(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

sábado, 3 de septiembre de 2011

SOBRE LA BANALIDAD DEL MAL


SOBRE LA BANALIDAD DEL MAL
Aspectos de la complicidad civil en la dictadura militar

En estos últimos diez años la crisis también se vio reflejada en la televisión. Apareciendo algo que no se muestra tan directamente y que tiene que ver con la producción de los programas. Se mueve mucho dinero en materia de publicidad en el mundo televisivo, pero también en cómo condicionan y pautan el tipo de programas que la gente debe ver. El fenómeno de los programas de la farándula, ‘chimenteros’, tenían otro formato en otros tiempos. Hoy las peleas de las vedettes, de los actores, de los llamados ‘mediáticos’, ya forman parte del circo TV. Todas esas peleas, son la publicidad de sus compañías de revista en Mar del Plata o Carlos Paz para el verano. Estos programas también se alimentan (aparte de las publicidades) de otros programas. Por eso los chiches Gelblung, los mauros Viale se enojan mucho con los programas que se hacen sobre los errores, las peleas (el ya clásico  round de boxeo de Viale- Samid), los bailes y los ‘caños’ de otros programas.  Lo concreto es que es una producción más barata. En el ámbito de los programas de chimentos tienen sus cultores (Rial, Casella, Monti), a su vez animadores y productores con un buen equipo de editores. Esto es lo que más ha crecido en estos últimos años (ya que hay pocas ideas para la TV). 

Cada canal de aire y de cable tiene su programa de ‘espectáculos’ como en otro tiempo crecieron los programas deportivos. Detrás de todo esto se mueve el negocio del canje y la publicidad bien paga. Por eso cuando empezó el tema de la ex modelo, vedete, actriz o twittera Graciela Alfano peleándose con Jorge Rial (ahora con un programa más político en la mañana de radio), sonaba al principio como la continuación de viejos rencores del medio.  Sucede que ‘el pez por la boca muere’ decía un viejo refrán, y de eso se aprovecho Rial. La provoca, le responde por su programa en TV de la tarde, hasta que la ex vedetonga, no puede separar, en su ‘mambo mediático’, que sus declaraciones ante la acusación (al principio) de haber sido amante del genocida almirante Massera, no era lo mismo que responderle a Pachano, Moria Casán o cualquier aprendiz de bailarín del programa de Tinelli.  La frase que se repitió  en todos los programas ya no solo de chimentos fue: “Si te acostás con un señor joven no salís con la edad del señor. Si te acostás con un genocida no salís con 30 mil desaparecidos ni te busca la corte de La Haya”. Rial en su programa de radio incorporó otros testigos que agregaron más datos a la relación de Alfano con el genocida condenado. La farándula superficial se mezclaba con la política en el tema de la Memoria y la Justicia. Así que era interesante ver desfilar por esos programas a varios ídolos caídos hablando de quienes trabajaron para el proceso y cómo están presentes aún esas heridas; a pesar de que al gordo Lanata lo tengan ‘reprodido’ con estos temas (así declaró una vez cuando se relaciona lo de papel prensa con la dictadura y Magneto de Clarín) u otro de los ofendidos como Sofovich, quien ahora afirma que no sabía lo que estaba pasando entre 1976-82, mientras ‘entretenía’ a la gente con sus programas facturando bastante bien. Lo que vuelve a aparecer- como un retorno de lo reprimido- es toda la complicidad civil que hubo en la dictadura. No podían seguir llevando adelante tanta represión y muerte (porque aquí no hubo una ‘guerra’, sino como les dijeron los mismos militares norteamericanos a los ‘galtieris’ argentinos, hubo una cacería) sin la colaboración civil. Chiche Gelblung, hoy un ‘modelo de mercado’ y producción de lo que se debe ver y oír, fue el director de la revista Gente en esos tiempos, con artículos de apoyo al régimen.

Hannah Arendt (filósofa alemana) al ir como periodista al juicio de Eichmann en Israel, describió como el criminal y burócrata nazi,  responsable de la deportación y muerte de millones de personas enviadas a los campos de concentración, se defendía como si fuera un empleado de oficina, que “estaba seguro de encontrar una simpatía normal, humana, ante una historia desdichada”. Todo eso luego lo plasmó en su libro ‘Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal’
CARLOS LIENDRO
http://comoempezandodenuevo.blogspot.com

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