(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

lunes, 29 de diciembre de 2014

Eduardo Galeano



El imperio del consumo



La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.
 El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».
Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad grave» ha crecido casi un 30% entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos 16 años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, la diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restaurante de Montreal en Canadá: el restaurante cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, tanto mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente en la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a 7.000 años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad; las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error que se debe corregir, ni un defecto que se debe superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar un shopping center del tamaño del planeta.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Otro asesinato de un joven negro


APTOPIX Ferguson
La muerte de Antonio Martin, de 18 años, en San Luis (Estados Unidos) genera tensión en los departamentos policiales y ha intensificado las protestas en el país.
“Está generando mucha tensión acá en el país con respecto a los Departamentos de Policías y los movimientos que se han formado“, dijo la corresponsal de Telesur Karina Cartagena durante un reporte a la multiestatal.
“Las protestas se intensifican en las últimas horas en todo el país y que los movimientos como ‘Todos estamos unidos’, ‘La vida de los negros también importa’, han indicado que pese a la presión de las autoridades en diferentes estados, van a seguir en las calle pidiendo justicia”, reportó.
Según un comunicado de la Policía, un oficial del condado de Saint Louis “realizó varios disparos” luego de que un hombre “sacara un arma y apuntara al oficial”.
“Temiendo por su vida, el oficial de Berkeley realizó varios disparos, alcanzando al sujeto e hiriéndolo mortalmente”, dijo el portavoz policial Brian Schellman. No obstante, la madre del adolescente negó que su hijo estuviera armado.
El tiroteo ocurrió en la noche del martes en una gasolinera cuando el oficial realizaba un patrullaje de rutina.
El joven donde estudiaba en la escuela secundaria Jennings Senior, según informó ‘STLtoday’.
La corresponsal de Telesur citó a la Policía de San Luis y dijo que se confirmó “que el uniformado se encontraba en su día fuera de servicio”. Asimismo, han indicado que las investigaciones están en curso y revisan el video de vigilancia de la gasolinera. En este sentido, se esperan que en las próximas horas, las autoridades ofrezcan más detalles.
Radio del Sur

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Icóno de la tortura


Como un niño en los Estados Unidos de los 1950, recuerdo un programa semanal en la televisión sobre un benévolo alienígena con poderes sobrehumanos que había venido a la tierra desde el lejano planeta Krypton. Disfrazado de un reportero de un gran periódico metropolitano con modales suaves, este superhéroe siempre se las arreglaba para rescatar a los buenos ciudadanos de Metrópolis de las parcelas diabólicas de villanos depravados. Era la personificación de la valentía, la humildad y la abnegación, que libraba constantemente “una batalla sin fin al estilo estadounidense por la verdad y la justicia”.
Medio siglo más tarde, un estudio realizado por el Senado ha detallado cómo la injusticia y las increíbles mentiras de la CIA han hecho que el estilo estadounidense se convirtiera en un icono de la tortura y la tiranía.
“Aunque la Oficina de Asesoría Legal lo ve de otra manera, mi conclusión personal es que los detenidos de la CIA entre 2002 y 2007, según cualquier significado que damos a este término, fueron torturados”, escribió la presidenta del Comité de Inteligencia del Senado y la autora del informe sobre el programa de detención e interrogación de la Agencia Central de Inteligencia, la senadora Dianne Feinstein. En cuanto a la eficacia del programa, el informe citó que el uso de “avanzadas técnicas de interrogación no era un medio eficaz para la adquisición de la información”, y que “varios detenidos de la CIA fabricaron la información, lo que demuestra un gran fallo en el sistema de Inteligencia”.

La investigación de la senadora Dianne Feinstein sobre la CIA no es la primera por parte del Congreso a la que se somete la agencia de superdetectives de Estados Unidos. En 1974, el entonces presidente republicano Gerald Ford causó una confrontación del Congreso con sus declaraciones de que la CIA había estado asesinando a los líderes extranjeros. Sobre la base de las denuncias de Ford, la Casa Blanca y ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos establecieron comités independientes para investigar fechorías de la CIA. El propósito de estas investigaciones era restablecer la supervisión del Congreso sobre la inteligencia estadounidense, que también incluía al FBI (Oficina Federal de Investigaciones) y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional).
En aquel momento, los funcionarios de inteligencia se quejaron amargamente de “comités hostiles del Congreso empeñados en la exposición de los abusos por parte de las agencias de inteligencia y en hacer grandes reformas”. La mentira y el obstruccionismo se convirtieron en las normas establecidas. Por ejemplo, el entonces director de la CIA William Colby, que testificó a puertas cerradas ante los investigadores del Senado, negó las acusaciones de participación de la CIA en el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, pero admitió que la NSA había espiado las llamadas telefónicas realizadas por los ciudadanos estadounidenses al extranjero. Por supuesto, como lo demostraron los documentos posteriormente desclasificados de la CIA, la agencia había participado en operaciones encubiertas en Chile desde 1962, Colby en ese momento estaba mintiendo bajo juramento.
Al final de la investigación, que no acabó siendo un informe aprobado oficialmente, el senador Otis Pike confió: “Esta investigación me convenció de que siempre había sido mentido y me hizo saber que estaba ya harto de ser mentido”. Daniel Schorr de CBS News, logró obtener una copia del borrador de Pike del comité de la investigación y filtrarla a Village Voice, que publicó partes del informe bajo el título “El informe sobre la CIA que el presidente no quiere que leas”. Los personajes claves en la administración de Ford que se opusieron a la revelación de los resultados de las investigaciones sobre la CIA, el FBI y la NSA son ahora personajes muy conocidos; el entonces Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y su ayudante, Dick Cheney.
Ahora que hemos mencionado a Rumsfeld, vale la pena explicar un poco su implicación en este contexto. Como congresista, Rumsfeld había hecho famoso acusando a Paul Nitze, el oficial de alto de rango que ayudó a dar forma a la política ultraagresiva estadounidense durante la Guerra Fría y el autor del manifiesto anticomunista de la CIA, NSC-68, de ceder ante las ideas de los opositores, es decir, de ceder ante la antigua Unión Soviética en cuestiones de desarme nuclear. Irónicamente, Rumsfeld fue director de la Oficina de Oportunidades Económicas de Nixon, y junto con su asistente, Dick Cheney, había recibido el encargo de destripar la agencia de la lucha contra la pobreza. Cuando Nixon cayó repentinamente en desgracia y se dimitió, el recién nombrado presidente Ford se volvió hacia su colega Rumsfeld, a quien nombró como el jefe de Gabinete de la Casa Blanca y puso a Dick Cheney como su asistente.

En el otoño de 1975, Rumsfeld había convencido a su jefe para sustituir al director de la CIA William Colby por George H.W. Bush, mover a Kissinger de la NSA al Departamento de Estado y despedir al Secretario de Defensa James Schlesinger para que el mismo pudiera ocupar este puesto. Esta purga, llamada “masacre de Halloween”, permitió a Rumsfeld conceder mucho poder a los neoconservadores como Richard Perle, Paul Wolfowitz, Douglas Feith, Richard Armitage, Condoleezza Rice y muchos otros, sentando así las bases para las políticas militaristas de las administraciones de Reagan, Bush padre e hijo.
Cuando Rumsfeld fue nuevamente nombrado como Secretario de Defensa de Bush II, jugó un papel clave en la vigilancia de las operaciones encubiertas de supervisión del Congreso. Con la ampliación de la Agencia de Inteligencia de las fuentes humanas, una subdivisión de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), Rumsfeld no sólo consiguió ocultar los gastos de operaciones encubiertas del Departamento de Defensa, y el “presupuesto negro” para la financiación de un 80% del sistema de inteligencia de Estados Unidos, sino también liberar sus llamados “elementos de soporte de operaciones” de escrutinio del Congreso. Así con todo el mundo en campo de batalla en la guerra global contra el Terror de Bush, Rumsfeld fue capaz de llevar a cabo acciones encubiertas sin restricciones incluso dentro de los países que no eran considerados como una amenaza a los intereses estadounidenses. Rumsfeld también, en una detallada nota de abril de 2003, aprobó el uso de 24 específicas “técnicas de contraresistencia”, también conocidas como la tortura, a la hora de tratar a los presos de Guantánamo.

Dick Cheney también defendió enérgicamente el uso de la tortura, a la que algunos se refieren como “avanzadas técnicas de interrogatorio”. “Hemos evitado otro ataque masivo con víctimas contra los Estados Unidos”, replicó sin remordimiento, y añadió “lo haría de nuevo si llega el momento”. Negando que las técnicas utilizadas en los interrogatorios de los detenidos constituían tortura, él declaró: “fuimos muy cuidadosos para no llegar a las fases de la tortura”. Cheney insistió con vehemencia que no sólo el departamento de Justicia de Estados Unidos había aprobado la legalidad del mencionado programa, sino también el mismo Bush II era plenamente al tanto de ello y había consentido el uso de los métodos brutales de interrogatorio. “Este hombre sabía lo que estábamos haciendo”, dijo Cheney de su jefe Bush II. “Él lo autorizó. Él lo aprobó”.
Basado en las declaraciones de Cheney, Bush II fue quien dio la orden de la tortura, pero al mismo tiempo lo hizo manteniendo la “negación plausible”. Por ejemplo, el informe afirma que “la CIA instruyó al personal que el interrogatorio de Abu Zubaydah tendría “prioridad” sobre la atención médica que debería recibir, lo que causó el deterioro de una herida de bala que había recibido Abu Zubaydah durante su captura”. Esto sugiere que tal vez la orden vino directamente desde la propia CIA y Bush II no estaba al tanto del asunto. Sin embargo, otras fuentes han informado que el propio George W. Bush consultó entonces con el director de la CIA, George Tenet, sobre el progreso de interrogatorio de Abu Zubaydah. Al ser informado por Tenet que Abu Zubaydah estaba bajo el efecto de los analgésicos debido a heridas graves y por lo tanto no había revelado mucha información, Bush II respondió: “¿Quién autorizó ponerle medicamentos para el dolor?”

El Fiscal general adjunto de George W. Bush, uno de los principales justificadores de la tortura, John Yoo, criticó el informe de Feinstein, afirmando que “el informe no hace justicia a los hechos: Contrariamente a las expectativas de los expertos en terrorismo dentro y fuera del gobierno, Estados Unidos ha logrado prevenir un segundo ataque terrorista a gran escala durante los últimos 13 años”. Disputando las reclamaciones de la CIA sobre los complots terroristas frustrados, el informe del Senado precisa que “algunas de las conspiraciones que la CIA alega neutralizar como resultado de sus avanzadas técnicas de interrogatorio, fueron calificadas por funcionarios de inteligencia y la ley de las ideas no factibles o las que nunca se pondrían en práctica”.
Alegación de Yoo es un ejemplo clásico de la falacia lógica, post hoc ergo propter hoc, que significa “después de esto, por lo tanto, a consecuencia de esto”. Todo lo que sabemos es que algunos funcionarios estadounidenses afirmaron haber frustrado un número de supuestos complots terroristas. Es simplemente imposible saber si las tácticas de tortura oficialmente sancionadas han tenido algo que ver con la ausencia de otro ataque a escala de 11S, y, por tanto, como el propio director de la CIA John Brennan confirmó, es imposible de demostrar lo pro y lo contra. Aun así, incluso si tenemos que admitir que las políticas de tortura de los Estados Unidos han impedido los ataques terroristas, la naturaleza agresiva y belicista de la política exterior estadounidense ha nutrido ya suficientemente una amplia posibilidad de actividades terroristas en las próximas décadas.

En junio de 2004, después de que se estalló el escándalo de las torturas en Abu Ghraib en Irak, George W. Bush enfáticamente pontificó: “Nosotros no aprobamos la tortura. Nunca he ordenado la tortura. Nunca voy a ordenar la tortura. Los valores de este país son tales que la tortura no es una parte de nuestro alma y nuestro ser”. Por el contrario, el último “Informe de la tortura” del Senado de Estados Unidos no sólo ha demostrado que Bush II fue un mentiroso, sino también que el uso de la tortura, lejos de sus palabras falaces, fue y sigue siendo parte del alma y el ser de los líderes de Estados Unidos, que han hecho que el Gobierno de Estados Unidos se convierta en un símbolo de la tiranía contra la humanidad.
Yuram Abdolá Weiler

domingo, 21 de diciembre de 2014

Obama y el principio del fin del bloqueo a Cuba

Obama y el principio del fin del bloqueo a Cuba


Democracy Now!


La política infructuosa de Estados Unidos contra Cuba, que ha clausurado por más de medio siglo las relaciones entre estos países vecinos e inflingido daño a varias generaciones del pueblo cubano, podría finalmente estar llegando a su fin. El miércoles por la mañana nos enteramos de que Alan Gross, un contratista del gobierno estadounidense condenado en Cuba por espionaje, había sido puesto en libertad después de cinco años de prisión. Otra persona, un cubano no identificado encarcelado en Cuba desde hace veinte años por espiar para Estados Unidos, también fue liberado. Este acontecimiento ha sido noticia a nivel mundial. No tan bien explicada en los medios estadounidenses fue la liberación de tres presos cubanos en Estados Unidos. Son los tres miembros de los Cinco de Cuba que seguían encarcelados. Los Cinco fueron detenidos a finales de 1990 bajo cargos de espionaje, pero no estaban espiando al gobierno de Estados Unidos. Estaban en Miami con el objetivo de infiltrarse en los grupos paramilitares cubano-estadounidenses instalados allí con la finalidad de lograr la destitución violenta del gobierno cubano.

Al mediodía del miércoles, el presidente Barack Obama dio oficialmente la noticia: esto no fue un simple intercambio de prisioneros. “El día de hoy, Estados Unidos de América está cambiando su relación con el pueblo de Cuba. Estamos produciendo los cambios más significativos de nuestra política hacia Cuba en más de cincuenta años. Vamos a dar por terminado el enfoque obsoleto que durante décadas no ha logrado promover nuestros intereses y, en su lugar, comenzaremos a normalizar las relaciones entre nuestros dos países. A través de estos cambios, tenemos la intención de crear más oportunidades para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano y comenzar un nuevo capítulo entre los países de las Américas. He instruido al Secretario [de Estado John] Kerry a que inicie de inmediato el diálogo con Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas que fueron interrumpidas en enero de 1961”.

Fue el presidente Dwight Eisenhower quien rompió relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, dos años después de que Fidel Castro tomara el poder. Más adelante, el presidente John F. Kennedy extendería el bloqueo. Pocos meses después de que Kennedy asumiera el cargo, la invasión de la CIA a la Bahía de Cochinos, con la intención de derrocar al gobierno de Fidel Castro, tuvo un resultado desastroso. Es universalmente considerado como uno de los mayores fiascos militares de la era moderna. Decenas de personas fueron asesinadas, y Cuba encarceló a más de 1.200 mercenarios de la CIA.

Cuba se convirtió en una zona caliente, sobre todo cuando la Unión Soviética intentó emplazar misiles nucleares de corto alcance en la isla, lo que precipitó la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962. Este episodio es ampliamente considerado como lo más cerca que han estado estas dos potencias mundiales de embarcarse en una guerra nuclear. Estados Unidos intentó también asesinar a Castro. Mientras el Comité Church del Senado de Estados Unidos identificó ocho intentos de ello, Fabián Escalante, ex jefe de la contrainteligencia cubana, descubrió al menos 638 intentos de asesinato.

La revolución cubana tiene sus detractores, pero la transformación de la vida cotidiana allí no se puede negar. A lo largo de la década de 1950, durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista, la mayoría de los cubanos padecieron pobreza extrema, con acceso escaso a la educación, a la salud y a puestos de trabajo bien remunerados. El régimen de Batista era brutal, con detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones. Batista se alió con la mafia estadounidense, beneficiándose personalmente de la corrupción generalizada, especialmente de los opulentos hoteles y casinos de La Habana. Actualmente, los cubanos disfrutan de la misma esperanza de vida que sus vecinos estadounidenses y tienen una menor tasa de mortalidad infantil. Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo, superada solamente por Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Australia, según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, que ubica a Estados Unidos en el lugar 21 del ranking mundial, dos niveles por encima de Kazajstán.

Cuba, a menudo azotada por huracanes, ha desarrollado uno de los mejores sistemas de respuesta médica a desastres naturales en el mundo. Recientemente ha desplegado 250 médicos en África Occidental para combatir el ébola. En el año 2005, el entonces presidente Fidel Castro ofreció enviar 1.500 médicos a Estados Unidos tras el huracán Katrina. El gobierno de George W. Bush nunca respondió.

El bloqueo ha sido durante mucho tiempo central para la política electoral estadounidense, ya que la comunidad cubana en Miami, buena parte de la cual es histórica y resueltamente anticastrista, se ha considerado crucial para ganar el estado de Florida en una elección presidencial. Miami también ha servido como refugio para los grupos terroristas anticastristas. Uno de los Cinco, René González, fue liberado en 2011 después de trece años de cárcel. Lo entrevisté en 2013, poco tiempo después de su regreso definitivo a La Habana. Me dijo: “Formó parte de la experiencia común de mi generación ver que gente proveniente de Miami asaltaba nuestras costas, disparaba a los hoteles, mataba gente aquí en Cuba y atentaba contra aviones cubanos”.

En 1976, un atentado terrorista hizo estallar un vuelo de Cubana de Aviación. El avión explotó en el aire y las 73 personas que iban a bordo murieron en el acto. En 1997, una serie de atentados con bomba en hoteles de La Habana provocaron la muerte de un turista italiano. El ex agente de la CIA Luis Posada Carriles reconoció su participación en los atentados a los hoteles, y existen pruebas que lo vinculan fuertemente con el atentado del avión. Los Cinco de Cuba fueron declarados culpables de investigar las actividades terroristas de estos hombres y de los grupos sin fines de lucro que les servían como fachada de apoyo, como la Fundación Nacional Cubano Americana y Hermanos al Rescate. Posada Carriles vive actualmente en Florida como un hombre libre.

La guerra fría ha terminado. El gobierno de Cuba es comunista, pero también lo son los gobiernos de China y Vietnam, con los cuales Estados Unidos mantiene fuertes lazos. Los once millones de ciudadanos de Cuba, así como todos los que vivimos aquí, en Estados Unidos, merecemos un vínculo fluido y abierto como vecinos, sobre la base de la igualdad y arraigado en la paz.

© 2014 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/blog/2014/12/19/obama_y_el_principio_del_fin

martes, 16 de diciembre de 2014

Psicólogos que diseñaron las torturas de la CIA

Quiénes son los psicólogos que diseñaron las torturas de la CIA

Los profesionales que trabajaban en la Fuerza Aérea y no tenían experiencia en interrogatorios ni en la lucha antiterrorista, según reveló el informe del Senado; la agencia pagó 80 millones de dólares por sus servicios

.- La CIA pagó 80 millones de dólares a una firma dirigida por dos ex psicólogos de la Fuerza Aérea sin experiencia en interrogatorios o en lucha antiterrorista que fueron los artífices de las técnicas de tortura como el "submarino", bofetadas en la cara y entierros simulados para prisioneros sospechosos de terrorismo, según el reporte del Senado de Estados Unidos difundido ayer.
Los dos psicólogos son mencionados en el reporte con los seudónimos de "Dunbar" y "Swigert", pero han sido identificados por fuentes de inteligencia estadounidenses como James Mitchell y Bruce Jessen.
La CIA subcontrató más del 80 por ciento de su programa de interrogatorios a la empresa Mitchell Jessen & Associates de Spokane, Washington, por su trabajo desde el 2005 hasta el término del acuerdo en el 2009.
La CIA también pagó a la compañía un millón de dólares para proteger a la empresa y sus empleados de responsabilidades legales.

DUDAS

El reporte del Senado cuestiona la capacitación de los psicólogos y los acusa de violar la ética profesional al diseñar un sistema que Dianne Feinstein, presidenta de la Comisión de Inteligencia del Senado, dijo que llevó a la tortura de algunos detenidos de laCIA.
"Ninguno de los psicólogos tenían experiencia como interrogador ni tenía conocimientos especializados de al Qaeda, antecedentes en la lucha contra el terrorismo, o cualquier experiencia cultural o lingüística relevante", según el reporte.

MÁS AGRESIVOS

En un incidente en una prisión secreta en el 2003, Abd al-Rahim al-Nashiri, capturado en el 2002 y sospechoso de ser el autor intelectual del ataque contra el USS Cole en Adén en el 2000, fue sometido varias veces al "submarino", debió permanecer con las manos en la cabeza por horas y fue amenazado, con los ojos vendados, con el zumbido de un taladro eléctrico cerca de su cabeza.
Algunos miembros de la CIA que participaron en el interrogatorio concluyeron que Nashiri no estaba reteniendo información significativa sobre planes terroristas.
Incluso después de eso, un psicólogo presente instó a que Nashiri fuera sometido a métodos más agresivos para inducir el "nivel deseado de impotencia", según el reporte publicado el martes. El reporte no dijo si el psicólogo que hizo la recomendación fue Mitchell o Jessen.
El jefe de interrogatorios de la CIA se mostró tan consternado cuando recibió el plan propuesto por la firma que envió un correo electrónico a sus colegas diciendo que el programa era un "choque de trenes" a punto de ocurrir, y que ya no quería ser asociado con él, dijo el reporte.
"¿Por qué no me dejan en paz?" dijo Mitchell, que vive retirado en el estado de Florida, a un periodista de Reuters al ser contactado por teléfono el martes. "Ni siquiera puedo confirmar o negar si estuve involucrado. Hable con la CIA".
Mitchell dijo en abril, según citas reproducidas por el diario británico The Guardian, que no tenía nada de qué disculparse, y declaró: "Hice lo mejor que pude". Su antiguo colega, Jessen, no pudo ser contactado para obtener comentarios.
Agencia Reuters.WA

LOS PSICÓLOGOS DEL HORROR

Los psicólogos del horror: los "expertos" detrás de las torturas de la CIA
Guerra antiterrorista- Ganaban 1.800 dólares por día y eran los encargados de guiar los interrogatorios de los sospechosos de terrorismo. El método que aplicaban data de 1967 y fue testeado con perros.
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Washington. Corresponsal
 
Ganaban 1.800 dólares por día y entre los dos llegaron a embolsar unos 81 millones de dólares. Los psicólogos estadounidenses que guiaban los interrogatorios de los sospechosos de terrorismo bajo tortura, atrocidades que fueron reveladas el martes en un espeluznante informe del Senado de Estados Unidos, fueron contratados por esa suma por la CIA para que aplicaran un método de 1967 que fue testeado con perros.
Una de las revelaciones del informe fue que Abu Zubaydah, uno de los primeros detenidos en la guerra contra el terrorismo, fue interrogado en Tailandia por agentes del FBI, a quienes confesó que Khalid Sheik Mohammed había sido el cerebro tras los ataques del 11 de septiembre. Pero como querían saber más, la CIA intervino y, según The Washington Post, envió a un psicólogo para hacerle un test que haría que "revelara todo, produciéndole una severa pérdida de su personalidad y asustándolo casi hasta la muerte". La CIA entonces le armó una especie de ataúd y encerró a Zubaydah por 300 horas, según el reporte del Senado. También le aplicaron la técnica del "submarino" (intento de ahogamiento) 83 veces en 17 días. Pero no reveló a la CIA ninguna otra información relevante que no hubiera dicho antes al FBI.
Según The Washington Post, los psicólogos Jim Mitchell y Bruce Jessen fueron los que guiaron el interrogatorio con un método llamado "indefensión aprendida" que, a pesar de que en ese momento no funcionó con el sospechoso, persistió en el tiempo y guió atrocidades en otros prisioneros.
Este método derivó de una investigación de psicólogos de la Universidad de Pennsylvania, que fue publicada en 1967, que intentaba mostrar qué pasaba cuando alguien perdía el control de su vida. Uno de los conceptos, según el informe, es la aparición tras los tormentos de "una actitud apática derivada de la convicción de que ninguna acción tiene el poder de cambiar la situación". "Indefensión aprendida" es que la persona está tan quebrada que no intentará escaparse pese a que se le presente una oportunidad.
Las pruebas originales del estudio fueron designadas para perros, como parte de un tratamiento de depresión en humanos. El autor del trabajo, Martin Seligman, sometió a los animales a electroshocks y los dividió en dos grupos: un grupo tenía una puerta de salida para escaparse y el otro no. A pesar de los tormentos, ninguno se escapaba. "El resultado -dice el informe-- lleva al concepto de la "indefensión aprendida" o "desesperanza".
Décadas más tarde, el psicólogo Mitchell quedó fascinado con ese concepto y lo aplicó a los humanos. El autor del reporte de 1967 se declaró "horrorizado" de que su trabajo hubiera derivado en esa aplicación, ya que fue pensado para el diagnóstico de la depresión.
Antes de trabajar para la CIA, Mitchell y Jessen habían estado involucrados en un programa del ejército estadounidense que entrenaba a pilotos y otros miembros de servicio de alto riesgo a sobrevivir entre el enemigo y resistir tácticas brutales si eran capturados. El reporte del Senado destacó que fueron contratados por la CIA a pesar de que"ninguno tenía experiencia como interrogador, ni conocimientos especializados en Al Qaeda o terrorismo".
Consultado por varios medios, el psicólogo Mitchell no confirmó ni desmintió haber participado de esos procedimientos, pero criticó el informe del Senado y dijo que había sido "manipulado políticamente".
Entre las torturas descriptas por el reporte -que suscitó el repudio mundial- se mencionan el "submarino" (sumergir la cabeza del detenido en el inodoro, que en algunos casos provocaron convulsiones), privación del sueño, la negativa a brindar atención médica, amenazas sexuales, alimentación o hidratación a través del recto, encadenamiento, golpes, etc. El informe señala que los abusados sufrían alucinaciones, paranoia, insomnio y algunos intentaron mutilarse.
 Diario Clarín – 11 de diciembre de 2014