(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

martes, 14 de diciembre de 2010

La otra cara de la toma del Parque Indoamericano

Los mismos punteros agitaron las peleas en Soldati y en Lugano


Varios hombres que el jueves alentaban el ataque en el parque, aparecieron ayer en el Club Deportivo Albariño. En ambos barrios se presentaron como “encargados de la movilización de los vecinos”. El caso de “Juan Carlos Gutiérrez”.
  La misma escena, la misma persona. El jueves pasado, vecinos del barrio de Soldati se juntaron en la rotonda de Escalada y Castañares pidiendo el desalojo de los ocupantes del Parque Indoamericano y apenas empezada la concentración, un hombre de unos 50 años se bajó del taxi que manejaba, agitó a la gente y alentó el ataque. Ante Tiempo Argentino se presentó como el encargado de la movilización de vecinos, quienes disparaban desde la calle y balcones. Minutos más tarde, el mismo hombre aparecía frente a las cámaras de televisión haciendo una fogata con los cordones de plástico que habían servido para delimitar. Gritaba “¡Acá están sus terrenos!”.
–¿Cómo es su nombre?, le preguntó este diario minutos antes
–Juan Carlos Gutiérrez
–Usted no se llama así.
–¿Qué querés que te diga mi nombre verdadero, nena?

Tres días después, en el barrio de Lugano, el mismo hombre se presentaba en la concentración de vecinos que reclamaban el desalojo de las instalaciones del club Deportivo Albariño, ubicado en los márgenes de Ciudad Oculta, tomado desde la madrugada de ayer por 60 familias de ese barrio y de otras villas de la zona sur. Nuevamente se presentó como un vecino del lugar, aunque se identificó con otro nombre irreal y dijo estar también a la cabeza de los cortes en la Autopista Richieri para que “saquen a toda esta gente“.
Su paso esta vez fue fugaz, pero clave. Cinco minutos después de observar el lugar, dos jóvenes se bajaron de una moto e iniciaron el enfrentamiento. “Los cago a tiros a todos, de frente mar”, gritó uno de los jóvenes colgado desde la reja. Detrás de él llegó una veintena de hombres con la cara cubierta, palos y piedras que los vecinos identificaron como “infiltrados de las barras” y “pibes del barrio Copello”, de Villa Lugano. El enfrentamiento duró cerca de 20 minutos, con piedrazos y algunos disparos sueltos, aunque con un saldo de sólo dos heridos, uno de los vecinos con un golpe de cascote en la cabeza y una nena que recibió un piedrazo del lado de los ocupantes.
El conflicto finalizó cuando un helicóptero de la Policía Federal y 50 efectivos de las Comisarías 48 y 42 de la zona, arribaron al lugar junto a un camión de Infantería, con la indicación, según comentó a este diario el subcomisario Bachman, “de mantener el orden y no desalojar a los ocupantes”.
A pesar de que los vecinos aplaudieron la llegada de la Federal, después de observar que no iban a sacar a los acampantes, los empezaron a linchar y a presionar: “Escúcheme, ¿por qué no nos da cinco minutos de zona liberada y arreglamos este problema?”, presionaba a un efectivo, uno de los vecinos que estuvo desde el principio a cargo del armado. Aunque se identificó como del barrio, más tarde aclaró que pertenece a Copello y dijo: “Les digo así porque ellos tienen tantas ganas de matarlos como nosotros”.
Desde ayer a la madrugada, alrededor de 60 familias ocuparon las instalaciones del club Deportivo Albariño, tal como otros grupos lo hicieron en un campo de la antigua firma del Jabón Federal, a la altura de Villa Madero (La Matanza) y en tierras de un frigorífico abandonado en la localidad de Bernal, partido de Quilmes.
Como en el Parque Indoamericano, la toma en Lugano tenía como protagonistas a familias jóvenes que pertenecen al estrato inferior de las zonas marginales: los inquilinos de cuartos en las villas.
Si bien en esta oportunidad los ocupantes llevaron a cabo la toma impulsados por la resolución favorable al conflicto en el Indoamericano, no es la primera vez que se intenta ocupar esa cancha situada en avenida Castañares y Santander y perteneciente al ente residual que administra los ferrocarriles estatales. Según Miguel Torres, el sereno del predio, y los vecinos de Ciudad Oculta, hubo al menos tres intentos en los últimos dos años. Siempre fueron desalojados por la policía. En ese sentido, ayer el juez federal Daniel Rafecas determinó la “desocupación pacífica”, pero al cierre de esta edición la policía no había recibido la orden de actuar.<

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