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"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

domingo, 5 de marzo de 2017

Carta del abuelo de Trump, hace 112 años

 El mismo reclamo que hoy decenas de inmigrantes le hacen al presidente Donald Trump de que no los deporten, lo hizo el abuelo del republicano hace, aproximadamente, 112 años, pero en Alemania.
Y tal como se ha visto en semanas recientes con indocumentados en Estados Unidos, en el caso de Frederick Trump, sus intentos fueron infructosos.
El abuelo del actual presidente de los Estados Unidos envió una carta, en el 1905, al príncipe regente Leopoldo Carlos José Guillermo Luis de Baviera con una petición para que no lo deportara a Estados Unidos y le reactivaran la ciudadanía.
El hombre vivía en Nueva York con su esposa Elisabeth Christ. Sin embargo, la mujer no soportó las temperaturas, por lo que decidieron viajar a  Kallstadt, la ciudad alemana de donde era originario su marido para establecerse.
Sin embargo,  sus ilusiones se vieron tronchadas con la decisión del Ministerio Real de Estado, que le ordenó dejar su hogar en Baviera, ya que su salida fue ilegal porque no había cumplido con el servicio militar antes de emigrar a Estados Unidos. Debido a lo anterior, perdió su ciudadanía.
“Al ciudadano americano y pensionado Frederick Trump, residente en Kallstadt, se le deben dar instrucciones para que abandone el estado de Baviera con fecha límite el 1 de mayo o, de lo contrario, será deportado”, escribieron en una carta al alcalde de Kallstadt las autoridades de Dürkheim, de acuerdo con documentos hallados por el historiador Roland Paul.
Finalmente, Alemania deportó, en 1905, al abuelo por su negativa de someterse al servicio militar.
De nada valió la misiva que envió Friedrich Trump al  príncipe regente Leopoldo en un intento por evitar el traslado. Y hoy queda para el archivo la batalla migratoria que protagonizó el abuelo de uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos y considerado por muchos “antiinmigrante”, como prueba de que, muchas veces, la historia se repite.
Aunque en noviembre del año pasado ya habían trascendido algunos detalles de la súplica, el tema se volvió a popularizar esta semana luego que la revista Harpers publicara en su página web parte de la carta con el título “Los Emigrantes”.
En su escrito, el abuelo del primer ejecutivo estadounidense hace una breve descripción de su origen y de su familia. Además, explica los motivos que lo llevaron a emigrar a Estados Unidos en 1885, cuando apenas tenía 16 años.
“En América yo llevaba mi propio negocio con diligencia, discreción y prudencia. La bendición de Dios estaba conmigo y me hice rico. Obtuve la ciudadanía estadounidense en 1892. En 1902 conocí a mi esposa. Tristemente, ella no podía tolerar el clima de Nueva York y yo me fui de nuevo con mi querida familia a Kallstadt”, escribió el inmigrante.
“El pueblo estaba feliz de recibir a un ciudadano productivo y capaz. Mi anciana madre estaba feliz de ver a su hijo, a su suegra y a su nieto”, continúa.
Seguidamente, describe la angustia de la familia al verse obligada a salir del  reino.
“Nosotros estábamos paralizados con miedo; nuestra feliz vida en familia fue empanada. Mi esposa está pasando por ansiedad y mi amado hijo se ha enfermado”, lee la misiva.
“Por qué nosotros debemos ser deportados. Esto es muy, muy difícil para la familia. Qué pensarán nuestros conciudadanos si sujetos honestos son enfrentados a este nivel- sin mencionar todos las pérdidas materiales que enfrentarían. Yo quiero convertirme en un ciudadano de Baviera nuevamente”, plantea.
“En esta urgente situación, no tengo otro recurso que dirigirme a nuestro adorado, noble, sabio y justo señor, nuestro exaltado soberano Su Alteza Real, alteza de todo, que también ha secado muchas lágrimas, que ha dirigido tan benéfica, justa, sabia y sutilmente, y es profundamente amado, con la más humilde petición de que el más alto de todos, en dignidad piadosa,  permitirá al demandante permanecer en el más afable reino de Baviera”,  insiste el abuelo en su petición.
Elizabeth Christ y Frederick Trump en el 1918.

Carta de Milagro Sala



La  dirigente social Milagro Sala, presa en Jujuy desde enero del año pasado, difundió una carta de apoyo al pueblo mapuche de Lof Cushamen, de Chubut, que sufrió una feroz represión de la Gendarmería y la policía provincial. “Con mucho dolor escuché estos días las noticias sobre cómo una vez más los pueblos originarios sufrimos el ataque de quienes asumieron el poder el 10 de diciembre de 2015 para castigar a los más pobres y defender a los más ricos”, escribió la líder de la organización Túpac Amaru. “Quiero, desde esta prisión en la que me encuentro hace ya un año detenida injusta y arbitrariamente, enviarles mi más profunda solidaridad. Sepan que aun presa acá tienen a una hermana dispuesta a acompañarlos en su lucha. Necesitamos mantenernos unidos y organizados para resistir la persecución y el ataque a todos los derechos que pudimos conquistar a fuerza de pelearla durante 500 años.” Milagro Sala cerró la carta pidiendo “que la Pachamama los proteja. Jallalla Pueblo Mapuche. No bajen los brazos” y firmó su mensaje como “presa política de Macri y de Morales”.

La letra pequeña del plan migratorio de Trump


La letra pequeña del plan migratorio de Trump
Las nuevas normas de Trump han servido para comenzar el famoso muro entre México y Estados Unidos sin ladrillos ni cemento
WASHINGTON — El Gobierno de Donald Trump ya ha comenzado a dar forma a un agresivo plan migratorio destinado a acelerar la deportación de inmigrantes y que en su letra pequeña incluye arbitrariedad, inexactitud e incluso un potencial riesgo para la seguridad del país, según expertos consultados por Efe.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), encargado de la política migratoria, publicó esta semana dos documentos sobre cómo las fuerzas del orden deben de interpretar las órdenes ejecutivas que proclamó Trump el pasado 25 de enero para acelerar las deportaciones y crear un muro entre México y Estados Unidos.
Los analistas coinciden en que las nuevas directivas confieren un gran poder a las fuerzas del orden, que ahora podrán pedir documentos, detener y deportar casi a cualquier indocumentado.
“Las directivas harán nuestro sistema de adjudicación de visados menos preciso, nuestro sistema de detención de inmigrantes será más peligroso y, en general, el sistema migratorio será más arbitrario e inhumano“, consideró Margo Schlanger, antigua directora de la oficina de derechos civiles del Departamento de Seguridad Nacional.
Aunque el plan es muy agresivo con los inmigrantes, los expertos advierten de que Trump por sí solo no podrá sacar adelante algunas de las medidas porque necesita la colaboración del Gobierno de México y la aprobación de nuevas partidas de gasto por parte del Congreso para, por ejemplo, contratar a 15.000 nuevos agentes.
El experto del grupo progresista Center for American Progress, Tom Jawetz, cree que el aspecto más preocupante del plan migratorio de Trump es que borra la categoría de “prioridades de deportación” y pone al mismo nivel a los once millones de indocumentados que se calcula que viven en el país.
Durante los dos últimos años del Gobierno del presidente Barack Obama las deportaciones se dirigieron contra aquellos condenados por delitos graves y no contra los indocumentados que viven en el país desde hace décadas, contribuyen a la economía y tienen, por ejemplo, hijos con nacionalidad estadounidense.
Bajo las nuevas reglas, las autoridades pueden deportar a cualquiera que haya cometido un delito menor, por ejemplo, por saltarse un semáforo o exceder un límite de velocidad.
De hecho, según consta en las directivas, los agentes podrán deportar a cualquiera que sea un “riesgo para la seguridad nacional” o que haya “abusado” de cualquier programa de subsidios sociales.
En las nuevas directivas migratorias, también se incluye la posibilidad de presentar cargos criminales o expulsar a los padres que paguen a un coyote (traficante de personas) para que ayude a sus hijos a cruzar los desiertos y ríos que separan a Estados Unidos de sus países de origen, especialmente, en Centroamérica.
“Independientemente de los deseos de reunificación familiar, o las condiciones en otros países, el contrabando o el tráfico de niños extranjeros es intolerable”, determinó el Gobierno esta semana.
Otra de las ideas más polémicas de EEUU es la expulsión a México de los inmigrantes indocumentados de cualquier nacionalidad para que tramiten sus peticiones de asilo desde territorio mexicano y comparezcan ante las cortes estadounidenses por teleconferencia, una idea que ya ha rechazado el Gobierno mexicano.
En sus nuevas normas, además, el Ejecutivo resucita los programas de cooperación entre la policía local y las autoridades migratorias, una propuesta que ya se topó con el rechazo frontal de las “ciudades santuario”, unas 300 en Estados Unidos y donde las autoridades protegen de la deportación a los inmigrantes.
Líderes de estas ciudades santuario, como el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, han asegurado que sus ciudades seguirán siendo un “santuario” y alertan de que podría haber un aumento de criminalidad en EEUU si los inmigrantes dejan de colaborar con las fuerzas locales por miedo a ser deportados.
El rechazo a las ideas de Trump también ha surgido entre antiguos jefes de las agencias gubernamentales encargadas de la seguridad fronteriza, como Julie Myers Wood, que dirigió la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) durante parte de la Presidencia de George W. Bush.
Wood cree que algunos de los puntos de las nuevas directivas podrían ser ilegales y menciona, por ejemplo, la posibilidad de que se vulnere el derecho a la defensa de los inmigrantes sometidos a las llamadas “expulsiones aceleradas”, aquellas en las que los inmigrantes son deportados sin comparecer ante un juez.
El Gobierno de Bush estableció que podían ser deportados de manera exprés aquellos que habían llegado a EEUU en los últimos 14 días y se encontraban a 100 millas (160 kilómetros) de la frontera. Ahora, el Gobierno de Trump permite deportar a aquellos que no puedan probar que han residido en EEUU durante los últimos dos años.
En opinión de Cristina Fernández de la Universidad de Yale, las nuevas normas de Trump esta semana han servido para comenzar el famoso muro entre México y Estados Unidos sin ladrillos ni cemento, pero con una “espeluznante” expansión del poder de las fuerzas encargadas de aplicar las leyes migratorias