(COMO) EMPEZANDO DE NUEVO

"Si la libertad significa algo será,sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir" George Orwell

sábado, 15 de septiembre de 2007

"Todo buen científico es un artista"

"Todo buen científico es un artista"








El Premio Nobel de Física Robert Laughlin afirma que debemos entender el mundo a través de los principios de organización colectiva, que la crisis de la educación científica no es más que una corrección del mercado y que sólo los buenos experimentos desalentarán la incidencia de la ideología en el conocimiento. Una crítica severa al reduccionismo, que quisiera explicarlo todo desde las partes, y a la proclama del fin de la ciencia.






--------------------------------------------------------------------------------
DIEGO GOLOMBEK.






No deja de ser curioso que dos de los argumentos actuales alrededor de la ciencia sean tan maravillosamente antagónicos. Por un lado, el reduccionismo a ultranza que afirma que no sólo lo pequeño es hermoso sino que es justamente en las partecitas donde vamos a encontrar la respuesta a los misterios de la naturaleza. Al otro lado del ring no faltan los que anuncian con pompa y circunstancia el fin de la ciencia, como si ya conociéramos todo lo que vale la pena conocer y fuera hora de dedicarnos a la jardinería o al marketing inmobiliario. Y aquí viene Robert Laughlin a patear el tablero y a decir que no, que (casi) todo lo que creemos saber sobre la naturaleza está mal enfocado y que el universo es... distinto (de ahí el título de su libro Un universo diferente, publicado por editorial Katz). Podríamos pensar que se trata de otro profeta en el desierto, pero a éste lo escuchan, tal vez porque en 1998 obtuvo el Premio Nobel de Física por -agárrense- "el descubrimiento de una nueva forma de fluido cuántico con excitaciones fraccionalmente cargadas", que aparentemente tiene que ver con nuevos estados de la materia. Es cierto, Laughlin es un teórico muy particular que en este momento se dedica a temas tecnológicos -relacionados con cuestiones energéticas y de memoria de computación de alta densidad-, y hasta ha escrito un nuevo libro sobre los secretos industriales y técnicos.

Claro, con una presentación así nadie querría tener el libro de Laughlin sobre la mesa de luz a menos que necesitara un buen somnífero, pero con Un universo diferente nos podemos llevar una gran sorpresa. Desde las primeras páginas el autor nos habla a la cara, como si fuera una charla de amigotes en el café, y pone toda su artillería para convencernos de que la única forma de entender el mundo es a través del comportamiento colectivo de sus partes, estudiando los principios de organización que rigen las células, las galaxias o las sociedades. No es estrictamente nuevo hablar de niveles de organización o de las propiedades emergentes que los caracterizan -esto es, aquellas que surgen de la organización de grandes cantidades de átomos-, pero Laughlin arremete con todo, y es bastante persuasivo. En el camino pasearemos por el vacío del espacio para descubrir que está lleno de cosas, nos subiremos a las leyes fundamentales de la física, nos sorprenderemos al entender que, literalmente, todo lo sólido se desvanece en el aire (dado que la rigidez es una propiedad emergente de las cosas "grandes", una forma de organización particular e inesperada de los átomos, que de sólido no tienen nada), veremos cuadros de Monet de lejos (como corresponde) o nos sacaremos el sombrero frente a las evidencias experimentales que arrojan las mediciones más precisas de las constantes imprescindibles, como la velocidad de la luz o la carga del electrón -que aunque pueden ser vistas como estandartes del reduccionismo, son reanalizadas por Laughlin como la expresión de fenómenos colectivos-. Y, lo que es más importante, conoceremos a la esposa, al suegro y a los amigos de juventud del autor, desayunaremos con él y con Newton o buscaremos a la física cuántica escondida en la poesía. Ya se sabe: mucho más hay en el cielo o en la Tierra... pero, por suerte, nuestra filosofía sigue viva, curiosa y aventurera, y el mundo está ahí, dispuesto a que lo conozcamos cada vez más.

Algo maravilloso de la ciencia es su horizontalidad, que permite que en el laboratorio contiguo pueda estar nuestro acérrimo competidor, en el de enfrente un nuevo investigador/a cuya belleza no condice con la de sus experimentos y, un par de puertas más allá, un Premio Nobel con el que podemos encontrarnos en la cafetería. Por eso no sorprende que un peso pesado como Robert Laughlin esté dispuesto a una charla abierta sobre su libro, el universo y todo lo demás.

Estoy un tanto perplejo ante una aparente contradicción entre su propia investigación (y casi toda la investigación científica) y la principal tesis de su libro, en el sentido de que el reduccionismo puro no nos llevará a un conocimiento profundo de la vida y la naturaleza. ¿Cómo se extrapolan sus pensamientos sobre la organización y las reglas generales al mundo de la ciencia de todos los días en el laboratorio?

Esa ciencia de todos los días es exactamente lo mismo que cualquier otra actividad humana: tratar de entender qué es verdad y qué no y, después, poder utilizar lo que hayamos encontrado para guiarnos en el mundo. Mi punto no es que el reduccionismo sea malo sino que no siempre es útil para entender de qué se trata. Esto ocurre especialmente cuando el reduccionismo se vuelve ideológico. «ése es el problema que tengo, por ejemplo, con la teoría de cuerdas en este momento: considero que se ha vuelto una ideología y, por lo tanto, una muy mala noticia para el futuro de la ciencia.

Al leer su libro no puedo dejar de pensar en los fundadores de lo que fue conocido como "biología teórica" -Ludwig von Bertalanffy y Norbert Wiener, entre otros- y en que sus ideas son consideradas fuera de moda y no necesariamente útiles para entender los procesos biológicos. ¿Cree que los científicos están listos para escuchar su prédica sobre el fin del reduccionismo como la única manera para el avance de la ciencia?

No me importa si los científicos escuchan mis prédicas o no. En realidad, no son sermones, y de cualquier manera no escribí el libro para ellos sino para gente común que quiera relacionar la aventura de la ciencia con las experiencias de su propia vida. Pero sospecho que usted está intentando mezclar reduccionismo con moral, y no debe equivocarse: soy una persona que sabe distinguir lo que está bien de lo que está mal cuando se refiere a experimentos. En cuanto a la biología, creo que este tipo de ética está vergonzosamente ausente y, como resultado, la disciplina se ha estancado desde fines de la década de 1970. Me he dado cuenta de que la bibliografía está llena de experimentos erróneos y de que la gente estaba decidiendo qué estaba bien o mal sobre la base de un "consenso" o, dicho de otra forma, sustentándose en política. A esta altura, temo que nunca se resuelva este tipo de problemas. La biología nos necesita a los físicos desesperadamente -sobre todo a los que somos un poco anarquistas-. En definitiva, sí, quiero decirle a personas como usted que el diablo ideológico está en su patio trasero. Supongo que es predicar, aunque preferiría llamarlo más directamente "ética científica".

Usted menciona diferencias fundamentales entre el mundo «pmicroscópico y el macroscópico. ¿Existen leyes compatibles con ambos? Y, en todo caso, ¿vale la pena buscarlas?

En realidad, digo que la distinción que suele hacerse entre estos dos tipos de leyes es una creación de la gente, y mayormente ideológica. No hay dos mundos sino sólo uno, regulado por una gran torre de leyes físicas que descienden sobre él, cada una de las cuales crece a partir de sus "parientes" y luego evoluciona a medida que la escala de observación va aumentando. Estamos describiendo experimentos, y la mecánica cuántica es útil para describir -y anticipar- algunos de ellos pero no otros: no parece tan útil para describir los circuitos regulatorios de las células -aunque esto aún se está debatiendo- y, obviamente, es completamente inútil para describir el clima del gobierno argentino.

Pone un especial énfasis en la importancia de los experimentos y de las mediciones repetibles para el avance de las ciencias, y todos estarán de acuerdo con esta afirmación. Pero, desde un punto de vista muy ingenuo, ¿dónde queda la física teórica? ¿Solamente es "científica" cuando logra hacer predicciones comprobables?

Exactamente, y es por esa razón que la física teórica "verdadera" es muy difícil. Y es aún más difícil proponer una teoría correcta que le importe a la gente. La física teórica siempre ha sido una disciplina pequeña y relativamente desacreditada. En este momento ha crecido demasiado, en parte porque quienes manejan los fondos de los gobiernos pensaron que lograrían descubrimientos más baratos si pagaban por cálculos en lugar de laboratorios. Claro que esto no es cierto. De cualquier modo, la disciplina no va a desaparecer porque algunos de nosotros estemos determinados a entender las cosas correctamente a cualquier costo.

¿Está la ciencia en riesgo de convertirse en un sistema de creencias e ideología? ¿O es que los buenos empiristas van a triunfar finalmente?

Se necesitan buenos experimentos para evitar que ocurra esa posibilidad terrible que menciona. Los científicos suelen pensar que la autoridad moral viene de "medir cosas", pero no es así. Si medís cosas y las mediciones son siempre diferentes, obtenés el mismo tipo de sinsentido posmoderno que en cualquier otra disciplina académica. Sin embargo, si diferentes personas realizan una medición y resulta idéntica hasta los últimos 10 decimales, entonces la estupidez se acaba y la autoridad moral se restablece. Lo que detiene a las creencias y a la ideología son los buenos experimentos; y los malos experimentos no son mejores que no realizar ninguno. Me gusta pensar que Dios está de tu parte cuando tenés 10 decimales significativos a tu favor.

¿Existe una frontera para el conocimiento científico? Si es así, ¿la vamos a alcanzar o todo el tiempo se está moviendo?

Bueno, la frontera en la ciencia está en tu propio patio de atrás, y te rodea por todos lados. Son los principios de organización los que generan las leyes de la física, y la mayoría de éstos aún nos son desconocidos. Supongo que podemos imaginar un día futuro en que alguien encuentre la última ley y se declare cerrada esa frontera, pero en este momento no es ni remotamente inminente. Como dijo alguna vez Mark Twain: "Los rumores sobre mi muerte son muy exagerados".

¿Ayudan las reglas de organización a determinar leyes de causa y efecto? En otras palabras, ¿son estas reglas más predictivas que las explicaciones reduccionistas habituales?

En principio, recordemos que las leyes físicas son leyes de causa y efecto. Una ley es una relación entre cosas que podemos medir y que siempre se cumple. En general, interpretamos un "efecto" como algo que medimos y que ocurre más tarde en el tiempo, pero este aspecto temporal es un detalle de poca importancia. Lo que importa es que siempre se cumpla. En el libro destaco que la constante de Planck y la carga del electrón, dos de las constantes más fundamentales de la física, se miden con gran exactitud utilizando fenómenos organizacionales: los llamados efectos de Josephson y de von Klitzing. Estos comportamientos colectivos generan leyes que están, en algún sentido, a la par de las leyes más "fundamentales" de las que se derivan, dado que llevan a una comprensión muy precisa. Las leyes que vienen de las reglas organizacionales no son mejores ni peores que las leyes fundamentales, son sencillamente indistinguibles de ellas. Estos y otros experimentos prueban que los principios de organización crean las leyes físicas. Si crean todas las leyes físicas está en discusión, pero no hay dudas de que crean algún tipo de ellas.

Recientemente, una predicción derivada de su trabajo original mencionaba un "nuevo estado de la materia". ¿Cómo es eso? ¿No se trata solamente de líquido, sólido o gaseoso?

No, esas son las fases que la mayoría de la gente conoce pero hay montones de otras posibilidades: hay cristales líquidos, superfluidos, cuasicristales, superconductores, antiferromagnetos espirales, supersólidos... Incluso la lista de fases "primitivas" que conocen los físicos es muy larga, tal vez de hasta 50 variantes.

Al leer su autobiografía me enteré de los esfuerzos de sus padres para su educación temprana. ¿Cuánto hay de naturaleza y cuánto de cultura en la ciencia? ¿Cómo se podrán utilizar estos conceptos en lo que parece ser una crisis de la educación científica en todo el mundo?

Todo buen científico que conocí era un artista, y se mantenía en este arte pese a los mejores esfuerzos de sus padres de interferir. Este tipo de actitudes no se crean en la escuela. Es más, Einstein pensaba que la escuela tenía efectos opuestos a los que se pretendían. La ciencia no es diferente de cualquier otro emprendimiento intelectual, en el sentido de que se necesitan habilidades, algo de buena guía y una buena dosis de ambición personal para convertirse en un buen científico. En cuanto a la "crisis de la ciencia", creo que no es más que una corrección del mercado luego de años de que los gobiernos de todo el mundo otorgasen subsidios poco recomendables. Los salarios son relativamente bajos porque hay muchísimos científicos y poca demanda para sus trabajos. Somos animales económicos, así que es poco sorprendente que muchos estudiantes brillantes eviten las ciencias. Pero esta tendencia se corregirá una vez que la oferta finalmente se balancee con la demanda.

No hay comentarios: