo que enfrentarse al juez Ciavarella, conocido por su severidad.

Como me dijo Bob Schwartz, del Centro de Derecho de Menores: “Hillary, sin saberlo, había firmado un documento, y su madre había firmado un documento, renunciando a su derecho a un abogado. Esto provocó que la audiencia de 90 segundos que tuvo ante el juez Ciavarella fuera una farsa”. El Centro de Derecho de Menores (JLC, por sus siglas en inglés), descubrió que en la mitad de los casos de menores en el Condado de Luzerne, los acusados habían renunciado a su derecho a un abogado. El Juez Ciavarella desconoció, en reiteradas ocasiones, las recomendaciones de indulgencia tanto de los fiscales como de los oficiales de libertad condicional. La Corte Suprema de Pensilvania oyó el caso de JLC y el FBI comenzó una investigación, que terminó la semana pasada con la firma de ambos jueces, de acuerdos para declararse culpables de evasión fiscal y fraude electrónico.

Está previsto que cumplan una condena de siete años en una cárcel federal. Se presentaron dos demandas colectivas independientes en representación de los niños y niñas encarcelados.

El escándalo involucra a tan solo un condado de Estados Unidos y a una cárcel privada relativamente pequeña. Según The Sentencing Project, “Estados Unidos es el líder mundial en encarcelamientos, actualemente hay 2,1 millones de personas en las prisiones o cárceles del país, lo que representa un aumento del 500% en los últimos treinta años”. El Wall Street Journal informa que “las empresas que gestionan cárceles privadas se están preparando para una ola de nuevos negocios, ya que la recesión económica dificulta cada vez más que los funcionarios del gobierno, tanto a nivel federal como estatal, construyan y administren sus propias cárceles”. Las empresas que gestionan cárceles con fines de lucro como Corrections Corporation of America y GEO Group (anteriormente conocida como Wackenhut) están posicionadas para obtener más ganancias. Aún no está claro qué impacto tendrá la ley de estímulo que se acaba de aprobar en la industria de las cárceles privadas (por ejemplo, la ley dispone 800 millones de dólares para la construcción de cárceles, pero recortó millones de dólares para la construcción de escuelas).

El Congreso aún está evaluando proyectos de ley para mejorar las políticas de la justicia de menores. La legislación propuesta, según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, está “construida en base a pruebas claras de que los programas comunitarios pueden ser mucho más exitosos en la prevención de la delincuencia juvenil que las ya desacreditadas políticas de encarcelamiento excesivo”.

Nuestros niños necesitan educación y oportunidades, no encarcelamiento. Dejemos que los niños del Condado de Luzerne, que fueron encarcelados por jueces corruptos para obtener ganancias, nos den una lección. Como dijo la joven Jamie Quinn sobre [el juez corrupto y] los 11 meses que estuvo en prisión, “Me hace cuestionar realmente otras figuras del poder y a la gente a quien supuestamente deberíamos admirar y en quienes deberíamos confiar”.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.

© 2009 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Entrevista a Immanuel Wallerstein, pensador, escritor y "científico social" estadounidense

Entrevista a Immanuel Wallerstein, pensador, escritor y "científico social" estadounidense

“El sistema que salga de la crisis será muy diferente”

Iñigo Errejón / Pablo Iglesias
Diagonal


La crisis económica mundial y el desastre del sistema capitalista plantean, a juicio de Wallerstein, una disyuntiva en la que la humanidad deberá decidir qué rumbo tomar.

WALLERSTEIN. Para este teórico de las ciencias sociales, la crisis estructural que vivimos desembocará en un escenario desconocido.Immanuel Wallerstein es la principal figura del análisis de sistemasmundo, quizá la perspectiva teórica de inspiración marxista más influyente en las ciencias sociales desde los ‘70. Estuvo en Madrid y Barcelona invitado por la Universidad Nómada. Tras participar, de la mano de la Asociación Universitaria Contrapoder, en un acto en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense que contó con la asistencia de más de 600 personas entre estudiantes y profesores, tuvo unos minutos para responder a las preguntas de este periódico.

DIAGONAL: Nos interesa particularmente tu visión sobre las esperanzas que debamos albergar hacia el mandato de Obama, y en qué medida su victoria puede ser interpretada en relación a la crisis de hegemonía norteamericana y a la percepción generalizada de esa crisis.
IMMANUEL WALLERSTEIN: Es positivo que Obama haya llegado a la presidencia de Estados Unidos, pero no va a significar en modo alguno un cambio sustancial. Actuará de forma más inteligente que su predecesor, lo cual tampoco es difícil. La administración Bush, con su militarismo derechista, ha precipitado el declive de la hegemonía norteamericana en el sistema interestatal. Frente a eso, Obama puede comprender la situación y avanzar hacia un mundo bipolar, pero en ningún caso podría rehacer América en el sentido de reinstaurar la hegemonía de EE UU, que ya no volverá. Por otra parte, ante la comprensión de los profundos problemas que afronta la sociedad norteamericana, Obama emerge como símbolo ilusionante para la gran mayoría del país, incluso con una altísima popularidad en otros países. Obama aglutina a un electorado muy amplio, que va desde la izquierda (salvo algunos grupos minoritarios) hasta el centro-derecha, y no podrá responder a las expectativas de todos, ni oponerse frontalmente a los retos sistémicos que desbordan en todo caso su capacidad de acción. Se trata de un hombre joven, inteligente y bien formado. Además es afroamericano, lo cual constituye un símbolo que no puede olvidarse, de extrema importancia. Todo esto es positivo, pero no es suficiente. Hay que ser realistas al respecto, y contextualizar las posibilidades de cambio realmente existentes. Obama es el mejor presidente que Estados Unidos podría tener en estos momentos, pero no deja de ser el presidente de Estados Unidos, una potencia hegemónica en declive en un sistema-mundo en crisis estructural.

D.: ¿En qué medida las turbulencias sistémicas que vivimos pueden producir una mutación del capitalismo? ¿Marcan éstas, por el contrario, un límite definitivo del capitalismo como sistema histórico?
I.W.: Para leer correctamente la etapa histórica en la que nos encontramos, tenemos que distinguir entre las dinámicas de continuidad y las de ruptura, entre lo normal y lo excepcional. Lo normal es el colapso del modelo especulativo que hemos vivido, que se corresponde con una Fase B en los ciclos de Kondratieff que describen las dinámicas de largo plazo en la acumulación capitalista. Lo excepcional es la transición que desde hace 30 años venimos viviendo, desde el sistema-mundo capitalista hacia otra formación sociohistórica. A mi juicio podemos estar seguros de que en 30 años no viviremos en el sistema-mundo capitalista. En ese sentido, con la crisis coyuntural del capitalismo, converge una crisis estructural, un declive histórico del sistema- mundo. En eso se distingue esta fase de recesión económica mundial de otras anteriores: el nuevo sistema social que salga de esta crisis será sustancialmente diferente. Si evolucionará en un sentido democrático e igualitario o reaccionario y violento es una cuestión política y por tanto abierta: depende del resultado del conflicto entre lo que llamo “el espíritu de Davos” y “el espíritu de Porto Alegre”. En otras palabras, de la inteligencia y el éxito político de los movimientos antisistémicos.

D.: Dada la importancia que han tenido las llamadas “externalidades”, las apropiaciones privadas no pagadas de bienes comunes tales como los recursos naturales y ecológicos, ¿cómo valoras el intento de Obama y de su administración de abrir un nuevo proceso de expansión a través de un “capitalismo verde”?
I.W.: Obama tiene como virtud su inteligente apreciación del problema ecológico. Lo que pueda hacer al respecto, sin embargo, está condicionado por los nombramientos que ha hecho y por sus escasas posibilidades de cooperación con otros países en este sentido, dentro de un marco general de pragmatismo. Sea como sea, el problema es enorme y escapa a las hipotéticas políticas medioambientales de un gobierno, incluso del estadounidense. Es necesario un cambio de modelo productivo y, más allá, civilizatorio. Debemos vivir de otra forma, aprovechar la transición hacia otro sistema para optar por algo diferente. La ciudadanía estadounidense, como la española, suele percibir las amenazas actuales casi en exclusiva como reducción de su nivel de vida, mientras que corremos el riesgo global, en los países ricos tanto como en los pobres, de vivir en un mundo ecológicamente destruido, que haga peligrar la supervivencia colectiva.

D.: ¿Puede abrir el declive de la hegemonía norteamericana un espacio para la emergencia de la UE como primera potencia mundial?
I.W.: Europa tiene cierta autonomía política, pero atraviesa un período muy complejo por tendencias muy diferentes que se están dando en su interior. La crisis financiera está poniendo todavía más difícil el proceso de construcción europea (imprescindible para que pueda competir como potencia mundial). El colapso económico que se está haciendo visible en Grecia, Italia, España, Islandia, etc., está generando tendencias proteccionistas muy serias. Veremos si Europa puede afrontar las circunstancias actuales. El proceso de construcción de la UE se ha complicado con su expansión a los países del Este y ahora está pagando el precio.

D.: ¿De qué manera puede impactar la crisis en las experiencias de giro a la izquierda en Latinoamérica?
I.W.: Lo más positivo de la presidencia de Bush fue constituir el mejor estímulo para la integración latinoamericana. No es casual que en estos años hayan surgido presidentes más o menos de izquierdas en 11 o 12 países de la región. Es sencillamente impresionante. El hecho de que EE UU esté tan enfangado en Oriente Medio, hace que carezca de la capacidad militar, política y económica para interferir en la política latinoamericana. Actualmente, América Latina ejerce un papel político autónomo y éste es un hecho irreversible. Esta claro que la política de Chávez no es la de Bachelet, ni tampoco la de Lula, pero, sea como sea, América Latina es una fuerza geopolítica independiente en la que Brasil es, sin duda, el primus inter pares, como demuestran los éxitos en su política exterior. Ejemplo de ello ha sido su papel, crucial, en las reuniones de Unasur, del Grupo de Río, etc., que constituyen una verdadera declaración de independencia. Por desgracia, el papel exterior, que juzgo positivo, no ha ido acompañado de una política interna más de izquierdas.

D.: Los trabajadores migrantes se están convirtiendo en el chivo expiatorio de los comportamientos políticos más reaccionarios. ¿Cómo enfocas este problema?
I.W.: La inmigración, que prefiero llamar migración, no sería un problema en un mundo relativamente igualitario, pues la mayor parte de la gente prefiere vivir donde ha nacido o, en todo caso, donde tiene vínculos culturales de pertenencia. Quienes migran lo hacen para mejorar su situación económica y política, y los empresarios se benefician de ese caudal de mano de obra comparativamente más barata que la de los países receptores. El problema de las migraciones no puede ser resuelto dentro de este sistema, ni en los marcos estatales o con actuaciones policiales, pues es provocado por la inmensa polarización económica, social y política en el mundo. Hasta que no desaparezca ésta, no tendremos soluciones definitivas al problema de las migraciones.

D.: ¿Cuáles son los signos más esperanzadores en clave de emancipación y cuáles los peores indicadores de posibles involuciones reaccionarias o de mayor violencia sistémica?
I.W.: La situación más positiva proviene de América Latina. Por contra, donde encuentro más peligros en el plano geopolítico es en Pakistán. Obama se está equivocando con su política hacia este país. El Gobierno pakistaní, siguiendo las presiones de EE UU, puede provocar una situación peligrosa. No hay que olvidar que Pakistán es un país con armamento nuclear en tensión permanente. La política de Obama no está bien pensada para Pakistan. Obama quiere mostrarse fuerte y duro. Para mí es un error. Habrá que estar atentos a la evolución de los acontecimientos en los próximos meses.


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Nacionalismos e izquierdas

D.: Frantz Fanon, que fue uno de tus referentes teóricos, reivindicó el poder del nacionalismo como vía de liberación en los países del Tercer Mundo. ¿Puede ser el nacionalismo un mecanismo de emancipación en los países ricos?
I.W.: Todos los nacionalismos son lo mismo. Cuando son reivindicaciones contra el poder, no importa qué poder, son progresistas. Sin embargo, en el momento en que conquistan el Estado, los nacionalistas se hacen de derechas. Es algo normal, ocurre en todas partes. Por eso no hay nacionalismos buenos y nacionalismos malos. Los nacionalismos que luchan para obtener derechos pueden implicar avances positivos, pero en el momento en que obtienen esos derechos pierden su fuerza transformadora, en España, en EE UU y en cualquier lugar del mundo. Eso es de lo que Fanon se dio cuenta y por eso defendió el panafricanismo como continuación de las luchas de liberación nacional.


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Breves notas biográficas

El neoyorquino Immanuel Wallerstein (1930) es autor de El moderno sistema-mundo, obra en tres volúmenes que aporta un modelo interpretativo basado tanto en el marxismo como en las teorías acerca de la economía mundial de Fernand Braudel. El tercer punto ideológico en el que se basa la teoría del sistema-mundo es la Teoría de la Dependencia que establece la división duradera del mundo en núcleo, semi-periferia y periferia. Wallerstein rechaza la idea convencional de ‘Tercer mundo’ ya que, a su juicio, el intercambio económico crea una red compleja de relaciones. Cada mes publica sus Comentarios sobre la actualidad del mundo globalizado.

http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article7319

miércoles, 18 de febrero de 2009

Millonarios por patear una pelota

Millonarios por patear una pelota

Un listado refleja quiénes son los futbolistas mejores pagos del mundo. Zlatan Ibrahimovic, de Inter, y Kaká, de Milan, perciben la módica suma de 9 millones de euros anuales, unos 750 mil al mes. Messi, sólo percibe 500 mil menos por año.

La Pulga hace goles y brilla en Barcelona mientras la cuenta crece

Por Andrés Randazzo

Nada, ni el millonario mundo del fútbol, puede escapar a la crisis. Sin embargo, en medio de la tempestad económica que sacude a muchos sectores, la redonda parece ser una isla inmune, que sobrevive mejor que cualquier otro territorio sobre la tierra. Algo que no ocurre, por ejemplo, en la Fórmula 1 que ya se planteó rebajar los costos.

Mientras las empresas del planeta recortan su personal, los números de los sueldos de los mejores futbolistas del mundo causan un asombro que crecerá de acuerdo crezcan los convenios publicitarios. Los mejores pagos. En la ciudad de Milan están los dos jugadores que más cobran anualmente, sólo por contrato con su club. Uno es Zlatan Ibrahimovic, de Inter, y el otro es Kaká, de Milan. Ambos ganan 9 millones de euros anuales, unos 750 mil al mes.

El tercero en el listado de 50 que publicó el medio español Ecodiario, es Lionel Messi. El argentino percibe 8.400.000 de euros anuales, algo más de 23 mil por día (sí, casi mil euros por hora). Eso sin tener en cuenta los –varios- convenios publicitarios que tiene el rosarino. Los de atrás. Cuarto y quinto en esa reseña se encuentran los jugadores de Chelsea, John Terry y Frank Lampard. Los dos referentes del equipo inglés ganan 7.575.000 de euros al año.

Entre los diez mejores pagos, Barcelona y Milan tienen a tres futbolistas. Además de Messi, por el club catalán están Samuel Eto’o y Thierry Henry que ganan 7.500.000. En el Rossonero, Shevchenko y Ronaldinho reciben seis millones y medio por año. No siempre el mejor jugador es el de remuneración más alta. Ese es el consuelo de Cristiano Ronaldo, quien se ubica en la octava posición pese a ser el más premiado en este momento. El portugués gana 6.763.000 de euros anuales, unos 564 mil por mes.

De Real Madrid, el club más poderoso del mundo, el primero en ingresar en la lista es su goleador histórico. Raúl gana unos 6.400.000 euros por año. Al fútbol poco le importa la crisis económica y todavía puede tener a sus estrellas como reyes.

El drama de los niños ajeros

El drama de los niños ajeros

Después de registrar imágenes con cámara oculta, una organización social denunciará hoy ante el Ministerio de Trabajo y la Justicia la explotación de chicos y chicas en el corte y limpieza de ajo por parte de empresarios rurales en los alrededores de la capital mendocina.

Desde Mendoza

@Amanecen temprano, mucho antes de lo que deberían despertarse si fueran a la escuela. A cielo abierto en las fincas, o bajo los techos de chapa de los galpones, sus manos, por más pequeñas que sean, hacen el mismo trabajo que las de los adultos: cortan y deschalan cabezas de ajo durante jornadas de más de 12 horas. Según pudo comprobar Página/12 en una recorrida por las chacras y los lugares de reclutamiento de trabajadores, son cientos de niños y niñas de entre cuatro y quince años –no hay cifras exactas y actuales– los que se convierten en uno de los motores de la producción rural en Mendoza. El trabajo infantil, la reducción a la servidumbre de familias enteras, la violación a la Ley de Migraciones y la trata de personas son los ejes de la denuncia que hoy presentará la Cooperativa La Alameda –una organización que lucha contra el trabajo esclavo– y la Liga Argentina por los Derechos Humanos, ante el Ministerio de Trabajo de la Nación, en el marco de una movilización, a las 16, y ante la Justicia federal de Mendoza.

La denuncia va acompañada de un video filmado por los integrantes de la cooperativa mediante una cámara oculta, donde se registran escenas de reclutamiento de familias con niños, el traslado y el trabajo de adultos y niños en las fincas, además del testimonio de algunas de las víctimas. Página/12 también recorrió esos lugares hasta donde parecen no llegar los ojos de los inspectores de la provincia ni de los gremios que deberían proteger a los trabajadores.


A campo abierto

Los párpados son la única parte del cuerpo expuesta al aire libre. Los ojos, entrecerrados, se asoman por la línea que se abre en el paño con el que cubren sus cabezas. Las manos también están al descubierto. Pantalones largos, camisetas y pañuelos protegen el resto del sol, del viento y del polvo durante las extensas jornadas de corte y deschale de cabezas de ajo en las fincas, a campo abierto.

Decir “vengo a trabajar” fue más que suficiente para que Tomás, camionero y productor, dejara subir a José al camión en el que lo llevará a él y a otros tantos a su finca, Pontoni Hnos. “¿Pueden venir mis chicos también?”, le preguntó al patrón una vez en el campo. “¿Tienen tijeras? Que vengan”, recibió como respuesta.

Era su primer día y José sólo alcanzó a llenar tres cajones de hortalizas. Más de cinco alcanzaron a completar cada uno de los tres chicos que, con más experiencia, hicieron el mismo trabajo enfrente de él. Ellos, y el resto de la tropa, cortaron los tallos y las colas de cada cabeza de ajo durante la mañana, y las deschalaron por la tarde, bajo la única protección del cielo.

La jornada laboral arranca poco antes de las 5 en la plaza, que más que un punto de reunión es un lugar de carga y descarga de mano de obra, adultos y también niños pequeños. Aún es noche cerrada cuando la manzana ubicada en el centro de Rodeo del Medio, una pequeña localidad ubicada a 30 kilómetros de Mendoza capital, comienza a llenarse de personas.

Hombres y mujeres de todas las edades; papás y mamás con el grupo entero de hijos, incluyendo a las “guaguas” colgando del pecho, bolivianos todos, ocupan el lugar y lo convierten, en pocos minutos, en una especie de hormiguero.

Despiertan cuando, apenas pasadas las 6, los conductores de los camiones gritan el tipo de fruta u hortaliza que se trabajará en el destino de cada coche. Luego abren las puertas de los acoplados y apoyan escaleras para que la mano de obra suba. Entre mediados de octubre y fines de abril, la cosecha fuerte es la del ajo, y en el pueblo se nota. El olor que emana de los galpones y depósitos a la vera de la ruta nacional 7 y de la provincial 50 –camino de ingreso a Rodeo del Medio– invade el ambiente y se impregna en la piel.

Parados y amontonados en los acoplados, chicos y grandes viajan a los tumbos al ritmo de las piedras que, sobre los senderos, los camiones a toda velocidad no esquivan. Cerca de las 7.30 el camión de Tomás llega a destino. Los hace bajar del transporte y les ordena que formen una fila, donde les pregunta si están solos o vienen acompañados de algún familiar. De eso dependerá la cantidad de ajo recién arrancado de la tierra que les dará para cortar, deschalar y acomodar en cajas. Ahí nomás, a campo abierto, Tomás, el patrón, y sus cuadrilleros extienden delante de los “cortadores-deschaladores” los paños de arpillera con las hortalizas sin emprolijar.

Lo mismo sucede todos los días. A pleno rayo del sol, sólo tienen algo de beber si son ellos los que se lo llevan desde sus casas o lo compran en el almacén ubicado a más de un kilómetro del lugar exacto donde trabajan. Luego les descontarán lo gastado de sus jornales, como en la época de La Forestal. Los matorrales, a una distancia similar a la del comercio, son los únicos baños que su patrón les ofrece.

“Podemos parar, salir a almorzar. Pero es tiempo perdido que después se siente en la paga.” Eduardo es uno de ellos. Tiene 12 años y va siempre con sus hermanos; habla pausado y casi en susurros. Desde una acequia en la que está recostado –el único espacio con sombra en kilómetros–, le cuesta soltarse y explicar que el tiempo dedicado al descanso es tiempo perdido en el llenado de cajones de ajo, por los que le pagan cada quincena. Cuando termina la temporada del ajo, Eduardo y los otros chicos golondrina transitan hacia otra cosecha, lo que lo aleja cada vez más de la escuela.

Cobran cinco pesos por cada cajón de 10 kilos con ajos cortados y pelados, aunque el precio varía según la finca. Algunos campos pagan sólo por corte o por deschale hasta 1,30 peso. Al igual que los que están tumbados a su alrededor, Eduardo tiene bolsas de polietileno o pedazos de guantes enroscados en los dedos índices. “Si no te cortás con la tijera, te lastimás con la chala, que de tan reseca se clava como espinas en la piel”, indica Eduardo antes de pararse, colocarse el pañuelo en la cabeza y empezar a caminar hacia el campo, para comenzar la segunda parte de la jornada, que no culminará hasta las 21.


“Un problema naturalizado”

Los registros oficiales que intentan graficar la presencia e incidencia de trabajo infantil en Mendoza datan de 2005. Es el caso de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes, realizada por el Ministerio de Trabajo, cuyos resultados posicionaron a la provincia en el lugar más alto de trabajo infantil. Más antiguo es el trabajo de la Comisión Provincial de Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti) mendocina, que reveló que tres de cada diez chicos de entre 6 y 14 años, pobres y en edad de escolaridad primaria, desempeñan alguna clase de actividad laboral en el Gran Mendoza y sus alrededores.

Basta con circular los caminos de ripio que se abren a los costados de las principales rutas de la provincia, entradas a pequeños pueblos como Colonia Segovia, Rodeo del Medio, Barrio Bermejo o Rodeo de la Cruz –en los partidos de Maipú o Guaymallén–, para descubrir galpones en los que chicos y chicas trabajan a la par de los mayores, bajo las mismas condiciones de explotación.

“Sabemos que el sector del ajo es de alta informalidad, en donde existe explotación laboral y trabajo infantil. Las mal llamadas cooperativas son funcionales a las prácticas de precarización. Pero cada vez que inspeccionamos las empresas, los chicos no están o no nos dejan entrar”, explicó a Página/12 la directora de Empleo de la Subsecretaría de Trabajo provincial, Dora Balada. “Si no los vemos, no podemos demostrar nada”, añadió. En lo que va del año, el organismo realizó controles en 37 empresas, donde “sólo se encontró un chico trabajando, cuando el año pasado fueron 25”.

El panorama que grafican las cifras oficiales es incompleto. Las encuestas hurgan sólo entre la población argentina, dejando a un lado a las personas que llegan desde Bolivia. Muchos viven en Mendoza, pero la mayoría son “trabajadores golondrina”. Son los niños bolivianos y sus padres los que están expuestos a las condiciones más duras de trabajo en las fincas. Y los que quedan fuera de todo registro.

La funcionaria reconoce que “es necesario cambiar un patrón cultural. Allí donde hay trabajo agrícola hay cultura de trabajo infantil y trabajo esclavo. Es un problema cultural y naturalizado”.


Bajo techos de caña

Lo que sucede en las fincas se repite calles adentro de los pueblos, donde las empresas alquilan casas a los vecinos para esconder de los inspectores la mano de obra infantil. Aunque ínfimos, los chicos que emprolijan ajos en esos galpones clandestinos gozan de algunos beneficios que aquellos que lo hacen a cielo abierto no tienen. Si por “beneficio” se entiende el contar con un techo de caña que proteja del sol y un baño cerca. O trabajar jornadas de menos horas y poder regresar a sus hogares para almorzar.

Rocío y sus tres hermanos de 8, 10 y 12 años trabajaron en uno de esos galpones, instalado en el patio de una casa a dos cuadras de la suya, en Colonia Segovia, departamento de Guaymallén. “Una vecina nos comentó. Nos anotamos y empezamos a trabajar ese día”, balbuceó. Sus padres tienen trabajo, pero ella, de 15, y sus hermanos pelaron ajo durante los meses del verano pasado. “Es normal que los chicos trabajemos. La mayoría son niños. En los galpones grandes de la empresa (Bamenex SA) no te toman si sos menor de 16 años. Pero estos lugares están más escondidos”, explicó. En la misma cuadra hay otros tres lugares que funcionan de igual manera. En el patio de las casas ubican los tablones de madera sobre los que, a partir de las 6, descargan los cajones con ajos sin deschalar, los pelan y los vuelven a empacar. Por cada uno cobran 3,30 pesos, pero descuentan 30 centavos para darles a los chicos que cargan y descargan los camiones. Los sábados son los días en los que la gente cobra lo trabajado hasta el jueves, quedando dos días adeudados para la siguiente semana. Así se aseguran de que vuelvan la semana siguiente.

Los hermanos dejaron de trabajar hace un tiempo. Frente a Página/12, Rocío contó que “algunos de los patrones son malos. No tienen compasión de nada. No dejan sentarse en los cajones, inspeccionan cómo guardamos los ajos y si los ven mal pelados te retan y te dan vuelta el cajón para que lo hagas todo de nuevo.”

El sol que traspasa las cañas, el olor a ajo y el polvo que respiran todo el tiempo –los camiones que entran y salen levantan polvareda– les provocan dolor de cabeza y náuseas. “Mi mamá nos dijo que no fuéramos más porque llegábamos muy cansados. Y había nenes en los galpones que sufrían mucho más. Se les notaba en la cara.”

Investigación y textos: Ailín Bullentini.

domingo, 15 de febrero de 2009

Los negocios en el barro

hermanos del gobernador urtubey, el intendente de tartagal y hasta un senador en el curro del desmonte

Los negocios entre el barro

Funcionarios del gobierno de Salta, incluyendo dos hermanos del gobernador Urtubey, son los propietarios de las empresas que hicieron desmontes indiscriminados. Hubo decenas de advertencias de técnicos y meteorólogos. Nadie las escuchó y el fenómeno se puede repetir. Sólo en 2007 se autorizó desmontar una cantidad de hectáreas equivalente a 23 veces la Capital Federal.


Jorge Lanata

“Cuando llueve, el terreno no tiene absorción porque faltan las raíces de los árboles extraídos, entonces el agua drena y recorre libremente. O sea, si el agua no es consumida por la vegetación, se inunda”.



Eduardo Piacentini, del Departamento Cambio Global del Servicio Meteorológico Nacional.


Del tártago sale el aceite de ricino, llamado en el mundo “castor oil” (aceite de castor). Hace cuatro mil años lo usaban los egipcios como planta medicinal o combustible para sus lámparas, y sus hojas parecen una estrella dibujada por Miró, de puntas juguetonas y alargadas. Purgante y combustible, el tártago también se utiliza en cosmética para alargar las pestañas. Esta planta rústica y llena de estrellas sabe sobrevivir: se adapta con facilidad a distintos ambientes y tiene una gran resistencia a la sequía. Pero no sobrevivió a Tartagal. En Tartagal ya casi no quedan tártagos, y el equilibrio se rompió como una rama seca. Esta población de 56 mil habitantes vive sobresaltada desde su fundación en 1924: fue entonces cuando se descubrió petróleo, el 25% del total de la cuenca del país y alrededor del 16% de la producción de gas. Tartagal vivió entonces la quimera del oro hasta 1992, cuando Menem privatizó YPF y el 90% de la población de la ciudad quedó desocupada. En 1999, y en 2002, y en 2003, la rabia llegó a la calle y la ciudad se convirtió en un polvorín. En 2006 el agua llegó a apagar el fuego, y Tartagal se hundió en el barro. Ya habían sido taladas 609.323 hectáreas, y todos se golpearon el pecho y dijeron que había que parar. Pero el entonces gobernador Romero, en su último año de gestión, mientras la Ley de Bosques se discutía en el Congresó, autorizó el desmonte de 478.204 hectáreas: una extensión similar a la de 23 (sí, veintitrés) veces la Capital Federal en un solo año. Muerte, grietas y barro después, la Presidenta reglamentó la Ley 26.331, sancionada el 28 de noviembre de 2007. El artículo 42 de la Ley de Bosques le otorga al Poder Ejecutivo noventa días para reglamentar la norma. Pasaron catorce meses hasta que Cristina se decidió a hacerlo. Ya era, claro, tarde. Pero el Gobierno insiste en que el hecho no debe vincularse con Tartagal.

NUNCA LO HICIMOS (NI VOLVEREMOS A HACERLO). Entre 2004 y 2007 la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Salta convocó a 211 audiencias públicas, de las cuales 195 correspondieron a proyectos de desmonte. De esos 195 pedidos fueron aprobados 191; dos no llegaron a serlo por falta de tiempo para elaborar un dictamen y otros dos quedaron postergados para 2008 y tal vez ahora se frenen con la Ley de Bosques, que en Salta comenzó jugando en desventaja: pierde su partido 191 a 2, en el mejor de los casos. Si se analiza la distribución de permisos de desmonte según la zona, el departamento San Martín (al que pertenece Tartagal) está en segundo lugar en el ranking.

Un informe de la Secretaría de Ambiente de la Nación durante la gestión de Romina Picolotti revela que con Juan Manuel Urtubey en el poder, aliado K, se desmontaron en 2008 136.000 hectáreas, la mayor parte en el departamento San Martín, en Jujuy, Santiago del Estero y Chaco.

“La deforestación registrada –señala el informe fechado en noviembre– indica que se trata de uno de los procesos de transformación de bosques nativos de mayores dimensiones en la historia del país, siendo el avance de la frontera agrícola la causa principal (…) el reemplazo de los bosques por la agricultura se realiza principalmente para el monocultivo de soja”. El segundo cuadro ilustra esa pérdida.

Pocas tragedias han sido tan anunciadas como la de Tartagal: un informe elaborado por ingenieros de la Universidad Nacional de Salta en 2006, luego de la primera gran inundación, advertía sobre la inminencia de otras catástrofes. En su “Diagnóstico y evaluación de la cuenca del río Tartagal y área de influencia”, Claudio Cabral y Gloria Plaza aseguraban que en la cuenca alta “la cobertura vegetal ha sido alterada y modificada”, favoreciendo la erosión. “La vulnerabilidad de la cuenca del río Tartagal a nuevos eventos catastróficos es altamente probable que se repita”, concluían Cabral y Plaza. El estudio fue elevado a la municipalidad de Tartagal.

–Las causas fundamentales del alud –comentó a este diario Osvaldo Canziani, doctor en Meteorología, miembro del Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático, en referencia al último evento– son las lluvias intensas, características de la época del año, y el mal uso del suelo. La deforestación es un flagelo que tiene un conjunto de implicaciones graves, las que, directa o indirectamente, han contribuido a generar los desastres de Tartagal, la pampa húmeda y las inundaciones de Santa Fe en 2004 y Cañada de Gómez en 2000.

–¿Hay puntos en común entre este alud y la inundación de 2006 en Tartagal?

–No sólo los hay sino que la primera inundación ha agravado las consecuencias de ésta y las que seguirán debido a la exacerbación de los eventos extremos, entre los cuales no deben descuidarse las sequías proyectadas para el Noroeste argentino en este siglo XXI.

BUSINESS ARE BUSINESS. En Salta muchos políticos juegan en el bosque: mientras se debatía en Buenos Aires la demorada Ley de Bosques, en Salta, en la diagonal de la escena, los hermanos del gobernador kirchnerista Urtubey crearon una empresa dedicada al desmonte. Facundo Norberto (46 años, director de la Agencia de Promoción de Salta, esto es, funcionario) y José Antonio Urtubey (34 años) crearon la firma JOFA, que tiene entre sus objetos sociales el de “explotar o administrar bosques, forestación y reforestación de tierras”. Facundo ya tenía cierta experiencia en el área: a poco de asumir su hermano gobernador formó con otros socios la empresa agropecuaria Unapala SRL. El senador justicialista Alfredo Olmedo llevó sus intereses al recinto: el bautizado Rey de la Soja presentó un proyecto de “ley de ordenamiento territorial” que contemplaba seguir desmontando en la provincia cerca de cinco millones de hectáreas. Olmedo tiene varias denuncias por “desmonte irracional y fue favorecido por Romero con la entrega de 320 mil hectáreas de tierras fiscales. Para no ser menos, el intendente de Tartagal, Sergio Napoleón Leavy, es, según confirmó a Crítica de la Argentina el secretario general de la CTA Tartagal, Diego Alcoba, “propietario de uno de los aserraderos más importantes de la región, y beneficiario directo de los desmontes masivos”. Leavy aparece desde 2001 ante la AFIP declarando que su actividad principal es la de “extracción de productos forestales de bosques cultivados”.

Los cruces entre política, soja y alud son inagotables: la familia Mochón, por ejemplo, desmontó 38.900 hectáreas y su “gestor” fue el ex diputado nacional, ex ministro de gobierno y conjuez de la Corte Suprema provincial Osvaldo Camisar. César Raúl Mochón es titular del Grupo Solanas y presidente de la Cámara Argentina de Tiempo Compartido, y el desmonte se autorizó en tierras para ganadería en la Estancia Ezrah, del departamento Rivadavia. Aníbal Caro, ex secretario de Empleo de la gobernación hasta 2007, preside la empresa Desafío del Chaco junto a Ernesto Pablo Casal: obtuvieron autorización para talar 10.420 hectáreas.

El gobierno salteño autorizó también el desmonte de 1.670 hectáreas a la firma Los Dos Ríos SA en los alrededores de Orán, que abarca parte de la selva de los yungas, una zona declarada Reserva Mundial de Biósfera por la UNESCO. Los Dos Ríos es de Mario Ernesto Gerala y el síndico es Julio César Loetayf, dos veces diputado nacional y hoy ministro de Desarrollo Económico de Urtubey. Gerala es un encanto: el pasado 22 de septiembre fue denunciado por reducir a la esclavitud a dieciocho peones de la etnia toba en la finca Abra Grande. Armani Agropecuaria tiene, por lo menos, un nombre elegante: pertenece a Silvio y Bruno Armani (no confundir con Giorgio ni con Exchange) y figura como aportante a la campaña de Cristina con tres donaciones de 15.000 pesos cada una, el 19 de octubre de 2007.

“Quería compartir con el conjunto de la Secretaría el logro institucional materializado en la fecha”, comienza un mail enviado a toda su Secretaría por Homero Bibiloni a las 17.02 del 13 de febrero. “Hemos reparado una deuda ambiental”, prosigue el ahora secretario de Ambiente, reemplazante de Picolotti. Bibiloni, el conmovido funcionario, es el funcionario que autorizó la mayor tasa de desmonte como subsecretario de Atilio Savino. Aunque, como se sabe, todo es siempre fruto de la casualidad.

INVESTIGACIÓN: J L /JESICA BOSSI

“Espero que nunca le pongan mi nombre a una calle”

“Espero que nunca le pongan mi nombre a una calle”


Martín Caparrós

Sucede una cosa muy curiosa: en el par de días que llevo aquí ya varias personas me preguntaron qué siento con este regreso y cómo encuentro la Argentina. Y yo veo que lo hacen un poco como si recién al desembarcar aquí yo me enterase de lo que ha pasado, y no es así. Muchos de los que hemos vivido tantos años en condición de exiliados hemos seguido muy de cerca la situación argentina, y en algunos planos críticos hemos tenido una información mucho mejor que la que podía tener aquí el argentino medio, totalmente cercado por la censura. Anoche un amigo se quedó muy asombrado cuando se enteró de que yo había escrito en Francia y difundido en España y América Latina, a través de la agencia EFE y el diario El País, una cantidad de artículos donde le pegaba con las dos manos a la Junta. No tenía la menor idea, porque claro, aquí no salió nada. Entonces, cuando me preguntan cómo veo las cosas aquí, digo que la única diferencia es que ahora estoy materialmente en Buenos Aires, pero en estos diez años de ausencia he estado todo el tiempo aquí, aprovechando una información lo más completa posible, ya sea periodística o clandestina.

–En función de esa información: ¿qué opinás sobre el proceso que se está abriendo en el país?

–Tengo la impresión de que al pueblo argentino se le ofrece una oportunidad única, después de las elecciones, de iniciar un camino de ascenso, de salir del pozo. No sólo es una oportunidad única, sino que voy a decir algo que no me gusta decir pero no tengo otro remedio: creo que es la última oportunidad que tenemos, y que si la perdemos –dado el estado de quiebra tanto económica como ética en que ha caído el país–, los resultados pueden ser catastróficos. Los civiles tienen su destino en sus manos. ¿Qué significa eso? Significa por ejemplo que el trabajo del gobierno se cumpla, no en un clima de unión total porque eso es inconcebible, pero que las oposiciones sean constructivas. Que sean oposiciones críticas –todo poder necesita críticas, porque si no cae poco a poco en el cesarismo–, pero críticas desde adentro, constructivas. Un poco como sucede en la lucha revolucionaria, donde una cosa es criticar lo que pasa en Cuba o Nicaragua –como yo hago todo el tiempo, pero desde adentro, siendo solidario– y otra muy distinta hacerlo desde afuera para destruirla.

–Hablás de trabajar y criticar desde adentro, o sea desde la democracia. ¿En qué medida te parece viable el camino democrático, considerando que tus opciones políticas han ido por vías más revolucionarias?

–Cuidado con eso, porque en primer lugar me parece que la noción de revolución no es en absoluto exportable. Yo pienso que las ideas revolucionarias se van abriendo camino, pero que cada país tiene su estructura propia y puede llegar a la revolución por caminos totalmente insospechados, pasando por ejemplo por etapas democráticas de progresivo avance socialista. No porque yo apoye a la revolución nicaragüense voy a pensar que aquí habría que seguir ese modelo, sería demencial. Nada asemeja a ese pequeño país tropical con este gran país de corte europeo. Desde luego, mi último ideal es la revolución, un cambio total de las estructuras, porque sé muy bien que las llamadas democracias de América Latina son democracias burguesas, en las que las desigualdades sociales siguen existiendo y el control sigue estando en manos de la oligarquía, del poder económico, como el caso de México. El capitalismo hace el juego de la democracia y es un juego útil para nosotros, porque comparar las juntas militares de la Argentina con la democracia es pasar del infierno al paraíso, pero bueno, como yo siempre sospeché que el paraíso está lleno de defectos, también pienso que la democracia tal como la sentimos aquí no puede quedarse en ella misma, sino que tiene que ser una puerta que se va abriendo a una evolución más amplia, evolución que pueda eventualmente llevar a una revolución

En 1973. –Durante mucho tiempo viviste en París por propia elección. ¿En algún momento tu emigración se convirtió en exilio?

–Es una buena pregunta, porque me permite aclarar algunos malentendidos. Hace más o menos 15 años, antes de que se iniciara la escalada del terror, en la Argentina me calificaban como exiliado, cosa que no me gustaba nada y que aclaré en algún texto, porque el exilio es algo compulsivo. El exiliado es el hombre que se va porque si no se va lo matan. No es mi caso: yo me fui y viví en París porque me dio la santa gana. Yo era un emigrado, un emigrado muy especial porque volvía a menudo, porque no tenía ningún motivo para no venir –muy al contrario– y entre el 51 y el 73 vine cada dos años, más o menos, y me quedaba dos o tres meses, según mi trabajo. En esa época todavía no me ganaba la vida como escritor. Yo vine por penúltima vez a la Argentina en el 73, y asistí al triunfo electoral de Cámpora y sentí una gran esperanza porque lo que podríamos llamar el ala izquierda del peronismo tenía gente muy valiosa, con planes y ganas de hacer cosas. Hablamos bastante, me quedé más de dos meses. A tal punto que pensé que ahí había una posibilidad, como la que tenemos ahora. Y entonces prometí volver ese mismo año, en septiembre, para colaborar más directamente en tareas culturales.

–¿Pensabas quedarte definitivamente?

–No, porque la palabra definitivo es una de las que no me gustan nada. Y no hay que olvidarse que 32 años de vida en Francia te dan una pertenencia a otro país, que a mí no me parece conflictiva ni disyuntiva ni nada. Yo soy argentino y al mismo tiempo me siento muy francés. En el plano de la cultura tengo muchas raíces, muchos contactos con Francia. Treinta y dos años de vivir junto a un pueblo en muy buena relación te crean un gran amor. De manera que la idea de volver definitivamente a la Argentina no se me ocurrió nunca, ni se me ocurre, ni se me va a ocurrir, eso ya lo sé.

–Estábamos con lo que pasó en el año 73...

–Sí, yo me fui con la intención de volver en septiembre, pero quien volvió no fui yo sino Perón, y detrás de Perón vinieron López Rega y la Triple A. Y yo recibí formalmente en París la condena a muerte: cartas que me desafiaban a venir a Buenos Aires y me trataban de hijo de puta para arriba y para abajo, cualquier cosa. Yo tengo creada una buena fama de loco pero no de zonzo, y entonces venir para que me liquidaran inmediatamente –cosa que estoy convencido de que hubiera sucedido– me pareció tonto, absurdo desde todo punto de vista, personal y político. Entonces, en ese momento, sentí por primera vez en mi vida que me convertía en un exiliado.

–¿Y qué cambió?

–Fue sobre todo, como es lógico, un cambio en el plano de los sentimientos. Porque una cosa es vivir en un país sabiendo que el día que te dé la gana te tomás un avión y te vas a tu otro país, a tu país de origen. Eso es algo muy hermoso y agradable. Y otra es cuando de golpe sabés que en un plazo imprevisible –que finalmente han sido diez años– no podés volver. Eso te crea un sentimiento muy duro.

–Como si algún personaje del Libro de Manuel se realizara en vos.

–Sí, en algún sentido sí. Ahora la diferencia esencial es una idea que traté de lanzar, y que creo que hizo su camino: una noción positiva del exilio. La defendí en Caracas, en México, en Francia, diciendo que si caíamos en la nostalgia, si caíamos en el mate regado con las lágrimas de la tristeza nos ibamos todos al quinto carajo. Porque la verdad es que era muy deprimente encontrarme con exiliados que caían lentamente en un pozo de nostalgia, de negatividad. Los pintores que dejaban de pintar, los escritores que dejaban de escribir, la gente que simplemente se defendía para el puchero, para vivir; sentías que habían hecho del exilio una negatividad. Y entonces yo fui incluso un poco cruel porque, llevando la cosa al terreno de la paradoja, dije que eso era ser cómplice de la Junta. Porque lo que la Junta esperaba de nosotros, los exiliados, era que nos hundiéramos en la nada, porque formábamos parte de sus enemigos y podíamos enjabonarle el piso informando a la opinión pública europea de lo que sucedía.

–¿A partir del momento en que te consideraste exiliado aumentaste tu actividad política sobre la Argentina?

–Pienso que la aumenté por razones obvias, porque en ese momento empezó la escalada de torturas, asesinados y desapariciones, sobre los cuales quizás estábamos mejor informados allá que aquí. Esa cifra de 30.000 desaparecidos aquí se consideró una mentira porque la Junta la presentaba como una calumnia. Y, según la Junta, éramos nosotros, los exiliados, los que estábamos destruyendo la imagen del país en el mundo con la complicidad de los enemigos de la Argentina, que no se sabía quiénes eran. Éramos, como me calificó un señor, los jefes intelectuales de la subversión en el exilio. De modo que, por razones obvias, mi actividad se multiplicó en el plano de esa pequeña tarea, que es la única que puedo cumplir, de sentarme en la máquina y difundir artículos que precisaran lo que pasaba aquí.

–Y en la otra vertiente posible, en el plano literario, ¿qué pasó? ¿Sentiste un cambio real cuando la emigración se te convirtió en exilio?

–No creo que para mí haya habido ningún cambio demasiado perceptible, salvo quizás el hecho de que, ya exiliado, escribí unos cuantos cuentos –que naturalmente fueron prohibidos aquí– cuyos temas eran la realidad de lo sucedido en la Argentina.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo ese cuento que se llama “Segunda vez”, que evoca el tema de las desapariciones, o “Apocalipsis en Solentiname”, donde hay una visión muy clara de la forma en que están matando gente en la calle. Y así una serie que culmina con el último cuento de Deshoras, “Pesadillas”. Trata de una chica que está en estado de coma y tiene un hermano que milita en la Universidad y que lo atrapan. Y en el último momento, cuando ella sale del coma y entra de nuevo en la vida, la policía o el ejército están destrozando a golpes la casa donde está el hermano, matando a todo el mundo. Es un cuento muy cruel, que me resultó muy difícil de escribir, pero que tocaba directamente la situación.

–Hablando de lejanías: muchas veces te han reprochado que escribís en un lenguaje porteño que ya no lo es.

–Ésa es una de las más grandes tonterías que se han podido decir. Eso nace de gente resentida que busca ángulos de ataque y que encontró esa tontería, porque la acusación consiste en decir que, como yo me fui hace 30 años, cuando escribo un cuento situado en Buenos Aires con personajes que puedan usar términos de lunfardo, les hago hablar el lunfardo que conocí en mi época y que no tengo ni idea del que se habla aquí y ahora. Lo cual es absolutamente cierto: yo no puedo inventar algo que no estoy viviendo ni conozco. Pero el lunfardo no es un idioma sino una excrecencia del idioma, que cambia, que responde a las modas, y cada cinco o diez años es sustituido por otro nuevo. O sea que utilizar un habla popular de un período anterior no cambia nada: el período actual es tan efímero como el otro. Dentro de unos años, ciertas palabras, que ahora todo el mundo usa, como chantapufi, van a desaparecer.

–Bueno, chantapufi ya casi no se usa.

–¿No se usa más?

–No mucho.

–Mirá vos. Ahí está la cosa, ¿no?

En Buenos Aires. Desde el balcón de la casa donde hablamos se ve el boato neoclásico de la Recoleta, se intuyen los muertos ilustres. La mirada de Cortázar va más allá, hacia el río, pasea por una ciudad que no logra sorprenderlo, aunque tal vez en su homenaje haya cambiado su puro sempiterno por un atado de Particulares rojos sin filtro. Todavía no es mediodía, el cielo es cielo y ya quedaron atrás un par de whiskies.

–La presencia física en el propio lugar también te puede devolver algunas vivencias que el tiempo haya desgastado. Pero en mi caso no me preocupa tanto, tal vez porque tengo una gran memoria sensual, memoria de formas, colores, olores. Los amigos en París me dijeron que ahora, después de diez años, me iba a encontrar con un Buenos Aires totalmente distinto; que han levantado esto, que hay edificios nuevos, autopistas. Y cuando vine de Ezeiza al centro venía mirando qué me iba a encontrar. Pero fue el Buenos Aires de siempre: si en el horizonte asoma un gran edificio, ¿y qué? Queda totalmente neutralizado por la imagen general de la ciudad. Además está el olor. Cada ciudad tiene su olor. Buenos Aires tiene para mí un olor que no se puede definir, muy distinto del de Madrid o París, y es el olor de mi juventud, de mis vagancias adolescentes.

–¿Con qué tiene que ver ese olor?

–No sé si es la calidad del aire o es un resumen de la cocina, porque la cocina influye mucho. Aquí es muy internacional, muy variada, con predominio español e italiano, no sé... Madrid es olor a frito, a sardina, a aceite de oliva frito. Y París es un olor de panadería y de sopa de puerros, que es la sopa del pobre; la ropa de los obreros en el Metro huele a sopa de puerro. Y Buenos Aires quizás era el asadito en la obra, ese olor de la carne en el fuego, pero no sólo eso... En fin, el punto es que este Buenos Aires es mi Buenos Aires, me han bastado dos días para recuperar rutinas, bajar a tomar mi desayuno, leer los diarios, tomar taxis y hablar con los taxistas. En ese plano no ha cambiado nada.

–¿Te emociona que un taxista te reconozca después de tantos años?

–Sí, ayer mismo pasé en un taxi frente a la embajada americana y el muchacho que manejaba empezó a hablar de una manifestación a favor de Nicaragua. Y a mí me llamó la atención que hablara de eso, porque es un tema sobre el que hay muchos malentendidos aquí. Él, con la viveza porteña, se había dado cuenta de quién era yo en cuanto subí al taxi, pero no me lo dijo hasta la mitad del viaje, cuando ya había un diálogo, y estaba muy contento de llevarme y no me quiso cobrar.

–¿Te gustan esas situaciones?

–Me conmueven profundamente. Es el sentido de no haber vivido totalmente en vano, de haberle dado a ese muchacho en lo que haya podido leer de mí – ponele un libro o dos– suficientes elementos como para que luego me reconozca y, además, me quiera. Y es terrible, porque es una sensación de responsabilidad que se va multiplicando. Además, por un misterio que no alcanzo a explicarme –los críticos tal vez lo hagan–, los jóvenes son mis mejores lectores, en toda América Latina y ahora en Francia y España. Son siempre los jóvenes, lo cual no significa que no haya gente adulta que me lea o me estime; no, no es eso. Pero con los jóvenes tengo un contacto increíble, porque yo soy un viejo y jamás escribo con la perspectiva de la juventud, no hago un trabajo de tipo demagógico. Cuando escribí Rayuela yo era un ser totalmente anónimo, nadie me conocía o muy poco. Y lo escribí pensando como un hombre de 40 años que escribía para gente de 40 años, y resultó que esa gente no entendió gran cosa del libro. Las primera críticas –porque eran ellos los que tenían la manija en los diarios– fueron terriblemente negativas. Fijate que la primera crítica de Rayuela que leí empezaba con la frase siguiente: “Si la imitación y el plagio son virtudes, Julio Cortázar es un gran escritor”.

–¿A quién te acusaban de plagiar?

–A Joyce, por ejemplo, lo cual es una estupidez infinita. Pero te da una idea del mecanismo de resentimiento e ignorancia que funcionaba. En cambio los jóvenes, que no se planteaban este tipo de problemas, tuvieron un contacto directo con Rayuela, que sigue siendo un libro clave para ellos. De todo lo que he hecho, Rayuela es el libro mágico para ellos, en toda América Latina.

–¿Y para vos?

–Para mí también, para mí también. Es el libro que yo me llevaría a la isla desierta.

En la autopista. Los autonautas de la cosmopista es el libro de Julio Cortázar que sale en estos días en Buenos Aires. Durante 33 días, Cortázar y su mujer, la periodista franco-canadiense Carol Dunlop, recorrieron minuciosamente y sin dejarla ni un momento la autopista París-Marsella. Ochocientos kilómetros en una Kombi preparada para camping. La apuesta era contar, en un libro a cuatro manos, la trama de este viaje a contrapelo de los viajes, una expedición a lo cerrado. El viaje terminó en junio del 82. Poco después, en Nicaragua, ella empezó a sufrir los síntomas de su enfermedad. Carol Dunlop murió el 2 de noviembre pasado. El libro, sin más modificación que un epílogo, quedó transformado en elegía, testimonio de vida ante la muerte.

–Para mí es un libro... yo lo veo como un libro de amor. Quise profundamente a Carol y fuimos... creo que en el libro se nota que fuimos muy felices durante muchos años, pero la culminación fue ese viaje. Fueron 33 días en que estuvimos solos en una autopista, en esa paradoja de haber decidido explorar ese lugar archiconocido pero mirándolo desde otro ángulo; una vez más, en mi caso, ir en contra de las ideas recibidas. Una autopista es una cosa funcional para ir de tal lugar a tal lugar, y nadie, o casi nadie se plantea otro tipo de problema. Una cosa es hacer el viaje en diez horas y otra en 33 días, ir explorando lentamente el otro lado de la alfombra. Entonces este libro tiene una serie de segundas o terceras lecturas posibles, pero es sobre todo un libro de amor... Y bueno... yo la perdí a Carol muy poco tiempo después de terminar el libro. Lo tuve que terminar solo; no los textos, que ya estaban, sino el montaje, porque todos los papeles quedaron revueltos. De modo que es un libro que a mí me toca muy hondamente. Ahora, ya tomando distancias me pregunto cuál va a ser la reacción del lector no sólo argentino sino latinoamericano, porque claro, el libro transcurre en un medio muy francés, autopista francesa, todos los nombres son franceses.

–Los autonautas... es otro libro de ese género extraño que practicás, mezcla de memoria y ficción, en la línea de La vuelta al día en 80 mundos o Último round…

–Son los que yo llamaba los “libros-almanaques”, porque vienen de la fascinación que yo tenía de chico por los almanaques. Como el Almanaque del Mensajero, que mi madre compraba; no sé si todavía se publica, era sobre todo para los provincianos. Era una maravilla para un niño, tenía calendarios, las fases de la Luna, las mareas, recetas de cocina, consejos de jardinería, medicina del hogar, cuentitos, poemas, y todo en un libraco así, de 300 páginas. Entonces, cuando hice La vuelta... y Último round, que eran materiales muy heteróclitos, los llamé los libros-almanaques. Y en alguna medida éste también lo es, porque son dos autores y cada uno toma el tema que le interesa en el momento, pero muy centrado en el viaje y en la autopista.

–Cambiando de libros: ¿cómo ves la literatura argentina actual? ¿Seguís en contacto con ella?

–Sí, en ese sentido tengo una posibilidad de privilegio, porque buena parte de los escritores no sólo argentinos sino latinoamericanos, y especialmente los jóvenes, me mandan sus libros. Sin hablar de los manuscritos porque, con su gran ingenuidad, los jóvenes piensan que yo tengo tiempo para leer sus manuscritos y además sentarme a la máquina y darles una opinión. Hay una cosa muy terrible, que crea un mecanismo de responsabilidad: son las novelas del exilio, de mucha gente que ha pasado por la cárcel y la tortura y se descargan en una novela, sin ser escritores, o siendo escritores noveles, y en general escriben novelas que literariamente son muy flojas y que ningún editor va a publicar. Tienen un valor de testimonio, pero son inevitablemente repetitivas, porque la tortura es la misma, la prisión es la misma. Cambian las modalidades según la óptica y las circunstancias, pero una vez que un editor ha publicado dos novelas sobre torturas y prisiones no puede seguir, porque los lectores ya no las compran. Entonces hay mucha gente que se siente frustrada.

–¿Y volviendo a lo editado?

–Sí. No es muy lindo hacerlo, pero por razones metódicas dividamos el campo en la literatura que se ha hecho aquí y la que se ha hecho en el exilio.

–Esa decisión ha creado grandes discusiones, enfrentamientos.

–A mí no me crea ningún problema, pero sí sé que preocupa a mucha gente. Yo creo que la cosa está muy clara: los escritores argentinos que se quedaron aquí se han encontrado con un mecanismo de represión, de censura, que se reflejaba en las posibilidades editoriales y de librería, que ha hecho, supongo, que haya muchos libros que hasta ahora estaban en un cajón y quizá salgan. No sé, es una hipótesis, porque en el franquismo también se decía eso, que había toda una generación española que tenía cosas formidables sin publicar, y las tales cosas no han aparecido por ningún lado. Así que vamos a ver. Yo soy optimista por naturaleza y quiero creer que aquí hay cosas que se podrán publicar ahora y que fueron escritas en los peores momentos. Y está también lo que se escribió y publicó en los peores momentos, que… bueno, puede haber excepciones, pero en general fue una literatura muy autocontrolada, con una autocensura inevitable. En ese sentido, los escritores exiliados tenían una libertad que no han tenido los argentinos; que eso se tradujera en mayor calidad es algo muy discutible. Pero si tomamos el caso de Osvaldo Soriano, dudo mucho que sus libros se hubieran podido escribir y publicar acá. Escribirlos sí, pero publicarlos... si incluso a mí me habían prohibido dos libros.

–¿Leíste Respiración artificial?

–Sí, sí, lo leí en París, claro, me lo pasó alguien. Piglia no me lo mandó, a pesar de que nos conocimos en Cuba en el congreso cultural del 68. Me pareció el libro de un hombre muy inteligente y muy capaz, desde luego. Ahora, habría que preguntarle en qué condiciones lo escribió, con qué margen.

–¿Y te parece que los escritores que estuvieron afuera aprovecharon bien esa libertad?

–Sí, yo creo que casi todos han continuado su obra de manera muy positiva. Podría nombrar a gente como Pedro Orgambide o Noé Jitrik, que están en México. Sin duda sus libros deben haber entrado de una forma muy clandestina y limitada aquí... Pero eso es lo que yo llamo el exilio positivo. Es una alegría enterarse de que no han aflojado. Y sumemos a los músicos, pintores, escultores, que han llevado adelante su trabajo. En este sentido no hay ningún motivo para temer que diez años de dictadura sangrienta hayan podido aplastar nuestra evolución cultural. Creo que la han sofocado, pero no ahogado.

–Alguna vez se ha hablado, desde afuera, de la complicidad de los que se quedaron. ¿Compartís esa idea?

–¿Qué entendés por complicidad? ¿Complicidad con la situación interna? Yo no lo veo así. No, no lo creo. En primer lugar, cuando hablamos de temas culturales, por razones personales tendemos a centrarlo en la literatura de ficción, pero la noción es mucho más amplia, abarca toda la ensayística y el trabajo de tipo científico. Y no veo en qué medida se puede hablar de complicidad que abarque a todos los que se quedaron cuando hay una buena parte del trabajo interno que se ha hecho y se sigue haciendo en la Argentina cuya finalidad no es política: el trabajo de un psicoanalista, de una cierta sociología... En el plano de la literatura, me temo que sí, debe haber habido complicidades, pero de ninguna manera hay que generalizar. Haroldo Conti se quedó y le ha costado la vida; Rodolfo Walsh, Paco Urondo se quedaron y les ha costado la vida. ¿De qué complicidad se puede hablar? Ellos se jugaron hasta el final, en lo que hacían y en lo que escribían; de modo que... Y estos tres nombres ya son muchos y hermosos nombres.

En el compromiso. Antes de la entrevista Julio Cortázar se quejaba de las preguntas repetidas de los periodistas, sobre todo en ciertos temas políticos. “Nunca dejarán de preguntar sobre el escritor comprometido”, dijo, y recordaba la broma de alguien que no recordaba, que clamaba por que los escritores comprometidos se decidieran a casarse de una buena vez. Pero el escritor comprometido, o como quiera que se lo llame, reaparece detrás de cada frase, en cada reflexión. Nunca se pierde, nunca se transforma. Uno de los objetivos de su breve paso por Buenos Aires era tomar contacto con gente del nuevo gobierno y, sobre todo, con Hipólito Solari Yrigoyen, su amigo y compañero de tantos gritos en un desierto que se fue poblando poco a poco.

–En su opinión, ¿cuál debería ser la política con los responsables de la represión, las torturas y las desapariciones?

–Es una pregunta muy obvia, ¿no? La respuesta es muy obvia.

–Tal vez no tanto, a la luz de las discusiones que hay al respecto en los partidos mayoritarios.

–El primer paso sería establecer las responsabilidades, definir bien quiénes son; pero no buscar media docena de chivos expiatorios, con eso no engañan a nadie. Todo aquel al que se le pueda probar su participación en la represión, desde generales hasta sargentos o soldados, y también todos los responsables civiles –paramilitares, Triple A, gangsters de todo tipo–, debe ser castigado por sus crímenes. Y no hay que dejarse engañar por el sistema de defensa que se utilizó en Núremberg, de la orden recibida. Obedecer órdenes no es excusa para torturar y matar a seres humanos. Y el segundo paso es que esos responsables sean sometidos a una Justicia que merezca ese nombre, que no sea un camelo como lo ha sido la Justicia durante la dictadura militar. Y que reciban entonces las penas que correspondan a sus delitos. No es que yo sea partidario de la ley del talión, ni mucho menos, pero desgraciadamente las penas estarán siempre por debajo de lo que han sido esos crímenes, que van más allá de todo castigo posible. Yo estoy en contra de la pena de muerte, pero sí creo en la máxima pena carcelaria que puedan recibir esos individuos.

–Últimamente, ciertos sectores están intentando presentar el castigo por esos crímenes como una venganza. ¿Qué te parece?

–Ése es un concepto totalmente equivocado. Yo te citaría el caso de Nicaragua. Una de las cosas que más me conmovieron, más positivas de la revolución nicaragüense, es la clemencia que mostraron con los criminales de guerra, somocistas culpables de crímenes equivalentes a los de aquí. Bueno, lo primero que hizo el sandinismo triunfante fue abolir la pena de muerte, y reemplazarla por un máximo de treinta años de cárcel. Yo asistí a los juicios de algunos de los peores criminales, en los que la muerte habría sido poco para castigarlos. Estaba el caso de un coronel que, para aterrorizar a los pobladores, tomaba a un campesino, lo metía en un helicóptero y lo tiraba exactamente en el medio de la plaza del pueblo. Este señor se defendía cínicamente en el proceso diciendo que todo era mentira y que él era católico, y cosas por el estilo. Ese señor tiene treinta de cárcel, el máximo. Y uno sale de esos procesos con una sensación de frustración, porque ¿qué son treinta años de cárcel al lado de lo que hizo? Pero, en cambio, no me hubiera gustado nada que los fusilaran. De modo que cuando aquí el informe de Rattenbach habla de fusilar a los cuatro chivos emisarios, está diciendo una estupidez, porque jamás van a fusilar a nadie, no es Alfonsín el que va a fusilar a esos señores. O sea que ya de entrada están haciendo una comedia, una payasada. Ya con que vayan a la cárcel estaremos más que satisfechos.

Se estaba haciendo tarde, nos esperaban para almorzar. Mientras nos levantábamos, le pregunté si creía que alguna vez le iban a poner su nombre a una calle, a una plaza, si iba a quedarse en la Argentina de esa rara manera.

–Uy, no, espero que nunca lo hagan. Nada me daría más horror.

Dijo, y se rio.

jueves, 12 de febrero de 2009

Pidan perdón a Beppino Englaro

Pidan perdón a Beppino Englaro

ROBERTO SAVIANO

Como italiano, siento la necesidad de esperar que mi país pida perdón a Beppino Englaro. Perdón porque a los ojos del mundo ha demostrado ser un país cruel, incapaz de comprender el sufrimiento de un hombre y de una mujer enferma. Y que se ha puesto a gritar, y a acusar, animando a uno y otro bando. Pero no había bandos. No se trata de apostar por la vida o la muerte. No es así.


El padre que ganó al Papa y a Berlusconi
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Ha demostrado que en Italia lo más revolucionario es la certeza del derecho
Beppino Englaro no era partidario de la muerte de su hija, y hasta su mirada muestra las huellas del dolor de un padre que ha perdido toda esperanza y felicidad, e incluso belleza, a través del sufrimiento de su hija. Beppino debía ser respetado como hombre y como ciudadano independientemente de lo que cada uno piense. También, y sobre todo, si no pensaba como Beppino. Porque ha sido un ciudadano que se ha dirigido a las instituciones, y porque luchando dentro de las instituciones y con las instituciones sólo ha pedido que se respetase la sentencia del Tribunal Supremo.

Sin duda, quienes no comparten la postura de Beppino (y la que Eluana había transmitido a su padre) tenían el derecho y el deber, impuesto por su propia conciencia, de manifestar su oposición a que se interrumpiesen la alimentación mediante sonda y la hidratación. Pero la batalla debía hacerse siguiendo la conciencia de cada uno, y no intentando intervenir poniendo trabas al Tribunal Supremo. Beppino ha preguntado a la ley y la ley le ha confirmado que tenía derecho. ¿Ha bastado esto para desencadenar la rabia y el odio contra él? ¿Es la caridad cristiana la que hace que le llamen asesino? Hace que un grupo de personas que no saben nada del dolor de una hija inmóvil en una cama le increpen como a un conde Ugolino que, igual que en el Infierno de Dante, devora a sus hijos por el hambre. Y dicen estas idioteces en nombre de un credo religioso.

Pero no es así. Yo conozco una iglesia que en mi pueblo es la única que se encuentra en territorios más complejos, junto a las situaciones más desesperadas, la única que ofrece dignidad de vida a los inmigrantes, a quienes son ignorados por las instituciones, a quienes no consiguen salir a flote en esta crisis. La única que proporciona alimento y que está presente entre aquellos que no encontrarían a nadie que les escuchara. Los padres combonianos, igual que la comunidad de San Egidio, el cardenal Sepe, y también el cardenal Martini, son órdenes, asociaciones y personalidades cristianas fundamentales para la supervivencia de la dignidad de mi país.

Conozco esta historia cristiana. No la de la acusación a un padre indefenso y solo y con la fuerza del derecho. Beppino, por respeto a su hija, ha difundido fotos de Eluana sonriente y bellísima, precisamente para recordarla en vida, pero podría mostrar el rostro hinchado y deformado de los últimos años que ha pasado tumbada en una cama, sin expresión y sin pelo. Pero no quería vencer con la fuerza del chantaje de la imagen, sino sólo con la fuerza del derecho que hace que una persona decida su propio destino. A quienes pretenden hacer méritos con la Iglesia fingiendo a menudo afecto hacia la pobre Eluana les pregunto: ¿dónde estaba la Iglesia cuando atronaba la guerra contra Irak? ¿Dónde están los políticos cuando la Iglesia pide humanidad y respeto para los inmigrantes apiñados entre Lampedusa y los abismos del Mediterráneo? ¿Dónde están estos políticos cuando la Iglesia, a menudo en ciertos territorios la única voz de resistencia, solicita una intervención decisiva en el sur y contra las mafias? Sería bonito poder pedir a los cristianos de mi país que no crean en quienes sólo se sienten con ánimos para especular sobre debates en los que no hay que demostrar nada con hechos, sino sólo tomar partido.

Lo que ha faltado estos días, como siempre, ha sido la capacidad de percibir el dolor. El dolor de un padre. El dolor de una familia. El dolor de una mujer inmóvil desde hace años y en una situación irreversible y que había expresado a su padre una voluntad. Y que personas que ni siquiera la conocían y que no conocen a Beppino ahora pongan en duda esa voluntad. Y que demuestran poco o ningún respeto al derecho. Incluso cuando se considera que no es posible compaginar este derecho con la moral de uno, y precisamente porque es un derecho se puede ejercer o no. Ésta es la maravilla de la democracia. Comprendo la voluntad de empujar a las personas a no disfrutar de este derecho. Pero no a negar el derecho en sí. El espectáculo que en España, igual que en Europa, ha dado Italia de un país que ha especulado por enésima vez. Muchos políticos han vuelto a utilizar el caso Englaro para tratar de crear consenso y distraer a la opinión pública, en un país al que la crisis ha puesto de rodillas, y en el que la crisis está permitiendo a los capitales criminales devorar a los bancos, donde los sueldos están congelados y no parece que haya solución.

Pero ésta es otra historia. Precisamente en un momento de crisis, de frases hechas, de poco respeto, Beppino Englaro ha dado fuerza y sentido a las instituciones italianas y a la posibilidad de que un ciudadano de nuestro país aún pueda tener esperanza en las leyes y en la justicia. Creo que esto debe ser evidente también para quienes no aceptan que se quiera suspender un estado vegetativo permanente y consideran que cualquier forma de vida, incluso la más inerte, debe ser tutelada. Quizá el error de Beppino haya sido la ingenuidad y la corrección de creer en las posibilidades de justicia en Italia. Y en cambio, debía emigrar, igual que emigran todos los que quieren una vida mejor y distinta. Desde Italia ya no se emigra sólo para encontrar trabajo, sino también para nacer y para morir. Y para obtener justicia.

Me he preguntado por qué Beppino Englaro, como, por otra parte, alguien le había sugerido, no consideró oportuno resolverlo todo a la italiana. En los hospitales muchos susurraban: "¿Por qué convertirlo en una batalla simbólica? Se la lleva a Holanda y asunto concluido". Otros aconsejaban el acostumbrado método silencioso, dos billetes de 100 euros a una enfermera experta y todo se habría resuelto enseguida y en silencio. Eutanasia clandestina.

Como en la película Las invasiones bárbaras [Denys Arcand], en la que un profesor canadiense con una enfermedad terminal y presa de horribles dolores se reúne con sus amigos y familiares en una casa junto a un lago y, gracias al apoyo económico de su hijo y de una enfermera competente, practica la eutanasia de forma clandestina.

Y quizá sólo en estas circunstancias consigues explicarte la historia de Sócrates y sólo ahora entiendes, después de haberla escuchado miles de veces, por qué bebió la cicuta en lugar de escapar. Todo esto se vuelve actual y resulta evidente que ese querer permanecer, esa vía de escape ignorada, y de hecho aborrecida, es mucho más que una campaña a favor de una muerte digna individual; es una batalla en defensa de la vida de todos.

Beppino Englaro, con su batalla, ha abierto un nuevo camino, ha demostrado que en Italia no existe nada más revolucionario que la certeza del derecho. Si en mi tierra fuera posible dirigirse a un tribunal para ver reconocido, en un plazo de tiempo adecuado, la base del propio derecho, no sentiríamos la necesidad de recurrir a otras soluciones.

Y a él le corresponde el mérito de habernos enseñado a allanar el camino de las instituciones, y a recurrir a la magistratura para ver afirmados los derechos de uno en un momento de profunda y tangible desconfianza. Y a pesar de todas las peripecias burocráticas, al final ha demostrado que en el derecho tiene que existir la posibilidad de encontrar una solución.

Por una vez en Italia la conciencia y el derecho no emigran. Por una vez no hay que salir fuera para obtener algo, o solamente para pedirlo. Por una vez no buscamos que nos escuchen en otro lugar; es imposible que un ciudadano italiano, independientemente de su forma de pensar, no considere a Beppino Englaro un hombre que está devolviendo a nuestro país esa dignidad que a menudo nosotros mismos le quitamos.

Imagino que Beppino Englaro, al mirar a su Eluana, sabía que el dolor que ha sentido su hija es el dolor de cualquier individuo que lucha por la afirmación de sus derechos. Ha hecho que se descubra de nuevo una de las maravillas olvidadas del principio democrático, la empatía, cuando el dolor de uno es el dolor de todos. Y así, el derecho de uno se convierte en el derecho de todos.

Estas palabras mías terminan dando las gracias a Englaro, porque si mañana en Italia cualquiera puede decidir si en caso de encontrarse en estado neurovegetativo quiere ser mantenido en vida por las máquinas durante décadas o elegir su final sin emigrar, como siempre, se lo deberemos a él. Es esta Italia del derecho y de la empatía la que permite respetar y comprender también elecciones distintas en las que sería hermoso reconocerse.


Traducción de News Clips. © 2009 by Roberto Saviano Publicado de acuerdo con Roberto Santachiara Literary Agency