La nueva tecnología también puede complicar la vida diaria
Hay quienes sostienen que las fotografías arruinaron los viajes, porque todo se mira a través de la cámara. O que por la ayuda de Google se pierde la gracia de explorar. Facebook, Twitter y WhatsApp, ventanas a la indiscreción.

Que la tecnología comunicacional hizo más fácil la vida de quienes la utilizan, no es una novedad. Poder hablar con la misma inmediatez con un vecino y con una persona que reside en la otra punta del planisferio es sin dudas un avance, al igual que lo es el acceso a toda la información que circula por lo que los entendidos llaman "la nube". El inconveniente puede surgir cuando todos esos recursos se transforman en objetivos, en lugar de funcionar como medios, o cuando se convierten en el único recurso posible para recibir la atención del otro. Aunque, a veces, eso tampoco alcanza.
EJEMPLO Nº 1. "Las fotografías han arruinado los viajes". La
sentencia es de James Durston, productor senior de la sección Viajes de
la cadena CNN y aficionado a la fotografía. En un texto reciente, el
viajero asegura que sacar fotos durante un paseo puede resultar "una
amenaza a la memoria". ¿Por qué? "Estaba buceando en Tailandia cuando un
tiburón ballena apareció de la nada. Con mi cámara submarina le saqué
todas las fotos que pude mientras aguanté mi respiración y luego salí
del agua para festejar esta experiencia única. Mientras miraba las más
de cien fotos que había sacado me di cuenta de que eran lo único que
tenía. Mis memorias están enmarcadas en la pequeña pantalla de mi
cámara. En ningún momento miré al animal con mis propios ojos. El
problema es mucho más grave que una pequeña adicción a las cámaras. La
era tecnológica nos ha atrapado", describe.
Y no es ese el único problema que enfrentan los viajeros ante su
cámara de fotos. "Quiero tener impresas las imágenes de mis viajes pero
hasta ahora lo único que tengo son archivos de computadora con miles de
fotos cada uno", se lamenta Alicia Duras, al ver el presupuesto que hoy
le implicaría imprimir todos los retratos.
"En lugar de ponerme a elegir minuciosamente, termino por dejarlas
en la máquina y no las miro nunca. Lo que tenían de bueno los rollos era
que podían sacar una cantidad limitada", recuerda con nostalgia. Las
enormes memorias de los nuevos dispositivos pasan, entonces, a ser parte
del problema.
El productor de CNN subraya otro cambio tecnológico en los viajes:
"Hace poco más de una década, no teníamos a Google para indicarnos dónde
está el restaurante más cercano. No había tecnología satelital para
conectarte a través del teléfono, con una computadora, un cajero y un
hotel. Cuando las personas viajaban, bajaban del avión y exploraban. Le
preguntaban a la gente, gente real, adónde salir para pasar una buena
noche y no a una mujer robot dentro de sus teléfonos. Las búsquedas en
Internet han dejado de ser el último recurso para convertirse en la
primera opción, un atajo que, por lo menos a los viajeros, nos lleva al
final y nos saltea el recorrido. Es el destino sin el viaje", dice, y
propone: "El desafío: perderse. En serio."
EJEMPLO Nº 2. Samanta le contesta poco a Federico, su festejante,
porque cree que él "es un pesado". Él la saluda en el chat de WhatsApp.
Ella no quiere ser descortés pero trata de evadirlo, le dice que está
cansada, que se va a dormir. Se lo dice a las 0:16 y así figura en el
celular de Federico. Él se queda mirando el teléfono, lamentándose por
su desdicha. Se olvida un rato, y enseguida vuelve a pispear. Y de
repente hay movimiento. Al lado del nombre de Samanta, figura la última
vez que ella manda un mensaje. "0:30", dice ahora. Pero ese mensaje no
es para él. "0:45", dirá más tarde, y Federico se empieza a angustiar.
"2:25", es su última conexión, y Federico no quiere perder las
esperanzas. La ve conectada por Facebook y aprovecha: "Al final te
desvelaste", le escribe para romper el hielo. Empieza a escribir otra
frase. Se arrepiente. Se da cuenta de que, si Samanta está del otro
lado, ya se enteró de su arrepentimiento porque el chat se lo informó.
Nunca recibe respuesta de ella, pero sí ve un aviso de la red social,
que le indica que Samanta ya leyó su mensaje. Aunque Facebook no se lo
explique, Federico entiende que ya no volverán a hablarse. "Prefería que
me lo dijera ella", reconoce y se cuestiona: "Quizás estoy haciendo un
mal uso de la tecnología".
EJEMPLO Nº 3. Constanza Rosselli no sabe qué hacer para que su hija
Abril se vaya a dormir. La niña está instalada en otro sector de la
casa, atenta a su iPod, mirando noticias del exterior. No le da bolilla.
Constanza tiene una idea. Agarra el celular y escribe en el muro de
Facebook de su hija: "Cortala de leer autopsias de los muertos en
Disney. ¡A la cama, te notifico por este medio porque veo que es el que
mejor entendés, querida mía!" Consigue la atención de Abril: "Jajaja.
Bueno, me voy a soñar con Disney." La madre refuerza: "Eso espero
chiquita." Minutos más tarde, Abril estaba acostada en su cama, con la
luz apagada. "Hay que hablarles en su idioma", sugiere Constanza,
orgullosa de su triunfo.
EJEMPLO Nº 4 Y FINAL. Él y ella no se siguen por Twitter, pero se
conocen bien. No se sabe con exactitud por qué no se siguen, pero todos
los días, sin excepción, se meten en la red social del pajarito a leer
lo que escribió el otro. Creen que así se van a enterar de algo. Suponen
que detrás de la crítica de un programa de televisión, o el comentario
pasajero de un momento del día, el otro está mandando un mensaje,
haciendo un guiño. Algunas veces se enteran de algún dato, del estilo de
qué comió el otro en la cena. La mayor parte del tiempo, todo es
especulación.
Las redes sociales, los nuevos y viejos chiches tecnológicos, la
tecnología en general, son inventos de plena utilidad para resolver
asuntos de trabajo, organizar encuentros entre amigos, unir a dos
personas o preservar recuerdos emotivos. Quizás porque son manejados por
seres humanos, del mismo modo también pueden complicar temas laborales,
desencontrar amigos, contribuir a que la discusión de pareja no se
termine nunca o hacer que los recuerdos sólo hayan quedado registrados a
través de la lente de una cámara de fotos. «
Datos que van a las empresas
Diez días atrás, en la web del diario inglés The Economist, se
publicó una columna titulada "¿Debe el gobierno saber menos que
Google?", y trata de responder esa pregunta a partir de lo que hizo
Edward Snowden, responsable de las filtraciones sobre programas de
espionaje masivo implementado por distintas agencias estadounidenses. El
autor analiza: "Los servidores de Google han estado leyendo el
contenido de los correos electrónicos de los usuarios de Gmail (…)
Google sabe lo que has estado viendo y escribiendo en Internet, y se
complace en vender este conocimiento a las empresas de terceros que
están en busca de los consumidores como usted."