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"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

domingo, 4 de mayo de 2008

el 70% de los porteños tiene trastornos de sueño

el 70% de los porteños tiene trastornos de sueño

Cuando dormir es siempre una pesadilla

En la última década, además, el tiempo de descanso disminuyó una hora, una baja que históricamente requería del paso de un siglo. El boom de internet y de los teléfonos celulares como causa del fenómeno.


Antes, dormir era fácil. Dos siglos atrás, la gente se acostaba con la puesta de sol, se levantaba con los gallos y pasaba una noche que –en el peor de los casos– se veía alterada por alguna pesadilla o por los ronquidos del cónyuge. Pero los avances tecnológicos dinamitaron el sueño: ahora, con el boom de internet y de los teléfonos celulares, la gente duerme poco y a los saltos, y protagoniza el cambio más vertiginoso que se registra en la historia del descanso humano: de mediados de los años 90 a esta parte pasamos a dormir una hora menos, una baja que –históricamente– requería del paso de un siglo para concretarse.

“En los últimos doscientos años, el tiempo de sueño disminuyó de dos a tres horas, de las cuales la última hora perdida corresponde a esta década –explica la doctora Stella Valiensi, a cargo de la sección Medicina del Sueño del Hospital Italiano–. Además de los factores clásicos que dificultan el sueño, como el estrés, la obesidad y el sedentarismo, se suman dos elementos más: el uso de celulares y de internet. Si antes la gente se acostaba a las diez de la noche, ahora nunca es antes de las doce, y encima ese sueño es fraccionado. Los adultos nos quedamos horas buscando cosas en la web, y hay chicos que se despiertan de madrugada para responder un mensaje de texto. Las consecuencias de este mal dormir se verán en el futuro.”

Cuando una persona descansa mal una sola noche, se requiere de siete días para que el cuerpo se recupere. Si esto no sucede –y en realidad, nunca sucede– lo que termina ocurriendo es un trastorno en el “ritmo circadiano”; un problema que trae fatiga física, irritabilidad, agresividad, problemas de crecimiento (en el caso de los chicos) y dificultad para pensar con claridad. Algunas de estas variables influyen directamente sobre los índices de accidentología: de acuerdo con el Instituto de Seguridad y Educación Vial, el 35 por ciento de los accidentes de tránsito está producido por gente mal dormida; y según la asociación civil Luchemos por la Vida, la somnolencia triplica la frecuencia de accidentes de tránsito de los conductores de camiones, y multiplica por doce la accidentología en los casos de automóviles particulares.

CARÁCTER PODRIDO. Una sociedad mal dormida no es sólo una sociedad accidentada. Un estudio publicado el año pasado en la revista Current Biology asegura que la falta de sueño “nos vuelve más primitivos”. “Cuando no dormimos, nuestro cerebro lo paga caro y reacciona de forma desproporcionada, sobre todo a las experiencias negativas –dice la revista–.

El sueño restablece nuestros circuitos cerebrales emocionales, y al hacerlo nos prepara para los retos del día y las interacciones sociales. Si no cumplimos con las horas mínimas de sueño, se bloquea el lóbulo prefrontal, que es la región del cerebro encargada de mantener las emociones bajo control.”

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron la actividad cerebral de un grupo de voluntarios que habían permanecido despiertos más de 35 horas, usando para ello resonancia magnética funcional. El resultado fue sorprendente: los mal dormidos eran un 60 por ciento más “reactivos” emocionalmente. Es decir, tenían carácter podrido. “Cuando no dormimos, el cerebro regresa a un patrón más primitivo de actividad, y somos incapaces de poner las experiencias emocionales en contexto y de responder de forma controlada y apropiada”, advirtió el estudio.

Hay países donde el problema del sueño y sus consecuencias, ya no sólo individuales sino principalmente sociales, llegaron hasta el Parlamento. En España, Pilar Cuatrero, ex presidenta de la Asociación Ibérica de Patología del sueño, habló en el Parlamento de lo que ella considera un grave problema de salud pública: la falta de descanso de sus coterráneos.

“Todos los habitantes de países industrializados duermen mal, y más aún los que, como nosotros, cenamos tarde, nos acostamos tarde y consideramos el sueño como un handicap –le dijo al diario El País de España–. Le hemos robado tiempo al sueño siempre y preferimos estar en el cine hasta la una o de juerga hasta las tantas. La mayoría de los padres no le dan importancia al sueño y, por lo tanto, tampoco se la dan sus hijos. A los niños que duermen mal les cuesta más aprender y muchas veces son hiperactivos por este motivo.”

CON LA ALMOHADA A LA ESCUELA. El 70 por ciento de los habitantes de Capital Federal y Gran Buenos Aires tiene algún problema para dormir. Las consultas médicas por este tema aumentaron, en promedio, entre los servicios del Hospital Italiano y el Hospital Francés, un 50 por ciento. Y el consumo de melatonina (un regulador fisiológico del sueño), según un relevo de la consultora IMS (encargada del rubro farmacéutico) subió un 40 por ciento en los últimos cinco años.

Para Rafael Salín-Pascual, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana del Sueño, esta falta de descanso se debe a un motivo superior al de internet o los teléfonos celulares: a la gente no le interesa dormir. “Hemos sido diseñados para un mundo que ya no existe –opina–. Ésta es una sociedad atemporal, contaminada por la luz artificial. Hemos cambiado el medio ambiente de un modo sorprendente, y eso no es gratis. El sueño no es respetado por nuestra sociedad. La gente piensa que dormir es perder el tiempo. Y la realidad es completamente diferente.”

El mayor grupo social al que no le interesa dormir es el de los adolescentes. En Valencia, un estudio puntualiza que el 53 por ciento de los menores de 18 años duerme siete horas y media (el mínimo es ocho) y que un cuatro por ciento lo hace menos de seis horas. Además, un tercio de estos chicos admite que recibe una media de cuatro mensajes de texto por la noche. Por su parte, en Estados Unidos un estudio de la Brown University asegura que la mitad de los chicos va mal dormida al colegio. El trabajo se llama “Con el cuerpo en clase y el cerebro en la almohada”.

“En Buenos Aires ya hay consultas de algunos padres que están preocupados por la alteración del ritmo de sueño de sus hijos –asegura Valiensi–. A los chicos no les importa, pero sí a los padres, porque temen lo que pueda pasarles a sus hijos en el futuro, cuando empiecen con obligaciones laborales. Muchos creen que si duermen mal pero después se hacen una siesta se recuperan, y es un error. Dormir a la noche no es lo mismo que hacerlo durante el día. De día hay luz, ruidos y una cuestión hormonal: de noche se secretan varias hormonas que cumplen funciones como las del crecimiento.”

¿Qué hacer para recuperar el sueño? Según Valiensi, ya no basta con suspender los estimulantes como el café, el té y el mate (tienen cafeína), evitar las cenas pesadas o reducir el consumo de tabaco y alcohol (predisponen a la gastritis). Ahora, por sobre todas las cosas, hay que vivir –o dormir– desenchufado.

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