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miércoles, 2 de marzo de 2011

CULTURA › FRENTE AL CUESTIONAMIENTO DE QUE MARIO VARGAS LLOSA INAUGURE LA FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

Las cartas de un debate que recién empieza

El director de la Biblioteca Nacional disparó la polémica. La presidenta Cristina Fernández le pidió preservar “la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro”. Y un grupo de escritores argentinos le agregó ingredientes a la discusión.

Por Silvina Friera


Un debate complejo en torno de los compromisos literarios y políticos con final abierto desató el director de la Biblioteca Nacional (BN), Horacio González, al cuestionar que Mario Vargas Llosa sea el escritor elegido para la apertura de la 37ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En una primera carta que le envió al presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), Carlos de Santos, el sociólogo califica como “sumamente inoportuno” el lugar central concedido al Premio Nobel de Literatura 2010 para inaugurar una Feria que “nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. La presidenta de la Nación, Cristina Fernández, llamó a González para pedirle que retirara esa carta. El director de la BN explica que ha percibido que la discusión “corre el riesgo de ser presentada como una vía para limitar la palabra de un escritor, que siempre leímos como el buen novelista que es, y cuestionamos como especial promotor de interpretaciones sobre la política y la sociedad argentina”. La Presidenta le planteó que esta discusión “no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”. En otra carta que escribió González (ver aparte), revela que Fernández le ha expresado que “no es concebible la vida literaria y el compromiso con la ensayística social sin un absoluto respeto por la palabra de los escritores –o de cualquier ciudadano–, cualquiera sea su significación o intención”.
¿Mario Vargas Llosa inaugurará la 37º edición de la Feria del Libro? La respuesta –por ahora– es que lo hará. Pero el malestar entre muchos escritores y editores crece. Ya hay varias cartas y solicitadas circulando, como el texto que escribió Aurelio Narvaja, de Ediciones Colihue, en el que afirma que es “un grave error” que hable el “extraordinario escritor y muy merecido Nobel”, porque desde hace años es “un propagandista, ostensible y florido, de las ideas y las políticas de la derecha liberal”. En otra carta, José Pablo Feinmann, Ricardo Forster, Diana Bellessi, Mario Goloboff, Vicente Battista, Mauricio Kartun y Juano Villafañe, entre otros, manifiestan un “profundo desagrado y malestar” por la designación del autor de El sueño del Celta para abrir la Feria. “Convertido desde hace años en vocero de los grupos multinacionales editoriales y mediáticos, de un supuesto ‘liberalismo’ de sometimiento y depredación, y de la oposición a lo que ellos denominan ‘gobiernos populistas’ en América latina, Mario Vargas Llosa se ha ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad, en declaraciones vastamente difundidas por esos mismos medios.”
“Vargas Llosa no puede inaugurar la Feria porque desde su posición de liberal de derecha ha insultado al gobierno democrático y al país entero al calificarlo de ‘payasesco’ y ‘aquelarre corrupto’ –responde Juan Martini–. Un hombre que agrede de una manera tan salvaje a un país que tanto contribuyó a su consagración no sólo es innoble: es un político torpe, ciego y autoritario. Y que no nos venga ahora con que una cosa son sus ideas fascistas y otra la literatura”. Patriarca de la edición argentina, Daniel Divinsky admite una pequeña discrepancia. “Creo que no hace gran diferencia, si se admite la presencia ‘estelar’ del Nobel en la Feria, que la inaugure o no, siempre que haya un compromiso tácito para que evite incursionar en la política nacional, sobre la que tanto se equivoca. Salvadas las distancias, si hubiera sido posible, sería como oponerse, por las mismas razones, a que Borges inaugurara la Feria. Por el contrario, la presencia del peruano dará mayor relevancia internacional a una Feria que había venido destiñendo un poco cada año en ese plano”, precisa Divinsky.
Osvaldo Bayer sugiere que la Feria la inaugure “un intelectual argentino para que nos hable de nuestra sociedad y sus escritores, sus sueños y el deber de éstos ante la sociedad”. “Ponerlo a Vargas Llosa en ese lugar es burlarse de aquellos intelectuales que cayeron por defender esos principios. ¿Qué nos va a decir a los argentinos? ¿Que hay que agachar el lomo ante las dictaduras con tal de que ellas defiendan la llamada economía liberal? Vayamos a la profundidad del drama latinoamericano y para qué deben servir sus intelectuales”, propone Bayer. Luisa Valenzuela señala que darle la palabra inaugural en un acto de trascendencia nacional “significaría, más allá del obvio cholulismo literario, avalar su posición política”. Elsa Drucaroff coincide. Elegir quién inaugura el encuentro tiene significados claros. “Si un escritor que hace los planteos políticos de Vargas Llosa inaugura la Feria, algo se está diciendo y eso que se está diciendo nos excluye a mí y a un sector del campo literario nacional demasiado amplio. Por supuesto creo que un escritor del tamaño de Vargas Llosa tiene que participar, y que la Feria tiene que tener lugar para muchas voces y discusiones, pero inaugurar es teñir todo el acontecimiento con su voz y su discurso.”
Juan José Becerra subraya que la Feria del Libro es un mercado de abasto. “No pertenece al mundo de las ideas sino al del comercio; por lo tanto es lo más lógico que Vargas Llosa sea convocado para representar a ese mundo. Sus pensamientos enmohecidos, su literatura sobrevalorada y la adquisición del Premio Nobel son buenos elementos para una polémica. Igualmente, habría que tratarlo con educación; o con indiferencia, que es casi lo mismo”, desliza. Liliana Heker recuerda que la Feria siempre la inauguró un escritor argentino. “No veo ninguna razón para que se altere ese hábito. En cuanto al caso particular de que se altere, justamente, invitando como primer escritor no argentino a Vargas Llosa, cuyas opiniones sobre Argentina han sido desubicadas, inexactas y tendenciosas, me parece un hecho por lo menos irritativo –admite la escritora–. Sé que como novelista no le faltan méritos para inaugurar una Feria acá o en cualquier otro país. Pero, ya que una Feria del Libro es no sólo un acontecimiento literario sino también un hecho social y político, preferiría que la inaugurara un intelectual menos reaccionario y con un vínculo real con Argentina.”
Eduardo Sacheri destaca que respeta “profundamente” la posición del director de la BN y sus argumentos. “Entiendo sus reparos con respecto a una utilización ideológica que la derecha pueda hacer de la presencia de Vargas Llosa en el acto inaugural. Sin embargo, no concuerdo con González en cuanto a sentirme ofendido por la invitación. Prefiero pensar que los argentinos somos capaces de ejercer y perfeccionar nuestro espíritu tolerante y pacífico, más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con Vargas Llosa”, pondera Sacheri. Oliverio Coelho plantea analizar el tema con “cuidado”. La Feria del libro no depende de un ente gubernamental y puede tener “una política distinta a la del Estado o a la de un grupo de intelectuales al momento de elegir quién inaugura un evento masivo”. “Así es la democracia que conseguimos, y que Vargas Llosa pueda inaugurar la Feria en Argentina vendría a descalificar la falta de libertad de expresión y el totalitarismo que el mismo Vargas Llosa atribuye a algunas democracias de América latina. Contra lo que supone González, en esta instancia, formulados la invitación y el anuncio, bajar de la inauguración a Vargas Llosa sería un paso en falso, no haría más que fortalecerlo en su postura. Es lo que torpemente Berlusconi haría con Darío Fo; algo que el actual gobierno, más astuto, debería evitar, porque en admitir la disidencia, las protestas, las calumnias, sin censurar ni reprimir, está gran parte de su rédito político.”

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