(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

domingo, 29 de junio de 2008

Un encuentro para mantener viva la memoria

Un encuentro para mantener viva la memoria

A 30 años del mundial del '78, ex integrantes del seleccionado jugaron un partido para homenajear a las víctimas de la dictadura.19:27 | 29.06.2008 Saludo. El ex futbolista René Houseman junto a Nora Cortiñas, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo línea fundadora, en el césped del Monumental. (EFE)

Agrupaciones defensoras de los Derechos Humanos y ex jugadores del seleccionado argentino campeón del Mundial ’78, llevaron a cabo hoy un homenaje a los detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar, en el cual jugaron un partido de fútbol que contó con algunos integrantes de aquel equipo dirigido por César Menotti.

Integrantes de las Asociaciones de Abuelas y de Madres de Plaza de Mayo llegaron al estadio de River marchando desde el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó uno de los centros clandestinos de detención de la última dictadura, y que hoy está habilitado como Museo de la Memoria.

Al abrir el acto, el secretario de Deporte de la Nación, Claudio Morresi, recordó: "Hace 30 años, la dictadura utilizaba el deporte para imponer el terror", y agregó que "hoy los argentinos siguen teniendo pasión por el deporte y a los asesinos se los pone en la cárcel. Me niego a pensar que una dictadura pueda adormecer al pueblo. Creer esto es menospreciar la capacidad de lucha de nuestro pueblo".

A continuación, dirigentes de Abuelas y de Madres de Plaza de Mayo, junto con el titular de la CTA, Hugo Yasky, y el Premio Nobel de la Paz, Carlos Pérez Esquivel, dieron la vuelta olímpica acompañados por ex jugadores del seleccionado campeón, como Leopoldo Jacinto Luque, René Houseman y Ricardo Villa.

Inmediatamente después comenzó a disputarse “La Otra Final, el Partido por la Vida y los Derechos Humanos", del que participaron ex campeones del mundo de 1978, familiares de detenidos - desaparecidos e integrantes de los seleccionados juveniles de fútbol.

“Los intelectuales deben ser solidarios con los que sufren”

“Los intelectuales deben ser solidarios con los que sufren”

A propósito de la edición del libro Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, el escritor, periodista e historiador actualiza el debate sobre “los temas que se discuten desde siempre”. El autor de La Patagonia Rebelde no esconde nada.


Por Silvina Friera

Desde el escritorio de su casa en Linz am Rhein (Alemania), a orillas del río Rin, Osvaldo Bayer contempla un inmenso bosque de hayas, robles, nogales y otros árboles y plantas con sus curiosas y hermosas flores silvestres. Y oye el canto de los pájaros. En esa casa, construida por su hijo Udo, espera que lleguen los sueños, los recuerdos, los anuncios, lo imprevisto. “Aquí espero la visita de Chejov, de Bernhardt, o de los poetas de siempre, Goethe, Hesse. Y por ahí también llega Evaristo Carriego en el tren provincial y lo espero en la pequeña estación, o a Roberto Arlt, para hablar en alemán”, cuenta el escritor a PáginaI12. “Tengo el retrato de Marlene Dietrich, claro, aquí en la biblioteca, no en el dormitorio como lo tengo en Belgrano. Sí, aquí, en la biblioteca, no sea que me visite José Pablo Feinmann y me denuncie en alguna contratapa”, bromea. El escritor, periodista e historiador está convencido de que la polémica es una de la armas de la razón. Polemizar es su modo de estar en el mundo (ver aparte). Lo prueba, en parte, Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, editado por Casa América Catalunya y La Ochava Ediciones, con compilación y epílogo de Fabián D’Aloisio y Bruno Napoli, que recoge siete polémicas que el autor de La Patagonia Rebelde ha mantenido con Ernesto Sabato, Alvaro Abós, Mempo Giardinelli, Roberto Baschetti, Günter Lorenz y Rolando Graña.

En estos debates intensos sobre el exilio, la violencia, la censura, el rol de los intelectuales y sus complicidades con el genocidio y el peronismo, Bayer pone la palabra al servicio de la reflexión, el debate y la discusión. Como señala Rodolfo Mattarollo en uno de los estudios preliminares del libro, “se trata de estar dispuesto al intento de pensar las experiencias límites y sus contradicciones muchas veces insalvables”.

–¿Por qué al repasar las siete polémicas la sensación que impera en el lector es que los temas planteados no tienen fecha de vencimiento, que no están cerrados?

–A pesar del tiempo transcurrido, ninguno de los temas de las polémicas ha podido ser resuelto ni en el mundo ni en la Argentina. Porque miremos al mundo o sólo a la Argentina, ¿es aceptable el estado de cosas actual? ¿Acaso los argentinos hemos aprendido algo después de las enseñanzas que nos dejó la crueldad extrema en que vivimos durante la última dictadura? Nada; miremos las estadísticas: hambre de nuestros niños, gente sin trabajo, villas miseria. Después de dos guerras mundiales pareciera que la humanidad no ha aprendido nada. Irak, Afganistán, refugiados, hambre, bombardeos, deterioro de la naturaleza... Por eso, hay que sentarse a la mesa y discutir, por lo menos eso. No al conformismo. No al hincarse y ponerse a rezar. Pero yo no busqué las polémicas. Ante mis escritos, me buscaron y me encontraron. No le quité el cuerpo.

–Rodolfo Terragno plantea en uno de los artículos en los que polemizó con usted que el exilio, durante la última dictadura, creó una deuda. ¿Cree que se logró saldar esa deuda en estos años de democracia?

–No. La democracia no hizo justicia con el exilio. En ese sentido, la Alemania que surgió después de la caída del nazismo reivindicó a sus exiliados. Por ejemplo, se les pagó el pasaje de regreso y se les dio una labor. A los intelectuales prohibidos se les dio una tarea en la cultura o en la docencia y se les reeditaron sus libros quemados, indemnizándolos. En la Argentina no pasó nada de eso. Todo lo contrario. Cuando regresé, había un clima adverso al exiliado que volvía. Alfonsín, al día siguiente de asumir el mando, invitó a la Rosada a almorzar a intelectuales argentinos, pero a ninguno de los que habían regresado del exilio. Volví en octubre del ’83, el día de las elecciones. En los primeros cinco años no conseguí ningún trabajo. Por eso, todos los años regresaba a Alemania para trabajar seis meses y ganarme las divisas para poder vivir en la Argentina los otros seis meses. Hasta que PáginaI12 me abrió sus puertas y la Facultad de Filosofía me nombró profesor titular. Por lo menos, los gobiernos elegidos después de la dictadura tendrían que haber editado los libros quemados, y resarcido, por los daños, a las sufridas y valientes editoriales de esos libros.

–En el debate con Terragno la discusión parece tensarse cuando se reflexiona sobre el papel de los intelectuales. ¿Cuál es la incomodidad que produce y quizá siga produciendo pensar el rol del intelectual?

–Repito siempre: el intelectual debe tener todas las libertades para escribir o decir su pensamiento, pero eso sí, tiene que ser solidario con los que sufren y salir a la calle por ellos. Si no, ¿para qué sirve la intelectualidad, si se aísla en la torre de marfil y no escucha los ruidos de la calle? Y más aún durante una dictadura de la desaparición de personas.

–Usted definió a Sabato como “el héroe de la clase media” en 1985. ¿Lo sigue siendo, o después de la polémica que tuvo con usted, en el Periódico de las Madres, su figura fue perdiendo peso?

–Mi definición de Sabato como “héroe de la clase media” fue dicha con ironía. Me refería a esa clase media que no quiere ser molestada nunca y sale a la calle sólo para aplaudir al gobernante de turno, al triunfador de turno, al preferido de los medios. Sabato fue un maestro en mantenerse en equilibrio en todas las décadas. Con catorce dictaduras militares ni estuvo preso, ni le prohibieron un libro, ni tuvo que irse del país, ni la policía nunca le tocó el timbre de su casa. Esto no es un reproche, pero por lo menos tendría que haber dejado de representar su papel de “eterna víctima”. Pero bien, todo se puede pasar por alto pero lo que no le voy a perdonar nunca es haber escrito en su libro El otro yo del peronismo esta frase: “Perón era un resentido, como buen hijo natural que era”. Ser hijo natural no es ni un pecado ni un desmedro. Yo, que soy un hijo “legítimo”, prefiero la palabra “natural” a la palabra “legítimo”.

–¿Por qué Sabato nunca hizo el acto de contrición que usted le pedía?

–Creo que le falta una palabra que valoro mucho: humildad. El ir a visitar a Videla y decir que ese dictador criminal era “un general culto” fue un error que produce espanto. Luego, ya en democracia, tendría que haber dicho: “me equivoqué, y pido perdón a todas las madres de los desaparecidos”. Y no, no lo hizo. Pero no quiero seguir este tema dada la edad actual de Sabato. Creo que está todo dicho en la polémica, que tuvo lugar cuando teníamos 23 años menos.

–En el campo de la discusión de ideas, tanto con Alvaro Abós como con Mempo Giardinelli se percibe que el debate sobre la violencia constituye una dificultad crónica de las izquierdas, peronista y no peronista. ¿Cuáles serían las causas de este déficit?

–Es que queda muy bien decir “estoy contra toda violencia”. Yo también estoy contra toda violencia, pero comprendo ciertas reacciones de las víctimas de la brutal y continua violencia de los de arriba. Repito aquello tan verdadero: no hay violencia de abajo si primero no hay violencia de arriba. Es una reacción, a veces la última posibilidad de libertad y justicia. El derecho de “matar al tirano” o de hacerse justicia con la propia mano cuando no hay justicia de arriba son dos problemas que se discuten desde siempre. Si el atentado contra Hitler de Von Stauffenberg hubiera sido exitoso, se calcula que se habrían salvado diez millones de seres humanos. Hoy Von Stauffenberg es uno de los grandes héroes de la historia alemana: monumento y acto oficial en el que se lo recuerda todos los años. Claro, pero ¿quién pone los límites una vez desatada la violencia? Por eso, no hay que jugar con el pueblo porque siempre habrá alguno que reaccionará. En nuestro país no se conoce la autocrítica. Los radicales no han pedido disculpas por los fusilamientos de los peones patagónicos del ’21. Los peronistas no han pedido disculpas por las Tres A de López Rega, ni tampoco por los gobiernos de Menem, de Romero en Salta o de Juárez en Santiago del Estero, para nombrar sólo cuatro ejemplos de otros hechos negativos de nuestra historia.

–La última polémica del libro, con Roberto Baschetti, es sobre el peronismo, sobre el discurso que pronunció Eva Perón el 1o de mayo de 1949. Felipe Pigna disiente con su planteo de considerar a Evita heredera del pensamiento y las prácticas de la derecha, de la Liga Patriótica y de Roca. ¿Qué opina usted?

–Lo que siempre he buscado en la historia es terminar con los mitos: el de Roca, el de Sarmiento, el del propio Alberdi. Como experiencia histórica con respecto al peronismo, les gano a Baschetti y a Pigna porque soy viejo, tengo 81 años y viví ese peronismo desde su nacimiento. He vivido y experimentado sus acciones positivas y negativas. Para aprender de la historia hay que preguntarse el porqué de los fracasos, buscar los errores y tener la valentía de reconocerlos. Hemos perdido lo mejor de la juventud argentina en los años del crimen y la humillación. Y tenemos que preguntarnos por qué. No eran jóvenes “imberbes”. Ahí está la clave, en esa palabra de la Plaza de Mayo. ¿Por qué Lastiri en vez de Cámpora? ¿Por qué la represión brutal del “malón de la paz”, en 1946, esa pacífica manifestación coya que sólo pedía sus tierras comunitarias? ¿Por qué la prisión de Atahualpa Yupanqui, el cantor de la tierra? ¿Por qué la represión de la huelga marítima de 1950? Yo, que era marinero timonel del vapor Madrid, fui echado por huelguista para siempre de los buques argentinos. Si digo estas cosas, y lo del discurso de Evita, no es para denigrar el peronismo sino para que no se acepte todo como en la iglesia. Por analizar el discurso de Eva Perón no me alejo de ella sino que ayudo a conocerla. Y por eso la comprendo fundamentalmente. No fue Rosa Luxemburgo, pero hizo lo que pudo cuando estuvo en el poder. No soy tan palurdo de confundir a Evita con el pensamiento de la Liga Patriótica ni de Roca. Traigo ese discurso de Evita con enorme tristeza porque veo cómo se denostaba la heroica y bella lucha de los trabajadores del mundo y su “trapo rojo”. Baschetti, que no hace mención a mi frase donde pongo bien alto la obra social que patrocinó Eva Perón, me compara con el almirante Rojas y con Marcos Aguinis. Le he respondido que “compararme con el almirante Rojas se lo perdono porque es un disparate tan grande que mueve a risa, pero lo que no le voy a perdonar nunca es que me compare con Marcos Aguinis”. Eso, no (risas).

De las siete polémicas, el escritor señala que la que más trabajo le costó fue la de la violencia. “Tal vez nunca encontremos una solución ni comprensión perfecta del tema”, admite. La polémica que más dolor le provocó fue la que tuvo con Lorenz en 1979, en Alemania, por lo injusto e irracional de prohibirle que leyera su disertación, Residencia en la amada tierra enemiga, rechazada por “impropia”, “contraproducente”, plagada de deformaciones demagógicas, de clisés y de generar los efectos contrarios a los buscados por la organización del III Coloquio Latinoamericano. “Pero esa prohibición me dio gran alegría por el apoyo que recibí de los sectores intelectuales y en la prensa alemana.” Bayer recuerda que hace un tiempo, en una reunión de intelectuales, preguntó por qué Perón prefirió a López Rega y no a John William Cooke.

–¿Y qué le dijeron?

–Un intelectual peronista me gritó: “ésa es una pregunta gorila, Bayer” (risas). Y yo le respondí: “Claro, sí, es una pregunta gorila, pero respóndanla, por favor”. No hubo respuesta. De eso no se habla.

Como buen polemista al que le gusta meter el dedo en la llaga, Bayer termina la entrevista lanzando la punta de la que podría ser otra intensa polémica, si algún peronista se animara a responder por qué el viejo Perón optó por el brujo López Rega. “Me voy a pasear y a soñar con las walkirias por las orillas de Rin”, se despide el escritor.

sábado, 28 de junio de 2008

“Tal vez no logremos nunca la verdad”

“Tal vez no logremos nunca la verdad”

Los siete intercambios que el escritor tuvo con personalidades del quehacer cultural nacional, y que los compiladores Fabián D’Aloisio y Bruno Napoli recogieron, son analizados por referentes de cada uno de los temas que les dieron origen. Entrevista al autor.


“Tal vez no logremos nunca la verdad en sí, pero podemos aproximarnos a través de la ética y del coraje civil de los pueblos”, afirma Osvaldo Bayer sobre las posibilidades que brinda la polémica, un terreno en el que se siente cómodo, a propósito del libro recién publicado, Entredichos. Osvaldo Bayer. 30 años de polémicas, compilado por Fabián D’Aloisio y Bruno Napoli.

El texto recoge siete intercambios en distintos tonos entre el periodista y distintos adversarios en la contienda de las ideas, donde la coherencia de Bayer siempre suma a favor de sus argumentos.

El santafesino nació en 1927 y estudió historia en la Universidad de Hamburgo. Autor de una decena de libros –entre los que se encuentro el mítico La Patagonia Rebelde (1972-1976)– y guionista de cine, Bayer vivió exiliado en Alemania durante la última dictadura, y desde ese entonces todos los años vuelve a ese país, donde viven sus tres hijos –su hija vive en Italia– y sus nietos. Desde la ciudad de Linz Am Rhein, donde tiene su casa, dialogó en exclusiva con Crítica de la Argentina.

–¿Qué aporta la polémica al conocimiento?

–Creo que mucho. Por supuesto, los dos polemistas deben basarse en hechos que tengan un sentido racional y abran el debate. Son temas sobre los que los filósofos se han golpeado mucho entre sí y no han podido resolver. Así que creo que tenemos que aportar ante un mundo que no anda y que tiene sus grandes dificultades. Hoy acabamos de escuchar que en Alemania los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Hay que acordarse de Francis Fukuyama, que decía que el capitalismo podía solucionar todos los problemas por sí mismo, como sistema. Estamos todavía como en la Edad Media para resolver ciertos problemas, problemas fundamentales como los que trata este libro.

–¿Qué piensa del libro?

–Me gustó mucho el trabajo de los compiladores. Ellos buscaron una especie de jurado para cada tema, con siete personas que conocen realmente cada tema. Por ejemplo, sobre exilio está Silvina Jensen que acaba de escribir un libro muy bueno sobre el exilio argentino en Cataluña. Después, un aspecto del exilio en una polémica que tuve con Rodolfo Terragno donde está Marina Franco. La discusión con Sabato, que juzga María Pía López, que ha hecho un libro magnífico sobre él. Y la polémica acerca de la violencia que tuve con Álvaro Abós, que la analiza Horacio González, alguien que cuando habla dice cosas, y me han gustado mucho sus conclusiones. Después, la que tuve con Rolando Graña sobre las Madres de Plaza de Mayo. Ahí entra a juzgarnos Sandra Russo, que es una muy buena periodista. La discusión con Mempo Giardinelli acerca de si matar o no al tirano: el derecho de los pueblos de matarlo cuando no hay justicia, lo juzga Omar Acha, una autoridad sobre el tema. Y últimamente sobre el discurso de Evita del primero de mayo de 1949 en que me responde Baschetti. Y Felipe Pigna hace la síntesis y da su opinión.

–Alguna vez dijo que la polémica es la mejor manera de aproximarse a la verdad. ¿Sigue pensando lo mismo?

–Creo que sí; es una búsqueda. Más cuando esa polémica tiene en cuenta a la ética y no se recurre a justificativos racistas o de ese estilo.

–¿Cómo concibe a la verdad?

–Tal vez no logremos nunca la verdad en sí, pero podemos aproximarnos a través de la ética y del coraje civil de los pueblos. Es lo que pasa con el tema de si se puede o no matar al tirano. Hoy el héroe máximo de Alemania es el conde von Stauffenberg, que era general e hizo un atentado contra Hitler. Falló y fue fusilado. Hoy tiene un monumento precioso, y cada años el día de su asesinato todo el gobierno se reúne ahí. Respecto de si hay derecho de los pueblos a matar al tirano, era algo que habían sostenido los filósofos griegos: cuando no hay justicia, el pueblo tiene derecho a hacer justicia por su propia mano.

–¿Cuál es el límite de la escritura o la polémica?

–La polémica es una búsqueda en sí. Todavía no hemos dado con la verdad absoluta: ni siquiera sabemos de dónde venimos, de dónde vienen el universo o el ser humano. Por eso, siempre sostengo cuánto hubiéramos avanzado si los pueblos en vez de gastar tanto dinero en armas, en ejércitos, y en guerras, se lo hubieran dedicado a la ciencia. Creo que ya sabríamos un poco de dónde venimos. Además, cómo serviría esa ciencia para ayudarnos a vivir. Creo que este libro es un paso más para tratar de desenredar, primero, lo que pasa con la Argentina. Un país tan rico, con muchos de nuestros niños bajo el nivel de pobreza. Esa polémica también tiene mucho que ver con la historia argentina.

–Y sobre la Argentina de este momento, ¿qué polémica cree que está faltando dar?

–Se tiene que tomar al toro por las astas. En vez de hablar de retenciones al tanto por ciento hay que hacer una revisión de la propiedad de la tierra. La tierra no debería pertenecer a nadie si no a todos: como la sombra de los árboles o el agua de los ríos. Tendría que servir para alimentar a todos y no acumularse en las manos de ciertas personas. Más en el caso de la Argentina, donde la tierra fue repartida en la cosa más injusta que ha habido en nuestra historia, que es la Campaña del Desierto.

–¿Hay posible resolución para las polémicas o su naturaleza hace que no la tenga?

–Eso lo tiene que decir el lector. Si le gustó Fulano porque tiene razón o porque el otro ha respondido con argumentos no científicos, ni siquiera éticos o ha dicho cualquier cosa. Creo que eso es lo interesante de la polémica: el lector toma partido siempre. O comienza a estudiar la temática, si le interesó.

–¿Cómo se encuentra la otra parte de la polémica?

–Yo he sido sorprendido porque no he escrito para polemizar. Yo escribí algo y siempre ha salido alguien a contestarme diciéndome: “No tiene razón”. Así que por supuesto yo no me quedé callado y volví a contestar y así se hicieron cuatro, cinco o seis contestaciones. Pero yo no busqué la polémica. Cuando uno escribe algo y se lo publican, corre el peligro o no peligro de que alguien se sienta lastimado y le conteste, o que alguien que esté defendiendo sus intereses lo insulte. No es que un empresario nos dijo “usted escriba algo a favor y usted algo en contra”; no, no. Nació de por sí, de contestaciones espontáneas ante artículos míos.

–Y como escritor y periodista, ¿cómo toma que suceda esto?

–Lo tomo como algo positivo. Evidentemente llegó, fue leído. Ha causado curiosidad (o bronca, hablando en porteño). Me parece muy bien. Para eso debe servir la nota periodística. No la de información, pero sí cuando se toma partido en una nota de fondo, de opinión.

–¿Cuál fue la polémica que más le gustó?

–La que más me gustó –y creo que fue la más profunda– es la que tuve con Mempo Giardinelli. La de si matar o no al tirano, al cumplirse el aniversario del asesinato del teniente coronel Varela. Y él me respondió: “No matar al tirano (ni a nadie)”. Y yo cité el caso de un preso del campo de concentración de Auschwitz, que sabe que lo van a gasear al día siguiente. Esa noche se pasea y ve que el guardia de la SS está dormido y encuentra una piedra puntuda y dice “ésta es mi oportunidad, me puedo salvar”, porque ve que el alambre de púa está roto. Pero en el momento en que le va a pegar dice: “Ah, no. Pero Mempo Giardinelli dice no matar al tirano”, tira la piedra y al otro día lo gasean. Y él me responde que no, que Auschwitz es una cosa diferente. Bueno, ¿entonces qué? En ciertas oportunidades, en momentos claves, no se puede decir No matar al tirano ni a nadie. Por supuesto hay que analizarlo profundamente y no tomarlo como una cláusula porque todos podrían decir que sienten que alguien gobierna como un tirano. Momentito, es cuando es un verdadero tirano. O en el caso de Kurt Gustav Wilckens, el matador de Varela. Él espera más de un año y ve que no se hace justicia, que Varela se pasea tranquilamente después de haber fusilado a 1.500 obreros. Entonces quiere sentar un principio, y hace justicia por su propia mano. En ese caso creo que es justificado. O, por lo menos, es comprensible que alguien haya reaccionado así ante la falta de justicia.

Un sólido contendiente, entrenado y cómodo

Fabián D’Aloisio y Bruno Napoli en Entredichos. Osvaldo Bayer. 30 años de polémicas –de La Ochava Ediciones y Casa América Catalunya– retoman la faceta polemista de Bayer y muestran el estilo directo, crudo y sincero del periodista, en temas que dan vueltas sobre los asuntos que han conformado la –denominada por Bayer– “tragedia argentina”.

Se plantea una dinámica clara para el lector: siete polémicas y su desarrollo. Los compiladores las eligieron porque tratan el exilio y los posibles regresos, la violencia como espacio de acción y reflexión y el lugar de los intelectuales ante distintas situaciones políticas. Las peleas son con el representante del Estado alemán Günter Lorenz, con Rodolfo Terragno acerca del exilio, con Ernesto Sabato sobre su rol en la última dictadura, con Álvaro Abós acerca del idealismo y la violencia, con Rolando Graña sobre las Madres de Plaza de Mayo, con Mempo Giardinelli y con Roberto Baschetti.

Luego, un “jurado” analiza la polémica puntual: desgrana, comenta e indaga. Entre ellos, están María Pía López, Horacio González, Marina Franco y Felipe Pigna. Así se arman las contiendas: un trasfondo iluminista permite a los duelistas –a través de la escritura– brindar sus argumentos y dejar al lector que razone y saque sus conclusiones. Las palabras de Bayer castigan duro en la polémica, y en el ring de la tribuna pública es un sólido contendiente, entrenado y cómodo. Nunca pega debajo del cinturón, pero sus guantes parecieran rellenos de plomo cuando golpea. Y se ve cómo algunos rivales, al verse contra las cuerdas, buscan salirse de las reglas del juego: recurren a las patadas, a las quejas al árbitro o a morder la oreja. Incluso, a dejar de escribir.

Una dura contestación a Ernesto Sabato, marzo de 1985

Periódico Madres de Plaza de Mayo. Marzo de 1985. Sabato califica mi artículo de “cuestionamiento malicioso”. Él sabe que esa aseveración es profundamente injusta, que lo hace sólo para descalificar –con mera retórica– un hecho histórico documentado.

Como me gusta ofrecer los instrumentos probatorios de mis aseveraciones, responderé su intento de descalificación con más documentos, haciendo, a la vez, una interpretación de su representatividad en el país.

He seguido de cerca la actitud de intelectuales argentinos durante el período aciago de la dictadura militar. Y principalmente la de Sabato, porque a nosotros, los exiliados, su conducta, desde 1976 hasta 1980, nos hizo un profundo daño. Ya detallaré el porqué de eso. Pero debo decir que guardé silencio porque consideré como meta principal conseguir, ante todo, el castigo de los militares y civiles criminales del denominado “proceso”.

He tenido siempre una enorme desconfianza del gatopardismo del partido radical. Siempre recuerdo y recordaré hasta el cansancio el accionar del gobierno radical y de sus parlamentarios ante la masacre de los obreros patagónicos en 1921: negaron la comisión investigadora legislativa retirándose del recinto. Sesenta años después, el gatopardismo radical realiza una jugada magistral: niega una comisión investigadora parlamentaria para la investigación de la represión militar y crea una “comisión de notables”, la autodenominada “Comisión Sabato”. Éste es tal vez un asunto que, en el futuro, será el gran tema de los historiadores.

Complicidad y oportunismo. [...] En mi análisis de la “Comisión Sabato” pasé por alto la trayectoria de sus integrantes. [...] Este pacto conmigo mismo se quebró cuando el señor Sabato publicó una declaración a favor de monseñor Pío Laghi. Sabato, en el colmo de la soberbia, en su papel de notable, firmó un certificado de blanqueamiento a quien es responsable de toda una política de apoyo a la dictadura en el orden espiritual, precisamente en los momentos más crueles y cobardes de la represión.

miércoles, 25 de junio de 2008

Habrá actos en todo el país por Santillán y Kosteki

Habrá actos en todo el país por Santillán y Kosteki

Este jueves se cumplen seis años del asesinato de los piqueteros en el Puente Pueyrredón. Reclaman por los responsables políticos.10:28 | 25.06.2008 Sexto aniversario.

El 26 de junio de 2002 el gobierno presidido por Eduardo Duhalde ordenó la represión a los piqueteros que cortaban el Puente Pueyrredón, donde efectivos de la Policía Bonaerense asesinaron a Santillán y Kosteki, de 21 y 23 años.
(Gentileza Frente Darío Santillán).

Con actos en todo el país, mañana se recordará el sexto aniversario del asesinato de los militantes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, por el que fueron condenados a prisión perpetua el ex comisario Alfredo Franchiotti y el ex cabo Alejandro Acosta.

El 26 de junio de 2002 el gobierno presidido por Eduardo Duhalde ordenó la represión de una manifestación de piqueteros que cortaban el Puente Pueyrredón. En la persecución, efectivos de la Policía Bonaerense asesinaron a Santillán y Kosteki, de 21 y 23 años, e hirieron con balas de plomo a 33 personas.

El 9 de enero de 2006 Franchiotti y Acosta fueron condenados por "doble homicidio agravado por alevosía" y por "ocho tentativas de homicidio".

En una entrevista publicada ayer en Crítica de la Argentina, Alberto Santillán, padre de Darío, dijo que Néstor Kirchner lo defraudó porque no lo ayudó a “meter presos” a los autores intelectuales de la masacre. “Me dio un abrazo y golpeándome la espalda me dijo que se iba a investigar hasta las últimas consecuencias”, recordó.

La causa por la autoría intelectual del crimen “está absolutamente cajoneada, es una decisión política. De hecho al juez lo puso Kirchner”, dijo a Críticadigital Carina López Monja, del Frente Darío Santillán. “Queremos que los autores intelectuales como (Eduardo) Duhalde, Felipe Solá, Alfredo Atanasoff, Juan José Álvarez, Jorge Vanossi, entre otros, también sean investigados y sean culpados y alguna vez tengamos la posibilidad de sentarlos en el banquillo de los acusados”, había dicho Santillán.

Las actividades. Hoy a las 14, en el hall de la estación Avellaneda, rebautizada como “Darío y Maxi”, habrá recitales, muestras y proyecciones, entre otras actividades. Después de la 10 de la noche se iniciará una marcha con antorchas, acampe y vigilia en la base del Puente Pueyrredón, donde sucedió la represión.

Mañana a las once será el acto central, con la presencia de los familiares de las víctimas, frente a la estación. Una hora después los manifestantes se movilizarán de nuevo hacia el Puente.

Las actividades se replicarán en varios puntos del interior del país. En Cipolletti habrá una movilización en el puente a Neuquen (escenario del crimen de Carlos Fuentealba) y en la Facultad de Derechos y Ciencias Sociales de General Roca se proyectará el film “La crisis causo dos nuevas muertes”.

En Córdoba, una movilización a la Legistura, y en Rosario un panel sobre “Subjetividades rebeldes y hombres y mujeres nuev@s”. Además se programó una charla en la Universidad Nacional de Luján y una “Jornada Cultural por la Solidaridad y la Resistencia” en el complejo universitario de Mar del Plata.

domingo, 22 de junio de 2008

Los poderes de la jerarquía católica

Los poderes de la jerarquía católica

El periodista analiza la conformación, tras la caída de Perón, de dos líneas dentro de la Iglesia: el integrismo nacionalista y el cristianismo revolucionario. Ecos actuales de la vieja relación eclesiástica con las instituciones políticas.


Por Silvina Friera

“La historia de la Iglesia es una de nuestras grandes deficiencias.” Lo advirtió el entonces cardenal Antonio Quarracino, y lo recuerda Horacio Verbitsky en el epígrafe de La violencia evangélica (Sudamericana), el segundo tomo de la Historia política de la Iglesia Católica Argentina, que abarca el período 1955-1969, de Lonardi al Cordobazo. En esta investigación, respaldada por la documentación encontrada y por cientos de testimonios y entrevistas que permiten empalmar las piezas de un rompecabezas, que curiosamente hasta entonces nadie había intentado armar, el periodista describe y explica cómo se fueron conformando, dentro de la Iglesia Católica, dos líneas centrales: el integrismo nacionalista y el cristianismo revolucionario, después de la caída de Perón, en la que la Iglesia tuvo una participación decisiva. “Lo que me resulta asombroso es que la idea de la Iglesia Católica como hilo conductor de los proyectos reaccionarios en la historia argentina no haya sido conceptualizada previamente”, dice Verbitsky a PáginaI12.

En ese largo siglo que estudia Verbitsky, que empieza en el primer tomo con Cristo vence, “la Iglesia Católica formó parte institucionalmente del poder y de los gobiernos”. La imagen del Congreso Eucarístico de 1934 con el presidente Justo recibiendo al cardenal Pacelli, y esa concentración en la Avenida del Libertador donde miles de soldados de las Fuerzas Armadas comulgaron al aire libre; el apoyo del episcopado a la fórmula Perón-Quijano en 1946; la participación del cardenal Caggiano y el arzobispo Lafitte en la conducción del golpe de 1955, o la presencia de Ca-ggiano junto al presidente Frondizi en discursos transmitidos por cadena nacional en momentos de crisis institucional; la participación del cardenal Caggiano en todas las ceremonias de jura de ministros del gobierno de Onganía, firmando las actas junto con el dictador, o los actos de bendición de los sables de los nuevos generales por el arzobispo Tortolo o el vicario Bonamín durante la última dictadura son formas de participación de la jerarquía eclesiástica en el poder.

–¿Qué cosas descubrió durante la investigación del período que abarca La violencia evangélica?

–Me sorprendió la importancia de la Juventud Obrera Católica (JOC) como antecedente de lo que fue el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en la década del ’60. Otra cosa que me sorprendió fue la relación estrecha del cardenal Caggiano con la dirigencia sindical, su relación con Augusto Vandor con José Ignacio Rucci. El más notable de los asesores de la JOC era Enrique Angelelli, en vinculación con el mundo popular, con el mundo del trabajo, cuestionando a la jerarquía por haberse alienado la relación con la clase obrera. Este proceso de Angelelli es doblemente interesante porque él ha sido comando civil. Angelelli fue uno de los organizadores de los comandos civiles católicos. En Córdoba estaba el arzobispo Lafitte y como organizador de los comandos civiles había un sacerdote italiano, Quinto Cargnelutti, cuyo principal colaborador era Angelelli. Una vez producido el derrocamiento de Perón, Angelelli es de los primeros en darse cuenta de que la Iglesia ha serruchado la rama sobre la cual estaba sentada; que al participar del derrocamiento de Perón se ha alienado la relación con la clase trabajadora. Eso lo descubren simultáneamente Angelelli, Carlos Mugica, Jaime de Nevares y otros sacerdotes jóvenes. Lo descubre Quarracino, que defendía la inserción de la Iglesia en el mundo popular, confrontado por Caggiano, que reprimía esa inserción. Lo impresionante fue que no hubo un solo pronunciamiento de la jerarquía condenando los fusilamientos de 1956, así como no hay hasta el día de hoy un solo pronunciamiento contra los bombardeos de Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, del que se acaba de cumplir un nuevo aniversario. Claro, ese bombardeo fue hecho por aviones que tenían pintada la cruz en las alas, con absoluto respaldo y apoyo de la jerarquía. En esos cincuenta y tres años transcurridos no hubo una sola declaración de la jerarquía que condenara los bombardeos y los fusilamientos. Esto significa una identificación con la violencia represiva muy fuerte.

–¿Cómo se relaciona esta identificación con la frase que da título al libro, La violencia evangélica?

–Esa frase proviene de un documento muy importante del Episcopado que se firmó en asamblea plenaria en mayo de 1969, que se conoce como la Declaración San Miguel, el documento de actualización a la Argentina de las decisiones del Celam. Por primera vez la Iglesia plantea el pecado no como una actitud individual sino como un fenómeno social. La situación económico-social que vivía la Argentina era una estructura de pecado. El país, dice el documento, vivía un proceso de opresión que se daba en todos los sectores (económico, político, social y cultural); en consecuencia, el proceso de liberación que se tenía que dar en el país, que equivalía a la redención del pecado, también tenía que ser en todos los sectores. Los obispos se comprometían a participar en ese proceso de liberación con “la violencia evangélica del amor”. En la Argentina de mayo de 1969, la frase participar de un proceso de liberación con la violencia evangélica del amor no se prestaba a doble sentido; tenía un sentido único: los obispos se comprometían a ser parte de un proceso revolucionario de liberación y no descartaban el uso de ningún medio. Incluso Quarracino, que ya era obispo, dijo que los procesos revolucionarios requieren ciertas dosis de violencia. Quince días después de ese documento se produjo el Cordobazo.

–¿Con el paso de los años, qué actitud tuvo el Episcopado frente a ese documento?

–En marzo de 2006, el Episcopado editó una recopilación de documentos de la Iglesia de los últimos treinta años, que tiene un prólogo muy interesante de Bergoglio, donde dice que “no hay que tenerle miedo a la verdad de los documentos”. Entre otros, está este documento de San Miguel, pero estas cosas que estoy diciendo están mutiladas del documento, hay puntos suspensivos entre párrafo y párrafo. Aún hoy la jerarquía eclesiástica no se hace cargo de la responsabilidad que tuvo en el proceso político argentino. Cuando se produjo la represión tanto en la dictadura de Lanusse como luego en la de Videla, en vez de participar en el proceso de liberación con la violencia evangélica del amor, formó filas con la dictadura para reprimir a esos jóvenes que habían leído el mensaje evangélico y que sí se lanzaron a participar del proceso de liberación. El gran estigma del Episcopado argentino es que no ha podido hacerse cargo de sus responsabilidades; las borraron con puntos suspensivos...

–¿Cómo impacta en la jerarquía de los años ’60 la conformación del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo?

–En la década del ’60 la jerarquía estaba en relación estrecha con los gobiernos antipopulares, pero dentro de la Iglesia había un movimiento de base muy fuerte que justamente buscaba el contacto con los sectores populares. Ese momento de contestación al interior de la Iglesia, respaldado por el Concilio Vaticano II y por los documentos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín, produce el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que se constituye en una especie de jerarquía paralela. Esto es un trauma tremendo para la jerarquía, porque la Iglesia católica es la última monarquía absoluta del mundo, y esta horizontalidad contradice fundamentalmente la verticalidad. Hay una cruz de conflicto entre la verticalidad de la jerarquía y la horizontalidad de ese movimiento. La jerarquía lo siente como un desafío a su poder; su propia existencia está en cuestión. Este movimiento horizontal crece en tanto y en cuanto el contexto sociopolítico lo permite. Ese movimiento sacerdotal es paralelo al proceso de nacionalización de las clases medias y a las luchas populares por el regreso de Perón, el socialismo nacional y todos esos conceptos propios de la época. Pero el regreso de Perón a la Argentina pone internamente un límite en el peronismo a todos esos movimientos. En noviembre de 1972, Perón les echa un balde de agua fría a los Sacerdotes para el Tercer Mundo cuando les dice que los quiere en la Iglesia rezando y no en las calles y en los barrios haciendo política. Y produce dentro del movimiento la misma conmoción que produjo dentro de la juventud peronista. A partir de ahí todavía hay un par de años –el gobierno de Cámpora, de Perón, de Isabel– en los cuales se mantiene una pulseada interna de poder entre esas dos franjas dentro de la Iglesia, hasta que con el golpe del ’76 la jerarquía recupera absolutamente el control. Esa es una de las razones por las cuales la jerarquía es tan partidaria de la dictadura, porque la dictadura viene a poner orden dentro de su propia casa.

–¿Qué posibilidades habría hoy de que se diera dentro de la Iglesia una situación de confrontación similar a la que hubo en los ’60?

–La situación actual es distinta. Hay ciertos movimientos horizontales en la Iglesia, específicamente el grupo de Sacerdotes en la opción por los pobres, pero no es un movimiento que le dispute el poder a la jerarquía. Estos sacerdotes han incorporado la experiencia anterior y saben que la estructura jerárquica de la Iglesia católica es muy difícil de conmover y que todos los recursos del poder institucional están en contra de quien intente alzarse. Por otra parte, las condiciones externas son totalmente distintas. Hay gente viviendo en situación de absoluta pobreza, hay una concentración brutal de la riqueza, pero lo que no hay a escala nacional, pero tampoco mundial, es un movimiento contestatario como el que se produjo en la década del ’60. Las dos grandes iglesias, la católica y la comunista, entran en crisis en la década del ’60. El período que abordo en La violencia evangélica es el de mayor crecimiento de la economía y de mayor transferencia hacia las clases subordinadas. Ese proceso se agota en los primeros años de la década de 1970 cuando comienza la implantación del paradigma neoliberal, con la crisis del petróleo de 1970, con la desvalorización de las monedas, con el abandono del patrón oro.

Verbitsky subraya que dentro de la Iglesia Católica hay sectores vinculados con la opción por los pobres que, aun con posiciones críticas frente al gobierno de Cristina Fernández, procuran formas de acercamiento porque “no están de acuerdo con la opción por los ricos que se manifiesta en estos movimientos llamados del campo, donde sectores de clase media urbana y rural militan activamente a favor de la concentración del ingreso”. Pero este intento de acercamiento, según aclara el periodista de PáginaI12, no tiene un reflejo significativo en la jerarquía. “La posición de confrontación virulenta que plantea Bergoglio no es acatada automáticamente por el conjunto de la jerarquía, pero tampoco hay dentro de ésta algún sector que plantee abiertamente un acercamiento a las políticas estatales –explica el autor de El vuelo y Robo para la corona, entre otros títulos–. La última declaración del Episcopado es notable. Por primera vez en mucho tiempo no hace ninguna referencia al problema de la distribución del ingreso y de la pobreza. Si uno repasa los documentos del actual Episcopado a lo largo de varios años, salvo los específicos sobre algún tema religioso, todos los que abordan cuestiones de interés general y reflexiones globales sobre la realidad del país tienen un capítulo significativo dedicado a la pobreza y a la distribución del ingreso. Cuando se produce en el país un debate sobre la pobreza y la distribución del ingreso porque el Gobierno aumenta la alícuota de un impuesto con el propósito declarado de hacer una transferencia de ingresos, el documento del Episcopado no menciona la distribución del ingreso y la pobreza. Esa es una toma de posición estridente por omisión, pero igualmente clara.”

–¿Cómo caracterizaría la relación entre la Iglesia Católica y los gobiernos de Néstor y Cristina?

–A partir de 2003 ha habido una reticencia del Estado a aceptar el rol que tuvo la Iglesia Católica, que se manifiesta en la decisión presidencial de desconocer como secretario de Estado al obispo castrense, por haber aludido a los vuelos de la muerte en una polémica política con un ministro, en la resistencia oficial a permitir que los Tedéum se conviertan en momentos de arenga política en los cuales la jerarquía eclesiástica le indica a un poder subordinado qué es lo que tiene o no que hacer. Si la jerarquía eclesiática quiere reunirse con la Presidenta, la Presidenta los recibe inmediatamente, pero no los considera asesores a tener en cuenta para tomar las decisiones políticas que van por una cuerda distinta. En los actos de la Mesa de Enlace siempre hay una virgen y una bandera; es la asociación propia del nacional-catolicismo: Dios, patria, hogar. Lo argentino es lo católico, lo que no es católico es extranjero, y como extranjero extraño, ajeno, infiltrado y debe ser rechazado. La Mesa de Enlace ha buscado contacto con el Episcopado, se ha reunido con el obispo Casaretto. El Gobierno no ha aceptado esa intervención porque no reconoce ese rol de la jerarquía católica. Al mismo tiempo éste no es un gobierno que se haya caracterizado por atacar a la Iglesia. Le paga todos los subsidios, tanto los que son para el sostenimiento del culto, los que tienen raigambre constitucional, como los que tienen que ver con la transferencia de recursos para el sistema educativo católico, que no son de raigambre constitucional y podrían modificarse sin afectar el sostén del culto católico. Este gobierno simplemente no acepta a la jerarquía como un actor político. Y ésa es una de las razones de la crispación constante del cardenal Bergoglio y su búsqueda permanente de factores de irritación contra el Gobierno.

miércoles, 18 de junio de 2008

El semiólogo e historiador francés Tzvetan Todorov gana el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

El semiólogo e historiador francés Tzvetan Todorov gana el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

El economista estadounidense Jeffrey Sachs también ha llegado a las últimas votaciones
EFE - Oviedo - 18/06/2008



El semiólogo e historiador francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov ha obtenido hoy el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008 al que optaban treinta y seis candidaturas procedentes de dieciocho países. Todorov, director del Centro de Investigación de las Artes y del Lenguaje de París y autor de obras como La moral de la historia o El hombre desplazado, ha llegado a las últimas votaciones junto a la candidatura del economista estadounidense Jeffrey D. Sachs.

FPA
(Fundación Príncipe de Asturias)
Oviedo (España)

El presidente del Jurado, el senador del PP, Manuel Fraga ha destacado en la lectura del acta, que Todorov es "representante de un riguroso método estructuralista, que aplicó a la literatura y a la crítica literaria y ha evolucionando hacia el análisis cultural y la historia de las ideas".

El Jurado también ha señalado que la "sabiduría y erudición" de este historiador de origen búlgaro ha superado las fronteras, lo que le ha permitido "abarcar grandes temas de nuestro tiempo, como el desarrollo de las democracias, el entendimiento entre culturas, el desarraigo, el reconocimiento del otro y el impacto de la violencia en la memoria colectiva".

Según el jurado, Todorov "representa en este momento el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia".

De acuerdo al jurado compuesto entre otros por la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas; el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes; y el rector de la Universidad Autónoma de Madrid, Ángel Gabilondo, las obras del ganador del Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008 han sido traducidas a 25 lenguas.

Todorov se une a Giddens, Sartori y Habermas

Desde 1981 han ganado este premio, entre otros, Julio Caro Baroja, Eduardo García de Enterría, Enrique Fuentes Quintana, Rodrigo Uría, Miguel Artola, Joaquim Verissimo, John H. Elliott, Jacques Santer, Raymond Carr, Carlo María Martini, Anthony Giddens,

Jürgen Habermas, Paul Krugman, Giovanni Sartori y el sociólogo británico de origen alemán Ralf Dahrendorf que lo obtuvo en 2007.

domingo, 15 de junio de 2008

Las muchas caras del Che

Las muchas caras del Che

Hubiese cumplido hoy 80 años. aquí, se analizan las caras políticas del Che: la revolucionaria, la progresista, la comercial. Y se da cuenta de nuevos trabajos referidos a la faz humana del mito: libros, el documental que prepara el Argentino Tristán Bauer y la película de Steven Soderbergh, aún no estrenada aquí, que focaliza en la pequeñez del héroe en una gesta hecha por hombres.

Por: Nestor Kohan




No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mí que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda.

Carta de Ernesto Guevara a su madre. México, 15 de julio de 1956

En 1925 el peruano José Carlos Mariátegui, fundador de la revista Amauta y primer marxista de América, escribió: "Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza [. . . ] El mito mueve al hombre en la historia. Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico [. . . ] Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de un mito multitudinario ".

Según Mariátegui, los mitos no on ecesariamente ilusiones falsas, sino más bien creencias movilizadoras que condensan esperanzas colectivas y anhelos populares.

Revolucionario genuino y radical, fotogénico y joven, Ernesto Guevara fue retratado en marzo de 1960 por Alberto Korda y su rostro recorrió el mundo. Se convirtió en el símbolo de toda rebelión a escala mundial. Desde las Panteras Negras norteamericanas hasta los estudiantes japoneses, desde los insurgentes palestinos hasta los negros insurrectos de Sudáfrica, desde las guerrillas latinoamericanas hasta los intelectuales franceses, todas las rebeldías lo llevan como estandarte. Guevara dejó de ser Ernesto y se transformó en el Che. Un mito y una leyenda atravesados por un tironeo ininterrumpido y una permanente resignificación.

En esa pulseada por apropiarse del Che, tres perfiles posibles son los protagonistas: (a) el Che devenido objeto mercantil y oferta de vidriera; (b) el Che políticamente correcto, light y progresista simpático; (c) el Che inspirador político de corrientes revolucionarias y portador de un pensamiento marxista radical, antiimperialista y anticapitalista. Podría quizásmencionarse un cuarto relato que lo dibuja como "un asesino frío y sanguinario ". Pero a esta altura ese relato ya no convence a nadie.

(a) La primera aproximación a Guevara existió desde su asesinato en octubre de 1967. Desde esa fecha su imagen inunda librerías, quioscos, tapas de CD, películas, remeras, biquinis, ceniceros, encendedores, cervezas y cualquier objeto que pueda ser comercializado en el mercado. La "guevaromanía " resurge ante cada aniversario. ¡Qué tremenda paradoja la de un pensador que conocía en detalle los tres tomos de El Capita l de Marx el terminar convertido en mercancía!No muy diferente a Mao Tse Tung, quien representaba algo más que un cuello de camisa o un ícono pop de Andy Warhol. O la estrella roja de cinco puntas, símbolo del Ejército rojo bolchevique creado por León Trotsky, hoy más conocida por adornar la botella verde de una cerveza de moda.

(b) En el segundo perfil se inventa un Che light y descafeinado, ajeno a las emociones fuertes, rodeado de suspiros melancólicos por los "bellos tiempos que se han ido y ya no volverán ". Aquí Guevara se convierte en un tímido progresista, comodín útil para barnizar con tinturas políticamente correctas las gestiones institucionales tradicionales. Desde este ángulo, el Che deja de ser el inspirador de incendios juveniles para convertirse en una fría estatua de bronce que no molesta a nadie (y a la que se le rinde tributo pues tranquiliza verlo muerto y petrificado). ¡Qué curioso que Guevara, hermano mayor de Miguel Enríquez, Inti Peredo, Mario Roberto Santucho y Raúl Sendic, se termine transformando en una pieza de metal más cerca de la canonización y el museo que del fuego de la revolución latinoamericana!¡Justo él!, quien alguna vez, pensando en José Martí escribió: "Porque a los héroes, compañeros, a los héroes del pueblo, no se les puede separar del pueblo, no se les puede convertir en estatuas, en algo que está fuera de la vida de ese pueblo para el cual la dieron. El héroe popular debe ser una cosa viva y presente en cada momento de la historia de un pueblo. Así como ustedes recuerdan a nuestro Camilo, así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece. " (Conmemoración del natalicio de José Martí, 28/1/1960).

La canonización de Guevara vaciado de contenido político tampoco es una excepción. Su guía inspirador, Vladimir Ilich Lenin, quien le dedicó su vida a levantar barricadas, construir organizaciones insurgentes y generar revoluciones terminó convertido –gracias a Stalin – en una momia embalsamada.

(c) Desde el tercer ángulo, a notable distancia del mercado y los museos, del negocio y la nostalgia complaciente, Guevara sigue siendo una astilla en el cuello de terratenientes, banqueros, empresarios, policías y militares. Un heredero de Mariátegui, un estudioso obsesivo de Marx, un admirador de Lenin y el político radical más notable de América Latina además de uno de sus pensadores marxistas más heterodoxos. Desde la revolución cubana y el zapatismo de Chiapas hasta la insurgencia colombiana y el bolivarianismo de Venezuela, desde el MST de Brasil hasta los piqueteros de Argentina, desde el estudiantado de Chile hasta los indígenas de Bolivia, todos y todas, continúan referenciándose en él. Lejos de las vidrieras y las manipulaciones oportunistas, continúa existiendo el guevarismo como proyecto político y pensamiento radical.

Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado no soy tan malo. Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado.

Carta de Ernesto Guevara a sus padres. La Habana, marzo de 1965

Los tironeos y las disputas por su herencia multiplican los espejos que reflejan el rostro de varias generaciones argentinas.

Cada generación dialoga con Guevara desde sus propios problemas, sus dudas, sus falencias, sus sueños, sus desafíos pendientes, sus anhelos incumplidos.

La generación del 60 vio en el Che la encarnación de todo aquello que la vieja izquierda ya no podía dar: ejemplo moral, nueva cultura, lucha contra la enajenación y la explotación (al mismo tiempo), crítica de la burocracia, internacionalismo genuino y, sobre todo, un método de lucha político-militar. Para aquella generación Guevara expresa la cabeza visible de un pro yecto continental, impulsado por la revolución cubana y Fidel Castro. Una forma de lucha política donde se confronta con las instituciones y el eje pasa al enfrentamiento directo con el poder armado de las dictaduras militares y sus amos del Norte, Wall Street, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.

Ya asesinado a sangre fría en Bolivia por el ejército y Félix Rodríguez, agente de la CIA que daba las órdenes, la generación del 70 volvió a encontrar en el Che un ejemplo de vida. Pero lo descifró desde otro lugar. Después del Cordobazo, la figura de Guevara se entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes que, apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla por la conciencia clasista y socialista de los trabajadores y no aceptaron encolumnarse detrás del general Perón y su "capitalismo nacional ", fueron minoritarias. En esos años, la mayoría de la juventud argentina veía en el Che a un revolucionario que era parte de una constelación mayor, donde también brillaban otras "estrellas ": los generales Velazco Alvarado [Perú], Torres [Bolivia] y el propio Perón. El nacional-populismo fue hegemónico.

Después vino 1976, la dictadura, el terror, el genocidio, la masacre. Más de 100.000 desaparecidos en toda América Latina. Durante esos años tenebrosos el Che Guevara se convirtió en un desaparecido junto con sus libros, su imagen y su póster.

A partir de 1983 el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no habían vivido los 60 y los 70, se abocaron a reconstruir el pasado.

Un sector de intelectuales, ex izquierdistas, sumados al gobierno de Raúl Alfonsín, le proporcionó a la juventud un relato tramposo, sesgado, unilateral. Guevara habría sido "un rebelde bienintencionado, pero que no entendía nada de política ". De la mano de la teoría de los dos demonios, algunos ex marxistas lo parangonaban a los militares genocidas. Triste y mediocre teoría que homologaba al almirante Massera y al torturador Astiz con revolucionarios como Rodolfo Walsh y Raymundo Gleyzer.

Entonces volvió el Che en las remeras y los libros, pero no en política. ¿Quién se animaba, en los 80, a defender la actualidad política de Guevara? No sus canciones o su iconografía.

Y apareció Menem, quien llegaba con la vieja retórica y la añeja puesta en escena nacional-populista. Mientras se denostaba al Che, se privatizaba la Argentina de raíz y caía el Muro de Berlín
Desde aquel derrumbe bochornoso de las burocracias del Este europeo (que Guevara había impugnado duramente), el neoliberalismo económico y el posmodernismo cultural parecían eternos.
Mientras las recetas económicas de Milton Friedman privatizaban en los '90 hasta el agua, el mundo se desencantaba de la imaginación sesentista. El posmodernismo, bajo el pretexto de defender a las minorías y sus diferencias, terminó legitimando un reino monocorde, triste y sin alternativas. El "hombre mediocre " sin ideales ni aspiraciones, del que hablaba José Ingenieros cien años atrás, se volvió moneda corriente. Lejos quedaba el "hombre nuevo " del Che.

Pero ese supuesto "fin de la historia " (Francis Fukuyama), ese "agotamiento de la política " (Daniel Bell)y esa "crisis de los grandes relatos " (Jean François Lyotard), duró muy poco.

Reivindicando al Che, en 1994 entran en escena los zapatistas y le dan la primera estocada al "Nuevo Orden Mundial ". Al poco tiempo se suceden las rebeliones en América Latina y el primer mundo: La Paz, Seattle, Davos, Barcelona, Buenos Aires, Génova, etc. En todos lados la bandera con el rostro del Che Guevara acompaña la insurgencia juvenil. Rápidamente entran en crisis los falsos axiomas neoliberales: Mayor mercado = mejor democracia; más sumisión a Estados Unidos =más derechos humanos; privatización = superación de la burocracia, etc.

En Porto Alegre los Foros Sociales Mundiales abren el siglo XXI gritando: "Otro mundo es posible ". Renacen la sed de ideología, el apetito de totalidad, la necesidad de una cosmovisión de la historia y el deseo de cambiar el mundo. Se profundiza la crisis del pensamiento en migajas y se agota el culto dogmático del fragmento.

Retorna una vez más el mensaje del Che. Se palpa en el aire. Decenas de miles de jóvenes, hastiados con la vieja política, hartos del sistema capitalista y del neoliberalismo, sin una dirección definida por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en marchas y movilizaciones, en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales, casi fanáticamente, la bandera del Che.

¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político donde lo central de la estrategia es el problema del poder. Una concepción de la transformación social, la subjetividad y la revolución, donde la conciencia antiimperialista, clasista y socialista es fundamental, donde se disipan las ilusiones en las tímidas reformas y las medias tintas, en la progresividad de la "burguesía nacional " y en el populismo. . . En definitiva, un nueva cultura y un ejemplo de otra manera de vivir, donde queda abolido para siempre el doble discurso y la doble moral. La estrella del Che Guevara, por sobre el mito y la leyenda, vuelve para quedarse.

El autor es coordinador de la Cátedra Che Guevara-Colectivo Amauta: amautalahine.org y autor del libro "Ernesto Che Guevara: el sujeto y el poder ". BS. AS. , Nuestra América, 2005. docente e investigador de la UBA.

martes, 10 de junio de 2008

Declaraciones periodísticas de representantes de la nueva conducción de la mutual israelita argentina generan polémica al supeditar la pertenencia a e

Declaraciones periodísticas de representantes de la nueva conducción de la mutual israelita argentina generan polémica al supeditar la pertenencia a esa comunidad al cumplimiento de una estricta observancia religiosa. Aquí, una respuesta.

Por: Alejandro Borensztein
Fuente: ARQUITECTO Y PRODUCTOR DE TV


En la a edición del pasado sábado 7 del diario Clarín, Guillermo Borger, el nuevo presidente de la AMIA, declaró textualmente que, su nueva gestión va a " reforzar el papel de la AMIA como representante de los judíos genuinos". Ante la consulta del periodista sobre qué significaba ser un judío genuino, el Sr. Borger indicó textualmente que judío genuino es aquel "que tiene una vida basada en todo lo que dictamina la Torá" (Antiguo Testamento).

También declaró que "es una paradoja que se llamen judias las escuelas judías que no son observantes o religiosas". O sea que los colegios Tarbut o la ORT, por citar dos de los más prestigiosos colegios judíos, no serían considerados como tales.

Para terminarla, y en relación a los chicos judíos nacidos de matrimonios mixtos, expresó que "hay leyes que deben respetarse".

Como si fuera poco, en la misma semana, otro diario publicó un reportaje al Rabino Samuel Levin, máximo representante de los judios ortodoxos y, según reconoció Borger a Clarín, guia espiritual del nuevo presidente de la AMIA. En la nota, el Rabino remata textualmente con esta inolvidable frase: " usted va a ver que en la época de hoy, si vivimos con el sistema de la Biblia de 3.000 años atrás, todo iría bien, todo se arreglaría"(Diario Crítica del 27 de Mayo pasado).

En fin, "boina" gente.

Yo soy judío, quiero ser judío, me siento judío, me sé judío y, lo más importante: estoy orgulloso de serlo. Pero no soy religioso. No soy creyente. ¿Acaso entonces, y de acuerdo a lo que dicen estos señores, no soy un judío genuino?

Todos mis antepasados, hasta donde pude rastrearlos, por parte de padre y de madre, fueron judíos. Incluído mi tatarabuelo, el gran Rabbi Avram Borensztein, nacido en Polonia en 1811.

Mi abuelo Samuel, que vino de Polonia en 1923 y respetaba las tradiciones, sin ser religioso ni creyente, ¿no era un judío genuino? ¿Y mis tios? ¿Y mis hermanos? ¿Y mis primos? ¿Y mis hijos? ¿Y mi viejo, Tato, que llegó a ser uno de los judíos más reconocidos, notables, respetados, y homenajeados de la historia argentina, no era un judío genuino? Si prefieren no sigo con mi familia,

Pensemos en Woody Allen. Tampoco tiene una vida basada en la Torá tal como exigen el Sr. Borger y el Rabbi Levin, sobre todo cuando cada mañana despierta abrazado con su hijastra coreana Soon Yee. Sin embargo, ¡levante la mano el que piensa que Woody Allen no es un judío genuino! Tan genuino como el Rabbi Levin.

¿Y Groucho Marx, Steven Spielberg o Marcos Aguinis? Tampoco son ortodoxos, sin embargo son judíos como el que más. César Milstein, Daniel Baremboin, Paul Newman. Leonard Bernstein y Richard Meier, la lista es interminable.

¿Y Ben Gurión y Golda Meir? Simplemente fueron un par de extraordinarios judíos genuinos que fundaron el Estado de Israel en donde los Levin y los Borger pueden rezar todo lo que quieran, sin que nadie los perturbe. Me gustaría saber qué opinan las nuevas autoridades de la AMIA sobre Sammy Davis Junior: negro, bizco, alcóholico& ¡ y judío !

¿Por qué estos ignotos fanáticos tienen derecho a pontificar y sentenciar quién es y quién no es, un judío genuino?

Se me dirá que fanáticos hay, inevitablemente, en todas la religiones. Es verdad. Pero a mi me preocupan los fanáticos judíos, justamente porque son mis fanáticos, porque yo soy judío. Definitivamente judío y tan judío como ellos.

Se me dirá que han ganado, por primera vez en 113 años de existencia de la AMIA, en elecciones libres y democráticas entre 25.000 votantes. Pero eso no da derecho a descalificar a cientos de miles de judíos que vivimos en la Argentina y que no somos ortodoxos. Muchos de los cuales ni siquiera somos creyentes.

A diario vemos lo que el fanatismo ha conseguido en el mundo, y a dónde nos ha llevado esta mentalidad.

Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiera, pero no a imponerle sus pensamientos a nadie.

Mi viejo tenía un personaje que se llamaba el Tio Josei (4 letras J-O-S-EI) y solía repetir una muletilla: "Toda boina gente, pero si boina gente se enoja& boina gente peligrosa".

domingo, 8 de junio de 2008

Leonardo Favio: "Nunca estuve tan feliz con una obra mía"

Leonardo Favio: "Nunca estuve tan feliz con una obra mía"








A cinco días de estrenar "Aniceto", filme-ballet que recrea una película suya de hace 40 años sobre un triángulo amoroso en un pueblo, Leonardo Favio anticipa los secretos de esa obra "sorpresiva", que define como su "película más completa".







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Alberto Farina.






Un joven entusiasta de 70 años que camina apoyado en su bastón por su depar­tamento del barrio de Balvanera, liberado de queja alguna. Cantante popular melódico en cuya discote­ca conviven Sandro, Vivaldi y Bee­thoven. Alguien que creció lejos y pobre escuchando radioteatros de Chiappe, tangos y cumbias pe­ro se consagró como cineasta de gran lirismo visual, capaz de hacer convivir lo sórdido y lo sublime, lo brutal y la estilización barroca. Realizador de películas con héroes pecadores que sangran, sudan, llo­ran y se orinan, entre Verdi y Los Wawanco, en contraste con otras de muchos pudorosos colegas lo­cales. Un chico medio huérfano de Luján de Cuyo adoptado por Perón y Torre Nilsson. Todo eso, y más, es Leonardo Favio.

El regreso del director a la gran pantalla se producirá este jueves con el estreno de su "Aniceto", versión coreográfica de aquella película suya de 1967, con trián­gulo amoroso pueblerino entre Federico Luppi, Elsa Daniel y Ma­ría Vaner; inspirada en el cuento "El cenizo" de su hermano Zuhair Jury, la del título más largo de la historia del cine local: Este es el ro­mance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza... y unas pocas cosas más.
Favio conversó con Ñ , aceptan­do que si bien su prioridad era re­ferirse a su próximo estreno desde el mismo título de su nueva pelí­cula el pasado lo asalta. Aunque el espectador podrá conocer Aniceto sin haber visto la versión de 1967, para el creador ha sido un proceso en el cual su última película co­menzó durante aquel rodaje. Así como este Favio que nos recibe en 2008 sería incomprensible sin explorar y reconocer en él al can­tante melódico popular, al pícaro e intuitivo provinciano que se in­filtró como un "intruso" en el cine de autor de los intelectuales de la "generación del 60", al peronista atravesado en mayor medida por los sentimientos de veneración a Perón, Evita y la mística justicialis­ta que por la discusión doctrinaria o ideológica, y al director de cine capaz de arriesgarse en lo estético con mestizajes y excesos que son, precisamente, los que le dan su identidad como artista. Porque un encuentro con Favio no es chocar con una novedad, sino recorrer una historia y una leyenda.

¿Cómo y por qué vuelve Ani­ceto?

El proyecto comenzó a latir desde aquel rodaje, hace 40 años, cuan­do notaba que en los silencios de El romance... había una gran sin­fonía, pero no sabía por dónde lo iba a resolver. Eso no me sucedió con Crónica de un niño solo ni con El dependiente . Hasta que en un cumpleaños de Niní Marsha­ll, Lino Patalano me preguntó si no se me había ocurrido hacer un ballet con el Aniceto . Comencé a trabajar con Verónica Muriel, Ro­dolfo Mórtola y el músico de Ga­tica, el mono , Ivan Wyszogrod, en un guión teatral para montar un ballet. Yo veo óperas, conciertos y ballet en videos, y me apasioné en elegir pasos de los que no sé el nombre, aunque sí sabía que tal movimiento era para determina­da secuencia. Wyszogrod insistió en que debía ser una película. La filmamos en un hangar de Quil­mes, con los actores y bailarines Hernán Piquín como Aniceto, Na­talia Pelayo en la piel de Francisca y Alejandra Baldoni como Lucía. Es un filme-ballet ambientado en la misma época del original, los años 60, pero será sorpresiva, me­jor que se vayan preparando, que "se aten los cinturones".

¿Mantuvo como rasgo de estilo su atrevida incorporación de lo naive y de las más precarias pero entrañables expresiones del arte popular, como lo circense, los artistas nómades o las repre­sentaciones teatrales que dejan en evidencia los dispositivos de sus magias?
Sí. En El romance... aparecía una "rascada", un espectáculo precario con actores y una puesta medio­cre, vulgar sobre un escenario en el que un angelito era izado con sogas a la vista, pero en Aniceto cumplí mi sueño de hacer una película como las de ese pionero de la fantasía cinematográfica que fue Georges Méliès, y esta vez me permití volar en esa dirección. Nunca estuve tan feliz con una obra mía. Hay enormes telones con cielos pintados por personal del Teatro Colón.

Muchos dividen su filmografía en una primera etapa –la trilogía en "carbonilla", blanco y negro, intimista y despojado ("Cróni­ca...", "El romance..." y "El de­pendiente")– y, una segunda, de superproducciones de cine espectáculo, frescos y murales en vigorosos colores como "Juan Moreira" , "Nazareno Cruz y el lobo", "Soñar, soñar" y "Gatica, el mono". ¿Dónde se ubica "Ani­ceto"?

Si bien vuelvo a un personaje anterior, con su gallo de riña y sus dos mujeres, esa tragedia a la que no parecen poder escapar, y también regreso a Luján de Cuyo, donde me crié y que me visita en mis desvelos, se puede ver Anice­to como algo intermedio o como una síntesis, ya que la considero mi película más completa. Posee una estética más cercana a mis últimas películas con una historia y personajes de la primera etapa. Es la obra de mi madurez. Aque­llos largos silencios con cantos de la naturaleza, aquí se convierten en un gran espectáculo sonoro y enorme juego de color, como si fueran cuadros para cada escena.

Trabajamos mucho con el estilo plástico de las pinturas de Sorolla. A mí me hubiese gustado escribir música en mis guiones, siento que el travelling es como un adagio o un largo, y los allegros equivalen a planos más cortos y de perfil –nunca me gustó el plano y con­traplano–. Creo que mi puesta de cámara es más bien teatral, con personajes que entran y salen por los laterales, pero para eso es ne­cesario cuidar la composición del cuadro.

La mención del pintor valen­ciano posimpresionista del siglo XIX, Joaquín Sorolla y Bastida, también admirador de El Greco y Velázquez, con sus vigorosos óleos sobre aguas, cielos y costumbres populares en espacios abiertos, donde las pinceladas buscan cap­turar los efectos de luz y diluir contornos; parece una inspiración pertinente al universo visual de Favio; su paleta ya fue visitada por el barroco latinoamericano en los cielos sangrantes o tormentosos de Juan Moreira y Nazareno... , por el kitsch y los dibujos de Di­vito en Gatica , por los claroscuros expresionistas y opresivos en El dependiente.

¿Cree que parte del éxito y la diferencia de su cine se debe a su elección de personajes y a formas y estéticas populares que buscan la emoción?

Yo aprendí como cantante que mi obra no tiene que exceder los dos minutos sin un acontecimien­to, sin que ocurra algo, como en el disco. Yo saqué eso del disco. ¿Cuánto dura una canción? Tres minutos y si no ocurre nada en esos tres minutos perdiste. Eso lo llevé al cine. Me permitió ma­nejar los tiempos aunque se trate de un oratorio o una pieza litúr­gica. En cuanto a las obras ajenas no las discuto; soy un espectador detrás del vestigio de belleza que toda creación puede tener. En el cine argentino hubo distintas ten­dencias, todas respetables. David Kohon, por ejemplo, fue brillante y talentoso, pero tal vez no tuvo las facilidades; Martínez Suárez terminó siendo un gran maestro y con su nombramiento como director del Festival de Mar del Plata no sabía si compadecerlo o felicitarlo. Lo mío es un oficio en el que trato de escribir un guión factible, voy midiendo costos, cal­culando gastos y efectos. Yo vengo de una formación radioteatral, de cultura popular, de producción a lo gitano. Amaso todo eso para armar mi obra. No puedo contar lo que no conozco: Moreira era lo que escuchaba en el radioteatro, igual que Nazareno... ; Crónica... es el mundo en el que viví.

¿No se sintió alguna vez dis­criminado o subestimado como sapo de otro pozo en el ambien­te cultural e intelectual?

Yo creo que mi manera de ac­ceder a ese mundo fue gracias a una gran necesidad de saber y escuchar. Me he descubierto a mí mismo embobado escuchan­do a mi iluminador, Stagnaro, cuando explicaba algo. No vivo el talento ajeno con rencor sino que lo disfruto. Me gusta observar y aprender cuando estoy frente a al­guien de talento. Eso me permite salpicar mi cine y mi vida con co­ros, óperas, y otros días necesito a Sandro o a Feliciano Brunelli. También alterno la Torá, la Biblia y el Corán. Del mismo modo me enseñaron cineastas tan distintos como Fellini, Bresson, Bergman, Torre Nilsson y vi veinte veces El ciudadano, de Orson Welles para analizar los ángulos y movimien­tos de cámara. Pero, a la vez, yo respeté a Enrique Carreras y a Emilio Vieyra, de los que también aprendí. He tratado de tomar to­dos los artilugios que me sirvieran para conmover.

¿Qué cine actual le interesa?

Entre los argentinos hay cineas­tas jóvenes que admiro. Me mara­villaron El bonaerense, de Pablo Trapero, Caja negra , de Luis Orte­ga, y me pareció envidiable Cama adentro , de Jorge Gaggero; pero el vértigo de distribución y ex­hibición diluye la apreciación de las películas, aunque sean obras maestras. Entre las producciones extranjeras me interesa el cine ira­ní, la película alemana La caída , con Bruno Ganz, pero también el telefilme sobre Stalin, con Robert Duvall, y todo lo que se haga sobre mi ídolo, Hércules Poirot.

¿Y la película uruguaya "Whis­ky", que incluye su voz cantando "O quizás simplemente le regale una rosa"?

¡¡Una maravilla!! Me pareció una de las obras más bellas del cine latinoamericano. Más allá de la canción, porque esa película se­rá algo difícil de superar. Estuvo algo desprotegida por la crítica y la distribución.

¿Tendrá que luchar "Aniceto" con la cultura audiovisual hiper­quinética que tiene gran parte del nuevo público?

No, porque no me pongo en nin­guna trinchera. Yo también vivo al ritmo de la vida actual, la neurosis porteña me alimenta. No pierdo perspectiva. Si yo volviera a hacer un cine como Crónica de un niño solo , entonces sí perdería de vista a la gente, pero estoy atento a la vida y sus velocidades. Ya no hay "un niño solo" sino un universo de niños solos. Como no he quedado desprevenido de lo que ocurre en el mundo no me siento alejado del público sino con él. Para Perón, sinfonía del sentimiento , tuve que aprender la utilización de la nueva tecnología, que avanza y te da po­sibilidades increíbles para diseñar mejor, trabajar cada pincelada, si se sabe manejar eso con pruden­cia. Ahora si sos un deschavetado que te enamorás del pomo de la pintura en vez de aquello que po­dés pintar con ella... Esa máquina puede enfriar la obra, vos tenés que usarla pero la máquina no puede ponerle corazón a tu obra, se lo tenés que poner vos. Cuando vine del exterior, en 1987, habían desaparecido los cines. Creí que los de mi generación éramos di­nosaurios y que el cine se había acabado. Pero cuando supe que existían 19.000 estudiantes de ci­ne, una potencia juvenil volcada a la imagen, eso me impulsó a hacer Gatica , y me motivó a introducir­me en el mundo de la tecnología y la computación con las que hice Perón..., que fue la obra más ven­dida en video.

¿Le interesa que su cine refleje el momento actual del país?

Para eso tenés que buscarlo a Fernando "Pino" Solanas, que se preocupa más por lo documen­
tal, se involucra activa y artística­mente con lo que sucede, si bien yo palpito el país con la gente. Tal vez lo refleje inconscientemente. Pero, por ejemplo, en los años 70 yo no me sumé al clima de violen­cia, seguí con mi obra, con lo que me sucedía a mí y entonces hice una película de amor como Naza­reno Cruz y el lobo. Estoy contento con lo que se está produciendo en un país que estaba devastado. Hay expectativas, sueños, se recuperan valores. Mientras existen proble­mas graves en todo el mundo, yo veo cambios positivos, al ritmo de Internet, y la gente con acceso al conocimiento de lo que ocurre en todas partes. No comparto el dra­matismo que acusa a la juventud de distraída, creo que los jóvenes tienen otro lenguaje y una ternura ausente en los adultos.

¿Tampoco lamenta filmar tan espaciadamente siendo uno de los mejores cineastas argenti­nos?

Es que soy lento, meticuloso, no tengo apuro, me regodeo en los perfiles de los personajes y en las escenas que voy creando. La mú­sica me sigue permitiendo vivir con dignidad, todo el tiempo en algún lugar del mundo suena un disco mío.

¿Pero filmar no le devuelve ese rol de dueño del circo, de titiri­tero, demiurgo, Dios que decide quién vive o quién muere, si sale el sol o llueve?

Es una ilusión, todos somos par­te del circo. Lo mío es un oficio menos importante que el de un médico: si necesitas hacerte un transplante de corazón, ese será el milagro. Los únicos que le hacen la música a Dios son los que han quedado: Mozart, Miguel Angel. Ya no se puede competir con ellos. Yo no le quiero ganar a nadie, por­que aquí nadie gana y nadie pier­de. Sólo podemos agradecer haber conocido un beso, hay gente que se muere sin saberlo. Además tengo sentido crítico sobre mis pelícu­las, todavía las corrijo, saqué unos planos de El dependiente que me molestaron desde que nacieron, y traté de pulir el sonido de Crónica de un niño solo , capturar las vo­ces, limpiarlas y volver a mezclar con sonidos de grillos o música. Dentro de algunos años, si cum­plen lo prometido, se podrán ver estas versiones pulidas. Todo eso me lo permite la tecnología. Si por algo lamento el límite de la vida es porque digo: "¡Carajo!, justo ahora que están todas estas herramien­tas para trabajar mejor".

Con las que tuvo se arregló bastante bien. Y con sus pelícu­las algo suyo puede sobrevivir­le, algo se eterniza para eludir lo efímero de la vida.

Dios quiera, pero ya no digo para siempre. El sueño de todos es per­manecer, pero uno muere cuan­do se escapa de la memoria de la gente. Mi obsesión es que me re­cuerden bien en esa momentánea memoria que haya de mí. Yo había incorporado la idea de la muerte a mi vida como algo legítimo y be­llo, pero a medida que se acerca cuido el cuerpo, el artefacto que
nos queda. Me voy despidiendo de ese cuadrito en la pared, qué pena no verlo más, pero esto es sólo una fracción de película acelerada, y uno comienza a preocuparse más por lo que puede haber del otro lado. Tal vez la eternidad sea des­pertar de una siesta bien dormida con los ojos entregados al asom­bro, por ahora somos la molécula de una hormiga y menos que eso. Soy profundamente religioso, casi místico, puedo gozar de la soledad como un don, un regalo de Dios que me permite estar conmigo.

¿Acepta que la muerte de sus personajes traen un "tropo" clá­sico del arte que es la indiferen­cia del mundo? Ya sea Gatica aplastado por un colectivo al sa­lir de la cancha de Independien­te o Aniceto baleado por robar gallinas, mientras la gente mira pasar un satélite...

Entramos también en una cues­tión poética. Aunque mueren afe­rrados a la vida mientras otros mi­ran para otro lado, lo hacen como han vivido. No es gente que muere en una cama sino fiel a sí misma hasta el fin, más cerca de una imi­tación de Cristo, en esa soledad se anida parte de su trascendencia, de la vida que tendrán después, por eso podemos seguir hablan­do de Gatica o Moreira. Sólo en el más allá podemos comprobar si somos una intención de Dios.
¿Podemos esperar otra pelí­cula de Favio después de "Ani­ceto"?
Y, sí, El mantel de hule.

Favio deja flotando el supuesto título de su próximo filme, que se refiere a unas declaraciones suyas en las que se confesaba incapaz de contar cómo se ponía una mesa en alguna mansión de la avenida Fi­gueroa Alcorta. Como contrapar­tida, afirmaba que sí sabía narrar la mesa del mantel de hule. Sin embargo, es desde ese manejo vi­sual suyo sobre lo físico que surge en su obra lo metafísico, remonta lo pueblerino a lo cósmico y con­vierte anécdotas de pobres diablos sin horizonte en tragedias corales de finales paroxísticos. Siempre con desmesura surreal, para que los personajes, no juzgados sino observados –con ternura aun en su abyección–, atraviesen su mar­tirologio y crucifixión, de manera que sus agonías excedan el destino particular para emerger como pa­radigma del destino humano. Gra­cias a su mirada la naturaleza se convierte en paisaje, en decorado del "gran teatro del mundo". Por eso hace convivir a Chejov, Kafka y el folletín popular, los enanos, duendes, diablos tristes, y la muer­te jugando al truco.
Al alejarme de él, dejo atrás una sonrisa de pícaro prestidigita­dor que ha vuelto a sacar su galera de mago para pronunciar con su propia voz "abracadabra". Con una mano levantada para saludar y la otra apoyada en el bastón, su figura se apaga junto a la tarde del sábado en Balvanera, y veo en él lo que decía Fellini para sí: "Soy mi propia naturaleza muerta. Soy una película".

sábado, 7 de junio de 2008

Mucho circo y poco pan

Mucho circo y poco pan

Por Osvaldo Bayer

Desde Bonn, Alemania

Toda Europa se prepara para el Campeonato Europeo de Fútbol que comienza hoy. Si comparamos los espacios en los medios de comunicación que se le han dedicado a la Conferencia Mundial de Alimentación que acaba de finalizar con las páginas y páginas que se dedican a los comentarios y reportajes de fútbol, son diez a uno. Diez para el fútbol y uno para el hambre mundial que esa conferencia ha dejado en claro: 800 millones de seres humanos padecen hambre en el mundo; la mayoría, por supuesto, niños. Diez goles a uno: toneladas de papel sobre jugadores, pronósticos, entrenadores, hinchadas. Otros diez golazos en contra para los pobres del mundo.

Que los hay en todos los países. Desde el primer mundo hasta el tercero, cuarto. Sí, leamos por ejemplo el informe de la Asociación Federal de la Mesa Alemana. Es una organización de ayuda a hombres, mujeres y niños que no pueden alimentarse bien por falta de medios. Actualmente, se atiende a 800.000 necesitados en toda Alemania. Se les entrega pan, productos lácteos, fruta y verdura. La razón de este aumento de pobres es la suba que han tenido últimamente los precios de alimentos. Justamente ayer, viernes, se instaló la llamada “mesa larga de la solidaridad”, de 200 metros de largo, en Magdeburgo. Eso se llama verdadera solidaridad. Esta organización comenzó en 1993 en una ciudad y hoy ya hay 785 filiales en las diversas regiones alemanas. Tienen 35.000 ayudantes voluntarios que solicitan a los supermercados, panaderías o carnicerías la donación de productos sobrantes. El presidente de esta organización, Gerd Häuser, declaró a la revista Stern: “La red social no existe más en Alemania. Muchos que reciben del Estado ayuda por desocupado y jubilado, pero también madres solas con hijos, ya no llegan a comer todos los días sin nuestra ayuda”. Agregó que “cada vez aumenta más el numero de niños y los adolescentes que necesitan ayuda. Ya están llegando a una cuarta parte de los que vienen a nuestras mesas. En algunas ciudades llegan ya hasta el 40 por ciento”.

Pienso en la Argentina. En los generosos comedores infantiles que se han ido organizando en casi todos los barrios pobres, a los cuales hay que ayudar. Sí, en el país de las espigas de oro. Hambre, hambre.

El gobernador de Buenos Aires, Scioli, ha dicho hace algunas horas: “Con los alimentos no se jode”. Claro que no. Justamente lo que pasa en la Argentina, donde se ha volcado, como protesta, leche a las zanjas, ha ocurrido en estos días en Holanda y Alemania. Una revista alemana muestra cómo en Holanda se han bañado chicos y grandes con leche derramada por los productores. Que se derrame la leche, que se arrojen a las carreteras los cereales, habla de falta de sentido de respeto a la vida. ¿Por qué esa leche no se llevó gratis a las escuelas y a los comedores infantiles y de adultos o se repartió en los barrios pobres? Lo mismo con los otros productos que se tiraron a la basura. Hubiera sido más directa y simpática dicha protesta si hubieran llamado a la puerta de cada casa y obsequiado a cada uno un vaso de leche. Pero claro, el problema no se reduce a la leche que tiraron o no. No se jode con los alimentos, pero también hay que empezar a gritar: no jodan con la tierra, no jodan con los bienes que pertenecen a todos. Con retenciones o no retenciones no se soluciona el problema fundamental, sino con una reforma agraria bien estudiada, de fondo, en libertad y debate. Por ejemplo, impedir propiedades de tierras mayores a treinta mil hectáreas –como principio– y propender a la formación de cooperativas agrarias con los verdaderos trabajadores de la tierra. Una sociedad verdaderamente democrática no puede permitir que sean las empresas pulpos las que nos digan cuánto tendremos para comer y cuánto se dará para biocombustibles, o se siembre sólo aquello que les da más ganancias. La tierra es un bien público y no de las tendencias del mercado. Son las necesidades de todos los habitantes las que tienen que regir y no de aquellos que paran por unas horas en Puerto Madero. Con la tierra no se jode, tendría que ser el lema argentino.

Lo hemos podido comprender en la reciente Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en Roma. Donde concurrieron 40 jefes de gobierno y 4747 delegados. (Nos imaginamos lo que debe haber costado ese encuentro.) Bien, pero ¿qué se resolvió? Primero digamos que por lo menos se comprobó de acuerdo con cifras oficiales que 850 millones de habitantes viven todos los días con hambre y están desnutridos. Que más de una cuarta parte de la suba de precios de los alimentos se debe a los negocios especulativos que se hacen con ellos. (Los argentinos debemos tener bien en cuenta justamente eso y preguntémonos: quién hace los negocios especulativos.)

Quedó claro en la reunión esto de las especulaciones cuando se puso el ejemplo de Ucrania, donde subió de pronto el precio del trigo en un tercio cuando se resolvió dedicar más tierra al cultivo de la colza. O cuando Bush anunció que se iba a promover el bioetanol e instantáneamente se duplicó el precio del azúcar. El Banco Mundial ha declarado que cuando se propuso el aumento de las llamadas “plantas energéticas”, subió el precio de los alimentos entre el 30 y el 70 por ciento. Oficialmente se dijo que hay peligro de hambre en treinta y tres países. Lo dijo en el Congreso el representante de la organización de Ayuda contra el Hambre en el Mundo: “En esta reunión se tendría que haber discutido el peligro de las prácticas comerciales que distorsionan la seguridad de la alimentación de los países en desarrollo.” No, eso no se hizo. Porque, ¿quién le pone el cascabel al gato del sistema? Es un papel que, sin ninguna duda, tienen que tomar en sus manos las organizaciones de derechos humanos del mundo entero, porque nada se puede esperar de delegados que sirven como lacayos de los gobiernos. Es un papel que desde hace mucho tiempo tendrían que haberlo tomado también las iglesias. Pero hasta ahora han dado como única solución recomendar ponerse a rezar. O embellecer todo con palabras que parezcan profundas. En el actual conflicto argentino, el cardenal Bergoglio ha pedido a las partes en litigio un “gesto de grandeza”. ¿Gesto de grandeza a quienes siempre aspiran a ganar más? El mismo cardenal ha empleado la palabra “concordia”. ¿“Concordia” a un sistema que nos ha llevado a esto? Multimillonarios y pobres de pan duro.

No, los problemas hay que solucionarlos y tienen que prevalecer las búsquedas de soluciones para los problemas de los que no tienen ni siquiera para ponerles un pan en la mesa a sus hijos. Porque si no la “concordia” a la que se llegue en la Argentina va a merecer el título que el diario alemán Frankfurter Rundschau le acaba de dar a la conferencia de la Alimentación de Roma: “Gran circo y poco pan”. Ninguna receta contra el hambre.

¿Para eso se gastó tanto en este congreso? Casi cinco mil delegados para ese resultado final.

Pero no todo está perdido, como siempre, el destino nos trae de pronto un hecho humilde, pero logrado con todo coraje civil. Me llega un mensaje de que en Lanús, en mi país argentino, se cambió oficialmente el nombre de la calle coronel Federico Rauch por el nombre de un obrero de ese barrio desaparecido en 1976. Asistió el intendente al acto cumpliendo así la resolución del Concejo Deliberante. Se cumplía así un sueño. Terminar con la glorificación de ese militar mercenario contratado por Rivadavia “para exterminar a los indios ranqueles”. A los cuales degollaba “para ahorrar balas”, como lo dice en sus comunicados. En 1963 pedí en la ciudad bonaerense de Coronel Rauch que el pueblo votara otro nombre. Por ese pedido fui preso 63 días ya que el ministro del Interior de la dictadura militar de ese tiempo era el general Juan Enrique Rauch, bisnieto directo del mercenario. Y ahora en Lanús, a 45 años de mi pedido, se daba el primer paso para bajar del pedestal a quien iniciaba una línea que iba a terminar con la matanza de Roca, que iba a dar el paso a la repartición de la tierra y al origen de los dueños de la tierra que hoy obligan a marcar el rumbo de nuestra economía.

viernes, 6 de junio de 2008

La hora de los cuerpos

La hora de los cuerpos

En la historia de la educación, los cuerpos son los grandes ausentes. Bien guardados debajo del guardapolvo, también parecen haber sido robados, en su diversidad y capacidad de goce, del imaginario. Si se habla del cuerpo en el aula, es para hacer foco en problemas que sirven como disciplinadores. Así, la sexualidad es una amenaza de enfermedad o embarazo no deseado; la identidad sexual, un defectito a tolerar o bien a corregir. ¿Cambiará algo de esto a partir de la largamente postergada implementación de la Ley Nacional de Educación Sexual? Después de dos años de su sanción, recién la semana pasada se aprobaron los contenidos básicos y todavía hay un plazo de cuatro años más para que sea un hecho. Sin embargo, cada pequeño paso es para celebrar sobre todo si se tiene en cuenta que la escuela es el primer lugar donde conviven las diferencias. Graciela Morgade, una de las expertas convocadas por el Ministerio de Educación para diseñar estos contenidos básicos y coautora de Cuerpos y sexualidades en la escuela. De la “normalidad” a la disidencia, reflexiona y advierte sobre cuáles serán los cambios por venir.


Por Verónica Engler

Que un nene quiera jugar en el rincón de la cocina y que una nena quiera hacer de colectivera sin que sus compañeritos se mofen de ellos y sin que la maestra tome nota de la “anormalidad” en la conducta de los dos pequeños que eligieron algo imprevisto. Que la seño pueda ser travesti sin que se la vea como una amenaza rampante para la comunidad educativa. Que en el patio durante el recreo los chicos y las chicas puedan correr, gritar y alborotarse a la par sin que la maestra les señale a las nenas que “se están portando mal como los varones”. Que el profesor pueda decir que tiene novio sin que sea el blanco de las más terribles sospechas de parte de padres, madres, docentes y directivos del colegio. Que el rosa y el celeste dejen de ser los colores de dos equipos opuestos que se disputan espacios vitales excluyentes. Que la heterosexualidad no esté sobrevalorada en relación con otras identidades sexuales, cada una tan valiosa, rica y llena de posibilidades como la otra. ¿Será factible que algún día estos hechos enunciados conformen la cotidianidad dentro del aula? En nuestro país, al menos ya hay indicios de que la escuela podrá ser un lugar mucho más amplio, integrador y respetuoso de las diferentes identidades que quieran asumir tanto quienes educan como quienes están aprendiendo.

La semana pasada, finalmente, el Consejo Federal de Educación –integrado por los veinticuatro ministros provinciales, tres representantes de las universidades y el ministro de Educación de la Nación– aprobó por unanimidad los contenidos básicos estipulados en la Ley Nacional de Educación Sexual Integral (la 26.150, promulgada en octubre de 2006), que son los que deberán tenerse en cuenta tanto en escuelas públicas como privadas, religiosas y no confesionales.

En los nuevos lineamientos curriculares se define la educación sexual desde un abordaje integral y no reducido al modelo tradicional biologicista. Algunos de los temas de aprendizaje comunes y obligatorios –que deberán adaptarse a la edad de alumnos y alumnas– se refieren a las distintas formas de organización familiar (que no se reducen al clásico mamá-papá-hija-hijo), el respeto a la intimidad propia y ajena, la prevención del abuso sexual, las relaciones de género entre varones y mujeres, el respeto por la diversidad de identidades, y la necesidad de luchar contra las discriminaciones y los estereotipos. En el ciclo básico del secundario, por ejemplo, chicos y chicas deberán conocer todos los métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad existentes –con sus ventajas y desventajas–, pero se deberá enfatizar que “el preservativo es el único método” disponible “para prevenir el VIH/sida”. La problemática del aborto también estará presente en clase, pero deberá encararse desde distintas ópticas: ética, de salud pública, moral, social, cultural y jurídica.

Producto de las múltiples tensiones que genera la educación sexual, en particular del sector católico representado por el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) –que depende del Episcopado–, la aprobación de los contenidos se demoró bastante más que los 180 días que preveía la ley.

Según Graciela Morgade, directora del Departamento de Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, que es una de las expertas convocadas por el Ministerio de Educación para redactar los lineamientos curriculares que guiarán la educación sexual, las tensiones en torno de la ley estuvieron centradas básicamente en dos puntos: “Por una parte, en la concepción teórica que sustenta a la educación sexual integral: porque una vez que se abandona el modelo ‘biomédico’ (que se centra en la prevención de enfermedades o embarazos), sobre el cual parece haber alto consenso, comienza el debate respecto del enfoque de género que impulsamos quienes trabajamos desde hace años en estos temas. Es sabido que el enfoque de género introduce a la sociedad y la cultura como marcos de construcción de la sexualidad y de la relación con el propio cuerpo, y que discute entonces la existencia de una esencia o naturaleza femenina o masculina. Es muy fuerte, desde hace muchos años, la oposición a esta manera de pensar a la subjetividad, sobre todo desde algunos sectores del catolicismo –apunta–. El otro tema en cuestión se vincula con la relación entre la escuela y la familia. También esto es controversial más o menos desde la creación de la escuela como institución estatal (en el siglo 19). En este caso, se agita el fantasma de que la escuela va a ir en contra de los valores de las familias, sin considerar que la escuela es el espacio privilegiado de encuentro con otros y otras durante la infancia y la adolescencia, el espacio donde se ponen en contacto los mundos y cada sujeto tiene la oportunidad de reconocerse como diferente de otros u otras pero con igual valor y derecho a otros y otras”.

De acuerdo con el documento suscripto la semana pasada, la educación sexual se impartirá en forma transversal –es decir, que en casi todas las materias habrá contenidos de sexualidad para trabajar– en los niveles inicial y primario. En el secundario, en cambio, queda la opción de que sea un contenido específico, de acuerdo con la elección de cada jurisdicción, algo que Morgade observa con preocupación. “Es muy importante que (la educación sexual) tenga un espacio específico, pero si sólo se trata en ese espacio se corre el riesgo de que se ‘especialice’ tanto la cuestión que se omita la complejidad integral que abarca. En otras palabras, si la sexualidad implica cuestiones históricas, culturales, éticas, emocionales, y también físicas, la mejor manera de trabajar un sentido integral es que tenga lugar en diferentes espacios”, señala.

Para los próximos cuatro años, el tiempo que podrá tardar en implementarse el Programa Nacional de Educación Sexual Integral en forma “gradual” en todo el país, Morgade considera que son centrales, al menos, tres cuestiones: “Que las jurisdicciones elaboren documentos curriculares que articulen lo votado con lo vigente en cada lugar; que las instancias de formación docente locales y sobre todo el Instituto Nacional de Formación Docente garanticen la capacitación; y que en cada provincia se articulen los servicios educativos con los otros servicios estatales que también tienen una responsabilidad pública en el tema: salud, justicia y desarrollo social. Es muy importante que desde el inicio las escuelas no queden solas, porque la angustia que genera abrir temáticas que traen a la clase tanto el disfrute como el dolor no puede tramitarse en soledad”, enfatiza esta especialista que junto con su colega Graciela Alonso –profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Comahue– se encargaron de compilar la serie de textos que integran el recientemente publicado Cuerpos y sexualidades en la escuela. De la “normalidad” a la disidencia (Editorial Paidós), un libro que probablemente se transforme en material de consulta imprescindible para quienes deban encarar esta nueva etapa de la educación argentina. Porque Cuerpos y sexualidades en la escuela es el producto de varias investigaciones que se han volcado hacia la “caja negra” de los procesos cotidianos escolares, allí donde se encuentran las significaciones estereotipadas más evidentes que se anuncian a viva voz, pero también aquellas que se ocultan bajo acuerdos tácitos que repercuten en el cuerpo con la contundencia de lo no dicho (esas sempiternas expectativas que pesan diferencialmente sobre chicas y chicos, sin que nunca nadie las haya escrito en ningún currículo escolar), y también, claro, aquello que se omite, que permanece en el plano de lo innombrable (a saber: la sexualidad, la violencia o la precarización laboral).

En medio de una ajetreada jornada en la facultad, Graciela Morgade aceptó la propuesta de reflexionar sobre el estado en el que se encuentra la escuela hoy y sobre los promisorios cambios que se avecinan en materia educativa.

¿De qué manera aparecen los cuerpos sexuados, generizados, en la escuela?
–En la historia de la educación durante mucho tiempo hubo una visión dominante muy generalizadora del sujeto pedagógico, que no criticaba su propia perspectiva. Ese sujeto pensado era masculino, burgués, blanco y heterosexual. Esa manera de pensar al sujeto, articulada con una forma racionalista y positivista de concebir al conocimiento, se combinó en la escuela, justamente, para dejar afuera a los cuerpos, porque no se reconocía la heterogeneidad de clase, de género, de orientación sexual y de nacionalidad, y además se dividía desde el paradigma racionalista mente/cuerpo, razón/emoción. Quedó la mente y la razón del lado de la escuela. De modo que los cuerpos, aunque estaban en la escuela, no eran ni objeto de mirada, ni de trabajo, ni de reconocimiento de experiencias válidas. Eran pasivos, como una tabula rasa, eran lugares en los que había que depositar saberes, pero sin reconocer las condiciones materiales de vida. Los estudios de género, desde la década del setenta, y más recientemente la teoría queer, colocan la cuestión de la construcción del cuerpo sexuado en el centro de lo que podríamos pensar que es la operatoria de la escuela. La línea de análisis de Michel Foucault y la manera de entender que el poder se ejerce básicamente sobre los cuerpos de las personas fue sumamente sugerente para pensar a la escuela, porque la escuela como aparato ideológico es una institución destinada a transmitir la cultura, por una parte, y al mismo tiempo a civilizar, dominar, homogeneizar. Las dos cosas a la vez. Lo subrayo porque no quiero ser excesiva en la crítica del sistema educativo, porque también sabemos que acceder a la escuela fue una manera de integración social durante décadas en nuestro país. Ir a la escuela representó para enormes sectores de nuestra población en general, y para las mujeres en particular como colectivo, una posibilidad muy importante de tener acceso a un empleo, de salir del hogar, de tener la posibilidad de acceder a algunos bienes y servicios. Ahora, lo que marca la investigación desde la perspectiva crítica de género y desde la teoría queer es que la escuela tendió a disciplinar esos cuerpos, y a disciplinar según los modelos hegemónicos.

¿Cómo es este disciplinamiento?
–Los chicos y chicas del nivel inicial, por ejemplo, son disciplinados hacia los roles de género más tradicionales, y aquellos disidentes que comienzan a mostrar algún nivel de crítica desde sus prácticas o una no apropiación total de esos modelos de género, rápidamente son censurados o sutilmente conducidos a cambiar de posición. Con mi equipo tenemos mucha experiencia de trabajo con docentes preocupadas, por ejemplo, por identificar conductas homosexuales en niños, sobre todo varones, de tres o cuatro años, preguntándose si deberían hacer algo. Ninguna teoría psicológica abona que a esa edad se haya constituido ya una orientación sexual definitiva, se trata de búsquedas, de alternativas, y además, si ya hubiese una orientación definida homosexual, la escuela no tiene que hacer nada con eso, tiene que dejar que se despliegue, como cualquier otra forma de identidad. Estas pequeñas y enormes intervenciones que puede hacer una maestra en el nivel inicial, en general, son inadvertidas. Pero yo no cargaría las tintas en una culpabilización del sector docente, porque en general hubo una ausencia casi total de formación en estos temas. Esa homofobia que todavía predomina en nuestra sociedad se expresa en el nivel inicial (la etapa de escolarización previa a la escuela primaria) en una excesiva atención o represión o insistencia hacia el cambio de las conductas que no aparecen claramente como las tradicionales o predominantes.

A lo sumo se “tolera”, pero esa tolerancia también está relacionada con la heteronormatividad que regula las conductas en nuestra sociedad.
–Exacto. Eso es muy evidente en el nivel inicial, pero también se sostiene en el nivel primario y en el nivel medio. El sector docente, en general, cuando reconoce la situación de discriminación no quiere seguir adelante. Pero hay algo de ese paradigma de la tolerancia que es, dicho de manera extrema: “tenemos que ser tolerantes, y entonces pobrecito, si es gay, tengo que soportarlo”. Por eso, desde la formación, solamente evitar la discriminación es insuficiente. Nosotros estamos por el paradigma del respeto y del pleno ejercicio de los derechos humanos. Lo heteronormativo es además patriarcal, hay una combinación de imágenes femeninas y masculinas heterosexuales que generan ciertos prejuicios de género en algunas áreas más que en otras, como por ejemplo en la educación física. Para las chicas la dimensión expresiva del uso del cuerpo, como expresión corporal, está mucho más legitimada que la educación física hegemónica que es la del alto rendimiento. Con esto no quiero decir que las chicas y chicos no usen sus cuerpos, pero lo que las investigaciones muestran es que el estímulo y la expectativa que un docente o una docente tienen hacia chicas y chicos es diferencial. Un tema que también es interesante en la escuela primaria tiene que ver con cómo se van construyendo las posibilidades del uso de la palabra en clase, de la confianza en el propio aprendizaje, de la confianza o del interés que algunos saberes desencadenan frente a otros. Por ejemplo, hacia los últimos años de la primaria los chicos y las chicas empiezan a pensar qué estudiar, y las áreas de la educación técnica aparecen mucho menos en las posibilidades que se plantean las chicas. Todavía hay una imagen sesgada que impide pensar que las áreas técnicas o las que tienen que ver con la construcción, con la mecánica, con los automóviles pueden ser una opción para las chicas.

¿Hay prácticas desde las cuales se puede transgredir o subvertir esta heteronorma patriarcal que generiza los cuerpos de una determinada manera, pero también produce discriminaciones y silenciamientos?
–En las condiciones actuales de formación y de trabajo en las escuelas es muy difícil, pero no imposible. Por una parte porque es muy reciente la Ley Nacional de Educación Sexual Integral y todavía no llegó a la formación y la capacitación docente. Desde la perspectiva de los y las docentes, subvertir este orden es, en todo caso, un riesgo individual. En la Argentina hay algunos programas de educación sexual, pero centrados en el enfoque biomédico: orientado a la prevención de enfermedades. Más allá del enfoque moralista religioso que promueve la abstinencia, el enfoque más masivamente adoptado es el enfoque de la prevención. De lo que se habla es de la sexualidad como un problema, de la necesidad de defenderse de las enfermedades y de cuidarse para evitar el embarazo no deseado. Obviamente, el sida tuvo mucho que ver con que esto fuera finalmente aceptado. ¿Esto es positivo? Yo diría que es positivo que exista como temática, pero no está cubierta en toda su complejidad. Desde la perspectiva de género se coloca en su dimensión política y cultural, y no meramente instrumental. Por ejemplo, está comprobado que los jóvenes, chicas y chicos, conocen la existencia del preservativo y dónde buscarlo, pero no lo usan. El “por qué no lo usan” no tiene que ver con una información biomédica, sino con un tema cultural de proyecto personal, con la forma en que se ven a sí mismos y valoran su salud, pero también tiene que ver con las relaciones de género y de poder que se tramitan en el momento en que la chica le dice al chico “ponete el preservativo, porque si no no tenemos relaciones” y el chico le dice “entonces vos no me amás”, o simplemente dice “sos una prostituta porque tenés un preservativo en tu cartera”. Esto sigue pasando hoy y no es un tema biomédico. Por supuesto que la incorporación de las temáticas de sexualidad y el enfoque de género que promovemos es, por un lado un dispositivo crítico, pero por otro lado es una habilitación al uso y al disfrute. No queremos un modelo biomédico, ni un modelo moralizante de la abstinencia, ni tampoco un modelo judicializante o victimizante, en el que se podría caer desde una perspectiva crítica. De lo que se trata es de entender a las relaciones humanas en la construcción del cuerpo desde su complejidad y básicamente desde el derecho al uso y disfrute del propio cuerpo. Pero esta visión filosófica y política todavía no está difundida. Todavía no es generalizado pensar que las identidades se construyen sobre la base de experiencias muy disímiles y que todas tienen derecho a participar de las instituciones de la sociedad. Todavía falta mucho recorrido en términos de política pública.

¿Qué implicancias tendría en la escuela la incorporación de la perspectiva de género en la educación sexual?
–Hablar de la sexualidad desde el jardín implica reconocer que hay un cuerpo sexuado que se va construyendo en una trama de valores y posibilidades. Hablar de la genitalidad y de la orientación que cada persona le da al uso de su genitalidad es un continuo que hoy en día los y las docentes en las escuelas no se sienten en condiciones de abordar, porque no tuvieron una formación específica. Toda incorporación de cuestiones de género implica una mirada sobre la propia historia y sobre la propia vida. Implica una vuelta sobre sí que a veces es insoportable. Entonces, no tiene que ser un tema individual o personal solamente, también tiene que haber espacios institucionales donde en forma colectiva se pueda trabajar sobre algunas cuestiones. Por ejemplo, una maestra tiene un nene en el jardín que está a cargo de la abuela, que es lesbiana y vive con una mujer, porque el papá y la mamá se fueron. Más allá de que hoy en día se hable de los distintos tipos de familia, esa situación le genera a esa maestra, por lo menos, una pregunta, o si no un conflicto, que es: “¿cómo es la familia de este niño?”. Si tomamos el concepto de familia que estamos intentando difundir, de que la familia es básicamente un conjunto de personas que se quieren y se cuidan, ese niño tiene una familia, que son su abuela y su pareja. Poder pensar a esa estructura como una familia es un trabajo que en algún momento se tiene que dar esa maestra, y tal vez no está capacitada para hacerlo. Posiblemente esa maestra trate a ese chico como “pobrecito, mirá la abuela que tiene”, y puede ser que haya muchas maestras que todavía piensen eso. La homosexualidad o cualquier otra forma no hegemónica, no tradicional, de asunción de la sexualidad no implica una decisión ética, no son mejores o peores personas. Yo creo que teniendo esa alerta, de evitar el juicio moral y también el juicio biológico-psiquiátrico, daríamos un gran paso para el respeto de los derechos humanos. Pero es un camino muy largo.